El primer museo dedicado a Leonora Carrington, gran figuradel surrealismo y una de las artistas más importantes de México, abrirá sus puertas el jueves 22 de marzo en el Centro de las Artes de la ciudad de San Luis Potosí.
El primer museo en el mundo dedicado a la pintora y escultora surrealista mexicana incluye un acervo conformado principalmente por su obra escultórica concebida en los últimos años de su vida, desde los más pequeños trabajos hasta los monumentales, de casi siete metros de altura. La colección de más de 100 piezas contempla joyas, litografías y bocetos inéditos.
El museo ocupará el espacio del área de Procesados de la Antigua Penitenciaría Potosina, hoy Centro de las Artes San Luis Potosí Centenario. Tiene una superficie de dos mil 500 metros cuadrados, de los cuales se rehabilitaron dos mil 422. El inmueble tiene cuatro edificios con unas 20 celdas cada uno, así como un patio central y cuatro áreas abiertas con esculturas monumentales. El museo cuenta con talleres, biblioteca, sala audiovisual, tienda y cafetería.
(Foto: Museo Leonora Carrington)
El programa de exposiciones temporales sigue dos líneas principales: exhibiciones que presentan una relación histórica con la obra de Leonora Carrington y, por otro lado, la conexión con las prácticas artísticas actuales.
Leonora Carrington (1917, Lancashire, Inglaterra – 2011, Ciudad de México) tuvo una larga carrera artística en la que produjo pintura, escultura, grabado, textil, joyería, cuento y novela. Se relacionó con los artistas surrealistas más destacados de su época, como Marx Ernst, Remedios Varo, André Bretón y Luis Buñuel.
Leonora Carrington emigró a Me?xico en 1942, donde mantuvo relación con el círculo de europeos exiliados de Benjami?n Pe?ret, Alice Rahon, Wolfgang Paalen y Remedios Varo, íntima amiga de Carrington. Se caso? con el fotógrafo húngaro Emri Weisz Schwarz y tuvieron dos hijos. Uno de sus principales coleccionistas fue Edward James (el excéntrico magnate que mandó construir La Pozas en Xilitla, el famoso jardín surrealista de la Huasteca potosina),quien compro? más de 100 obras de la artista.
Sus salas
La sala informativa “Leonora Carrington” muestra un acercamiento a su vida y obra a través de textos y objetos personales.
La sala “Surrealismo” es un espacio informativo que busca acercar al público al contexto histórico y artístico de la colección.
El museo ofrecerá residencias artísticas con el objetivo de generar intercambios entre la comunidad local y los visitantes, estimulando la producción de arte en la ciudad. Sus actividades incluyen un encuentro anual de investigadores, un seminario permanente y charlas.
Se pondrán al servicio del público áreas de talleres y visitas guiadas para grupos, con especial énfasis en los escolares y talleres creativos para diferentes edades.
La sala audiovisual está destinada a proyecciones de video, pláticas, performance y conferencias. La biblioteca cuenta con material especializado y de archivo.
El Centro Internacional de Estudio y Difusión del Surrealismodel museo es un espacio dedicado a la investigación en torno a este movimiento artístico con una fuerte presencia en México.
La meta es convertir al museo en el principal referente internacional en el estudio de la obra de Leonora Carrington.
El museo se encuentra en Calzada de Guadalupe 705, en la colonia Julián Carrillo, entre las calles República y Espinosa y Cuevas, en la ciudad de San Luis Potosí.
While the number of collections and museums are growing exponentially, a 2010 ICCROM survey indicated that 60% of collections world-wide are at risk because of overcrowding and poor storage conditions. In this situation, museums can neither ensure the protection of their assets, nor use them for research or education. Furthermore, in case of emergency, no effective response can be implemented. In order to assist museums worldwide to address this situation, ICCROM and UNESCO developed RE-ORG, a step-by-step methodology now available on ICCROM website.The focus of RE-ORG is on making improvements to existing storage areas, not on planning and building new facilities.
WHAT
This two-week workshop will make course participants familiar with the RE-ORG methodology. Working in a team in a real museum context, participants will practice every step, from preparation to condition assessment, planning and implementation of the storage re-organization project. This includes considering the building and space, collections type and vulnerability, storage furniture and equipment, and collections management procedures. At course end, we will together develop ideas to share the project outcomes with the local community. During the workshop, there will be opportunities given for participants to work on a RE-ORG project for their own museums.
HOW
Twenty-five percent (25%) of the workshop consists of lectures and exercises. The rest of the time is dedicated to practical implementation of the methodology in the central storage area of the Museum of Lisbon. Special attention will be given to teamwork and communication skills to encourage participative processes, knowledge sharing and community involvement. Three months after the workshop, participants are invited to send to ICCROM their own RE-ORG project plans for advice and validation.
The course working language is English. Portuguese-speaking participants will have opportunity to work in their own language.
WHO
Do you work for a museum that is in need of a storage reorganization project?
Are you a director, conservator, collections manager, technician, curator, registrar, archivist, or external professional working for a museum?
Is there at least one colleague in your museum/institution who could team with you after the workshop to prepare and implement your museum RE-ORG project?
Is your museum committed to the project?
If you answered “YES” to all the above questions, you can apply!
COST
For international participants:
The tuition fee is 500,00 Euro. Accommodation and meals (lunches and coffee breaks) are covered by the Museum of Lisbon. Participants will be responsible for their round trip travel costs to and from Lisbon, Portugal. A number of travel grants are available.
For local participants:
The tuition fee is 100,00 Euro. Meals (lunches and coffee-breaks) are covered by the Museum of Lisbon.
TO APPLY
By June 1, 2018, candidates must submit to reorg [at] iccrom [dot] org the following documents:
Integrantes de instituciones culturales como museos, galerías, integrantes de colectivos artísticos, organizaciones civiles interesadas en la cultura; estudiantes y docentes de Humanidades, Educación, Psicología, Artes Visuales, y carreras afines, así como público en general interesado en los temas del congreso.
Objetivo: Por cuarto año consecutivo Museo UPAEP organiza el Encuentro Internacional de Museos en Puebla, en esta ocasión bajo la línea temática “Museos del siglo XXI. Detonadores del cambio social”, para coadyuvar en el proceso de profesionalización de personas involucradas en temas culturales impulsando la transformación desde su vocación social y formativa.
