México recupera 915 bienes arqueológicos desde Estados Unidos

El Gobierno de México informó este lunes de la restitución de 915 bienes culturales pertenecientes al patrimonio del país, los cuales fueron recuperados desde Estados Unidos mediante gestiones diplomáticas y cooperación con instituciones extranjeras.

Las secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) y de Cultura, a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), informaron en un comunicado conjunto que la entrega oficial se cumplió el pasado 3 de marzo.

Entre los bienes devueltos destaca la entrega de 828 piezas prehispánicas por parte de la Colgate University, en Hamilton, Nueva York, así como la restitución de una figura antropomorfa olmeca, elaborada entre 900 y 400 a.C. en el centro de México.

La recuperación de estos objetos forma parte de una estrategia nacional para la protección del patrimonio cultural y la lucha contra el tráfico ilícito de bienes arqueológicos.

Recuperación y autenticidad de los bienes

La entrega de estos monumentos arqueológicos muebles fue presidida por María José Buerba Romero Valdés, directora para la Restitución del Patrimonio Cultural de la SRE, y Alejandro Bautista Valdespino, subdirector de Registro de Monumentos Arqueológicos Muebles del INAH.

De acuerdo con Buerba, la recuperación de estos bienes se logró gracias al trabajo coordinado entre la Embajada de México en Washington, y los consulados generales en Los Ángeles y Nueva York.

Bautista explicó que los objetos fueron sometidos a análisis por especialistas del INAH, quienes confirmaron su autenticidad mediante inspecciones físicas y estudios iconográficos.

Señaló que estos bienes son testimonio material de las diversas culturas que habitaron el territorio mexicano antes de la llegada de los españoles.

Piezas de alto valor histórico

Los objetos recuperados abarcan un periodo de 3.000 años, desde el Formativo (1500 a.C.) hasta el Posclásico Tardío (siglo XVI).

Su procedencia es diversa, incluyendo regiones como el occidente de México, el Bajío, la costa del Golfo, el Altiplano Central, Oaxaca y el área maya del sureste mexicano.

Entre las piezas más destacadas se encuentra una figura antropomorfa olmeca, modelada en barro, que representa a un personaje masculino en posición sedente, con las piernas cruzadas y una mano sosteniendo la rodilla.

La escultura, de 12 centímetros de largo y 8 centímetros de ancho, presenta deformación craneal y rastros de pigmentación roja, características típicas del arte olmeca.

Su imagen apareció en la obra The Art of Ancient Mexico (1954), como parte de una colección privada sin más datos de procedencia.

Además, el acervo incluye un yugo de estilo olmeca (1000-400 a.C.), elaborado en roca metamórfica mediante desgaste por abrasión, y una máscara teotihuacana fechada entre los años 100 y 600 d.C.

También se recuperaron vasijas, figurillas antropomorfas y zoomorfas, así como objetos de las culturas prehispánicas mexicanas maya, tolteca y teotihuacana.

Las piezas ya se encuentran bajo resguardo del INAH para su análisis, conservación y futura exhibición.

Durante la Administración de Andrés Manuel López Obrador (2018-2024), México implementó una serie de acciones y estrategias jurídicas a fin de propiciar la restitución del patrimonio cultural mexicano que se localiza ilícitamente en el extranjero, gracias al esfuerzo conjunto de las secretarías de Relaciones Exteriores y de Cultura.

A nivel global, las embajadas y consulados de México recuperaron unas 14.000 piezas culturales durante el Gobierno de López Obrador, que combatió subastas en ciudades como Nueva York, París y Roma, en las que aparecen objetos robados o que pertenecen al patrimonio de México, además de intensificar las demandas ante Gobiernos extranjeros para recuperar piezas arqueológicas y artísticas. EFE

Enigmático hallazgo en una pirámide salvadoreña: figuras de arcilla con cabezas desmontables intrigan a los expertos

Un equipo de arqueólogos encontró en San Isidro cinco figuras con expresiones que varían según el ángulo de observación. Se cree que fueron utilizadas en ceremonias y narraciones simbólicas hace más de dos mil años

En lo alto de una pirámide en San IsidroEl Salvador, un equipo de arqueólogos de la Universidad de Varsovia descubrió cinco figuras de arcilla de aproximadamente 2.400 años de antigüedad que podrían haber sido utilizadas como marionetas en rituales públicos. Este hallazgo, data del año 400 a.C.

Según informó Live Science, las figuras presentan características únicas, como cabezas desmontables y expresiones faciales que cambian dependiendo del ángulo desde el que se observan.

El arqueólogo Jan Szymański, líder del equipo de investigación, contó en diálogo con Antiquity, fueron encontradas en 2022 durante excavaciones en la pirámide más alta del sitio arqueológico de San Isidro.

El hallazgo sugiere conexiones culturalesEl hallazgo sugiere conexiones culturales y comerciales entre El Salvador y Guatemala en la antigüedad (PASI)

Inicialmente, se pensó que podrían ser ofrendas funerarias, pero la ausencia de restos humanos en el lugar llevó a los investigadores a reconsiderar su propósito.

Según detalló Science, probablemente fueron utilizadas en representaciones teatrales o rituales públicos para narrar eventos míticos o reales, lo que sugiere un uso simbólico y ceremonial.

Las cinco figuras, que representan a cuatro mujeres y un hombre, destacan por su diseño peculiar. Tres de ellas miden cerca de 30 centímetros de altura, mientras que las otras dos son más pequeñas, con tamaños de 10 centímetros y 18 centímetros.

Según explicó Szymański, las cabezas desmontables de las figuras más grandes tienen pequeños orificios en el cuello, lo que permitió a los investigadores deducir que podrían haber sido manipuladas con cuerdas, como marionetas.

Este diseño habría permitido que las figuras movieran sus cabezas, simulando hablar, cantar o incluso gritar.

Una de las características más llamativas de estos objetos es su capacidad para transmitir diferentes emociones dependiendo del ángulo desde el que se observan.

Desde un nivel de los ojos, las figuras parecen enojadas; desde arriba, parecen sonreír, y desde abajo, muestran una expresión de miedo.

Según consignó Independent, este detalle podría haber sido intencional, diseñado para enriquecer las representaciones rituales en las que se utilizaban.

Las cinco figuras, que representan a cuatro mujeres y un hombre, destacan por su diseño peculiar. Tres de ellas miden cerca de 30 centímetros de altura, mientras que las otras dos son más pequeñas, con tamaños de 10 centímetros y 18 centímetros.Las expresiones faciales de lasLas expresiones faciales de las figurillas cambian según el ángulo de observación (PASI)

Según explicó Szymański, las cabezas desmontables de las figuras más grandes tienen pequeños orificios en el cuello, lo que permitió a los investigadores deducir que podrían haber sido manipuladas con cuerdas, como marionetas.

Este diseño habría permitido que las figuras movieran sus cabezas, simulando hablar, cantar o incluso gritar.

Una de las características más llamativas de estos objetos es su capacidad para transmitir diferentes emociones dependiendo del ángulo desde el que se observan.

Desde un nivel de los ojos, las figuras parecen enojadas; desde arriba, parecen sonreír, y desde abajo, muestran una expresión de miedo.

Según consignó Independent, este detalle podría haber sido intencional, diseñado para enriquecer las representaciones rituales en las que se utilizaban.Este hallazgo se encuentra enEste hallazgo se encuentra en San Isidro, El Salvador (PASI)

Según explicó Szymański en el artículo publicado en la revista Antiquity, este descubrimiento contradice la idea de que El Salvador estaba culturalmente atrasado o aislado en la antigüedad.

Por el contrario, evidencia la existencia de comunidades dinámicas y conectadas que intercambiaban ideas y bienes con lugares lejanos.

Live Science destacó que este tipo de figurillas, conocidas como “figurillas Bolinas”, ya habían sido encontradas en otros sitios arqueológicos, pero casi siempre en fragmentos o en contextos alterados.

Un hallazgo similar ocurrió en 2012 en el sitio maya de Tak’alik Ab’aj, en Guatemala, donde se descubrieron seis figuras completas, incluidas algunas con cabezas móviles. Estas figurillas guatemaltecas, que datan del período Preclásico Medio (350-100 a.C.), también se asociaron con rituales y representaciones simbólicas.

El Salvador, a pesar de su rica historia precolombina, ha sido históricamente subestimado en investigaciones arqueológicas.

Según explicó Szymański, esto se debe en parte a la devastación causada por la erupción del volcán Ilopango entre los años 400 y 500 d.C.

