México y Guatemala firman acuerdo de cooperación cultural y acceso al patrimonio digital

El gobierno mexicano devolvió piezas arqueológicas que se encontraban en territorio nacional; los cancilleres de ambos países destacaron la importancia del trabajo conjunto

El titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), Juan Ramón de la Fuente, y su homólogo de Guatemala, Carlos Ramiro Martínez, llevaron a cabo la firma del Acuerdo sobre Cooperación Cultural, Preservación y Acceso al Patrimonio Digital México – Guatemala. Además, el gobierno mexicano entregó a Guatemala una serie de piezas arqueológicas que se encontraban en el país.

En su intervención, De la Fuente manifestó que la devolución de estas piezas a Guatemala es regresar a su origen una parte emblemática de su patrimonio histórico y cultural que se encontraba en México.

“Nuestro patrimonio nos hermana y nos recuerda nuestro origen común, que mucho nos honra, y nos da la oportunidad de refrendar lazos de colaboración bilateral que tiene múltiples implicaciones. Guatemala mantiene con México un vínculo histórico indisoluble”, explicó desde el Salón José María Morelos y Pavón de la SRE.

“Somos vecinos, amigos, socios y aliados. Por ello, la fortaleza de la relación entre Guatemala y México está por arriba de cualquier coyuntura. Mantenemos una estrecha colaboración a nivel de las cancillerías y de otras secretarías de Estado. Trabajamos bajo la premisa de la cooperación para el desarrollo y sobre esa línea es que hemos podido refrendar acuerdos y ampliar las bases de nuestra cooperación”, refirió.

El canciller mexicano concluyó su participación afirmando: “con esta entrega de su valioso patrimonio, que representa para ustedes lo mismo que representa para nosotros, reafirmamos nuestra pertenencia a las culturas mesoamericanas, esto nos recuerda que somos parte de una región común, que tenemos una lengua compartida y nuestros gobiernos buscan rutas de desarrollo sustentable para enfrentar los retos”.

Por su parte, el ministro de Relaciones Exteriores de Guatemala, reafirmó los dichos de De la Fuente y reiteró que a lo largo de la historia, México y Guatemala han sido pueblos hermanos, amigos y socios. Además, agradeció las gestiones del gobierno mexicano para poder recuperar las piezas arqueológicas pertenecientes a Guatemala.

“Ambos países tenemos una historia compartida que se refleja en estas bellas piezas que son parte de la recuperación del patrimonio cultural de Guatemala. Las hemos recuperado gracias a las gestiones del gobierno mexicano a través de distintas dependencias, particularmente de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Esas tres palabras (hermanos, amigos y socios) resumen este momento y el diálogo de nuestros presidentes y la agenda común que tenemos y los objetivos compartidos para seguir trabajando alrededor de una agenda bilateral que es rica y diversa”, externó.

Ramiro Martínez subrayó las coincidencias entre ambas naciones y minimizó las pequeñas diferencias que pudieran existir, pues se han dejado de lado para avanzar de cara a temas en los que hay retos claros y definidos. “Hablar de la frontera no es solamente hablar de seguridad, sino también de desarrollo, de todas las posibilidades que ese escenario fronterizo nos presenta”, agregó.

Hallazgo en Huaura, Perú: Rescatan reliquias prehispánicas en sitio arqueológico Pampa de Ánimas

El descubrimiento se logró debido a la denuncia de un ciudadano mediante la plataforma digital del Ministerio de Cultura, quien informó sobre actos ilegales en la zona.

Un total de doce bienes culturales de origen prehispánico fueron recuperados en el Sitio Arqueológico Pampa de Ánimas-La Wasa, ubicado en el distrito de Santa María, provincia de Huaura, en el departamento de Lima, según informó el Ministerio de Cultura.

Este hallazgo se produjo tras una inspección realizada en respuesta a una denuncia ciudadana que alertaba sobre excavaciones ilegales en la zona, conocidas como huaqueo, con el objetivo de extraer estas piezas históricas.

De acuerdo con el Mincul, los objetos recuperados incluyen cántaros, ollas, un plato de cerámica y dos fragmentos de láminas de metal. Estas piezas corresponden a estilos prehispánicos locales y han sido datadas en los períodos Horizonte Medio (600 d. C. – 1000 d. C.) e Intermedio Tardío (1000 d. C. – 1476 d. C.).