COSTO DE RECUPERACIÓN:
PRESENCIAL: Público general: $600.00 MXN Comunidad UPAEP: $400.00 MXN Nota: La cuota cubre el total de las conferencias, paneles y un taller, así como el derecho a participar en el concurso Proyectos Culturales para la transformación social. La inscripción al taller se realizará el primer día del evento. *Cupo limitado
ONLINE Extranjeros Online: $1850MXN antes del 8 de junio Extranjeros Online: $2700 MXN a partir del 9 de junio Nota: La cuota da acceso a un ID con Password para poder ingresar en vivo a conferencias, mesas de diálogos y paneles.
CONSTANCIAS
Se otorgará constancia cubriendo, al menos, el 80% asistencia, previa inscripción.
Se otorgará constancia a todo aquel inscrito en versión Online.
8:00 a 9:30. Registro 9:30 -10:00. Inauguración 10:00 a 12:30. ¿Hacia dónde necesitamos ir como sociedad?. Mesa de diálogo Dr. José Ramón Fabelo Corzo Profesor-Investigador de la Facultad de Filosofía y Letras BUAP y del Instituto de Filosofía de la Habana Cuba Dr. Roberto Faustino Hidalgo Rivas Presidente del Movimiento Internacional para el Recreo Científico y Técnico MILSET Dr. Carlos Villaseñor Anaya Asesor de la UNESCO y especialista Internacional en Ciencias Políticas Culturales Ponente por confirmar Moderador – Dr. Herminio Sánchez de la Barquera Director de Posgrados en Ciencias Sociales y Coordinador del Centro de Investigación en Ciencias Sociales. – UPAEP 12:30 a 13:00 Coffee break 13:00 a 14:30. ¿Cómo involucrar a la comunidad en la transformación social desde el museo?. Conferencia Mtro. Gilberto Valladares Director de Proyecto Artecorte. – República de Cuba 14:30 a 17:00 Comida 17:00 a 18:30. ¿Cómo puede un museo entenderse a sí mismo más allá de su tipología?. Conferencia Mtro. Ricardo Rubiales García Miembro del Comité de Educación de la Asociación Americana de Museos y de la Asociación Mexicana de Profesionales de Museos AMProM 18:30 a 21:00 Actividad cultural. Sede Museo UPAEP
-4 de octubre- 09:00 a 9:30. Registro 9:30 a 11:30. ¿Qué riesgos y beneficios tenemos al abrirnos a la comunidad?. Panel Mtra. Lourdes Monges Santos Museo Casa de La Bola Ponente por confirmar Ponente por confirmar Moderador: Por confirmar 11:30 a 12:00 Coffee break 12:00 a 13:30 El poder transformador de los Museos. Conferencia Dra. Selma Holo Directora de USC Fisher Museum of Art – Estados Unidos de Norteamérica. 13:30 a 14:00 Fotografía oficial del evento 14:00 – 16:00 Comida libre 16:00 a 17:00 Proyectos sociales. Presentación de infografías finalistas Moderadora: Mtra. Madelka Fiesco Subdirectora de Contenidos Educativos. Papalote Museo del Niño 17:00 a 17:45 Mesas de diálogo en torno a proyectos sociales 17:15 a 18:15 Trabajando con la comunidad vulnerable. Conferencia. Armando Perla Canadian Museum For Human Rights. – Canadá. 18:15 a 18:30 Premiación de infografías 18:30 Actividad cultural
– 5 de octubre- 8:00 a 9:30 Registro 9:00 a 12:30 Talleres Metodologías para proyectos sociales 12:30 Coffee break 13:00 a 14:30 Caso: Museo taller Ferrowhite. Conferencia Nicolás Testoni Director Museo-taller Ferrowhite, República de Argentina 14:30 Clausura
HOTEL SEDE: www.hotelsanleonardo.com.mx COSTO PREFERENCIAL CON CÓDIGO CÓDIGO DE RESERVA: ENCUENTRO INTERNACIONALMUSEOS 2018
El Cementerio de la ciudad de La Plata, donde descansan los restos de Almafuerte, Ricardo Balbín, Alejandro Korn y de Manuel Puig, fue declarado por la Legislatura bonaerense Patrimonio Cultural y Monumento Histórico de la provincia de Buenos Aires.
El diputado bonaerense por Cambiemos, Diego Rovella, autor del proyecto convertido en ley destacó que el cementerio “es una construcción que vio la luz en el preciso nacimiento de la Ciudad capital de nuestra provincia, y actúa como un resguardo de los monumentos y los nombres de las personas que allí descansan siendo todo esto gran parte del devenir de la historia platense”.
El Cementerio de La Plata, habilitado para funcionar en 1886, tiene más de 10.700 bóvedas y otras 2.000 tumbas en el anexo Cementerio Israelita.
Seguramente en alguna ocasión al ver las películas de Jurassic Park deseaste que el parque realmente existiera para poder apreciar de cerca a las impresionantes criaturas que habitaron la tierra en el pasado.
Ahora existe y fácil que puedas visitarlo, ya que se ubica en México y es gratuito.
‘Jurásica’ es uno de los nuevos atractivos del Parque Ecológico Ehécatl en el cual chicos y grandes podrán jugar al paleontólogo en un arenero, navegar en el mar con un barco interactivo y caminar entre monumentales dinosaurios de más de 20 metros.
Para hacer el recorrido una experiencia más interesante, algunos ejemplares como el triceratops, t-rex y estegosaurios, tienen código QR de realidad aumentada que al ser escaneados por un dispositivo móvil son enlazados inmediatamente a imágenes virtuales.
Durante la inauguración el presidente municipal, Indalecio Ríos Velázquez, informó que el centro es el primer museo lúdico de dinosaurios en el municipio.
Además de las áreas de entretenimiento, el lugar cuenta con una reserva ecológica con más de 400 especiales, entre ellas aves, primates, carnívoros y reptiles. Y próximamente se espera que se inaugure el centro de Zooterapia y Multisensorial para brindar terapias a través de animales.
Si te interesa visitarlo se encuentra ubicado en calle Agricultura sin número, colonia Tata Félix, con un horario de martes a domingo de 10:00 a 17:00 horas.
Las últimas excavaciones en el mayor asentamiento diaguita del país podrían revelar antecedentes desconocidos sobre la vida, cultura y sociedad de este pueblo prehispánico.
Ubicado en las cercanías de la ciudad de La Serena, el sitio arqueológico El Olivar representa una piedra angular en el conocimiento de la prehistoria de la Región de Coquimbo. Sus 35 hectáreas de superficie guardan los vestigios de siete siglos de ocupación prehispánica continua: desde tempranos conchales que acusan la presencia del primer grupo agroalfarero de la zona, la cultura El Molle (0-800 d. C.), hasta vastas áreas habitacionales y funerarias asociadas al complejo cultural Las Ánimas (600-1000 d. C.) y, sobre todo, a su continuadora, la cultura diaguita (900-1500 d. C.).