Este evento catastrófico liberó una cantidad de gases y cenizas volcánicas diez veces mayor que la erupción del Monte Vesubio en Pompeya, enterrando gran parte de los asentamientos y artefactos de la región bajo capas de ceniza.

Además, la alta densidad de población actual en el país limita las excavaciones arqueológicas, lo que ha dificultado la reconstrucción de su pasado.

El hallazgo en San Isidro no solo aporta información sobre las prácticas rituales de las comunidades precolombinas, sino que también plantea nuevas preguntas sobre su organización social y política.

Según explicó Szymański, mientras que las sociedades mayas cercanas estaban desarrollando monarquías, San Isidro parece haber sido una comunidad más igualitaria, donde múltiples voces podían ser representadas.

Estas, con sus expresiones cambiantes y su posible capacidad para “hablar” en diferentes idiomas, podrían simbolizar esta diversidad cultural y lingüística.

Arqueólogos descubren en Brasil restos del Camargo, un mítico barco esclavista

Un equipo de expertos localizó vestigios del navío hundido en 1852 en aguas brasileñas. La exploración busca recuperar fragmentos de su historia y dar visibilidad a la memoria de los esclavizados, informa The New Yorker

Por siglos, el océano Atlántico fue testigo y cómplice del comercio transatlántico de esclavos, una de las tragedias humanas más devastadoras de la historia.

Millones de africanos fueron capturados, transportados en condiciones inhumanas y vendidos en América. Sin embargo, hasta hace pocos años, la arqueología marítima no había logrado identificar ningún barco hundido durante la travesía conocida como el Medio Pasaje.

Hoy -como cuenta un artículo de la prestigiosa The New Yorker- un grupo de arqueólogos trabaja en la recuperación de estos naufragios para reconstruir su historia y devolver a las comunidades afrodescendientes parte de su memoria.

La exploración del Camargo

Uno de los hallazgos más recientes es el del Camargo, un barco esclavista de dos mástiles que se hundió en 1852 en Angra dos Reis, Brasil. Un equipo de arqueólogos ha localizado el pecio, sumergido en el lodo marino, donde aún se pueden encontrar restos de madera calcinada.

Las condiciones de la exploración son extremas: el agua es turbia y la visibilidad, casi nula, lo que obliga a los arqueólogos a trabajar guiándose por el tacto en lo que denominan “arqueología en braille”.

Además, cuentan con recursos limitados y han recurrido incluso al préstamo de tecnología de embarcaciones privadas para mejorar sus herramientas de búsqueda.

El auge de la arqueología de barcos esclavistas

Hasta hace menos de una década, no se conocía la ubicación de ningún barco hundido durante la travesía forzada de esclavos. Sin embargo, desde 2015, varias embarcaciones han sido identificadas:

  • São José, un barco portugués que se hundió frente a Sudáfrica con 200 africanos a bordo.
  • Clotilda, el último barco esclavista que llegó a Estados Unidos, hallado en 2018 en el río Mobile, Alabama.
  • L’Aurore, una nave francesa que naufragó frente a Mozambique tras un motín de esclavizados.
  • Sénégal, un barco británico destruido en 1781 en aguas de Dakar.

Estos descubrimientos han sido posibles gracias al Proyecto de Naufragios de Esclavistas (Slave Wrecks Project, SWP), una iniciativa liderada por el Smithsonian en colaboración con museos y universidades de distintos países.

Su objetivo no es solo la exploración científica, sino también la reparación histórica y la formación de arqueólogos afrodescendientes.

El Camargo y la historia de su capitán

El Camargo tiene una historia particular dentro del tráfico de esclavos. Fue el último barco esclavista en llegar a Brasil tras la prohibición de la trata en 1850. Su capitán, Nathaniel Gordon, un estadounidense de Portland, Maine, logró desembarcar su cargamento humano en Brasil y luego incendió el barco para borrar la evidencia.

Gordon realizó varias travesías hasta que fue capturado por la marina de Estados Unidos en 1860. Aunque el comercio de esclavos estaba prohibido desde hacía décadas, la ley rara vez se aplicaba.

Sin embargo, en un contexto de Guerra Civil y presiones abolicionistas, el gobierno de Abraham Lincoln decidió hacer de Gordon un ejemplo. En 1862, fue ejecutado, convirtiéndose en el único estadounidense condenado a muerte por tráfico de esclavos.

El quilombo de Santa Rita (y una aclaración necesaria)

El hallazgo del Camargo ha sido particularmente significativo para la comunidad del Quilombo Santa Rita do Bracuí, un asentamiento de descendientes de esclavizados cerca del lugar donde el barco desembarcó su carga humana.

La tradición oral del quilombo sostiene que muchos de sus antepasados llegaron a Brasil en el Camargo.

(Y aquí se impone una aclaración, especialmente necesaria para lectores argentinos: si bien en Argentina el término “quilombo” es considerado una mala palabra, sinónimo de “desorden”, originalmente el término denomina a los centros de resistencia de los esclavos afrobrasileños).

Los quilombos han convertido el descubrimiento en un símbolo de lucha por el reconocimiento y la reparación histórica. Buscan que el Estado brasileño les otorgue títulos de propiedad sobre las tierras que habitan, un derecho garantizado por la Constitución pero pocas veces cumplido. Además, esperan que la excavación del Camargo impulse el turismo histórico y la formación de jóvenes en arqueología submarina.

El caso de la Clotilda y la reconstrucción de la memoria en EE.UU.

La historia del Camargo tiene un paralelo en Estados Unidos con la Clotilda, el último barco esclavista que llegó a Alabama en 1860. Tras desembarcar a sus cautivos, el capitán incendió el barco para ocultar su crimen.

Más de un siglo después, los descendientes de aquellos esclavizados fundaron Africatown, una comunidad que aún conserva su identidad africana.

El hallazgo del pecio en 2018 generó un renovado interés en la historia de Africatown, atrayendo inversionistas y turistas. Sin embargo, también abrió un debate: ¿el barco debe ser exhibido o permanecer bajo el agua para su conservación?

Mientras algunos creen que el pecio debe convertirse en un museo flotante, otros argumentan que el dinero debería destinarse a mejorar las condiciones de vida de los descendientes de los esclavizados.

¿Cómo conmemorar estos naufragios?

Los naufragios de barcos esclavistas no solo son vestigios arqueológicos, sino testigos de la historia de la diáspora africana. Sin embargo, su conmemoración sigue siendo objeto de debate.

En Brasil, el hallazgo del Camargo ha inspirado la idea de construir un memorial flotante. En Mozambique, la excavación de L’Aurore ha llevado a la identificación de antiguos barracones de esclavos en islas cercanas.

En Benín, el gobierno ha impulsado la construcción de un museo sobre la trata que incluirá una réplica de un barco negrero con figuras de esclavizados en su interior, una iniciativa que algunos críticos consideran demasiado cercana al espectáculo.

Para muchas comunidades afrodescendientes, la verdadera reparación no está en los museos ni en los monumentos, sino en la restitución de tierras, el acceso a educación y el reconocimiento de los traumas heredados de la esclavitud.

El agua como tumba y como resistencia

En la cosmovisión de muchas culturas africanas, el océano es una frontera entre el mundo de los vivos y el de los ancestros. En la tradición de algunas religiones afroamericanas, las almas de los esclavizados ahogados en la travesía siguen habitando las aguas.

En el sitio del Camargo, un sacerdote de candomblé realizó un ritual en honor a los muertos, depositando una pequeña urna en el fondo marino como símbolo de su entierro simbólico.

Para muchos, estos gestos son tan importantes como los hallazgos arqueológicos, porque reconocen la humanidad de aquellos que fueron reducidos a mercancía.

Carnaval de Oruro, Bolivia 2025, Obra maestra del patrimonio oral e intangible de la humanidad

La Esmeralda de Bahía volverá a Brasil como patrimonio cultural recuperado

La esmeralda es, con sus 379.2 kilos, una de las más grandes del mundo, tiene 189.600 quilates y fue valorada en 950 millones de dólares.

Si les dijéramos que una esmeralda gigante está cerca de volver a Brasil, luego de haber sido sustraída ilegalmente de este país, ¿cuál sería la primera pregunta que se harían? ¿Cuánto pesa? ¿Por qué vuelve? ¿Cuánto cuesta? Pero, si leyeran que la esmeralda llamada Bahía tiene detrás de sí una larga historia de dimes y diretes, y encima de ella una maldición, ¿cuál pregunta les vendría primero a la mente? Como no soy adivina, y ustedes tampoco, hagamos lo más sensato: empecemos por el principio.

