Desde que era niño, a Roberto Shimizu le encantaba coleccionar cosas. Cuando su padre, un inmigrante japonés, abrió una papelería y juguetería en la Ciudad de México en 1940, Shimizu comenzó una búsqueda que continuaría toda su vida dedicado a coleccionar y preservar juguetes.
Más de siete décadas después, su fascinación vive en el Museo del Juguete Antiguo México (MUJAM), un edificio de cuatro pisos repleto de objetos que transportan a los visitantes a su nostálgico pasado.
Los dueños del museo esperan recaudar fondos a través de una campaña en Kickstarter.
Ubicado en la colonia Doctores, el museo está lleno de Legos, figuras de superhéroes, robots, aviones, trenes e incluso piezas de Hello Kitty. Tiene numerosos luchadores de plástico y máscaras, así como juguetes tradicionales mexicanos que representan, quizá, el último rastro de la industria juguetera que alguna vez tuvo fuerza en el país y desapareció con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.
[A la izquierda, Roberto Shimizu, fundador del museo; a la derecha, su hijo Roberto Y. Shimizu Kinoshita]
Shimizu aún ayuda un poco en el museo, pero la dirección está en manos de su hijo, Roberto Y. Shimizu Kinoshita, quien enfrenta dificultades para mantenerlo por una decisión de la Cámara de Diputados para dejar de destinar fondos culturales a la colección.
El museo ha tenido que reducir su personal a la mitad y la mayoría de sus eventos culturales y talleres han sido suspendidos, dijo Shimizu Kinoshita, quien espera recaudar fondos a través de una campaña en el sitio Kickstarter.
“Es muy triste que realmente, nuevamente, los presupuestos de cultura sean los más castigados”, dijo el actual director creativo al inaugurar una exposición temporal de Barbie. “El país no necesita más pistolas en las calles, más policías. La única manera de combatir la violencia no es con más violencia. No es a través de más pistolas, no, yo creo que la única manera de combatir lo que está pasando, la desigualdad y la violencia que está pasando en México, es a través de la cultura”.
Tomado de: http://www.milenio.com/cultura/museo_juguete_mexicano-riesgo_desaparicion-cierra-milenio-noticias_0_883711827.html
El turismo en el Perú y en el mundo crece de manera sostenida, y las Áreas Naturales Protegidas son los principales destinos turísticos.
El atractivo de las Áreas Naturales Protegidas (ANP) radica en su buen estado de conservación (cerca del 96% en Perú), por lo que el impulso de esta actividad en estos espacios naturales se ha convertido en una de las mejores estrategias de conservación por su bajo impacto y por crear un efecto multiplicador en la economía nacional.
El desarrollo del turismo sostenible en estos espacios ha permitido que en 2016 se registren 1´833,239 visitantes, lo que evidencia un crecimiento sostenido anual del 17% en el número de turistas.
Esta progresión se refleja en el flujo de visitas en cada área protegida. En algunas, como la Reserva Nacional de Paracas, se logró un incremento de 47%. Pasó de tener 223,132 visitantes en el 2015, a 327,952 el 2016.
Entre las áreas más rankeadas durante el pasado año figuran las islas Ballestas (RNSIIPG), la Reserva Nacional de Paracas, el Parque Nacional Huascarán, el Santuario Histórico de Machu Picchu, el Parque Nacional Tingo María y la Reserva Nacional Tambopata.
A ello se suma la mejora e implementación de servicios e infraestructura turística. Solo el año pasado, el Estado invirtió S/ 28 millones en proyectos destinados al mejoramiento de estos servicios en, entre otras, la Reserva Nacional de Paracas y el Santuario Histórico Bosque de Pómac.
Destacan, también, las inversiones realizadas en infraestructura, senderos, señalética, baños y otros, que contribuyeron a la diversificación de la oferta turística. Se promovieron oportunidades de inversión en 17 ANP, donde más del 50% fueron gracias a la participación de las poblaciones locales organizadas como gestores de emprendimientos turísticos.
A ello se añade la implementación de siete nuevos sectores habilitados para el turismo con los que se busca diversificar esta actividad en las áreas protegidas.
El desarrollo de turismo sostenible en las áreas protegidas ha impulsado la formalización de los servicios que se ofrecen en estos lugares. A la fecha, se logró la suscripción de 132 derechos de aprovechamiento económico del recurso natural paisaje con fines turísticos. Ahora se desarrollan actividades como parapente, kayak, catamarán, trekking, entre otras.
El esqueleto, perteneciente a un niño de entre tres y cinco años de edad, ha sido hallado a 3.200 metros sobre el nivel del mar, cerca del Aconcagua, junto a la frontera con Chile
Un esqueleto de 5.750 años de antigüedad, perteneciente a un niño de entre tres y cinco años de edad, ha sido excavado en un valle de la cordillera de los Andes, a 3.200 metros sobre el nivel del mar y cerca del Aconcagua, según informan Víctor Durán y Alejandra Gasco, los directores de la excavación, a National Geographic. El sitio en cuestión se localiza en el municipio de Las Cuevas, en la provincia de Mendoza, en Argentina, pero junto a la frontera con Chile.
El Niño de Las Cuevas, como ha sido bautizado, fue descubierto en febrero de 2015 a un metro de profundidad, rodeado de piedras y también con una sobre el tórax. “Encontrar un esqueleto no era algo esperado por el grupo, ya que se han descubierto muy pocos restos óseos humanos en ambientes de altura”, explican los arqueólogos. “También causó sorpresa el resultado del fechado radiocarbónico, que se hizo con un fragmento de sus huesos mediante la técnica de Espectrometría de Masas con Aceleradores”, agregan.
El niño seguramente formó parte de un grupo pequeño de cazadores-recolectores
El individuo seguramente formó parte de un grupo pequeño de cazadores-recolectores, de entre treinta y cincuenta personas, que a lo largo del año se movía entre las tierras altas y bajas para recolectar vegetales y cazar animales, especialmente guanacos, los ancestros silvestres de las llamas. “Este entierro infantil indica que el grupo familiar, formado por hombres, mujeres y niños, se desplazaba al completo y que el valle donde fue enterrado probablemente fue parte de un territorio mayor, un espacio de ocupación estacional al que volvieron de forma recurrente”, concluyen los investigadores, del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas y de la Universidad Nacional de Cuyo.