La intervención fue llevada a cabo por especialistas de la Dirección de Recuperaciones (DRE), una unidad de la Dirección General de Defensa del Patrimonio Cultural.

Denuncia ciudadana y acción inmediata

El hallazgo fue posible gracias a la denuncia de un ciudadano a través de la plataforma virtual del Ministerio de Cultura, que alertó sobre actividades ilícitas en el sitio arqueológico.

Según detalló la institución, las excavaciones clandestinas buscaban sustraer bienes culturales muebles, una práctica que pone en grave riesgo el patrimonio histórico del país. En respuesta, un equipo especializado se trasladó al lugar para realizar una inspección y evaluar la situación.

Durante la inspección, los especialistas constataron que algunos de los bienes recuperados se encuentran en buen estado de conservación, mientras que otros presentan deterioro o están fragmentados. Este daño se atribuye tanto a las condiciones ambientales adversas como a la manipulación violenta sufrida durante las excavaciones ilegales.

Acciones de protección y registro

Tras la recuperación, las piezas fueron trasladadas a la sede del Ministerio de Cultura, donde se llevarán a cabo las acciones necesarias para su protección. Estas incluyen una evaluación detallada de su estado, su declaratoria como bienes culturales y su registro oficial. Estas medidas buscan garantizar la preservación de los objetos y su incorporación al patrimonio cultural del país.

La entidad gubernamental destacó la importancia de estas acciones como parte de su compromiso con la defensa del patrimonio cultural. Además, hizo un llamado a la ciudadanía para que continúe colaborando en la protección de la herencia histórica, instando a reportar cualquier hallazgo o actividad sospechosa que pueda poner en peligro los bienes culturales.

El Perú recupera 552 piezas de su patrimonio cultural repatriadas desde cinco países

Documentos históricos, cerámicas y pinturas coloniales fueron entregados por la Cancillería al Ministerio de Cultura en una ceremonia en Torre Tagle.

El Perú celebra la recuperación de 552 bienes culturales que fueron repatriados desde Alemania, Argentina, Austria, Canadá y Estados Unidos, resultado del esfuerzo conjunto de la Cancillería y el Ministerio de Cultura, así como de las gestiones por parte de las embajadas y consulados peruanos en esos países.

En una ceremonia realizada en el Palacio de Torre Tagle, el ministro en el Servicio Diplomático (SDR) Carlos Amézaga Rodríguez, director general para Asuntos Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores, hizo entrega de estas piezas al señor Fernando Lazarte Mariño, director general de Defensa del Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura.

Entre los bienes recuperados, destaca una colección de documentos históricos de los siglos XVIII y XIX, que ofrecen un testimonio valioso sobre la evolución política, social y económica del país. Dentro de esta colección sobresale “El Sol y Año Feliz del Perú” (1735) de Pedro Rodríguez Guillén, obra que narra la canonización de San Francisco Solano, un hito religioso y cultural de la época colonial.

Además, la repatriación incluye cerámicas, textiles y objetos de metal de diversas culturas prehispánicas, junto con monedas coloniales y dos pinturas religiosas del siglo XVIII, todas en excelente estado de conservación.

La ceremonia no solo celebró esta recuperación, sino que también buscó concienciar sobre el daño causado por el robo, tráfico y comercio ilegal de bienes culturales.

La Cancillería y el Ministerio de Cultura reafirmaron su compromiso con la protección del legado histórico del Perú, agradeciendo la cooperación de las autoridades extranjeras que hicieron posible este importante retorno patrimonial.

Los fuertes de Chile en la Región de Los Ríos avanzan en su postulación a Patrimonio de la Humanidad

Las fortificaciones de la Región de Los Ríos, especialmente las de Valdivia, buscan ser reconocidas como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Estas estructuras, que constituyen un importante atractivo turístico y patrimonial, representan una parte fundamental de la historia del sur de Chile, evidenciando la presencia española y su legado militar en la región.