Su enorme extensión, alta densidad ocupacional y profundidad temporal hacen de este el más importante sitio arqueológico de la cultura diaguita, lo que explica el interés que por décadas ha despertado entre los investigadores.
Su valor patrimonial y científico, sin embargo, se ha visto amenazado por una larga historia de alteraciones, producto de las excavaciones ilegales y del crecimiento urbano.
Primeras pesquisas
Si bien las primeras noticias sobre El Olivar datan de fines del siglo XIX, el asentamiento se hizo ampliamente conocido por las publicaciones de Francisco Cornely (1936, 1951, 1956), quien en sus excavaciones recobró un gran número de objetos –principalmente alfarería–, cuya mayor parte se encuentra depositada en el Museo Arqueológico de La Serena. A partir de las variaciones observadas en las formas y decoraciones de la cerámica polícroma, el autor propuso una secuencia cronológica para la cultura diaguita, la cual sufriría solo leves modificaciones en las décadas siguientes (Montané, 1969; Ampuero y Rivera, 1972).
Por esos mismos años, sin embargo, surgió otro antecedente valiosísimo, que permanecería prácticamente inadvertido hasta el día de hoy por los investigadores chilenos: la tesis doctoral de Mary Shepherd Slusser (Universidad de Columbia, 1950), basada en la excavación de 63 sepulturas efectuada en El Olivar por Samuel Lothrop en 1929. En ella, la autora pone en duda la periodización propuesta por Cornely, subrayando en cambio la unidad estilística de la alfarería recuperada –una conclusión que, a la luz de las últimas indagaciones, recobra validez–.
Investigaciones recientes
A partir de la década de los ochenta, el sitio ha sido objeto de una nueva serie de excavaciones arqueológicas. Las de mayor envergadura fueron las emprendidas a fines de 2015, un año después de que se detectaran osamentas humanas de data prehispánica durante la construcción de la doble vía entre La Serena y Vallenar. El hallazgo obligó a cesar las obras en un polígono de 380 m de largo por 50 m de ancho y a efectuar, por orden del Consejo de Monumentos Nacionales, una caracterización arqueológica y posterior rescate en el lugar.
Los trabajos arrojaron resultados sin precedentes: numerosos depósitos de basuras, sectores de actividades domésticas y las más vastas áreas funerarias conocidas hasta ahora para el mundo diaguita, de donde fue posible obtener un formidable registro de materiales arqueológicos cuidadosamente documentados.
Se espera que esta investigación, aún en curso, aporte antecedentes fundamentales para comprender la historia de las comunidades agroalfareras del norte semiárido chileno y resolver numerosas interrogantes sobre aspectos tan diversos como cronología, procedencia, salud, calidad de vida, relaciones de género, dieta, conocimientos tecnológicos, prácticas culturales y procesos sociales.
…Así, la pieza en cuestión desaparece o, mejor dicho, ingresa a esa cámara imaginaria del principio. Una suerte de “limbo” en donde se acumula todo aquello que deja de estar colgado en una pared o expuesto en una vitrina y pasa a formar parte de este museo imaginario y sin ubicación precisa. El museo del arte robado, el sitio donde miles de piezas y obras (a menudo varias veces millonarias) comienzan a vivir otra vida: la de la clandestinidad.
Hay, en este lugar que no existe, un hombre regordete y barbado, con un cuello de piel. Fue pintado por Paolo Caliari, El Veronés, hace más de cuatro siglos y, se sabe, si saliera a la venta valdría centenares de miles de dólares. Pero nadie puede salir de aquí. Ni este Retrato de hombre con pelliza ni ninguno de todos los demás. Hay, en este lugar nebuloso, un reloj antiguo de plata y de esmalte: el regalo del rey inglés Jorge III a Manuel Belgrano. Hay también un cuadro enorme y extrañamente familiar. No es casual: todos hemos visto alguna vez esa imagen en algún libro en donde se hablara del brote de fiebre amarilla que mató a miles de porteños en el verano de 1871. Así se llama el cuadro ( Episodio de la fiebre amarilla), está firmado por Antonio Blanes y muestra el momento preciso en el que un grupo de médicos entran en una pieza de conventillo para toparse con la escena terrible: una mujer muerta en el piso, su bebé de meses tratando de reanimarla.
Hay también aquí muchas otras cosas: misales, lapiceras, tapices, retablos, monedas pesadas como una piedra. Cuadros (Goya, El Greco, Murillo, Berni), teteras, candelabros de plata. Hasta cartas hay, tan antiguas que parecen escritas en tul y no en papel. Las firman músicos tan célebres como los autores de los cuadros: Strauss, Toscanini. Hay programas de mano del Teatro Colón fechados hace más de 100 años. Hay, en un rincón oscuro, una postal dirigida a un elegante porteño apellidado Ure. La firma un tal Giacomo Puccini, autor de La Traviata, Turandot, Manon Lescaut y Madame Butterfly.
Maravillas hay aquí. Lástima que este lugar no existe más que en la mente de los investigadores, de los coleccionistas y marchands de arte, de los directores de museos saqueados que han visto cómo, un día cualquiera, cada una de las piezas de este tesoro desaparecía en un robo. Porque eso es precisamente lo que suele pasar -aunque pocos estén dispuestos a admitirlo- con lo más valioso de nuestro patrimonio artístico y cultural: de tanto en tanto, una parte de él se esfuma. De tanto en tanto, uno o varios cuadros son robados, un jarrón “se pierde”, una mesa que era del siglo XVI va a reparaciones y vuelve -ironiza un conocedor del tema- restaurada y, mágicamente, con 200 años menos. Alguien, en el trayecto, la cambió por otra y vendió la original.
Así, la pieza en cuestión desaparece o, mejor dicho, ingresa a esa cámara imaginaria del principio. Una suerte de “limbo” en donde se acumula todo aquello que deja de estar colgado en una pared o expuesto en una vitrina y pasa a formar parte de este museo imaginario y sin ubicación precisa. El museo del arte robado, el sitio donde miles de piezas y obras (a menudo varias veces millonarias) comienzan a vivir otra vida: la de la clandestinidad.