La Esmeralda de Bahía es, sucintamente y con sus 379,2 kilos, una de las esmeraldas más grandes del mundo, lo que, si pensamos en que estas piedras (también conocidas como panna) son raras (especialmente si son de buena calidad y color fino como la Bahía), es un récord difícil de superar.

El nombre de esta gema de 189.600 quilates alude a su origen, el estado brasileño homónimo, y es la panna más grande jamás encontrada, esto, claro está, llamó inmediatamente la atención de quienes la sustrajeron ilegalmente de Brasil para llevarla a Estados Unidos, donde fue valorada en unos 400 millones de dólares y también en 950 millones, 792 millones, en cero dólares, y en 19 millones y 75 millones (en la oferta buy now), cuando la pusieron en venta en eBay (compra que jamás se concretó).

La gema se descubrió en Brasil en 2001, en una mina de la sierra de Carnaíba, de donde también se han sustraído otras cinco esmeraldas gigantes desde el año 2000, fue trasladada rudimentariamente (imagínense algo tipo Indiana Jones y una caravana de mineros atacada por panteras, que es lo que se dijo que pasó) hacia la ciudad más cercana y de ahí en camión hacia São Paulo, donde estuvo en el garaje de uno de los dueños de la mina que se la ofreció a Ken Conetto, socio comercial del dueño en California, Estados Unidos, extitular de algunas minas de sílice en Nevada, quien junto con Tony Thomas voló a Brasil para comprar gemas que usarían como garantía de un préstamo a invertir en un fondo de alto rendimiento.

Thomas y Conetto llegaron a São Paulo en septiembre de 2001, donde —en un trato aparte— no pudieron concretar la compra de varias esmeraldas talladas y pulidas valoradas en 25 millones de dólares, lo que llevó a los mineros que les hicieron el puente para el negocio (y que trasladaron la Bahía hacia esta ciudad) a tratar de compensarlos con la panna de 380 kilos, valorada por ellos en apenas 60.000 dólares. Una vez conocieron la piedra, ambos “emprendedores” decidieron comprarla pero la piedra (pagada por Thomas) nunca llegó a San José: según Conetto, encargado de enviarla, fue robada camino a California en un aparente trabajo interno entre los exportadores brasileños. 

Esto inició una odisea de cuatro años a lo largo de la cual Conetto y los mineros aprovecharon el valor tasado de la esmeralda y pidieron préstamos a diversos incautos, con base en la supuesta póliza de seguro correspondiente a este también supuesto valor.

Como Conetto sí tenía en sus manos la esmeralda, la envió a San José en 2005, luego de concretar un préstamo, en una caja que identificaba su carga como rocha: rochedo–rock, tasada en 100 dólares. Una vez en los Estados Unidos, fracasaron todos los intentos de venderla hasta que Conetto hizo un trato con un individuo llamado Larry Biegler, marchante de arte que aseguró le podría vender la gema a un comprador rico, pero este tomó la esmeralda y se la ofreció a un tercero (¿o ya es un quinto?) comerciante de Nueva York que la publicó en eBay, con una oferta mínima de 19 millones de dólares y un precio de compra inmediata de 75 millones, pero nada de esto se concretó y empezó una larga racha de cambios de dueños que fue, de una manera muy resumida, así:

Biegler se la cedió en 2007 a un hombre llamado Jerry Ferrara para que la vendiera, Ferrara luego se la ofreció a otro llamado Kit Morrison, como garantía en una compraventa de diamantes que Ferrara debía darle a Morrison, pero como el primero no tenía diamantes, le dio la esmeralda al segundo. Vuelve Biegler, quien fingió su propio secuestro a manos de un caudillo brasileño, y le pide a Ferrara que pague el rescate, así que Ferrara y Morrison debían venderla (a estas alturas, la piedra estaba en un depósito), capos, jeques, empresarios y hasta, supuestamente, Bernie Madoff la vieron, pero no la compraron. Cansado, y ya sabiendo del secuestro falso, Ferrara y Morrison sacaron la piedra del depósito y la trasladaron en un Cadillac Escalade hacia Las Vegas.

Se involucran las autoridades e inicia un juicio

Biegler quería recuperar la esmeralda, por lo que, al ver que ya no estaba en el depósito, llamó a la policía de Temple City (California) para decirles que le habían robado la esmeralda y que recién había escapado de un secuestro de la mafia brasileña. Esto involucró a dos detectives que le hicieron cacería a Morrison y Ferrara, con el tiempo contactaron a Morrison quien se comprometió a entregarles la esmeralda en Las Vegas. Finalmente allí, un equipo SWAT, el Departamento de Policía Metropolitana de Las Vegas, un helicóptero y los detectives Scott Miller y Mark Gayman de la Oficina de Delitos Graves del Departamento del Sheriff del Condado de Los Ángeles (los que ubicaron a Morrison) decomisaron la esmeralda, se la llevaron de regreso a California y la registraron como evidencia en Los Ángeles. 

Ahora, en 2008, luego de esta travesía, el Departamento del Sheriff de Los Ángeles inició la larga tarea de averiguar quién era el propietario legítimo de la Esmeralda de Bahía junto con el Tribunal Superior de Los Ángeles. Esta batalla se alargó entre este año y 2015, involucró a todos los tenedores de la panna ya nombrados, a otros comerciantes, a FM Holdings, LLC (compañía de Morrison y Ferrara) como comprador de buena fe, al Departamento de Justicia de EE. UU. y a la República Federativa de Brasil, que reclamaba la devolución de esta piedra, considerada por ellos como patrimonio cultural de la nación debido a que, aunque tiene un valor monetario sustancial, “su valor para Brasil no puede cuantificarse: es un ‘tesoro nacional’ que forma parte fundamental del patrimonio natural y cultural de Brasil”.

Durante la batalla legal, Conetto demandó a Morrison, Thomas demandó a Conetto, el comerciante de gemas de Nueva York que subastó la piedra en eBay demandó a Biegler, Ferrara trató de recuperar la esmeralda, los detectives señalaron a Thomas como el legítimo dueño (porque fue el único que dio un pago rastreable por ella) y apareció FM Holdings como comprador de buena fe al tiempo que Biegler desapareció voluntariamente. En septiembre de 2010, el juez John A. Kronstadt del Tribunal Superior del Condado de Los Ángeles anunció que escucharía el caso que Anthony Thomas, uno de los demandantes, llevó ante su corte. 

El juicio civil presidido por Kronstadt inició el 21 de enero de 2013 y concluyó un año después, cuando el magistrado falló en contra de Thomas y dejó las reclamaciones de los demás demandantes para un juicio posterior, que terminó asumiendo (en marzo de 2015) el juez Michael Johnson, sustituto de Kronstadt, y quien determinó (en junio de ese año) que FM Holdings era el comprador de buena fe de la Esmeralda de Bahía y que la panna solo pertenecía a ellos, que se hicieron dueños de ella mediante una serie de relaciones de agencia y transacciones legales de buena fe, por lo que todos los reclamos de los demás individuos fueron desestimados o acordados fuera de corte.

Ahí todo terminó para estos individuos, pero empezó para el Departamento de Justicia (DOJ) estadounidense y la República Federativa de Brasil, asistida por Kelly Kramer y John Nadolenco, socios de Mayer Brown LLP, cuando –a petición del DOJ– la jueza Colleen Kollar-Kotelly, del Tribunal de Distrito de los Estados Unidos para el Distrito de Columbia, emitió una orden de restricción para proteger la esmeralda de cualquier traslado, modificación o venta, hasta que no se resolviera su estatus legal en un juicio penal, puesto que fue extraída ilícitamente de Brasil y estaba sujeta a decomiso en ese país. Esto puso a la piedra bajo custodia federal, a la espera de la conclusión del juicio.

Se involucra la Fiscalía de Brasil

Kramer y Nadolenco explicaron que, en 2015, Mayer Brown obtuvo una orden de restricción para mantener la piedra a salvo en los EE. UU. mientras se procesaban los cargos penales en Brasil, en contra de Elson Alves Ribeiro y Rui Saraiva Filho, los acusados de contrabandear la Esmeralda de Bahía. El juicio penal brasileño y el consiguiente proceso de apelación concluyeron en 2021. En abril de 2022, el DOJ presentó una moción ante el Tribunal, en virtud de un tratado de asistencia legal mutua (MLAT) con Brasil, para que la jueza Kollar-Kotelly ordenara la confiscación de la esmeralda, para que pudiera ser devuelta a Brasil. 