En la misma época que en oriente surgía el antiguo imperio egipcio, en medio de la aridez extrema del desierto costero chileno, los primeros habitantes de estas tierras habrían tenido la tecnología para navegar mar adentro…
Un misterio que podría cambiar la prehistoria del norte de Chile encierra el sitio arqueológico de Copaca 1 (al sur de Tocopilla), que tiene una datación aproximada de 5.000 años antes del presente. En la misma época que en oriente surgía el antiguo imperio egipcio, en medio de la aridez extrema del desierto costero, los primeros habitantes de estas tierras habrían tenido la tecnología para navegar mar adentro. Un equipo de arqueólogos, liderado por Victoria Castro, investigadora de las universidades de Chile y Alberto Hurtado, encontró un entierro humano, y, junto a los cuerpos, anzuelos y otros objetos para la pesca. También halló numerosos restos de mamíferos, aves, moluscos y peces, incluyendo huesos de peces oceánicos como el marlín, el bonito, la cojinova, el tiburón marrajo y la albacora. El detalle es que estos peces oceánicos jamás se acercan a las aguas costeras, por lo que la única forma de capturarlos es internarse mar adentro y en una embarcación. “Son especies de mar afuera (es decir que no se puede llegar a él nadando) y no se varan como los cetáceos, por lo que es muy poco probable que lleguen a la costa”, dice Castro.
Estructura de piedra en Copaca 1.
Además, asegura, algunos de estos peces como la albacora o el pez espada, requieren ser cazados con lanza porque son muy grandes. Hasta ahora se creía que el conocimiento del arte de la pesca había sido adquirido en forma mucho más tardía, al igual que la fabricación de embarcaciones (alrededor del 1.000 d.C.). Pero el análisis antropológico y biológico del principal de los individuos hallados revela que entre las actividades que pudo desarrollar se cuentan el uso de remos, la natación, la pesca, el uso de arpones y la caza submarina. Esto último por la presencia de una anomalía ósea en el canal auditivo destinada a proteger al tímpano y que está relacionada con inmersiones prolongadas en agua fría.
Se determinó que el individuo analizado es un hombre de entre 35 y 45 años de edad, con una altura promedio de 1,60 metros. Sus restos estaban sobre un piso preparado especialmente para el entierro, con lodo de color ocre y su cráneo estaba rodeado de piedras.
El esqueleto, todavía articulado casi en su totalidad, fue puesto de espaldas, con las extremidades inferiores separadas y las manos y brazos abiertos. En cada mano tenía una piedra roja plana. Las vértebras cervicales (del cuello) fueron retiradas y reemplazadas por dos conchas de erizos. Entre sus piernas estaban los restos de un individuo de sexo indeterminado de 3 a 5 años de edad. Bajo él se registraron otros dos entierros también asociados a huesos de animales, moluscos y peces. Debajo de uno de los cráneos había cuatro “espadas” de albacora. Esta evidencia de pesca mar adentro no solo tiene que ver con la zona norte, sino abarca todo Chile. “No hay ejemplos semejantes en la zona austral”, dice la experta.
Si se comprueba la hipótesis de que en esa época ya había pesca en mar profundo, sería algo extraordinario, reconoce la arqueóloga, quien ha trabajado en el tema junto a su colega Diego Salazar. “Por ahora son indicios pero ninguna certeza directa”. Lo clave sería encontrar restos de una embarcación, lo que todavía no han conseguido. Eso sí hay evidencia de pinturas rupestres en el sitio de El Médano (al sur de Antofagasta) que muestran embarcaciones y pesca, incluso de cetáceos y tortugas. “El problema de la pintura rupestre es que es muy difícil fechar, entonces puede ser de la época que investigamos o muy posterior”. La prueba concreta más temprana de navegación corresponde a embarcaciones en miniatura en las sepulturas de Arica, pero datan de más o menos del año mil de nuestra era, dice. La balsa de cuero de lobos marinos, que los cronistas españoles documentan como el medio de navegación de los nativos de la zona, sería incluso posterior. Según Castro, los antiguos habitantes del norte que ella ha estudiado pudieron haber empleado una embarcación de madera o balsa de tres palos. “Es muy difícil datar la madera. Tendría que aparecer en un contexto de excavación”.
Una investigación trasnacional de Ojo Público, de Perú, en alianza con equipos periodísticos de cinco países, que revela las cifras y casos más graves del tráfico del patrimonio cultural de América Latina…
Plaza Pública presenta una investigación trasnacional. Un proyecto de Ojo Público, de Perú, en alianza con equipos periodísticos de cinco países, que revela las cifras y casos más graves del tráfico del patrimonio cultural de América Latina, una actividad que conecta desde anticuarios y políticos en Buenos Aires hasta narcos en Guatemala, y desde coleccionistas bajo sospecha en México hasta diplomáticos en Costa Rica y Perú. Este especial –que tendrá varias entregas– también revela el esquema del mercado internacional del arte que permite la venta de objetos robados de templos, museos públicos y colecciones privadas. Es la primera investigación periodística del tráfico cultural con datos masivos e incluye un banco de datos que constituye el inicio del primer censo latinoamericano de bienes culturales robados.
En septiembre del 2010, la casa de subastas Lempertz, la más antigua de Bélgica y una de las más prestigiosas de Europa, anunció la venta de un lote que disparó las alertas de siete embajadas latinoamericanas acreditadas en Bruselas. El catálogo estaba lleno de piezas precolombinas que Perú, Costa Rica, Guatemala, México, Colombia, Ecuador y Bolivia reconocieron como parte de su patrimonio cultural. Agotadas las gestiones ante Interpol y la policía local, los agentes de esos países solicitaron una reunión de urgencia con la Cancillería belga. Esperaban una reunión tensa, como había ocurrido meses antes a raíz de otra subasta, pero el ministro que los recibió les tenía una noticia alentadora: Bélgica acababa de ratificar la Convención de la Unesco de1970 que busca controlar la importación, exportación y el tráfico de bienes culturales en el mundo, y estaba decidida a cumplirla. El único problema era que cada país debía presentar evidencias previamente documentadas de que las piezas le pertenecían, que además habían sido robadas, y, sobre todo, que existía una causa judicial que las reclamaba. Todo, cuando faltaban apenas tres días para la venta.
Tras la reunión se iniciaron intensas coordinaciones entre las embajadas y sus cancillerías para conseguir esas evidencias. “Sin ellas, es imposible que el Gobierno belga pueda hacer algo para detener esta subasta”, reportó el encargado de negocios de Guatemala desde Bruselas, según documentos del caso que por primera vez salen a la luz como parte del proyecto Memoria Robada, un esfuerzo periodístico que ha comprendido la revisión de expedientes judiciales, alertas de robos, informes técnicos, reportes secretos y entrevistas en seis países, para develar los mecanismos trasnacionales del tráfico de patrimonio cultural en América Latina.