En el marco de este proceso, la visita de Josep Borrell, exvicepresidente de la Comisión Europea y ex alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, ha reforzado la relevancia de este patrimonio. Durante su estadía en la región, Borrell sostuvo reuniones con autoridades locales para abordar el fortalecimiento cultural y patrimonial entre Europa y Los Ríos.

Como parte de su agenda, Borrell recorrió el sistema de fuertes de Valdivia, una de las estructuras defensivas más relevantes construidas por los españoles en América. “Estas fortificaciones, edificadas en distintos períodos, pero con un propósito común, poseen un valor histórico incalculable”, destacó el diplomático español.

La visita fue organizada por la Asociación Patrimonial Cultural de Los Ríos (APC), en conjunto con la oficina de Relaciones Internacionales de la Corporación Regional de Desarrollo Productivo (CRDP). Luis Cuvertino, gobernador regional y presidente del Directorio de la APC, valoró la instancia, señalando que “la presencia de Josep Borrell en nuestra región simboliza el creciente reconocimiento internacional de Los Ríos como un actor estratégico en la diplomacia cultural y el desarrollo sostenible. Este encuentro fortalece nuestros vínculos con Europa y posiciona a la región como un modelo de integración global”.

Por su parte, Juan Vásquez, director ejecutivo de la APC, resaltó el compromiso con la preservación y proyección del patrimonio regional. “Las fortificaciones de nuestra región tienen un enorme potencial y valor cultural. Es importante generar una vinculación con los municipios, la Dirección Regional de Patrimonio y la Embajada de España para aunar esfuerzos en esta tarea”, afirmó.

Finalmente, Vásquez enfatizó en la importancia de la colaboración interinstitucional para concretar la postulación de estos fuertes como Patrimonio de la Humanidad. “Nuestro anhelo es contar con el reconocimiento internacional y nuestro compromiso es realizar todos los esfuerzos necesarios. Sin embargo, es vital la participación de distintos actores involucrados para fortalecer esta postulación”, concluyó.

Hallan la pirámide más antigua de América: sería de la primera civilización del continente

El nuevo edificio piramidal fue encontrado en las cercanías de Caral, la ciudad prehispánica considerada patrimonio mundial.

Un nuevo edificio piramidal fue encontrado en las cercanías de Caral, la ciudad prehispánica considerada patrimonio mundial por albergar a la civilización más antigua de América, con unos 5.000 años de antigüedad, informaron las autoridades peruanas.

El edificio se encuentra en el centro urbano de Chupacigarro, que es contemporáneo de Caral, en la zona del valle de Supe, en el norte de la región de Lima, detalló el Ministerio de Cultura. Como parte de la ampliación de las investigaciones arqueológicas en la zona, el equipo multidisciplinario de la Zona Arqueológica Caral descubrió la construcción en el denominado ‘sector F’ de Chupacigarro, a un kilómetro al oeste de Caral.

“Las recientes exploraciones arqueológicas permitieron identificar este nuevo edificio, que estaba cubierto por un pequeño conjunto de árboles de huarangos secos y maleza. Al retirar estos arbustos, se visualizaron los muros de piedras que conforman, por lo menos, tres plataformas superpuestas”, explicó la información.

En los muros destacan grandes piedras colocadas de manera vertical, denominadas ‘huancas’, que señalan las esquinas del edificio cuadrangular, así como una escalera central que permitía llegar a la cima.

El descubrimiento

El Ministerio de Cultura sostuvo que las investigaciones en este nuevo edificio permitirán al equipo dirigido por la arqueóloga Ruth Shady, la descubridora de Caral, conocer la traza urbana completa del centro urbano de Chupacigarro, lo que complementará la puesta en valor de este asentamiento para que pueda ser visitado junto a Caral.

Un sistema con miles de años de antigüedad Chupacigarro se encuentra en una pequeña quebrada y forma parte, junto con la Ciudad Sagrada de Caral, de un sistema mayor que abarca varios asentamientos arqueológicos en el valle de Supe, pertenecientes a la civilización Caral (3000-1800 antes de nuestra era). 

En la quebrada, que fue una vía de comunicación natural con la costa, se encuentran esparcidas 12 estructuras consideradas públicas o ceremoniales, ubicadas en las cimas de pequeñas colinas, alrededor de un espacio central.  