En virtud del tratado, explica la firma, se permitió a Brasil solicitar la devolución de la piedra después de que los brasileños que ayudaron con su exportación ilegal agotaron sus derechos de apelación tras sus condenas penales en los tribunales brasileños. La firma destacó –y esto es importante– que es poco frecuente que el DOJ repatrie activos a gobiernos extranjeros.

“El Departamento de Justicia y el Servicio de Impuestos Internos han repatriado bienes culturales (por ejemplo, obras de arte) en varias ocasiones, pero normalmente después de que el gobierno de los EE. UU. ha confiscado los bienes directamente. El Departamento de Justicia ha repatriado muy pocas veces bienes, como en este caso, basándose en una orden de confiscación extranjera. Casos como este son más difíciles porque requieren que los dos países trabajen en colaboración para lograr órdenes de confiscación ejecutables en ambos países. Y debido a que los sistemas judiciales son diferentes, casos como este son más complicados y toman mucho más tiempo”, explicó Kramer.

Y trabajar en conjunto es lo que hicieron el DOJ, los socios de Mayer Brown y la Fiscalía General de Brasil. Gracias a esto, explicó Nadolenco:

…la parte más interesante del caso fue coordinar esfuerzos a nivel internacional y nacional para asegurar que la esmeralda no cayera en manos de los particulares que afirmaban ser sus dueños mientras luchábamos por su repatriación. Tuvimos que trabajar con la Procuraduría General de la República de Brasil para entender cómo se extrajo y exportó ilegalmente la esmeralda, y por qué pertenecía legítimamente a Brasil según la Constitución brasileña. Luego tuvimos que asegurarnos de que el Departamento de Justicia de los Estados Unidos en Washington, DC trabajara para confiscar la esmeralda que un tribunal de California había otorgado a uno de los demandantes privados. Luego tuvimos que coordinarnos más con el DOJ para que comprendieran los procedimientos penales que se estaban llevando a cabo en Brasil para procesar a los individuos que la exportaron ilegalmente en primer lugar. Todo esto requirió muchas decisiones estratégicas y coordinación entre países y océanos.

Este caso tuvo en cuenta la sentencia de decomiso final obtenida por la República Federativa de Brasil como parte del procesamiento penal de Ribeiro y Filho, que fueron condenados por “contrabando, recepción de propiedad robada y tergiversación fraudulenta en violación de la ley brasileña”. La solicitud del DOJ para hacer cumplir la Sentencia de Decomiso Extranjero se hizo de conformidad con el Título 28 del Código de los Estados Unidos § 2467(c)(1) y (d)(1). La corte que al final le dio la razón a Brasil consideró esto además de la oposición que Kit Morrison, Todd Armstrong, Jerry Ferrara, Market Link, Inc. y FM Holdings, Inc. (en conjunto, los “interventores”) presentaron bajo el argumento de que su interés, sujeto a la solicitud de los Estados Unidos, sufriría “un daño sustancial” como resultado de la orden de restricción del tribunal brasileño y de la “amplia disputa civil ante el Tribunal Superior del Estado de California”, ya que ellos eran los “propietarios de buena fe” de la Esmeralda porque la compraron “legalmente y de buena fe”. En esto, fueron asistidos por Greene Broillet & Wheeler, LLP y Balaban & Spielberger LLP.

Pero, entendiendo la importancia de la Esmeralda de Bahía, en abril de 2022 el DOJ presentó una solicitud para ejecutar la Sentencia de Decomiso Brasileña, bajo el entendido de que la gema fue sacada ilegalmente de Brasil. Para el momento (junio de 2015) en que Fernando Filgueiras de Araujo, fiscal de la Unidad de Disputas Extranjeras del Departamento de Asuntos Internacionales de la Oficina del Procurador General de Brasil, solicitó la asistencia de los Estados Unidos para registrar y hacer cumplir la orden de restricción para que la Esmeralda de Bahía estuviese disponible para su decomiso, la corte estatal de California estaba dirimiendo sobre la disputa entre los interventores, Biegler y Conetto.

Al final, el juez Reggie B. Walton, del Tribunal de Distrito de los EE. UU. para el Distrito de Columbia, emitió el 21 de noviembre un fallo sobre la moción del DOJ de confiscar la gema. Gracias a esto, concluye la historia fuera de casa de la Esmeralda de Bahía, que ahora podrá ser repatriada y puesta en exhibición en un museo, luego de una ceremonia formal en la que Estados Unidos le devolverá la panna a Brasil. En el fallo de Walton se lee que “el Tribunal ha concluido que las posiciones de los interventores son insuficientes para prohibir la devolución de la esmeralda a Brasil (…). Por lo tanto, el Tribunal debe hacer cumplir la Sentencia de Decomiso de la Esmeralda de Bahía por parte de Brasil”, a pesar de los esfuerzos de los interventores por retrasar la decisión bajo el argumento de que necesitaban más tiempo para negociar un acuerdo con el gobierno brasileño.

En virtud del Tratado de Asistencia Legal Mutua, que es un tratado entre el gobierno federal de Estados Unidos y el gobierno de Brasil, y de la ley penal federal de Brasil, que es bajo la cual se emitió la orden de decomiso, Walton determinó que la propiedad legítima de Brasil sobre la piedra preciosa contrabandeada supera cualquier reclamación de propiedad estadounidense.

Del lado brasileño

Brasil reclamó la Esmeralda de Bahía basándose en varias cosas, la primera de ellas: la piedra fue extraída ilegalmente, lo que rompió sus leyes penales, y –además– aparentemente no solo se trata de la esmeralda más grande jamás encontrada sino que es patrimonio cultural de la nación. Debido a esto, explica Fabyola En Rodrigues, socia experta en delitos económicos y compliance del área de investigaciones corporativas de Demarest Advogados, las autoridades brasileñas pudieron iniciar una Investigación Policial o un Procedimiento de Investigación Penal sobre los hechos. 

Ambos casos son procedimientos administrativos cuyo objetivo es investigar las circunstancias de la práctica del delito y la respectiva autoría, con la diferencia de que una Investigación Policial es realizada por una Autoridad Policial y un Procedimiento de Investigación Penal es realizado por un Ministerio Público. En el curso de las investigaciones, las autoridades competentes pueden adoptar diversas medidas de investigación y aseguramiento, como audiencias de testigos, análisis de expertos, búsquedas e incautaciones, levantamiento de sellos bancarios, entre otros. 

La Investigación Policial, sin embargo, es el procedimiento más típico de una investigación penal en Brasil. Una vez concluida la investigación penal, los expedientes del caso se someten al análisis de un Ministerio Público que determinará si existen motivos razonables para presentar una denuncia penal contra una o más personas determinadas por la práctica de un delito determinado.

Este tipo de investigación es la que se presentó al DOJ y que permitió que el fallo del juez Walton favoreciera a la nación en vez de a los interventores. Desde el punto de vista brasileño o, mejor dicho, desde su cuerpo legal, el traslado de la piedra sin autorización fuera de Brasil, con documentos falsificados, constituyen delitos previstos en la legislación penal brasileña, específicamente en el artículo 55 de la Ley Federal 9.605/98,referido a la explotación o extracción de recursos minerales sin la autorización, permiso, concesión o licencia competente, o en desacuerdo con la obtenida, que acarrea una pena de prisión, de seis meses a un año, además de una multa.

Las otras infracciones en las que se incurrió con el contrabando de la panna están establecidas en el artículo 180 del Código Penal brasileño, referido a la adquisición, transporte u ocultación, para beneficio propio o ajeno, de un objeto que se sabe que es producto de un delito. “O influir en un tercero, de buena fe, para que lo adquiera, reciba u oculte”, apunta Rodrigues. La pena por este delito es de prisión, de uno a cuatro años, y multa. Asimismo, la historia de la extracción de la Esmeralda está signada por el delito señalado en los artículos 304 (uso de documentos falsos) y 334-A (contrabando) del Código Penal brasileño.