El llamado de Paul Gauguin Fuente: Archivo
UN NEGOCIO ENORME
No es casual: el robo de arte (de eso hablamos) es, detrás de la venta de drogas y del tráfico de armas, el tercer negocio ilegal más rentable del mundo, un dudoso privilegio que comparte con la trata de personas. ¿Números? No hay. No confiables al menos, porque si algo no se puede esperar de un negocio oculto como este es que rinda cuentas. Pero, además,este delito cuenta con una ventaja extra: la falta de denuncias. En el caso de colecciones particulares, por temor a ser interrogados por organismos como la AFIP al respecto. “Lo que pasa es que una pintura es un bien suntuario y debe figurar en la declaración jurada de su poseedor”, explica una altísima fuente del departamento de Protección de Patrimonio Cultural de Interpol Argentina que pide reserva de identidad. “Entonces, la gente sufre un robo y no denuncia”, precisa.
En otros casos -especialmente cuando se trata de entidades públicas como museos-, los robos tienden a ser manejados con extrema discreción bajo pretexto del consabido “secreto de sumario”, pero también como un modo de no tener que rendir cuentas por eso que se les ha confiado y no han sabido custodiar. Otras veces, las razones del silencio son aún más turbias.
Un ejemplo, apenas: en la Navidad de 1980, y en un momento impreciso que algunos fechan en la Nochebuena y otros en el 25 de diciembre, un grupo de delincuentes llegó al Museo Nacional de Bellas Artes. Como era de rigor en esos días, nadie vio nada. Nadie escuchó nada. Al lunes siguiente, cuando las puertas del museo insignia de Argentina volvieron a abrirse, resultó que la colección tenía 16 cuadros y siete objetos artísticos menos.
Se habían llevado dos acuarelas de Paul Cézanne, un dibujo a lápiz de Henri Matisse, dos dibujos de Edgar Degas, tres óleos de Pierre-Auguste Renoir, varias telas más y también el cuadro de Blanes, el de la fiebre amarilla. Demasiadas obras, demasiado terror en el aire (el robo se le atribuiría más tarde nada menos que al grupo paramilitar comandado por Aníbal Gordon, con la protección del hijo de uno de los militares más poderosos de esos días) y demasiado dinero en juego. Millones de dólares en un episodio que es considerado hasta hoy como el mayor golpe dado a un museo en nuestro país.
Recodo en el camino de Paul Gauguin Fuente: Archivo
¿Quién roba arte? ¿Gente interesada en volverse rica con solo descolgar un cuadro? Sí, y no. Según el marchand Fernando Esperón, con más de tres décadas de experiencia y una columna sobre mercado de arte en Ámbito Financiero, “hay que escuchar también a los ladrones. ¿Por qué? Porque en toda mentira hay algo de verdad y viceversa. Por ejemplo: según Erik el Belga, el mayor ladrón de arte religioso de todos los tiempos, el que roba una obra es porque ama esa obra. Hoy, de hecho, podemos ver arte religioso restaurado y bien puesto en las iglesias españolas gracias a este ladrón. Porque, ¿qué es lo que hacía? Robaba de las iglesias arte muy deteriorado y al que los curas no le prestaban atención. Después, y para vendérselos a coleccionistas, lo tenía que restaurar. Finalmente fue detenido y condenado a 1.235 años de prisión. Pero amenazó con dar a conocer la lista de sus compradores y quedó libre, aunque tuvo que devolver lo robado. Hoy esas obras volvieron a las iglesias y pasaron a ser obras en perfecto estado, de las cuales la gente puede disfrutar. Estas cosas, en el arte, se dan de a montones. Ha pasado incluso que al morir algún ladrón dejó en su herencia indicaciones para que devuelvan esa obra al lugar de donde él la robó. Mirá la locura, ¿no?”.
Pero, claro, no todos los robos son tan románticos ni desinteresados como los que refiere Erik el Belga. Más aún: no en todos los robos queda claro quién juega para “los buenos” y quién para “los malos”, ni con qué eficacia han cumplido muchas de las autoridades su rol de protectores. “En muchas instituciones, llegar a catalogar todas las piezas fue una verdadera lucha. ¿Y por qué? Porque una pieza no catalogada es casi como si no existiera. Y su desaparición va a ser menos detectable. Una pieza catalogada, además, es mucho más difícil de vender después y eso desalienta a los potenciales ladrones”, aporta a su turno una reconocida galerista que, para variar, también prefiere reservar su nombre.
Retrato de mujer de August Renoir Fuente: Archivo
En ese sentido, el episodio del robo de 1980 en Bellas Artes también es ilustrativo. Por años, las obras permanecieron fuera de la vista. Hasta que, a más de dos décadas del robo, algo pasó: un supuesto coleccionista taiwanés, el señor Fung, no tuvo mejor idea que dejar en una galería de arte de París no una ni dos, sino tres de las obras sustraídas. Y las alarmas comenzaron a sonar.
Es que en 1991 un exmiembro de Scotland Yard llamado Julian Radcliffe creó una compañía por demás especial: The Art Loss Register (ALR), una agencia de investigaciones dedicada a rastrear, localizar y recuperar piezas de arte robado, como los cuadros y objetos sustraídos en Buenos Aires. Pues bien, la organización del señor Radcliffe dio aviso a las autoridades argentinas, pero desde luego que no por puro altruismo, sino porque el negocio de su agencia consiste, precisamente, en lograr una compensación por haber ubicado y “rescatado” las obras del caso.
En esta parte del cuento, las versiones se abren en modo delta: algunos dicen que el ALR quiso cobrar casi un millón de dólares por sus gestiones; otros aseguran que terminó “cerrando”, pero en menos de un décimo del pedido original; otros más sostienen que, en realidad, pidió cuadros a cambio de su trabajo, y otros más -los únicos que aceptan hacer declaraciones, en un contexto en el que el silencio y el susurro son ley- aseguran que no se pagó un centavo. ¿Quién lo sabe?
Como sea, y para quien quiera verlas, hoy es posible volver a ver Recodo en el camino, de Paul Cézanne; Retrato de una joven con cinta azul, de Auguste Renoir, y El llamado, de Paul Gauguin, en las mismas paredes de las que alguna vez fueron descolgadas en Nochebuena. ¿Y los 13 cuadros que faltan? ¿Y los siete objetos? Se aplican aquí las mismas reglas que gobiernan el nebuloso mercado del arte. Mejor no hacer preguntas. Mejor no dar explicaciones. Especialmente, porque en materia de patrimonio cultural argentino el despojo ha sido la regla, nunca la excepción.
MEMORIA DEL SAQUEO
Si bien algunos de los más recientes casos de robo de arte en nuestro país han ocurrido en casas particulares , la verdadera sangría patrimonial ha sucedido en museos y organismos públicos. Han salido, pues, vasos Ming del Museo Nacional de Bellas Artes, pinturas de El Greco y Goya del Museo Municipal Juan Castagnino y hasta la espada del general Urquiza del Museo Histórico Provincial de Corrientes, entre una lista interminable.