Los documentos fueron obtenidos y analizados, a iniciativa de OjoPúblico, por una alianza de equipos periodísticos integrada por La Nación (Costa Rica), Plaza Pública (Guatemala), Animal Político (México) y Chequeado (Argentina).
Uno de esos reportes señala que el mismo día de la reunión de los diplomáticos latinoamericanos en la Cancillería belga, un vocero de la casa de subastas se comunicó para explicar su postura. “Nos aseguró que la Casa Lempertz es respetuosa de la ley, y que antes de cada subasta se cercioran de que las piezas a vender no sean robadas”, informó el diplomático centroamericano. El vocero de Lempertz dijo que sus procedimientos incluían enviar a la policía una lista de los objetos que se iban a subastar, y que a los propietarios se les pedía firmar una declaración jurada sobre su procedencia legal. El formato del documento –revisado para esta investigación– tiene apenas media página con tres preguntas basadas en la palabra del declarante. No requiere más prueba documental que una lista adjunta sobre los objetos a consignar para la venta.
A pesar de los esfuerzos, ninguna de las embajadas pudo demostrar a tiempo el origen ilícito de las piezas. La Cancillería belga se declaró sin competencia para intervenir en el caso. La subasta se realizó de todos modos el 11 de septiembre del 2010.
Era al menos el segundo esfuerzo de varios países latinoamericanos para detener la venta de bienes del patrimonio cultural de la región en un mismo año, según se desprende de los reportes examinados. Ocho meses antes, las embajadas de Perú, México, Ecuador y Bolivia habían reclamado por otra subasta de la misma Casa Lempertz, que anunciaba piezas precolombinas procedentes de “un museo privado europeo”. En el lote había piezas de las culturas Chavín, Tlatilco, Tumaco y Tiahuanaco, entre otras. “Varios de los objetos contenidos en el catálogo de la subasta pertenecen a la Lista Roja de Bienes Culturales Latinoamericanos en Peligro del Consejo Internacional de Museos (ICOM)”, advertía la carta remitida por las cuatro embajadas en conjunto al Ministerio de Relaciones Exteriores de Bélgica. El esfuerzo fracasaría por la misma causa.
Ambos incidentes desvelan las coartadas del mercado global de bienes saqueados de América Latina. Tan solo entre el 2008 y el 2016, las principales casas de subastas de Europa y Estados Unidos pusieron a la venta más de 7 mil objetos del patrimonio arqueológico del Perú. En un lapso parecido, entre el 2010 y el 2016, las autoridades de Costa Rica detectaron la venta de reliquias de su pasado en al menos 23 subastas, y las de Guatemala en 26 ocasiones, según reportes oficiales obtenidos para esta investigación en cada país. El volumen de piezas latinoamericanas vendidas a coleccionistas de las principales capitales del mundo es incluso mayor que los 4 mil 907 objetos culturales que la Interpol busca ahora como robados en todo América del Sur, Centroamérica y México.
Es lo que se llamaría un museo desaparecido. —En alusión al libro “El museo desaparecido”, del periodista y escritor portorriqueño Héctor Feliciano, que revela el saqueo de arte organizado por los nazis en Francia a mediados del siglo XX—.
Este panorama –reconstruido con documentos, bases de datos y fuentes directas–echa luces sobre episodios ocurridos a lo largo de todo el continente americano, y resalta además la ruta que liga a los países con mayor patrimonio cultural del continente y los centros del mercado anticuario internacional, como escala del tránsito de bienes robados hacia algunas de las instituciones académicas y centros de investigación más importantes del mundo.
Las rutas del tráfico
nicios de julio del 2014, la oficina de Interpol de Lima envió el mensaje N°6608 a la filial de la organización en San José, Costa Rica. Tenía el carácter de ‘Urgente’. Los agentes limeños reportaban que “existiría una posible red de tráfico de bienes culturales peruanos que habrían salido de forma ilícita de nuestro territorio hacia su país, para luego ser trasladados a los Estados Unidos de América”. La alerta provenía de información obtenida por el Ministerio de Cultura del Perú y daba detalles precisos sobre las piezas robadas, los personajes involucrados y su paradero: el mensaje pedía intervenir a dos ciudadanos peruano-estadounidenses llamados Juan e Ingrid Bocanegra, propietarios de un local en el centro comercial La Paco, en el exclusivo San Rafael de Escazú, una zona de hoteles de lujo, condominios y edificios corporativos de la capital costarricense. Se presumía que allí tenían escondido un grupo de valiosas obras de arte buscadas desde Lima.
El lote consistía en unas cuarenta pinturas entre las cuales había nueve ejemplares de la Escuela Cusqueña, la corriente de arte colonial más famosa de los Andes, con marcos tallados en caoba y cedro y enchapados en pan de oro. El grupo también incluía “muchos más óleos enrollados”, agregaba el reporte. Las pinturas no podían haber salido de manera regular, pues hubieran requerido un ‘Certificado de exportación de bienes no pertenecientes al Patrimonio Cultural’, emitidos por el Ministerio de Cultura de Perú. En los siete años previos, el ministerio apenas había otorgado 11 certificados de esa naturaleza con destino a Costa Rica. Ninguno coincidía con las piezas bajo sospecha. Según el análisis de inteligencia, el cargamento iba a ser enviado a tres direcciones en Washington, Miami e Indianápolis. Una de esas pinturas era un retrato de la Virgen de las Mercedes, la patrona de los reclusos.
Según los registros migratorios de San José, Juan e Ingrid Bocanegra –de 79 y 73 años, respectivamente – han visitado Costa Rica indistintamente unas diez veces en los últimos dos años. Suelen identificarse tanto con sus pasaportes peruanos como con los estadounidenses. La última vez que Juan Bocanegra ingreso al país fue el 29 de junio pasado. Se marchó casi un mes después.
La ruta costarricense del tráfico global de patrimonio cultural se confirmó con otro episodio ese mismo año, cuando las autoridades aduaneras de Washington intervinieron un paquete sospechoso que había sido enviado por correo expreso desde San José. Era un tubo de cartón que supuestamente contenía un documento valorizado en apenas un dólar. Cuando la policía revisó el contenido, encontró que en realidad era una pintura con la imagen de un arlequín pintada en técnica gouache sobre papel. Tenía la firma de Pablo Picasso. En el mismo tubo había un documento de autenticidad que además confirmaba su verdadero valor: más de 70 mil dólares.