Pero el reclamo de Brasil no solo estaba basado en los obvios delitos de contrabando y falsedad cometidos sino en la convicción de que esta piedra, sin tratar o tallar, sin haber sido tasada, “oficializada” de alguna manera y sin haber sido evaluada por un museo es patrimonio cultural. Pero, esto –a quien escribe– no le queda muy claro; es decir, ¿por qué es patrimonio? La respuesta me la dio Larissa Guimarães, asociada del área de delitos económicos de Demarest Advogados:

De acuerdo con el Decreto Federal 25/1937, en su art. 1, el patrimonio histórico y artístico nacional constituye el conjunto de bienes muebles e inmuebles existentes en el país y cuya conservación sea de interés público, sea por su conexión con hechos memorables de la historia de Brasil, sea por su excepcional valor arqueológico, etnográfico, bibliográfico o artístico. En el caso de la Esmeralda de Bahía, el Tribunal Federal de Campinas (SP) condenó a dos personas acusadas de estar implicadas en el caso y declaró la piedra como patrimonio cultural de Brasil. En otras palabras, una decisión judicial declaró que la Esmeralda de Bahía es patrimonio cultural del país.

Bien, explicado, pero, por si acaso, la experta añade que de acuerdo con la Convención para la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural; de la Conferencia General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), ratificada en Brasil por el Decreto nº 80.978/1977, “el patrimonio cultural constituye bienes de importancia nacional para las naciones y de importancia fundamental para la memoria, la identidad y la creatividad de los pueblos y la riqueza de las culturas.”

La Esmeralda de Bahía entonces no es solo, desde la geología, un fenómeno llamativo sino muy poco común. A ver, los diamantes (ubicuos, demandados, carísimos) en realidad no son, geológica y químicamente hablando, tan interesantes o raros, sino, simplemente carbono puro (su fórmula química es C) y un producto (encontrado en gran cantidad) muy bien vendido gracias al marketing. Nada más. 

Pero una esmeralda, con alto grado de pureza, es producto de un proceso mediante el cual el berilio (gris, tóxico y muy, muy, pero muy, escaso) se calienta y forma cristales verdes bajo una extraordinaria presión por pulgada cuadrada, y siempre que haya cromo o vanadio cerca. Esto complica su fórmula química [Be3Al2(Si6018)], su presencia en la superficie, su corte para convertirlo en joyería y su pureza. También, obviamente, su extracción, su comercio (siempre en manos de unos pocos), sus precios (ambivalentes) y la vigilancia que las autoridades tienen sobre su mercado. He ahí el porqué la Esmeralda de Bahía fue valorada en casi 1.000 millones de dólares y en nada también: por las panna se paga lo que alguien esté dispuesto a pagar.

Aunque esta esmeralda no es patrimonio solo por eso, ni solo porque Brasil así lo decidió (a estas alturas debe ser también un punto de orgullo, tomando en cuenta que EE. UU. pocas veces repatria patrimonios culturales, y ni hablemos del Museo Británico en otros casos) sino también porque, como dice la gestora de proyectos sociales y culturales Albe Pérez, en el caso particular de la Esmeralda de Bahía, su consideración como patrimonio cultural cobra relevancia puesto que al regresar a su país de origen, y formar parte de la colección permanente de un museo, se promueve y genera acceso a la investigación, desde el punto de vista científico y antropológico; la preservación de una pieza de gran valor, evitando su extravío o comercialización; la educación de quienes tendrán proximidad con la pieza, el valor cultural e histórico que supone para el país y su legado y la promoción del turismo, que deriva en ingresos propios de las industrias culturales.

En conclusión, la incorporación de esta pieza natural al patrimonio de un museo, garantiza que sea preservada, estudiada y exhibida de forma democrática y cercana, apunta.

Una rareza de la naturaleza también es patrimonio de toda una cultura

Para entender porqué una esmeralda de más de 300 kilos pertenece a un museo no debe perderse de vista que, como apunta la investigadora venezolana, en las últimas décadas el rol de los museos ha estado sometido a transformaciones significativas para adaptarse a los constantes cambios tecnológicos, sociales y culturales, lo que significa que han dejado de ser recintos de contemplación para convertirse en espacios multifacéticos de diálogo, encuentro, reflexión, creatividad e intercambio de ideas. Esto se traduce en que, manteniendo el espíritu inicial de la preservación del patrimonio y la transmisión de conocimientos, los museos de hoy apuntan hacia:

  • La diversidad y la representatividad, con la puesta en escena de exposiciones y muestras que abordan temas de interés común, al tiempo que atiende diversos temas particulares que convocan a distintas audiencias.
  • La participación, al proponer actividades interactivas desde aristas lúdicas y de construcción comunitaria del conocimiento.
  • El compromiso social, al abordar temas como la sostenibilidad, la justicia social, la diversidad y la inclusión; planteando exposiciones y actividades que generan conciencia, promueven el debate y fomentan el cambio social.
  • El uso de la tecnología, a través de aplicaciones móviles, pantallas táctiles, realidad virtual y aumentada; ofreciendo una experiencia integral a los visitantes que incluye la confluencia entre el mundo analógico y el virtual.

Debido a esto, las múltiples consideraciones sobre lo que debe concebirse o no como patrimonio están en constante revisión visto el carácter orgánico de las mismas y las transformaciones que sufren al transcurrir del tiempo. Como los objetos contenidos en un museo abarcan aspectos culturales, históricos, científicos y artísticos los objetos naturales pueden formar parte de su patrimonio.

Sea tangible o intangible, el patrimonio debe reunir ciertos criterios tales como su valor histórico, en conexión significativa con períodos históricos, personajes o episodios relevantes.

Valor cultural, que exprese la identidad, los valores y las costumbres de la comunidad. Valor artístico, que reúna cualidades estéticas y creativas que representen un movimiento cultural.

Valor científico, que otorgue relevancia a la pieza para la investigación científica.

Y no menos importante, para ser considerada patrimonio, la pieza en cuestión debe ser valorada por la sociedad a la que pertenece, debe ser auténtica y mantener su integridad inicial, apunta Pérez.

Volviendo a Brasil y la pronta recepción de la Esmeralda Bahía, es propicio señalar que el patrimonio cultural está protegido por diferentes esferas jurídicas, como la Constitución Federal, que prevé que es responsabilidad común del gobierno federal, de los estados, del distrito federal y de los municipios el proteger los documentos, obras y otros bienes de valor histórico, artístico y cultural, los monumentos, los paisajes naturales notables y los sitios arqueológicos tanto como impedir la evasión, destrucción y desnaturalización de obras de arte y otros bienes de valor histórico, artístico o cultural.

Otras leyes que protegen el patrimonio cultural brasileño son, explica Fabyola En Rodrigues, el Decreto Federal 25/1937, que organiza la protección del patrimonio histórico y artístico nacional, y la Ley Federal 9.605/98, conocida como Ley de Delitos Ambientales de Brasil, que reserva un capítulo específico para proteger los delitos contra el patrimonio cultural y califica como delito destruir, inutilizar o deteriorar un bien especialmente protegido por la ley o un archivo, registro, museo, biblioteca, pinacoteca, instalación científica o similar protegido por la ley, acto administrativo o resolución judicial.  

¿Y la maldición?

Ah, sí, como colofón: Se dice que la Esmeralda de Bahía es un objeto que conlleva una maldición. Desde el supuesto ataque de panteras en la selva brasileña cuando la trasladaban hacia São Paulo, más una repentina crecida de río que estuvo a punto de llevársela; Anthony Thomas perdió su casa en un incendio, poco después de ponerse en contacto con la piedra; la panna estuvo a punto de ser llevada por el huracán Katrina; Ferrara (viviendo en su carro al momento de conocer sobre la esmeralda) perdió lo poco que tenía tratando de venderla y luego recuperarla, incluida —dijo a medios— su propia identidad, y Morrison perdió todo el dinero que invirtió en ella, aunque haya sido en buena fe; está asociada a cuatro demandas judiciales en 10 años; fue robada y trasladada de ciudad al menos tres veces; tres personas que se relacionaron con alguno de los esquemas que la involucraron se declararon en quiebra y Biegler, que al final resultó ser un plomero con malas reseñas en internet en vez de un comerciante de joyas, se quedó sin ganancia alguna y fue señalado por fingir un secuestro. Además, dice la leyenda que también estuvo a punto de haber un baño de sangre en un desierto estadounidense cuando por alguna razón se involucró la mafia colombiana.

Esperemos que quienes la admiren finalmente en Brasil escapen de su “embrujo”. A lo mejor la piedra verde solo quería volver a casa.

Descubren evidencia de un transporte primitivo en Nuevo México que data de hace 20.000 años

Un grupo de investigadores encuentra rastros de vehículos de arrastre utilizados por los primeros pobladores de Norteamérica mucho antes de lo esperado.