La historia de la pérdida de patrimonio cultural da cuenta, incluso, de episodios que hasta podrían ser graciosos, como el robo de piezas artísticas de la mismísima Casa Rosada (un sitio que, aun en el mundo de las suposiciones, debería ser uno de los más vigilados del país) o del Museo Histórico que se localiza nada menos que en el primer piso de la casa matriz del Banco de la Nación Argentina.
De este último, en febrero de 2008 una banda de delincuentes que había entrado por el sistema de ventilación se llevó una colección de monedas valuada en US$700.000. Se llevaron una moneda de oro de 1813 y también una onza federal única. Una pieza de los días de la Restauración, con el perfil de Juan Manuel de Rosas impreso en ella y tasada -ella solita- en US$140.000, por ser la última sobreviviente de una serie de monedas que el mismísimo Restaurador de las Leyes mandó destruir por no sentirse muy a gusto con el trabajo de artista.
Este robo, previsiblemente, no fue al voleo: los ladrones sabían que el lugar no contaba con sistema de alarmas y que, una vez cerrado el banco, podrían trabajar a piacere. La entrada de uno de los ladrones a la sucursal del banco quedó registrada en las cámaras de video, pero, por lo visto, los custodios nunca advirtieron nada.
Sin embargo, ninguno de los lugares en donde se atesoran estas maravillas -ni museos hipervigilados ni pequeños museos de provincia ni capillas coloniales- parece haber podido esquivar las visitas indeseables. Libros, pinturas y mates de plata suelen estar ahí, al alcance de la mano. Y, en cuanto lo advirtieron, los ladrones “al paso” comenzaron a entusiasmarse. Por lo sencillo de la maniobra, sí, pero más aún por lo contante del resultado.
Tal es el caso de un misal robado (por alguien que se hizo pasar por turista) de una estancia jesuítica cordobesa y de un verdadero tesoro literario: dos ediciones (una de 1608 y otra de 1615) de Don Quijote de la Mancha que dormían su caballeresca siesta en la casa museo del marqués de Yavi. Más precisamente, en una vitrina sin llave y en una sala sin custodia. El valor en el mercado de cada uno de esos libros ronda el millón de dólares.
Finalmente, y tras 14 escandalosos robos en iglesias de la Puna (de donde los ladrones se llevaron desde objetos litúrgicos coloniales hasta enormes pinturas de la escuela cusqueña), las autoridades se decidieron a poner alarmas. En la capilla de Tafna, por caso, de donde en 2008 un par de ladrones en bicicleta se llevaron cuatro obras magníficas: El éxtasis de San Agustín, La coronación de la Virgen, El Señor de la Caída y El Cristo de los Temblores. Para cuando la alarma fue instalada, claro, ya no había siquiera qué robar.
En materia de preservación patrimonial, por lo visto -y más allá de la buena voluntad de los donantes o de quienes realmente se esmeran custodiando sus legados- todo en Argentina parecería haber sido pensado para que quienes privatizan y arrasan lo que es de todos se muevan con absoluta tranquilidad. Aquí se abandonan en una sala sin custodia obras de la talla de El carneador, de Bernardo de Quirós, desaparecido de una sala de Bellas Artes en 1999 y cuyo precio se estima en más de US$150.000. Aquí se dejan dentro de una caja fuerte y en una oficina sin custodia tesoros que, de solo imaginarlos, cortan la respiración de cualquier bibliófilo. Hablamos en este caso de cinco libros impresos en el siglo XV. Entre ellos, la Suma Teológica de Santo Tomás, el Aurea Verba de San Egidio de Asís y las Décadas de Tito Livio, entre otros. La clase de libros cuyo hallazgo pondría a llorar de emoción a cualquier coleccionista.
Lástima que quienes entraron a robar y se llevaron la caja fuerte no eran amantes del arte, precisamente, y no tuvieron mejor idea que abrirla a puro soplete. Y todo, ¿para qué? Para descubrir, una vez abierta, que el calor y el fuego habían chamuscado todo. Así lo recuerda el especialista e investigador del Conicet Daniel Schávelzon, quien viene investigando el tema desde hace décadas y ha convertido ese trabajo en un libro único: El expolio del arte en la Argentina: robos y tráfico ilegal de obras de arte (Editorial Sudamericana).
Desidia, ausencia casi total de políticas públicas orientadas al cuidado y la protección de nuestro patrimonio, legislación anticuada, desconocimiento -cuando no desinterés- de parte del grueso de la ciudadanía, sumado al ánimo de lucrar con lo que no debería siquiera poder ser comercializado (tratándose, como se trata, de bienes culturales comunes), todo esto parecería haber confluido para llegar hasta donde hoy estamos: un reino arrasado. Y silencioso.
LA INDUSTRIA DEL SILENCIO
“Nadie habla, ¿sabés? Pero todos saben «algo» o han sufrido ellos mismos un robo. Ni los artistas nos salvamos”, dice la mujer, una artista plástica de pelo colorido, 50 años y un nombre que prefiere que no salga en esta nota. Pide anonimato, pero, a cambio, presta información. Cuenta entonces que, más allá de la espectacularidad de los grandes robos, lo que no debería perderse de vista es que el hábitat natural del arte es el silencio. “Este es un ambiente y un mercado en el que irse de boca se paga siempre carísimo”, dice, misteriosa. ¿A qué se refiere? A los robos, claro, y a la razón por la cual muchos de ellos no son denunciados. “Como la mayoría de la gente no declara lo que tiene, cuando la roban tampoco denuncia, porque eso que se sacó de una determinada propiedad capaz vale miles de dólares y nunca fue declarado antes”.
Laura Isola es crítica de arte en el diario Perfil y coincide: según ella, toda esa curiosa “omertá” que parece sobrevolar el mundo del arte, los marchands y las galerías tiene una base económica bien concreta. “Más que de intriga internacional, de lo que se trata aquí es de temor a la AFIP y el deseo de ocultar ganancias. Este año, por caso, fue la primera vez que en espacios como arteBA hubo quienes se animaron a hablar de números, cuando antes nadie daba una cifra”, ejemplifica.
Claro que, a menudo, la opacidad es también lo único que necesita el delito para poder prosperar. Después de todo, en un universo en donde todos están haciendo negocios, cada quien maneja una parte de la información y pocos hablan, es solo cuestión de tiempo para que algún inescrupuloso se presente a reclamar su tajada o bien a sacar ventaja.