Entonces se hicieron coordinaciones reservadas entre las autoridades policiales de ambos países para atrapar al traficante que había enviado el paquete. Cuando la policía de Costa Rica allanó el condominio indicado como dirección del remitente, solo encontró a un extrabajador jubilado del Poder Judicial. Habían falsificado su identidad. El cuadro de Picasso sigue decomisado en la Aduana de Washington. Nadie se ha presentado a reclamarlo.
“Las fronteras de Centroamérica son muy permeables”, dice Monserrat Martell, especialista del programa de Cultura de la Unesco en San José. “En las aduanas y los aeropuertos hay muchísima corrupción. Por mucho que formemos al personal, si hay corrupción endémica jamás se detectarán las piezas”, señala.
Costa Rica es uno de los países latinoamericanos que ha reportado menos bienes culturales robados a la Interpol: apenas veinte. En su mayoría son pinturas de diferentes épocas, que paradójicamente no están protegidas por la ley local de patrimonio. Esta norma solo considera la protección de los objetos de origen precolombino. Apenas dos piezas de ese tipo son buscadas con un requerimiento internacional de Costa Rica: un metate de piedra y una vasija de cerámica de la provincia de Guanacaste, uno de los más importantes centros de las culturas prehispánicas centroamericanas. Esto, a pesar de que en los últimos años las autoridades de San José detectaron unos 214 objetos precolombinos que iban a ser subastados en casas de Europa y Estados Unidos. El Museo Nacional de Costa Rica no tuvo éxito en reclamarlos debido a que no pudo demostrar su origen con documentos.
La paradoja del caso es que el personaje a quien se considera uno de los mayores traficantes del patrimonio prehispánico en la historia de América Latina es un hombre nacido en Costa Rica. Se llama Leonardo Patterson y vive refugiado en Alemania. En su momento, fue reclamado por las autoridades de Perú, Guatemala y México por la venta ilegal de cientos de piezas arqueológicas, desde objetos de cerámica hasta piezas de oro de valor incalculable. Si nunca fue condenado por este delito, no fue por falta de evidencias, como demuestra un reportaje de que es parte de esta investigación. Patterson es la prueba de que en América Latina es más fácil atrapar a un narco que a un presunto traficante de arte.
Lazos criminales
A fines de noviembre del 2015, una operación policial para capturar a un narcotraficante alertó a las autoridades de Guatemala los nuevos lazos del robo de arte con otros círculos del crimen organizado. La fiscalía había ordenado la captura de un sujeto llamado Raúl Arturo Contreras Chávez, de 43 años, sobre el que pendía un pedido de extradición de Estados Unidos. Contreras, un tipo de contextura robusta y expresión dura, era investigado por el Departamento del Tesoro como integrante de una red que enviaba cocaína a EE.UU. desde el 2004. Según el expediente de la fiscalía de Miami –revisado para el proyecto Memoria Robada–, la organización estaba integrada por quince personas, entre las que había también cuatro libaneses y varios colombianos. El día que lo atraparon, Contreras estaba en una residencia semivacía al oeste de la Ciudad de Guatemala. No tenía droga, pero guardaba varias obras de arte escondidas en diversos muebles.
Ese día la policía contó 24 piezas, entre ellas 12 pinturas de la época colonial y 12 estatuillas religiosas. Algunas imágenes lucían el marco original de pan de oro que tenían al momento del robo. El equipo de peritos del Departamento de Prevención y Control del Tráfico Ilícito de Bienes Culturales –una oficina de tres empleados en el Ministerio de Cultura guatemalteco– determinó que 11 de esas obras proveían de un asalto ocurrido seis meses antes en la Fundación para las Bellas Artes (Funba), en la Antigua Guatemala, por una banda armada que se apoderó de cientos de objetos de plata y pinturas antiguas. Las otras dos piezas que aparecieron con la captura del narco estaban reportadas como robadas de un museo de Honduras. La Fiscalía no estableció si Contreras había participado en la organización de esos asaltos. Tampoco se sabe qué pasó con las piezas que siguen perdidas.
Un vínculo posible está en el caso de las seis pinturas de “La Pasión de Cristo” arrancadas de un templo por otro grupo armado un año antes del robo en la Funba. Durante la investigación, tanto la Fiscalía como el Ministerio de Cultura de Guatemala obtuvieron la versión de que el robo había sido encargado por un narcotraficante de mucho poder. Un informante incluso llegó a dar la pista de que las obras habían seguido el camino inverso hasta Honduras. Sin embargo, en cierto momento el informante desapareció y con él una posibilidad de recuperar esas piezas, que figuran entre los 333 bienes que la Interpol busca en el mundo como parte del patrimonio cultural robado en Guatemala.
Las autoridades de Centro América tienen ideas encontradas sobre la conexión entre el narcotráfico y el tráfico de patrimonio cultural. “Como los narcos no saben cuál es el valor real de estas piezas, pagan lo que les pidan”, dice Eduardo Hernández, del Ministerio de Cultura de Guatemala. El fiscal Rolando Rodenas no cree que el arte sirva para lavar dinero del narcotráfico. Por el contrario, en Costa Rica se considera que el patrimonio cultural es una coartada para otros negocios ilícitos. “Ellos compran arte y antigüedades porque les ayuda a lavar su dinero y legalizarlo adquiriendo piezas apetecidas, que, ya limpias, pueden colocar luego en el mercado internacional”, explica Monserrat Martell, especialista de la Unesco en San José.
[ Algunas piezas decomisadas en Mixco [Ministerio de Cultura] ]
El vínculo ha sido bien documentado en un caso que vincula a Colombia y Brasil.
En agosto del 2007, una operación que involucró a policías de seis países permitió la captura en Sao Paulo de Juan Carlos Ramírez Abadía, un narcotraficante colombiano que tenía un pedido de extradición de Estados Unidos por exportar cocaína y por el asesinato de quince personas. Ramírez Abadía era un líder del cártel de Cali conocido por su carácter violento y sus gustos excéntricos. Había construido una compleja trama de empresas de fachada y propiedades en la que participaban sus dos hermanastros y, según su declaración, algunos españoles. “Me llamaba la atención que los traficantes tenían muchas obras de arte”, recuerda desde su despacho en Sao Paulo el juez Fausto Martin de Sanctis, quien vio la causa y estableció que todas las propiedades de Ramírez Abadía debían ser consideradas como producto de su actividad criminal. Eso incluía quince pinturas y grabados de artistas brasileños, con un valor de 4 millones de dólares, que fueron enviadas en custodia temporal al Museo de Arte Contemporáneo de la ciudad.