Un equipo de científicos ha descubierto en el Parque Nacional White SandsNuevo México, evidencia del uso temprano de vehículos de arrastre por parte de los primeros habitantes de América, hace más de 20.000 años. Este hallazgo, publicado en Quaternary Science Advances y liderado por la Universidad de Bournemouth, aporta información clave sobre la movilidad de los antiguos pobladores del continente.

El estudio revela una serie de huellas de arrastre junto a pisadas humanas, lo que sugiere que los habitantes de la época utilizaban estructuras rudimentarias para transportar cargas pesadas. Estas marcas, conservadas en barro seco y enterradas bajo sedimentos, presentan patrones distintivos: algunas son líneas únicas, probablemente generadas al arrastrar postes unidos en un extremo, mientras que otras exhiben líneas paralelas, lo que indica la presencia de travois, un tipo de estructura de transporte utilizada históricamente por pueblos indígenas en América del Norte.

El descubrimiento se suma a investigaciones previas en White Sands, donde se encontraron huellas humanas de hace 23.000 años, lo que desafía la teoría tradicional sobre la llegada del ser humano a América. “Sabemos que nuestros primeros antepasados debieron haber utilizado algún tipo de transporte para llevar sus pertenencias mientras migraban, pero la evidencia de vehículos de madera se ha descompuesto (con el tiempo)”, explicó el profesor Matthew Bennett, líder del estudio.

El investigador destacó la importancia de estas marcas de arrastre: “estas marcas de arrastre nos dan la primera indicación de cómo movían cargas pesadas y voluminosas antes de que existieran los vehículos con ruedas”. Este hallazgo sugiere que los primeros pobladores contaban con métodos organizados para el transporte, facilitando su movilidad en el continente.

El travois: un medio de transporte ancestral

El travois es una estructura primitiva hecha con dos postes unidos en un extremo y utilizados para arrastrar carga. Aunque su uso ha sido documentado entre los pueblos indígenas norteamericanos en tiempos más recientes, este descubrimiento indica que su empleo realmente se remonta a miles de años atrás.

Las huellas descubiertas sugieren que estos travois eran tirados por personas, en lugar de animales, ya que se encontraron marcas de pisadas humanas junto a las líneas de arrastre. Muchas de estas pisadas parecen pertenecer a niños, lo que sugiere que estos grupos familiares viajaban juntos, con los niños caminando a los lados mientras los adultos arrastraban las cargas.

Para comprobar sus hipótesis, el equipo de investigadores construyó un travois similar con postes de madera y lo arrastró por terrenos similares en DorsetReino Unido, y Maine, Estados Unidos. Los resultados fueron sorprendentes: las huellas dejadas en el barro eran prácticamente idénticas a las descubiertas en Nuevo México, lo que refuerza la teoría de que estos antiguos pobladores utilizaban estructuras similares para el transporte.

Los pueblos indígenas que participaron en el estudio del Parque Nacional White Sands coincidieron con la interpretación de los investigadores. “Muchas personas estarán familiarizadas con empujar un carrito de compras por un supermercado, moviéndose de un lugar a otro con niños colgando. Esto parece ser el equivalente antiguo, pero sin ruedas”, afirmó Bennett.

La doctora Sally Reynolds, coautora del estudio, subrayó la importancia de este hallazgo para la comprensión de la historia temprana del continente. “Cada descubrimiento que hacemos en White Sands contribuye a nuestra comprensión de la vida de las primeras personas que se asentaron en las Américas. Estas personas fueron los primeros migrantes en viajar a América del Norte, y entender más sobre cómo se movieron es vital para poder contar su historia”. 

Este estudio no solo proporciona pruebas físicas del uso de tecnología de transporte hace 20.000 años, sino que también resalta la capacidad de adaptación e innovación de los primeros pobladores de América.

En Argentina el carnaval y un patrimonio cultural por recobrar

Hace unos 130 años el carnaval de Buenos Aires era uno de los más grandes y alegres del mundo, pero la visibilidad que le dio a la cultura de raíz afro chocó con las narrativas que proponían las élites que dirigían el país a fines del siglo XIX.

Comenzamos a despedir el carnaval. Poca gente lo sabe, pero hace unos 130 años el carnaval de Buenos Aires era uno de los más grandes y alegres del mundo. La masividad y locura que alcanzaba sorprendía a los visitantes extranjeros. Cuesta imaginarlo viendo los pequeños corsos actuales, pero así era. ¿Cómo fue que llegó a ese esplendor y por qué y cuándo decayó? En parte, la respuesta a esas preguntas se entrelaza con otra historia, incluso menos conocida: la de los afroporteños. 

En tiempos de la Revolución de Mayo, cuando todavía existía la esclavitud y los blancos se creían con derecho a comprar y vender personas raptadas del África o a sus descendientes, los negros porteños ya eran protagonistas centrales de la celebración. Aprovechando la permisividad de la fiesta, que suspendía por un momento las reglas del tiempo normal, se ponían en pie de igualdad, atreviéndose a mojar a los blancos en el juego del agua, el mayor divertimento en esos tiempos. Más tarde, en la década de 1860, a poco de abolida la esclavitud, los periódicos los reportan también en los bailes, mezclados entre una mayoría blanca. Cuando se organizó el primer corso en Buenos Aires, en 1869, aportaron una comparsa propia, la primera, que marchó junto a una decena de otras de blancos. El ejemplo cundió rápidamente y en los veinte años siguientes las agrupaciones de afroporteños se multiplicaron hasta sumar varias decenas. Algunas de ellas introdujeron en la fiesta el ritmo, las coreografías y vestuarios que venían del candombe, una expresión cultural que los negros rioplatenses habían dado a luz algunas décadas antes y que, gracias al carnaval, pudo mostrarse a cielo abierto para todo el público. Pronto cautivó a los blancos de clase baja, que aprendieron a tocar los tambores y bailar el candombe como hacían los negros. De hecho, en el último tramo del sigo XIX abundaron las comparsas mixtas, animadas por blancos pobres y negros. Para entonces, la sonoridad del tamboril había ocupado el centro de la escena. 

La visibilidad que tuvo la cultura de raíz afro y su enorme atractivo para el público blanco chocaron entonces con las narrativas que proponían las élites que dirigían el país. A fines del siglo XIX, aprovechando la gigantesca oleada de inmigración que estaba llegando, ellas comenzaron a difundir esa visión fantasiosa que aún nos acompaña, que nos invita a pensar que la Argentina es un país “blanco y europeo” y, por ello, se distingue del resto de América Latina, morena y más heterogénea. Para esa narrativa excluyente, los negros y sus aportes culturales estaban de más. Sobraban. Y sin embargo allí estaban, mostrándose y haciéndose oír en cada carnaval y, lo que era peor, “contagiando” a los blancos de clase popular, tanto criollos como inmigrantes. 

En 1894 esa tensión larvada se volvió explícita, cuando la policía porteña, sin previo aviso, prohibió la actuación de las comparsas candomberas, sin importar quiénes las integraran. No podrían actuar ni las compuestas por negros, ni las que eran exclusivamente de blancos, ni las mixtas. El candombe quedaba totalmente excluido del carnaval. La excusa era que el tronar de los tambores, descalificado como “ruido”, no permitía al público disfrutar de las melodías que ejecutaban las comparsas de estética e instrumentos europeos, la verdadera “música”. Detrás de esa querella por los sonidos –ruido africano o armonía europea– se jugaba cuál debía ser el perfil étnico y el color de la nación argentina. Nada menos.

Tras la prohibición, las comparsas candomberas desaparecieron de la escena, al menos en el centro (en los barrios periféricos y en el gran Buenos Aires siguieron actuando, lo mismo que en varias ciudades del resto del país). Sin embargo, la semilla que dejaron no se secó. Durante el siglo XX la estética candombera se fue filtrando en otras expresiones culturales populares, como el tango y la milonga, y permaneció de manera solapada en las murgas, cuyos bombos todavía utilizan hoy, acaso sin saberlo, el mismo toque que ejecutaban los afroporteños hace 130 años. A pesar de las presiones de las élites, la cultura de raíz afro fue absolutamente central en la formación de la cultura popular porteña.

La de 1894 fue una más en una serie de prohibiciones y limitaciones que continuarían. En buena medida, el progresivo debilitamiento de la celebración tuvo que ver con ellas. La fiesta, sin embargo, se las arregló para seguir siendo bastante masiva hasta que llegó la última dictadura, que prohibió el carnaval por completo. Cuando retornó la democracia en 1983 el carnaval fue renaciendo lentamente, pero ya no alcanzó la alegría de antes.