Los expertos señalan que los edificios difieren en tamaño, orientación y características, aparentemente por factores funcionales, y en la periferia se ha descubierto arquitectura considerada residencial, con los pequeños edificios presididos por uno principal, que presenta una plaza circular hundida, típica de ese período histórico.

 “Estos indicadores nos permiten afirmar la existencia de un pequeño centro urbano con varios edificios públicos y seculares, que abarca un área de 38,59 hectáreas”, remarcó la información. 

Chupacigarro, el nuevo lugar

Chupacigarro, añadió, fue ubicado en un lugar geográfico estratégico, por su cercanía con el valle bajo y el litoral, de donde obtenía productos marinos, y sus pobladores tuvieron acceso al bosque ribereño, a puquios o manantiales, a canteras de piedra y a campos de cultivo. 

“El asentamiento no era visible desde el valle, por lo que debe haber formado parte de una extensión de la Ciudad Sagrada de Caral, quizás vinculado con una función más privada o religiosa”, remarcó Cultura.

Uno de los hallazgos más representativos en el sitio es un geoglifo de 62,1 metros por 30,3 metros, que solo es visible desde un punto estratégico de la ciudad de Chupacigarro.

El gran dibujo muestra una cabeza de perfil del estilo prehispánico norteño de Sechín y fue trazado con piedras angulares, con la cara orientada al este, el ojo cerrado, la boca abierta y una representación del cabello batido por el viento o de ‘sangre’ que fluye de la cabeza. 

Parque Museo Pedro del Río Zañartu consolida e inspira la protección de humedales en Chile

En el día que celebra a vitales ecosistemas, el espacio patrimonial con casi nueve décadas de historia activa un plan de gestión integral y reconoce un nuevo cuerpo llamado “Piedra del Agua”.

Resguarda invaluable patrimonio natural e histórico que data de varios siglos y fue legado a la sociedad, un refugio de 552 hectáreas para la diversidad biológica y cultural a cuestión de minutos de las urbes del Concepción Metropolitano, y en el Parque Museo Pedro del Río Zañartu no se dejan de re-descubrir y re-conocer tesoros de la biodiversidad local.

En tiempos recientes ha aparecido el humedal “Piedra del Agua”, que hoy se nombra y reconoce oficialmente al tiempo que se lanza un pionero plan de gestión integral para la preservación en el marco del Día Mundial de los Humedales, celebrado el 2 de febrero y este 2025 bajo el lema “Proteger y restaurar los humedales para nuestro futuro común”.

Y ese lema, esos conceptos, son el sentido tanto de estas medidas como de múltiples otras en torno a este tipo de cuerpos de agua y diversidad de ecosistemas nativos que alberga este espacio patrimonial para su conservación, para lo que cumple un rol protagónico con una declaratoria de doble Santuario de la Naturaleza. Así, la rica naturaleza e historia que hay en paisajes propios de la zona biogeográfica, donde hoy llegan más de 300 mil visitantes al año, siga como esa herencia que han disfrutado varias generaciones durante casi nueve décadas luego que el Parque se abriera al público en 1938.

Piedra del Agua

El recién reconocido humedal Piedra del Agua está al ingreso del Parque Museo Pedro del Río Zañartu (PRZ), ubicado en el Fundo Hualpén, y concentra cada maravilla que destaca a este tipo de ecosistemas, desde su biodiversidad a servicios ecosistémicos vitales para las personas.

“Se sitúa como un cortafuego natural que se emplaza entre los dos cuerpos de agua más importantes de la comuna, el estuario Lenga y la boca norte del río Biobío. Esta posición privilegiada lo vuelve un verdadero corredor biológico, donde se ha podido observar la presencia de por lo menos 52 aves diferentes, residentes y migratorias”, explica Javiera Matus, directora ejecutiva del Parque Museo PRZ.

Ahí la importancia del reconocimiento del humedal y su protección con un plan de gestión integral a cargo del biólogo Rodrigo Toledo, realizado en varias etapas e involucrando a distintos actores para su protección y preservación. “Arrancó con una implementación temprana que incluyó el establecimiento de un cerco de exclusión de ganado, un cambio en el uso de suelo y una actividad simbólica de plantación de juncos, donado por la Seremía de Medioambiente. Alegremente ya podemos observar los efectos de estas medidas en la regeneración natural de las coberturas de vegetación hidrófita”, resalta.