En este sentido, la historia del conde Valfierno (aunque no haya sucedido en nuestro país, sino en Europa) es por demás ilustrativa. Especialmente, porque involucró toda una serie de falsedades y secretos, empezando por su protagonista (un estafador argentino cuyo condado era tan falso como sus blasones), una serie de copias de La Mona Lisa, un robo que no fue tal y varios ingenuos nuevos ricos fueron convencidos por Valfierno de estar comprando (en secreto, desde ya) el cuadro más deseado y valioso del mundo: La Gioconda. Cuando finalmente el ardid salió a la luz, Valfierno terminó preso y los compradores, libres. Habían echado mano del truco más viejo y cumplidor cuando de comprar arte robado se trata. Arguyeron haber realizado la compra “de buena fe”, ignorando el origen ilícito de eso que se les ofrecía.
Buena fe. Pasión por el arte. Preocupación por el patrimonio cultural de la Nación. Frases, todas ellas, demasiado rimbombantes cuando se las contrasta con la pobre realidad a la que a menudo aluden: bibliotecas públicas sin libros porque las han desvalijado, colecciones depredadas por propios y ajenos, el arte convertido en “cuestión para pocos”. Es secreto a voces.
Estudio para manos (para El secreto] de August Rodin.Fuente: Archivo
Para Isola, es la superposición de factores la que explica un panorama tan desolador como el actual en un país que alguna vez tuvo magníficos museos y colecciones. “Los museos, por lo general, manejan presupuestos mínimos que no les permiten cuidar lo que tienen, al tiempo que los funcionarios no parecen estar muy interesados en esto. Este no es un tema en la agenda, porque al gobierno no le importa y al ciudadano común tampoco”.
En su libro, el arquitecto Schávelzon tampoco ahorra las metáforas y denuncia: “el patrimonio cultural se acaba y muy rápidamente. Si es robado, destruido o vendido da lo mismo porque ya no tenemos más lo que antes teníamos. Ahora es tarde. Ante lo sucedido nos queda llorar, castigar a los culpables si los hay y empezar a hacer algo para que nunca más vuelva a pasar”.
Pero pasa. Sigue pasando, una y otra vez, y en los más de 20 años transcurridos desde la publicación de ese libro nunca ha dejado de suceder. Que lo diga si no Diana Fasoli, bibliotecóloga de la UBA y directora por 17 años de la Biblioteca del Teatro Colón. Cuando se iniciaron las tareas de restauración en el teatro y este se volvió “tierra de nadie” (sic), la experta vio cómo la impresionante biblioteca a su cuidado era metida en contenedores.
Pero lo peor llegaría después, cuando vio cómo el robo que tanto había temido finalmente se hacía realidad: 164 documentos de la biblioteca se hicieron humo. Había, entre ellos, desde programas de 1899 hasta notas, cartas firmadas por los más importantes directores y cantantes líricos de su época, y mucho más. Desolada, la mujer denunció que junto con los documentos se habían llevado “más libros de arte, parte del piso y otros objetos, cuyos valores superan el millón de dólares en total y seguramente ahora están en manos de coleccionistas cuando deberían estar en el Colón”.
Algunas de las piezas saqueadas, sin embargo, tuvieron un destino bastante más modesto que una colección de arte en el extranjero. Los antiguos radiadores del que es considerado hasta hoy el mayor teatro lírico de Sudamérica, por caso, llegaron a venderse por Mercado Libre y en módicos $749. El mítico piso del escenario en donde bailaron desde Julio Bocca hasta Mikhail Baryshnikov no terminó mucho mejor: una vez removido,fue partido en trozos de 45 x 23 centímetros y reconvertido en “regalo empresarial” que la firma que remozó los pisos del teatro obsequió a sus principales clientes. “El piso del Colón hecho souvenir”, tituló Clarín. “El pasado en pedazos” también podría haber sido un buen título. Pero no ya para hablar del naufragio de un escenario, sino más bien de nuestro destino como país: lo que no pueda robarse y venderse se tira a la marchanta. Y lo poco que queda vuelve a dejarse ahí, a la espera del próximo arrebato.
El Instituto Nacional de Antropología e Historia de México revela el hallazgo de un tesoro del siglo XVIII que se hundió junto con el barco que lo transportaba. Destaca la figura de un pequeño dragón con 14 esmeraldas y dos diamantes.
Una serendipia: un hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual. Así ha sido descrito el hallazgo por su descubridor, elinvestigador Roberto Junco Sánchez, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), quien encontró en 2014 un cargamento de joyas coloniales en la costa de Yucatán, un hallazgo sin precedentes en la arqueología subacuática de México, mientras buscaba los restos de un pecio del siglo XIX.
Bajo las cristalinas y someras aguas que se extienden alrededor de la península de Yucatán, a una profundidad de entre 2 y 5 metros, Junco Sánchez vislumbró las primeras piezas del cargamento extraviado de un barco que naufragó en el siglo XVIII, en época anterior al que estaba buscando y delimitando. El tesoro, formado por más de 300 piezas de oro, posiblemente iba destinado a las españolas y españoles acaudalados, pero terminó hundiéndose junto con el barco que lo transportaba, probablemente debido a las fuertes corrientes que confluyen en el litoral yucateco, una zona de arrecifes convertida en un gran cementerio de embarcaciones. El cargamento de joyas, uno de los principales atractivos del recién inaugurado Museo de Arqueología Subacuática Fuerte de San José el Alto, en Campeche, fue revelado el pasado viernes por el INAH.
Esta sería la reconstrucción de los hechos: el tesoro, formado por esmeraldas de los territorios de Nueva Granada (la actual Colombia) y joyería en oro posiblemente realizada en el estado mexicano de Oaxaca, fue cargado en un pequeño barco mercante (del que nada queda), que zarpó de Veracruz con rumbo a La Habana, el puerto de destino antes de emprender el largo viaje hacia España; pero la embarcación encalló debido a las fuertes corrientes y se fue a pique. Los arqueólogos subacuáticos han podido recuperar 321 piezas en oro, desde anillos, hebillas y mondadientes hasta rosarios, medallas, cruces y cadenas. En total se han recuperado 74 esmeraldas incrustadas y destaca la figura de un pequeño dragón con 14 esmeraldas y dos diamantes, además de otros dragoncillos con cuatro esmeraldas en los ojos y en el lomo.
Destaca la figura de un pequeño dragón con 14 esmeraldas y dos diamantes
“Estas joyas iban destinadas a la clase alta, que era la que podía adquirirlas y ostentarlas, por ejemplo tenemos artefactos para la limpieza dental como una importante colección de mondadientes. Las joyas también nos hablan del valor de los ritos religiosos a través de la cantidad de rosarios, cruces y relicarios. Los anillos con decoraciones de florituras y corazones revelan aspectos del cortejo, mientras que los broches y hebillas señalan la etiqueta del siglo XVIII”, comenta Junco Sánchez, el subdirector de Arqueología Subacuática del INAH.