De Sanctis, autor un libro titulado “Money Laundering Through Art” (“Lavado de dinero a través del arte”), es un magistrado famoso por investigaciones que han llevado a prisión desde personajes vinculados al crimen organizado hasta miembros de la elite empresarial de Brasil. Uno de esos casos involucró al banquero brasileño Edemar Cid Ferreira, quien llegó a coleccionar más de mil obras de arte de manera sospechosa. “Él no era un conocedor, no tenía reputación en el mercado del arte, pero empezó a comprar y comprar, a precios imposibles”, dice el juez. En el 2006 Ferreira fue condenado a prisión por delitos financieros y de lavado de dinero. La incautación de sus obras de arte requirió la participación de varias agencias de seguridad en cuatro países.
La complejidad de los casos de lavado de dinero a través del arte y otras variantes motivó al juez De Sanctis a desarrollar un procedimiento llamado “venta anticipada de bienes”, que permite enviar a remate las propiedades de un acusado aún antes de que se dicte sentencia. “Si al final, el procesado es absuelto, se le devuelve el dinero. Si es condenado, el dinero pasa a una cuenta del Estado”, explica el magistrado. Este procedimiento permitió enviar a subasta las propiedades del narco Juan Carlos Ramírez Abadía. También permitió la incautación de más de 200 obras de arte como parte de las investigaciones por el Caso Lava Jato, uno de los escándalos de corrupción más grandes de los últimos tiempos en América Latina.
La suerte ha sido distinta para otros implicados en tramas de tráfico de patrimonio cultural ligado a la corrupción en la región. El caso más evidente es el de Mateo Goretti, un politólogo italiano a quien las autoridades argentinas investigan por presunto lavado de activos y que también ha sido investigado por encubrimiento agravado en un caso de robo de bienes culturales. En abril del 2012, la Interpol intervino el domicilio de Goretti a pedido de la Fiscalía, que perseguía una pista. Allí los agentes incautaron un lote de 58 piezas arqueológicas cuya condición de patrimonio no debía ser desconocida para Goretti, un experto en el arte prehispánico con varios libros publicados sobre el tema. Las pericias confirmaron que las piezas eran parte de una colección robada cuatro años antes de un museo de la provincia de Córdoba. El politólogo asegura haberse librado de la causa, pero una revisión del caso que será publicada como parte de esta investigación demuestra que eso no es cierto.
Anticuarios y museos
Una mañana de septiembre del 2015, el embajador del Perú en Buenos Aires se presentó con una comitiva a un almacén lleno de cajas con bienes culturales incautados por la policía. En el lugar fue recibido por funcionarios del gobierno argentino y especialistas del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano (INALP), que habían estado a cargo de la catalogación de un lote con 4.150 piezas. El conjunto incluía desde vasijas de cerámica e instrumentos musicales de hueso hasta una larga tela precolombina de rayas marrones y azules que los diplomáticos peruanos vieron con sorpresa, como si se tratara de un santo sudario. En realidad, eran las piezas de un tesoro que terminaba de confirmar el eje Lima-Buenos Aires como una de las rutas más importantes del tráfico de bienes culturales en América Latina. En el mismo recinto quedaron piezas que pertenecían al patrimonio cultural de Ecuador.
Los objetos eran la evidencia incautada a Néstor Janeir, un anticuario de la capital argentina que no figura en las listas internacionales de traficantes, pero a quien en su momento se abrieron causas judiciales en Lima y Buenos Aires por el presunto delito de tráfico de patrimonio cultural. Por el volumen y el valor histórico de las piezas devueltas –que fueron embaladas en más de cincuenta cajas de cartón– es la mayor recuperación de bienes exportados ilícitamente en la historia del Perú y una de los mayores del continente.
[ Repatriación en Argentina [Interpol] ]
El Caso Janeir no es la única evidencia del trayecto ilícito que involucra a los anticuarios de Buenos Aires. Las autoridades del Perú mantienen abierta una investigación iniciada en el 2012 a raíz del hallazgo de una joya bibliográfica robada de la Biblioteca Nacional de Lima en una biblioteca de Washington que pertenece a la Universidad de Harvard. Se trataba de un valioso manuscrito religioso del siglo XVIII, escrito en quechua, de cuya pérdida no se tenía noticia hasta que una académica francesa llamada Isabel Yaya lo encontró mientras revisaba documentos en Dumbarton Oaks, un centro de investigación especializado en estudios bizantinos y del periodo pre-colombino. Un instituto famoso por su colección de libros raros, con más de diez mil volúmenes.
Yaya comunicó el hallazgo a un colega suyo en París, el académico Cesar Itier, un experto en el idioma quechua de la época colonial que conoce a la perfección ese tipo de materiales. Itier reconoció el libro: lo había estudiado en Lima diez años antes, e incluso guardaba una fotocopia en sus archivos personales. Con esa imagen como prueba, el académico alertó de inmediato a la biblioteca de Washington y a las autoridades de Lima. Entonces se descubrió que Dumbarton Oaks había comprado el ejemplar a un anticuario de la capital argentina, su proveedor de materiales raros durante casi veinte años. El anticuario había puesto el documento a la venta en su catálogo del 2011 por 6.500 dólares.
Antes de que estallara un escándalo internacional relacionado a la compra de bienes culturales robados, Dunbarton Oaks –que pidió un cuestionario para dar su versión al inicio de esta investigación, pero nunca lo respondió– optó por deshacer la compra y reclamar su dinero al anticuario. El librero devolvió el manuscrito a Lima sin cargo, a condición de que su nombre se mantuviera en reserva. En el Perú, el retorno del manuscrito permitió identificar el circuito del tráfico al interior de la Biblioteca Nacional. En Argentina, en cambio, el caso no ha sido investigado hasta hoy.
Los rastros del saqueo cultural de América Latina no apuntan solo del sur pobre al norte rico. A inicios de octubre del 2016 la atención internacional volvió enfocarse en el eje centroamericano a raíz de la incautación de dos fragmentos de estelas de la cultura maya que eran exhibidos en un museo privado de la capital salvadoreña y que estaban reportados como robadas en Guatemala desde el 2013. Las piezas proceden de dos sitios arqueológicos mayas saqueados en los años noventa. Los traficantes las mutilaron para llevárselas. Su paradero era desconocido hasta que, poco después de lanzada una alerta internacional, un oficial de Interpol logró identificar las piezas en el Museo de la Fundación Tesak, patrocinado por la familia de Pablo Tesak, un desaparecido magnate de la industria de las golosinas.