Más hotspot

Piedra del Agua se suma al humedal Laguna Verde y a Desembocadura Río Biobío que hace poco se declaró Santuario de la Naturaleza que están dentro del territorio del Parque Museo, que se emplaza en plena Península de Hualpén con sus relictos de bosques costeros propios del Biobío donde habita diversidad de especies nativas.

Y es que ecosistemas que destacan en esta zona son los humedales, releva el biólogo, que dan hábitat para gran abundancia y diversidad de formas de vida tanto flora como fauna de distinto tipo. Especialmente relevantes son para la avifauna migratoria: “La ruta migratoria de aves del Pacífico por sí sola es un objeto de conservación de interés internacional. Y en estos vuelos de miles de kilómetros los humedales son cruciales para el descanso, alimentación e incluso reproducción de especies como el zarapito o flamenco”.

Además, los humedales cumplen funciones ecosistémicas vitales para territorios y comunidades locales, en lo que menciona regular ciclo del agua y la temperatura, retener contaminantes, secuestrar carbono y mitigar desastres como inundaciones.

Por eso el reconocimiento del cuerpo de agua refuerza la posición del espacio patrimonial como hotspot, punto caliente, de biodiversidad, y así su crucial rol en materia de protección y conservación que debe perdurar e inspirar.

Conocer y reconocer para cuidar y conservar: los motores de la experiencia

Aunque su existencia es previa, la historia oficial del cuerpo Piedra de Agua partió el Día Mundial de los Humedales de 2024, cuando se incentivó una actividad de reconocimiento colectivo y que motivó un arduo trabajo que llevó hasta el hito presente que apuesta por su protección y donde la proyección futura es lo crucial.

El proceso

“Valorar lo que existe”, relatan desde el Parque Museo PRZ, fue la premisa con el que inició el proyecto de reconocimiento del humedal Piedra de Agua. El pasado 2 e febrero se presentó a la comunidad en una jornada que integró acciones como una cicletada junto con una exposición de los fotógrafos de naturaleza Cristián Berguecio y Juan Acuña, quienes se han dedicado a capturar la avifauna que habita en el humedal.

Así se motivó un proceso que se desarrolló en distintas etapas durante el 2024, con análisis territorial y participación ciudadana.

La convicción de “conocer para proteger” impulsó un trabajo de análisis territorial enfocado en comprender el humedal, desde sus dimensiones biofísicas hasta sociales y legales.

Uno de los resultados más relevantes de esta etapa fue lograr determinar la máxima extensión del humedal en sus condiciones ambientales normales, también se desarrolló un trabajo de gabinete. Además se pudieron identificar posibles objetos de conservación, como también sus usos y amenazas a través de una cartografía participativa. “Tenemos varias amenazas en el lugar que debemos enfrentar. Por ejemplo, el ingreso al sector con mascotas, el uso de volantines o personas que van a hacer asados, entre otras prácticas que no dialogan con su resguardo”, comenta Javiera Matus, directora del Parque Museo.

Y por ello que en esta fase, dado el reconocimiento de amenazas y vulnerabilidades, se instalaron señaléticas en el sector del humedal para delimitar el ingreso y un lienzo con información sobre la biodiversidad presente y recomendaciones para visitantes.

Fue entonces que el proceso derivó a la misión de “involucrar para gobernar”, organizando ciclos participativos y redes de gobernanza ambiental locales donde participaron un total de 20 organizaciones, precisa el biólogo y encargado del proyecto de gestión integral de humedales Rodrigo Toledo. Al respecto comenta que las jornadas participativas “incluyeron representantes de organizaciones medioambientales, académicas, comunitarias y del sector público, quienes participaron en la elaboración del plan de gestión para el humedal”.

Fue en esta fase que se probó un piloto de restauración con núcleos de junco y se realizó el primer monitoreo comunitario de calidad de aguas. Este análisis reveló información inédita sobre variables físico y químicas del cuerpo de agua, que se hizo en colaboración con el equipo de la GWW Wallpen y conforme al estándar de la Global Water Watch.