Piezas de oro
Una zona de arrecifes fue el infausto destino de una pequeña embarcación mercante que naufragó con más de 300 piezas de oro.
El Ministerio de Cultura declaró Patrimonio Cultural de la Nación a la Danza de los Negritos del Suroeste de la provincia de Huaytará, de los distritos de Ayaví, Tambo, Santiago de Chocorvos, Santo Domingo de Capillas, San Francisco de Sangayaico y San Isidro, de la provincia de Huaytará, región Huancavelica.
Según una Resolución Viceministerial publicada hoy en el Diario Oficial El Peruano, este reconocimiento responde a que se trata de una expresión cultural de devoción popular que da testimonio del complejo proceso histórico local, una muestra de integración entre grupos culturales diversos y una remembranza de un periodo de la historia de la población esclavizada desde la mirada de la población de los Andes, lo que permite afianzar la identidad local y la memoria colectiva de la población.
En los considerandos de la norma se indica que la Danza de los Negritos del Suroeste de la provincia de Huaytará es una representación de hechos históricos que reflejan el estrecho vínculo entre la cultura española, andina y costeña, y que está estrechamente ligada a la devoción católica.
Según información que obra en el expediente, esta danza sería una fusión de la danza huaylía practicada en la sierra y la danza de negritos de la costa, sus portadores acogieron ambas expresiones agregándole características propias y creando de esta manera su propia expresión cultural.
La huaylía es una danza muy extendida en el sur de la provincia de Huaytará, que se ejecuta durante celebraciones navideñas así como en celebraciones de año nuevo y Bajada de Reyes.
El término parece provenir de la palabra quechua Haylli, que según el sacerdote Diego González Holguín en su “Vocabulario de la Lengua Qquichua o del Inca”, publicado en el año 1608, refiere a canto regocijado en guerra o chacras bien acabadas y vencidas. Esta característica se ve reflejada en la forma de alabanza al Niño Jesús y la alegría de los movimientos en la Danza de los Negritos del Suroeste de la provincia de Huaytará.
En cuanto a la danza de los negritos que se encuentra en la costa, esta habría aparecido durante la época colonial y era ejecutada por los esclavos de origen africano que trabajaban en las haciendas, esencialmente en las localidades del departamento de Ica.
Sobre esta danza, en particular la ejecutada en el distrito de El Carmen, provincia de Chincha, departamento de Ica, el etnomusicólogo William Tompkins explica que es ejecutada por grupos de adolescentes frente a nacimientos o belenes construidos en casas como muestra de adoración al nacimiento del Niño Jesús, y es acompañada de villancicos y violines.
Asimismo, William Tompkins explica que la procedencia del nombre hace alusión a hechos históricos de esclavitud y explotación de la población afrodescendiente durante la época colonial, lo cual también se ve reflejado en la estructura de la comparsa donde el líder es denominado caporal, capataz en haciendas, y el representante del grupo llamado “amito”, proveniente del término “amo”. Todo ello concuerda con la descripción de la danza del suroeste de Huaytará que obra en el expediente, lo cual permite asociarla con la danza de la costa.
La Danza de los Negritos del Suroeste de la provincia de Huaytará es una ofrenda al Niño Jesús que también se ejecuta a través de los conjuntos de niños, jóvenes y adultos que interpretan villancicos y movimientos coreográficos individuales y grupales donde destaca el zapateo.
Actualmente, la danza se ejecuta entre fines de diciembre hasta inicios de enero como uno de los elementos de la conmemoración del nacimiento de Jesucristo en diversas comunidades campesinas, centros poblados y anexos de los distritos de Ayaví, Tambo, Santiago de Chocorvos, Santo Domingo de Capillas, San Francisco de Sangayaico y San Isidro.
La estructura de la comparsa de danzantes de los negritos del suroeste de Huaytará está organizada por el “amito”, denominado también mayordomo o carguyoq, quien se responsabiliza de la fiesta de su localidad voluntariamente.
El amito se encarga de brindar comida y bebida a la población durante la festividad, asegurar la presencia de los danzantes en la misma y de este modo contribuye a la continuidad de la fiesta. Para poder cumplir con sus labores el amito pide ayuda a sus familiares, amigos y allegados, lo que en los Andes se conoce como Ayni, una ayuda entre pares que será retribuida posteriormente, lo que fortalece y promueve lazos de fraternidad entre los pobladores.
La división del trabajo durante los días de fiesta es organizada por el amito a través del takiachikuy, momento en el que el amito delega las labores de la festividad como por ejemplo los encargados de las despensas, la cocina y los aguatores, colaborador que brinda agua a los danzantes de la comparsa de los amitos.
El “amito” también asegura la participación de los danzantes con mayor trayectoria, prosa y elegancia -características reconocidas por la población- para que formen parte de su comparsa. Durante la festividad de Navidad se presentan dos comparsas, una organizada por el amito mayor y la otra por el amito menor.
Cada comparsa está compuesta por alrededor de 12 danzantes de diferentes edades, lo que permite la transmisión intergeneracional de la expresión y el afianzamiento de la relación entre pares. Los danzantes representan a los pastores y los Reyes Magos que, según la biblia, visitaron al Niño Jesús luego de su nacimiento.
Cada comparsa tiene una jerarquía bipartita encabezada por el guía principal llamado caporal, elegido por su conocimiento y destreza en el baile, seguido por el guiador. Luego se encuentra el traskiy palabra alternativa a chaskiy, que significa “mensajero”. A continuación, el pastorcillo y por último la tapita, apelativo que se da a los aprendices.
La coreografía de la danza presenta una gran diversidad de momentos teniendo como principal movimiento el zapateo. Los danzantes de la comparsa se colocan en dos filas paralelas y ejecutan secuencias de la danza denominadas rueda mayor, rueda menor, rueda divina, rueda fuga o adoración al Niño, costa zapateo, contrapunteo o atipanakuy, y pascua.
Según los portadores, la denominación de rueda hace referencia a los movimientos de los danzantes quienes hacen rondas en algunas secuencias. Los pasos se ejecutan principalmente en tres espacios, el atrio del cabildo, el atrio de la iglesia y la casa del amito denominada galpón, en referencia al albergue donde pernoctaban los esclavos.