El caso fue motivo de una intensa disputa diplomática. Guatemala llegó a enviar hasta ocho pedidos de restitución de las piezas en un periodo de tres años, sin respuesta positiva, a pesar de que la Convención Centroamericana para la Protección del Patrimonio Cultural obliga a los países firmantes a prestarse asistencia técnica y jurídica en casos como este. Un juez puso fin en octubre a más de treinta meses de tensiones, pero no terminó la disputa. Guatemala reclama otras 287 piezas arqueológicas que el Museo Tesak mandó traer un año antes desde Estados Unidos como si se tratara de una repatriación de patrimonio cultural salvadoreño. En realidad eran piezas arqueológicas de Guatemala, y quedaron retenidas por las propias autoridades aduaneras de El Salvador al detectarse que carecían de información clara sobre su procedencia.
“Tenemos información extraoficial de que las piezas estaban en Los Ángeles, California, cuando fueron importadas a El Salvador por la Fundación Tesak”, señala Eduardo Hernández, jefe del departamento de Prevención y Control de Tráfico Ilícito de Bienes Culturales del Ministerio de Cultura de Guatemala.
En otra ciudad de ese mismo Estado terminó una pieza rob
La nueva museología debería de tener en cuenta nuevos enfoques basados en el aprendizaje inmersivo, apoyado en un estimulo emocional. Las nuevas tecnologías ya no solo son capaces de mostrar material audiovisual sino grabar y emitir un aroma, podemos tocar digitalmente y sentir a través del electrovibraciones…
Los últimos estudios en neurociencia, de la cual ya hablamos anteriormente, sugieren que la mejor forma de adquirir conocimiento es acompañar los hechos con algún elemento que genere una reacción emocional. Así cuando observamos una pintura, escuchamos música, probamos una comida, olemos un perfume o tocamos un objeto real, físico, experimentamos sensaciones que se producen de una forma absolutamente natural haciendo del aprendizaje algo más sencillo.
El aprendizaje basado en un discurso narrado, e incluso complementado con imágenes y sonidos, es el método tradicional actualmente más empleado en los museos. La neurociencia pretende ir más allá.
Las nuevas tecnologías ya no solo son capaces de mostrar material audiovisual sino grabar y emitir un aroma, podemos tocar digitalmente y sentir a través del electrovibraciones la sensación de la textura de superficies, generar movimientos de aire capaces de crear sensaciones táctiles, etc. Si logramos combinar todo esto con un discurso de forma inteligente podremos generar en las personas una sensación inmersiva que genere una emoción, y con ello motivar el aprendizaje.
El Ophone hace que objetos que aparecen en una pantalla LCD liberen olores particulares a intervalos preestablecidos desde la propia pantalla.
Sin embargo, está claro que las personas perciben su realidad de manera diversa y diferente. Ya que ese proceso perceptivo implica una serie de factores (biológicos, culturales, psicológicos, etc.) que van a facilitar, influir y determinar dicho proceso Este fenómeno conocido como sinestesiaes el proceso a través del cual podemos transportar al usuario mediante sensaciones y emociones a otros lugares mediante relaciones indirectas. Entre las tipologías que son más frecuentes están: grafema-color, nota musical-color, olor-color, emoción-gusto, olor-sonido, entre otras. Así por ejemplo es muy común asociar un estilo musical a un estado de ánimo. Para concluir brevemente el estudio de este fenómeno podemos decir que como menciona Juan Carlos Sanz en el Lenguaje del color (1985): “la sinestesia se toma como una capacidad que todos poseen y que por atrofia perdemos”.
La sinestesia diluye los límites de la realidad gracias a un componente que aparece necesariamente ligado a todo proceso sensorial, perceptivo y/o cognitivo: el componente emocional.
Poco a poco tanto la neurociencia como la sinestesia se esta incorporando en proyectos museogáficos y patrimoniales. Ello facilita además la difusión del patrimonio inmaterial de los países que de otra forma no seríamos capaces de entender sino por medio estos métodos. Así por ejemplo, explica Ricardo Cano, la Fonoteca Nacional de México declaró que los sonidos de la Ciudad de México (claxonazos y palabrotas constantes incluidas) fuesen patrimonio cultural de la nación. Muchos países están identificando y controlando los nombres asociados a los alimentos tradicionales, como Francia con su “d’origine contrôlée”, o Italia con su denominazione di origine controllata, como parte de su patrimonio cultural intangible. Sonidos ambientales, olores, sabores, sensaciones componentes fundamentales de una cultura tactiles antes imposibles de explicar a través de palabras.
Existen algunos proyectos, continúa el autor, como “Memorias en el Museo” dirigido a las personas que sufren del mal de Alzheimer que incorporan sonido y otras sensaciones en lugar de centrarse exclusivamente en el plano meramente visual, facilitando la accesibilidad del conocimiento a estas personas. Añade el autor otros ejemplos como el caso de la modista Iris Van Herpen, con el diseño de ropa que genera su propio “sonido envolvente”. O el proyecto que permite pasear por la ciudad de Brooklyn disfrutando del arte público multisensorial, como en el caso del Proyecto Di Mainstone, que ha cableado el puente de Brooklyn como si fuera un arpa gigante que se pudiera tocar. Las posibilidades que nos ofrecen las nuevas tecnologías y los nuevos métodos son incontables.
El Arrecife del Amazonas y situado en la desembocadura del río del mismo nombre, fue descubierto en abril del 2016. Las primeras imágenes vistas de este fenómeno se han conseguido con un robot acuático de Greenpeace.
El bioma recientemente descubierto se extiende desde la Guayana Francesa hasta el estado brasileño de Maranhão. El ecosistema se encuentra en potencial peligro por las perspectivas de prospecciones petrolíferas en la zona
En abril del 2016, un equipo internacional de científicos americanos y brasileños descubrió un nuevo arrecife de coral en el Océano Atlántico.
“Debido a las condiciones de luz y las condiciones físico-químicas del agua, se trata de un ecosistema único”
Este, bautizado como el Arrecife del Amazonas y situado en la desembocadura del río del mismo nombre, abarca unos 9.500 kilómetros cuadrados. Recorriendo el borde de la plataforma continental sudamericana, se extiende desde el extremo sur de la Guayana Francesa hasta el estado brasileño de Maranhão.