La comparación con Montevideo nos da una clave más sobre los motivos de ese declive. Hacia 1890 la fiesta era en ambas orillas casi calcada: también abundaban los candomberos en la capital uruguaya y también allí su “ruido” fastidiaba a algunos. Siguiendo los pasos de Buenos Aires, intentaron prohibir el candombe en Montevideo. Pero por suerte para los uruguayos no lo consiguieron. La estética candombera, cultivada por negros y por blancos de clase baja, siguió floreciendo. A comienzos del siglo XX, mientras la policía patrullaba y vigilaba la diversión en Buenos Aires, las élites montevideanas, menos obtusas que las nuestras, comprendieron el potencial turístico del carnaval y, lejos de entorpecerlo, comenzaron a darle apoyo financiero. Lo notó el diario La Prensa en 1912: “Mientras el carnaval tiende a desaparecer en Buenos Aires, resurge con vida plena en la vecina ciudad de Montevideo, donde autoridades, pueblo y comercio se asocian para festejarlo”. Durante décadas los premios y concursos incentivaron la fiesta, en particular su expresión candombera. Hoy en la capital uruguaya tiene un despliegue estético y una masividad envidiables, que contrastan con la debilidad de Buenos Aires, cuyas autoridades aportan poco y de mala gana al sostenimiento de los corsos. A diferencia de la Argentina, que sigue invisibilizando el aporte afro, el candombe se transformó en el ritmo nacional uruguayo.

Nada indica que los dirigentes argentinos, hoy más embrutecidos que nunca, vayan a aprender la lección que nos da el ejemplo montevideano. Cuando estos tiempos oscuros pasen –pasarán, se los prometo– acaso tengamos ocasión de revalorizar el patrimonio inmaterial de los porteños. Mientras tanto, lectores, lectoras, no pierdan la oportunidad de disfrutar el espectáculo de nuestras murgas este fin de semana. 

Esta columna retoma cuestiones desarrolladas en mi libro ‘La fiesta de los negros: una historia del antiguo carnaval de Buenos Aires y su legado en la cultura popular’, publicado en 2024 por editorial Siglo veintiuno.

Perú declara patrimonio cultural conocimientos y técnicas para hacer Pisco

Con la reciente declaración de la producción tradicional del pisco como Patrimonio Cultural de la Nación, Perú refuerza su posición sobre la exclusividad de la bebida, un golpe simbólico a la aspiración chilena de obtener un reconocimiento similar ante la Unesco.

Perú dio un nuevo paso en su defensa del pisco al declarar como Patrimonio Cultural de la Nación los conocimientos, técnicas y valores asociados a la producción tradicional de este aguardiente en las regiones de Lima, Ica, Arequipa, Moquegua y Tacna.

Este movimiento, reflejado en la Resolución Viceministerial N.º 057-2025-VMPCIC/MC, que se publicó el pasado 22 de febrero en el Diario Oficial El Peruano, resalta la importancia histórica y cultural del pisco como un símbolo nacional.

La pregunta ahora es: ¿esta decisión de Perú marca un golpe directo a Chile, que también disputa la denominación de origen del pisco?

A lo largo de los últimos años, el pisco ha sido objeto de una controversia entre ambos países sudamericanos. Chile y Perú han luchado por el reconocimiento exclusivo del aguardiente de uva, y mientras el pisco se consolidó como un elemento clave de la identidad peruana, Chile impulsó su propia campaña para posicionar el destilado como parte de su cultura.

Con este nuevo decreto, Perú fortalece su postura sobre la exclusividad de la producción del pisco, al tiempo que lanza un mensaje claro sobre la protección de sus tradiciones. Pero, ¿realmente esta resolución representa un desafío para la iniciativa chilena ante la Unesco?

La resolución y su implicancia

El Ministerio de Cultura de Perú publicó dicha resolución viceministerial, que declara como patrimonio cultural los “Conocimientos, técnicas y valores asociados a los sistemas tradicionales de producción de pisco en los ámbitos de Lima, Ica, Arequipa, Moquegua y Tacna”.

Esta acción, según lo especificado en el documento que analizó BioBioChile, busca resaltar el profundo conocimiento transmitido de generación en generación en las comunidades productoras de pisco en las mencionadas regiones, así como los métodos tradicionales de cultivo de la uva, destilación, vendimia y almacenamiento.

Ese ministerio peruano explica que la medida tiene como fin “reconocer y salvaguardar” las prácticas relacionadas con el pisco y su producción. En la resolución se subraya que el pisco es un aguardiente de uva obtenido a través de un proceso de destilación único, donde se preservan los métodos ancestrales que datan de los siglos XVI y XVII, profundamente arraigados en las costumbres de las regiones peruanas.

Con este reconocimiento, Perú apunta a consolidar y proteger no solo el producto, sino la vasta red de conocimientos asociados a su producción, la cual, según la normativa, “configura una cultura del pisco”.

La relevancia de esta resolución radica en que, al reconocer el pisco como parte integral del patrimonio cultural, Perú defiende su posición histórica frente a los esfuerzos de Chile por obtener el mismo reconocimiento ante la Unesco.

El pisco es un producto “exclusivo” del territorio peruano, tal como lo refleja el Informe N.º 000148-2025-DGPC-VMPCIC/MC, publicado junto a la resolución. En él, se establece que el aguardiente producido en las regiones peruanas de la costa sur no solo está ligado a las tradiciones agrícolas, sino a un complejo sistema cultural que ha sido transmitido por generaciones.

¿Cómo afecta a Chile?

La declaración de Perú es un paso más en su contienda con Chile, que también ha solicitado el reconocimiento del pisco como patrimonio cultural. En los últimos meses, la estrategia chilena ha avanzado con la inclusión de su pisco en la lista tentativa de la Unesco, un proceso que podría culminar en su reconocimiento. Esto ha encendido los ánimos en Perú, que ve en la decisión chilena un intento por despojar al país de su legado histórico y cultural.Aunque la decisión de Perú no cambia el proceso de postulación chileno ante la Unesco, sí refuerza la defensa de la denominación de origen exclusiva del pisco, lo que representa un fuerte argumento para el país en los foros internacionales.

Si bien el procedimiento chileno aún se encuentra en etapas preliminares, la reciente medida peruana puede tener un impacto significativo en la forma en que los organismos internacionales valoran la historia y la producción del pisco. Para los expertos en patrimonio cultural, la declaración de Perú agrega peso a su argumento de que el pisco es inseparable de la identidad nacional peruana.

Además, el informe en mención complementa esta visión, señalando que los conocimientos sobre la destilación del pisco y las prácticas asociadas a su elaboración son “íntimamente ligadas al ámbito agrícola y familiar” de las comunidades peruanas. De esta forma, Perú subraya que no solo el producto es valioso, sino también los conocimientos y las tradiciones asociadas a su creación.

Símbolo de identidad

En su resolución, Perú pone énfasis en la importancia del pisco no solo como un producto económico, sino como un símbolo cultural de orgullo nacional. En la resolución viceministerial, se destaca que la producción de pisco en las regiones mencionadas no solo involucra conocimientos técnicos y agrícolas, sino también un profundo vínculo con la historia y la identidad local. En este sentido, el pisco es descrito como un “sello familiar” que conecta a las nuevas generaciones con las antiguas, preservando tradiciones y saberes de un proceso que ha pasado de padres a hijos a lo largo de siglos.

La reciente inscripción de documentos históricos sobre la producción de pisco en el Programa Memoria del Mundo de la Unesco es otro aspecto que resalta la relevancia histórica de la bebida peruana. Estos documentos, que datan de los siglos XVI y XVII, incluyen registros como la carta de pago de 1587 que menciona la producción de aguardiente en el Valle de Ica.

Para Perú, estos registros son prueba de la existencia de un sistema productivo que ha perdurado por más de 400 años, y cuya historia no puede ser atribuida a otro país. Este aspecto es crucial en la disputa con Chile, que, a pesar de los avances en su campaña, aún no ha logrado consolidar una narrativa histórica que compita con la de Perú en cuanto al origen del pisco.

Disputa internacional

La resolución de Perú refuerza no solo la lucha en los foros internacionales, sino también el posicionamiento del pisco peruano en mercados globales. En los últimos años, Perú ha intensificado sus esfuerzos para promover el pisco en el extranjero, consolidando su presencia en mercados clave.

Eventos como el “Pisco Week” en Hungría, realizado en Budapest durante la última semana de febrero de este año, son ejemplo de cómo el país utiliza su patrimonio cultural para abrir nuevos mercados y aumentar el consumo de su bebida bandera.