Las ruedas mayor y menor contienen movimientos donde los danzantes giran de izquierda a derecha o viceversa, saltan en cuclillas, y dan vueltas completas, entrecruzándose; en todos los pasos los danzantes extienden los brazos y agitan las manos moviendo constantemente la campañilla y el chicote que portan.
En la secuencia llamada “rueda divina” se danza delante del atrio del cabildo y del atrio de la iglesia conmemorando el nacimiento de Niño Jesús. En el movimiento denominado rueda fuga, que se ejecuta delante de la imagen del Niño en el atrio de la iglesia, los danzantes deben competir pasando pruebas de resistencia, cánticos, alabanzas y zapateos.
Durante la secuencia costa zapateo, que al igual que el paso anterior se ejecuta delante del atrio de la iglesia, solo se realiza zapateo al compás de doce melodías en violín, estos pasos son muy parecidos a la danza de la costa, por ello el nombre.
El contrapunteo o atipanakuy es la competencia de baile entre las comparsas del “amito mayor” y el “amito menor” en el atrio del cabildo principal. Esta secuencia contiene tres pasos: patachi, cholada y pasada. Cada danzante ejecuta varias veces estos pasos. Este momento permite congregar y afianzar lazos de fraternidad entre la población que se encargará de elegir a los mejores danzantes.
El contrapunteo se ejecuta solo durante el día principal de la fiesta, que puede ser el 25 de diciembre, 1 de enero o 6 de enero, dependiendo de la localidad. Por último, la pascua es el momento de reconciliación entre las comparsas, en este los danzantes bailan y cantan melodías de despedida.
El rol que desempeñan los villancicos, los cuales son entonados por los danzantes durante la ejecución de la danza y forman parte fundamental de la expresión, porque evocan episodios bíblicos y también históricos. Algunos villancicos representan un momento determinado de la visita al Niño Jesús, otros rememoran episodios de los maltratos sufridos por la población esclavizada, y otros son entonados en quechua, lo que sirve como medio de aprendizaje y permite dar una mayor valoración de esta lengua por las nuevas generaciones;
La danza está acompañada de violines y bombos, lo que la diferencia de otras danzas navideñas como el hatajo de negritos, los pastorcillos, las huaylías, entre otras; en las que se utilizan otros instrumentos como cajón, guitarra o arpa. Cabe destacar el rol de los músicos y los danzantes en el desarrollo de esta danza, cada localidad les hace un reconocimiento por su destreza.
Existen músicos que debido a su habilidad son invitados a tocar en festividades aledañas; este tipo de reconocimiento local les otorga un valor especial a los músicos y los danzantes, dado que muchos de ellos son recordados de generación en generación debido a su habilidad y forman parte de la tradición oral de la localidad.
Vestimenta
La vestimenta de los danzantes comprende una camisa y pantalón blanco. Una corona –denominada turbante que tiene un espejo circular en el centro. En el torso portan dos cintas gruesas de tela llamadas banda y contrabanda que se colocan superponiéndose de forma diagonal, y que destacan por el bordado de flores, los espejos y los cascabeles en los extremos.
Asimismo, utilizan, coderas, rodilleras o canilleras de forma triangular que resaltan por el bordado, los espejos y los cascabeles. Los espejos son elementos muy utilizados pues hacen alusión a la estrella que guió a los Reyes Magos al pesebre del Niño Jesús. Los zapatos, generalmente de color negro, son elementos importantes ya que los danzantes producirán sonidos rítmicos durante el zapateo, característicos de la danza.
Los danzantes portan en una mano una campañilla que es utilizada para complementar la musicalidad de los instrumentos y para marcar el ritmo de la misma. La campanilla y los cascabeles de las bandas, coderas y rodilleras o canilleras sirven para realzar los movimientos de la danza. En la otra mano portan un chicotillo el cual haría referencia al objeto que utilizaban los caporales, evocando el sometiendo y maltrato que sufrieron los esclavos.
Esta danza presenta personajes complementarios como los morenos o viejos ancestros que se caracterizan por mofarse de la población, los cuales forman parte de la coreografía y se ubican alrededor de los danzantes durante la ejecución de la danza. Su indumentaria es parecida a la del negrito teniendo como principal diferencia el uso de máscaras que les permiten ocultar su identidad.
Las comparsas tradicionalmente estaban compuestas solo por varones; sin embargo, actualmente las mujeres también forman parte de esta danza. La mayoría son hijas o nietas de danzantes que continúan transmitiendo y valorando esta manifestación cultural. Esta variación en la estructura de las comparsas es sumamente importante porque muestra los cambios sociales que son integrados a través de las adaptaciones en el patrimonio cultural inmaterial.
Los conocimientos relacionados a la danza y la música son aprendidos de dos maneras, a través de la observación directa de los niños, las niñas y los jóvenes durante las celebraciones al Niño Jesús, y mediante la enseñanza directa de los adultos danzantes y/o los músicos a los jóvenes que componen la comparsa durante los ensayos.
Actualmente, la danza es ejecutada en instituciones educativas durante los días previos a la Navidad, lo que constituye otra forma de valoración y difusión de la expresión cultural dentro de la localidad.
La Danza de los Negritos del Suroeste de la provincia de Huaytará es la muestra de la devoción popular y cumple un rol importante dentro de la festividad en honor al Niño Jesús, debido a que los danzantes no solo cumplen la función de adoración al Niño Jesús sino también apoyan a los amitos de sus respectivas comparsas en sus labores durante los días de fiesta.
Es también una expresión cultural que rememora el proceso histórico del encuentro entre culturas, sirve como representación y evocación de la historia de la población afrodescendiente, desde la mirada de la población de los Andes, así como de la historia compartida del tránsito e intercambio entre las poblaciones cercanas de la costa y de la sierra.
Asimismo, el uso de la lengua quechua en los villancicos es muestra de la continuidad de esta lengua originaria en la zona. Todo ello fortalece la identificación de la población con su historia, memoria y fe, afianzando su identidad.
La Resolución Viceministerial encarga a la Dirección de Patrimonio Inmaterial en coordinación con la Dirección Desconcentrada de Cultura de Piura y la comunidad de portadores, la elaboración cada cinco años de un informe detallado sobre el estado de la expresión declarada, de modo que el registro institucional pueda ser actualizado en cuanto a los cambios producidos en la manifestación, los riesgos que pudiesen surgir en su vigencia, y otros aspectos relevantes, a efectos de realizar el seguimiento institucional de su desenvolvimiento y salvaguardia, de ser el caso.
La norma lleva la firma del viceministro de Patrimonio Cultural e Industrias Culturales, Jorge Arrunátegui Gadea.