Ahora, con la ayuda de un robot acuático, la asociación ecologista Greenpeace ha conseguido las primeras imágenes del arrecife, que prolifera en la desembocadura del mayor de los ríos de la Tierra. De este modo, en consorcio con varios de los investigadores que realizaron el hallazgo, pretenden documentar las características de este ecosistema recién descubierto y conocerlo más a fondo.
El equipo, que ya ha comenzado su exploración gracias a un submarino transportado en la embarcación, ha informado que el primer avistamiento del arrecife se realizó a una profundidad de 220 metros; a unos 100 kilómetros de distancia de la costa brasileña.
Nils Asp, investigador de la Universidad Federal de Pará, ha explicado las razones por las que este arrecife es muy importante: “debido a las condiciones de luz y las condiciones fisicoquímicas del agua, se trata de un ecosistema único. Tiene un gran potencial para albergar nuevas especies y además, es bastante importante para la economía de las comunidades pesqueras locales”.
El equipo espera poder aumentar la superficie mapeada del arrecife, de la que hasta ahora solo se conoce el 5%. Del mismo modo el investigador se reafirma en su interés por explorar el lugar: “nuestros científicos quieren conocer mejor cómo funciona este arrecife, y desvelar algunas de sus incógnitas, entre ellas, el mecanismo fotosintético que reina en un arrecife con luz limitada” como es el caso.
La amenaza viste de negro
Sin embargo, el tratarse de un espacio natural aún desconocido para la ciencia y de una especial particularidad ecológica, parece no garantizar su conservación, ya que el gobierno de Brasil está estudiando la posibilidad de establecer en la zona un nuevo enclave para la extracción de crudo. De recibir luz verde por parte de la ejecutiva brasilera, las empresas Total y BP podrían empezar a desarrollar sus planes de actividad en la zona, donde estiman que las reservas pueden aproximarse a los 20.000 millones de barriles. Según informa Greenpeace, mientras los expertos tan solo han comenzado a estudiar el arrecife, sendas empresas planean realizar los respectivos sondeos en busca de petróleo.
Las perforaciones petrolíferas en la región supondrán una amenaza constante de vertido
Ante la amenaza, desde la asociación ecologista se pretende hacer una llamada de atención. De este modo, Elvira Jiménez, responsable de océanos de Greenpeace afirma en declaraciones que: “debemos defender el arrecife y toda la región de la boca de la cuenca del Amazonas de la avaricia de las empresas que anteponen los beneficios económicos al medio ambiente y a las personas”. “Una de las zonas que podría explorar la petrolera Total se encuentra a tan solo ocho kilómetros del arrecife, y el proceso de autorización ambiental por parte del gobierno ya se ha iniciado”, añade.
“Tras ratificar el acuerdo de Brasil, el Gobierno debe mostrar que su lucha contra el cambio climático es firme, y dejar los combustibles fósiles de esta zona bajo el lecho marino”, sentencia Jiménez.
Las perforaciones petrolíferas en la región supondrán una amenaza constante de vertido. El Parque Nacional del Cabo Naranja, situado muy cerca de la desembocadura del Amazonas, aloja el ecosistema continuo de manglar más grande del mundo, y en la actualidad no existe tecnología capaz de afrontar un hipotético vertido. El riesgo además, se incrementa por la presencia de las fuertes corrientes y los sedimentos depositados por el río.
Hasta el momento ya se han perforado en las inmediaciones 95 pozos. De ellos, 27 han sido abandonados a consecuencia de incidencias mecánicas. El resto no contaban con la suficiente viabilidad técnica o económica como para que finalmente se materializara la extracción de crudo.
Por todo ello, es indispensable ponderar adecuadamente la necesidad de las extracciones . La desembocadura del Amazonas es el hogar de varias poblaciones locales y de más de 80 comunidades indígenas Quilombola, que dependen de los recursos pesqueros de la zona para desarrollar su actividad económica. Todo ello sumado al que el territorio conforma parte del hábitat del manatí del Caribe (Trichechus manatus), la tortuga terecay (Podocnemis unifilis), -ambos en un estado vulnerable de conservación- y la nutria gigante(Pteronura brasiliensis), que según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), esta clasificada como especie en peligro de extinción.
La única forma de comprender al Perú es mediante el estudio, análisis e información de la naturaleza de nuestras antiguas culturas. Siempre lo creyó así el denominado padre de la arqueología peruana, Julio César Tello, descubridor de las culturas Chavín y Paracas.
Tello tuvo el mérito de ser uno de los primeros científicos sociales en quebrar la supuesta inferioridad de los antiguos pueblos del Perú. Por décadas acumuló innumerables testimonios de la grandeza del pueblo peruano, y demostró que nuestros antepasados tenían logros como para dejar de avergonzarnos de nuestras raíces.
No solo impulsó la construcción del Museo de Arqueología, Antropología e Historia del Perú, sino que luego de su muerte siguió inspirando a las nuevas generaciones de arqueólogos.
Precisamente en honor a su legado, hace medio año abrió sus puertas el nuevo Museo de Sitio Julio C. Tello, en la mismísima reserva nacional de Paracas, a 22 kilómetros al sur de Pisco.
Allí se resguarda una vasta colección de 120 piezas representativas de la cultura Paracas, desde sus períodos iniciales hasta el año 200 d.C. Además, cuenta con una sala para la proyección de videos sobre los paracas y sus orígenes. También se exhiben objetos materiales utilitarios como tejidos, cerámicos e instrumentos diversos. En pocas palabras, su cosmovisión del mundo.
El museo se encuentra operativo y es una de las paradas obligatorias para quienes visitan la región y quieren conocer su cultura, entre amigos, en pareja o en familia. Despierte ese ADN especial que tenemos los peruanos por la cultura y dese una vuelta por este espacio museográfico.
La diputada local Ana Juana Ángeles Valencia exhortó a los gobiernos local y federal a frenar la construcción de por menos 300 viviendas sobre vestigios arqueológicos en la colonia San Pedro Zacatenco, en la delegación Gustavo A. Madero.
La legisladora sostuvo que la edificación en el predio en la calle Acueducto de Guadalupe 650 fue aprobada por la Secretaria de Desarrollo Urbano y Vivienda (Seduvi) del Gobierno de la Ciudad de México, con el visto bueno del jefe delegacional, Víctor Hugo Lobo.
Indicó que esa construcción dañará de manera irreparable el estado de restos óseos de humanos con más de dos mil 500 años de antigüedad hallados el año pasado por personal del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en la demarcación.