Durante la importante reunión, la Embajada de Perú en Hungría organizó eventos para promover el pisco en la capital húngara, destacando la bebida en una serie de cocteles exclusivos y platos de la gastronomía peruana. Esas iniciativas muestran cómo Perú busca fortalecer la imagen del pisco a nivel internacional, incluso en mercados donde la presencia de la bebida es aún limitada.

Legado histórico y cultural

Aunque la batalla por la denominación de origen del pisco se ha intensificado en los últimos años, la reciente medida de Perú es un recordatorio de la importancia de la historia y las tradiciones en la producción del aguardiente.

Mientras Chile continúa avanzando en su solicitud ante la Unesco, Perú no se detiene en su esfuerzo por garantizar que el pisco sea reconocido globalmente como un producto exclusivo de su territorio, de acuerdo con su legado histórico y cultural.

La publicación de la resolución viceministerial peruana refuerza su postura frente a esta disputa internacional por la denominación de origen. A medida que la controversia entre Perú y Chile continúa, la posición de ambos países sigue evolucionando, en tanto buscan el reconocimiento de sus respectivos legados en la producción de pisco ante la comunidad internacional.

AGN: Un Patrimonio Cultural en Peligro en Perú

“El Consejo Internacional de Archivos (ICA) y la Asociación Latinoamericana de Archivos (ALA) alertan sobre la inminente amenaza de desalojo del Archivo General de la Nación.”

En un contexto de creciente preocupación, el Consejo Internacional de Archivos (ICA) y la Asociación Latinoamericana de Archivos (ALA) han alzado la voz sobre la crítica situación del Archivo General de la Nación del Perú (AGN). Este valioso repositorio documental, que ha sido un bastión de la memoria histórica del país durante 163 años, enfrenta la inminente amenaza de desalojo de su sede histórica, ubicada en el Palacio de Justicia.

La posible pérdida de este espacio sin los procesos archivísticos adecuados plantea un grave riesgo para la conservación de sus fondos documentales, que son esenciales no solo para Perú, sino también para el estudio de las relaciones históricas con la Península Ibérica y otros territorios del Pacífico. La urgencia de esta situación se ve reflejada en la creciente inquietud de académicos, archiveros y conservadores de Iberoamérica, quienes reconocen el AGN como un patrimonio cultural invaluable.

El ICA, fundado en 1948 bajo el auspicio de la UNESCO, ha enfatizado la importancia de la preservación y el uso del patrimonio archivístico mundial. En este sentido, instan a las autoridades peruanas a suspender el desalojo y priorizar la construcción de una sede propia y adecuada para el AGN. Esta nueva sede no solo debe ser un espacio físico, sino también un entorno diseñado específicamente para garantizar la conservación y el acceso de investigadores y usuarios a un patrimonio documental de incalculable valor.

A pesar del tiempo transcurrido desde su fundación, la necesidad de contar con un edificio construido especialmente para el AGN es más apremiante que nunca. La construcción de un inmueble adecuado asegurará la protección de sus fondos documentales y facilitará el acceso al público, permitiendo así que las futuras generaciones puedan seguir explorando y comprendiendo su rica herencia cultural.

El Consejo Internacional de Archivos ha manifestado su compromiso de seguir de cerca esta situación y exhorta a las autoridades peruanas a tomar medidas inmediatas. La conservación del patrimonio documental del AGN es una responsabilidad que trasciende fronteras, y su salvaguarda debe ser una prioridad absoluta. La historia del Perú y su legado cultural dependen de decisiones que se tomen ahora para asegurar un futuro sostenible para el Archivo General de la Nación.

Apenas 2% de los bienes culturales robados en Honduras son recuperados

El Instituto Hondureño de Antropología e Historia, a través de un informe, revela que entre 2000 y 2010 se registró el robo de 145 bienes culturales.

El patrimonio de un país está constituido por un conjunto de bienes culturales, los que son una fuente fundamental para fortalecer la identidad y el sentido de pertenencia de las actuales y futuras generaciones.

Sin embargo, en Francisco Morazán y en otras regiones del país han sufrido saqueos de su patrimonio, principalmente los religiosos.“Entre el 2000 y 2010, unos 145 bienes culturales fueron sustraídos de diferentes templos y museos del país.

En porcentaje, un 99% pertenecía a los templos católicos, siendo el 2006 el año más crítico”, lamentó Omar Talavera, investigador del Instituto Hondureño de Antropología e Historia (IHAH).

El robo más grande en cuanto al número de obras sustraídas ocurrió en el Museo de Arte Colonial Religioso de Comayagua, entre 2005 y 2013, con un total de 96 piezas robadas por delincuentes.

La iglesia La Merced, en San Antonio de Oriente, Francisco Morazán, perdió entre 1990 y 1998 un total de 23 piezas religiosas.

Mientras el municipio histórico de Cedros, en Francisco Morazán, fue saqueado dos veces, entre 1998 y 1999, perdiendo 23 piezas de valor de su templo, siendo estos dos los municipios más afectados del departamento.

“Debemos tener presente que esta situación no es exclusiva de nuestro país; desgraciadamente, muchos otros países enfrentan esta problemática”, indicó Talavera.

En Honduras, la extracción y el traslado de bienes culturales a mercados extranjeros se remontan al siglo XIX. Muchas de estas piezas fueron extraídas de sitios arqueológicos ubicados en la zona de Copán Ruinas, Copán.

En 1993, las iglesias de Macholoa, Santa Bárbara, y de Ajuterique, Comayagua, sufrieron saqueos. La primera perdió seis piezas y la segunda, un objeto de valor.En 1994, la iglesia de Flores, en Comayagua, perdió 11 objetos valiosos, mientras que el templo de Guarita, en Lempira, fue saqueado y despojado de cuatro piezas.

Más saqueos

La Iglesia Inmaculada Concepción de Comayagüela fue víctima de robos, perdiendo una pieza de gran valor. Por su parte, la iglesia San Francisco de Tegucigalpa perdió ocho piezas históricas.

Estos son solo algunos ejemplos de la larga lista de bienes patrimoniales que han desaparecido de las iglesias del país.Según Talavera, de todo el patrimonio perdido, solo se logra recuperar un 2% de las piezas.

Además, señaló que el tráfico ilícito de bienes culturales es la tercera actividad ilegal más frecuente en el país, después del tráfico de armas y de las drogas.Este fenómeno se ha manifestado desde el siglo pasado, sin embargo, desde 1980, los robos de piezas religiosas han sido más frecuentes.

Aunque no hay un dato exacto, desde 1990 se contabilizan más de 300 piezas de valor histórico extraviadas en iglesias católicas a nivel nacional.

Recuperaciones

Son pocos los objetos que han sido recuperados por la Fiscalía Especial de Etnias y Patrimonio. Según detalló Talavera, el robo cometido en la catedral de Comayagua, en el que se sustrajo un frontal, tuvo un desenlace positivo cuando la pieza fue recuperada en Guatemala en 1995.

Posteriormente, fue restaurada y entregada a la catedral ese mismo año.Asimismo, la pintura robada de la iglesia La Merced de Comayagua fue recuperada en 1996.

Los objetos sustraídos de la iglesia de Reitoca fueron recuperados y entregados al sacerdote Pedro Pablo Barahona, párroco de esa iglesia, en 1998.

El cetro de plata robado del museo religioso de Comayagua en el año 2000 fue devuelto voluntariamente, según informaron las autoridades del museo. En 2002, se entregó un frontal de plata a la iglesia de San Antonio de Oriente, según informó el investigador del IHAH, Omar Talavera.

Por su parte, Tony Salinas, responsable de la Comisión de Patrimonio Cultural Religioso de la Arquidiócesis de Tegucigalpa, expresó que lo que más atrae a los delincuentes que roban piezas religiosas es el estilo barroco, el que sigue impresionando por su ornamentación y exquisito diseño.

El también párroco de la iglesia de San Juan Bautista de Ojojona destacó que estos elementos son valores fundamentales y artísticos que llaman la atención de los coleccionistas.

Según la legislación hondureña, este tipo de patrimonio está prohibido para la comercialización dentro del país, sin embargo, los delincuentes lo trasladan al extranjero.

Ante esta situación, el religioso consideró que “hace falta más control en las aduanas, ya que estas piezas pasan por cualquier puesto de control terrestre, aéreo o marítimo. Debería existir una alerta a través de Interpol o una alarma en la Policía Nacional”, recomendó