Mediante un Punto de Acuerdo lamentó que se perdiera información y grandes conocimientos para la humanidad y la ciencia al volver a enterrar vestigios arqueológicos que deben ser expuestos en un Museo, para que se conozca el origen de las grandes culturas que se desarrollaron en la Ciudad de México.
Dijo que los institutos Nacional de Antropología e Historia (INAH) y de Bellas Artes deben presentar un informe sobre el estatus que guardan los vestigios arqueológicos, que están sobre la construcción en el citado predio donde la inmobiliaria ENKSA dio inicio a la construcción y preventa de 300 departamentos.
Es inaceptable que la Inmobiliaria ENKSA violente y destruya antecedentes históricos de gran valor arqueológico al intentar construir viviendas sobre vestigios patrimoniales descubiertos por trabajadores del INAH, con más de dos mil 500 años de antigüedad que aportan grandes conocimientos a la humanidad”, subrayó Ángeles Valencia.
Hizo notar que el año pasado el INAH comenzó el rescate de 145 osamentas con más de dos mil 500 años de antigüedad, de la aldea de Zacatenco, en el predio donde se pretende construir cinco torres de departamentos y una plaza comercial.
Recordó que habitantes de San Pedro Zacatenco exigieron a las autoridades capitalinas detener el proyecto que además detonaría más acciones inmobiliarias en esa zona que carece de infraestructura urbana suficiente, y propusieron la construcción de un museo.
Indicó que los vecinos aseguraron que en ese predio se construyeron los talleres del Sistema de Transporte Colectivo (STC) Metro y que el terreno carece de uso de suelo habitacional y comercial, por lo que demandaron revisar los permisos otorgados a la inmobiliaria.
Ángeles Valencia mencionó que las excavaciones iniciaron a principios de 2016, que se detuvieron tras el hallazgo de los vestigios, que fueron dados a conocer por el INAH en octubre pasado luego de seis meses de labores de arqueólogos y antropólogos de la Dirección de Salvamento Arqueológico del INAH.
El Ministerio de Cultura declaró Patrimonio Cultural de la Nación al Ayarachi de Cuyocuyo, del distrito de Cuyocuyo, provincia de Sandia, departamento de Puno, por tratarse de una particular expresión regional de una antigua manifestación en la que confluyen música, danza y creación artesanal en una organización compleja, con una original estética visual, que ha sido salvada del olvido por acción de sus propios portadores conscientes de su importancia para la identidad cultural del departamento de Puno y de todo el país.
Los Ayarachis constituyen una de las formaciones musicales más originales del sur andino, tanto por su presencia visual, como por la particularidad de su música y la tradición que atribuye su origen al duelo por la muerte del inca Atahualpa. Son conocidas las versiones de Paratía, Lampa, reconocida por RDN N° 1064/INC-2004 y la de la provincia de Chumbivilcas, Cusco, reconocida por RVM N° 413-2011-VMPCIC-MC.
Ayarachi es el nombre de un conjunto de intérpretes de zampoña y tambor -de alrededor de 30 miembros- que danzan al compás de su música en forma colectiva, con un traje de lana con accesorios coloridos, en el que destaca como rasgo característico un gran tocado de plumas. Forma parte del Ayarachi un conjunto femenino que danza con pasos suaves. Es común a todas las versiones que los intérpretes se organicen en formación de círculo, girando alternadamente a la derecha y la izquierda. La interpretación de la música es siempre colectiva, en forma monódica o intercalando notas, ejecución típicamente andina.
La tradición asocia a esta manifestación con rituales fúnebres, por la raíz del nombre, aya, muerto en quechua y espíritu en aymara. Las descripciones de formaciones con este nombre en las crónicas de la conquista indican que esta expresión existía ya durante el período prehispánico, para rituales sagrados y en particular para los oficios fúnebres. La tradición oral asocia esta costumbre al lamento por la muerte del Inca Atahualpa, hecho que marcó el fin del Tawantinsuyu y de un orden autónomo por el traumático proceso de conquista. Las versiones actuales no están asociadas a la representación de la muerte del Inca.
La ubicación del distrito en una zona de acceso a la ceja de selva influyó definitivamente en el material usado en sus instrumentos y en la vestimenta. La vestimenta es más adornada y colorida de lo que es conocido en las formaciones de este tipo con predominio de los colores rojo y blanco y por el uso de prendas tejidas con motivos vegetales y zoomorfos que hacen referencia a la vida de la región. La vestimenta es laboriosamente elaborada, hecha por maestros tejedores, siendo ajuares de elevado costo.
Las tonadas de Ayarachi de Cuyocuyo, menos solemnes en comparación con las de otros ayarachis, son ejecutadas con el ph’uco, o ayarachis ph’uco, instrumento conocido en musicología como zampoña o flauta de Pan. Los ayarachis ph’uco conforman una serie de instrumentos complementarios, de distinto tamaño y cada uno con una serie de notas, que son distribuidos en grupos con funciones diferenciadas en la ejecución de las tonadas. La melodía se ejecuta con los grupos tocando alternadamente, en una relación de complementariedad, organización de sonidos que se conoce desde el primer milenio de nuestra era.
Estos instrumentos están hechos de cañas originarias de la selva alta, como el k’ea phuti, de caña gruesa, y la castilla, de caña delgada. El segundo instrumento es el wankar o bombo, tambor de membrana de doble parche de cuero, hecho de cedro, chillima u otra madera dura de origen selvático. Este instrumento batido con una baqueta. La coreografía característica de esta danza se compone de una sucesión de figuras en hileras, ya sea en filas o columnas, y en círculos, a veces separados, a veces concéntricos, combinando en forma distinta los grupos de varones y mujeres y formando parejas. Durante el pasacalle, presentación y salida, el grupo es encabezado por la pareja del mayor y la mayora quienes, portando estandartes, indican las figuras y pasos que han de seguir.
Esta expresión estuvo cerca de desaparecer cuando el despoblamiento del campo, incentivado además por políticas de migración a la selva de Tambopata desde la década de 1950, pusieron en peligro su continuidad al desaparecer de diversas localidades, manteniéndose en un grado mínimo en el distrito de Cuyocuyo. Este proceso se ha revertido desde la década de 1990, gracias a un núcleo de pobladores cuya iniciativa ha tenido repercusión en el sistema educativo y en la institución municipal, promoviéndose concursos de danzas a nivel de la provincia y de la región. Actualmente, se practica en la capital del distrito y en las comunidades rurales que lo conforman y tiene, además, una participación relevante en la festividad de la Virgen de la Candelaria de Puno.