El cierre del ciclo de participación ciudadana fue una experiencia de conexión comunitaria mediada por la artista local Hannelore Grosser y donde se arrojó el nombre el humedal como Piedra del Agua, con el que desde hoy se reconoce oficialmente.

Tres líneas

El plan de gestión integral de humedales es parte de un trabajo que suma en total tres líneas que se orientan a restaurar y conservar todo el patrimonio natural del Parque Museo PRZ que ya lleva un año, pues comenzó en febrero de 2024, expone el biólogo Rodrigo Toledo.

La primera arista clave es la propagación de vegetación autóctona a través de rehabilitación del Centro de Flora Nativa (CFN). “Esta línea de trabajo es estratégica, pues nos permite construir capacidades para la restauración ecosistémica comunitaria, mientras aportamos en procesos de educación ambiental y vinculación comunitaria. Acciones destacadas del CFN incluyen la propagación de puya chilensis y especies de humedal”, resalta.

También se han llevado adelante iniciativas de restauración ecosistémica y ecológica, donde destaca un proyecto en la zona de quebrada y mirador Laguna Verde que incluyo aspectos como manejo de especies exóticas invasoras, conservación de suelo y aguas, y reforestación con especies nativas producidas localmente. “La relevancia de este proyecto es prevenir los riesgos de incendios y la erosión para proteger la cuenca del humedal Laguna Verde, el cual es un relicto de gran relevancia para la investigación en conservación dentro de la Península de Hualpén”, sostiene el biólogo.

Y está la gestión integral de humedales, sobre el que precisa que “incluye la implementación temprana de acciones orientadas a la conservación y regeneración natural de humedales”.

Este quehacer va asociado a diversidad de acciones de educación ambiental a la comunidad que visita, línea que ha decidido potenciar la actual administración que lidera Javiera Matus porque se reconoce la trascendencia de poseer conocimiento para apreciar, concienciar, actuar y cuidar: cuando las personas conocen el entorno, su valor y amenazas, se hacen responsables con acciones que minimicen riesgos y fortalezcan el cuidado. Por ende, educar se concibe como esencial para el éxito de toda iniciativa que apunte a la protección y conservación, lo que llevan adelante con distintas instancias durante el año.

Toda la información sobre el plan de gestión, como las actividades de divulgación y educación ambiental se dispone desde la página web www.prz.cl y las redes sociales del espacio patrimonial en @parquemuseoprz.

La cultura como resistencia en uno de los barrios más antiguos de América Latina en Paraguay

La Chacarita, en Asunción, es cuna de expresiones artísticas como la guarania, género musical creado hace cien años y que la UNESCO acaba de declarar Patrimonio de la Humanidad

José Asunción Flores nació el 27 de agosto de 1904 en La Chacarita, uno de los vecindarios más tradicionales y céntricos de Asunción, cerca de la Catedral Metropolitana y de la estación de ferrocarril, con mucha vivienda informal y problemas estructurales. Su madre, Magdalena Flores, trabajaba de lavandera y lo crio sola. El padre ausente fue guitarrista, pero aquel niño se dedicó a la música a partir de entrar como aprendiz en la banda de la Policía. Una década después, en 1925, inventó la guarania, el género musical más representativo de Paraguay y que desde diciembre de 2024 la UNESCO reconoce como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

“La guarania es de mi pueblo, escrita para y por mi pueblo”, decía Flores. Sus letras incluyen palabras en guaraní, idioma originario de la región, y sus composiciones para orquestas sinfónicas consiguen transmitir los sentimientos del pueblo paraguayo. El arpa y la guitarra emiten sonidos lentos, melancólicos y profundos, que retratan un territorio vapuleado, que perdió culturas nativas y la guerra de la Triple Alianza (1864-1870), la más sangrienta de América Latina. Brasil, Argentina y Uruguay arrasaron entonces Paraguay, que se quedó sin la mayoría de la población y un tercio de sus dominios. Durante el siglo XX, continuaron los conflictos en Paraguay. Se enfrentó a Bolivia en la guerra del Chaco (1932-35) y, aunque ganó la mayoría del territorio en disputa, perdió más personas y recursos económicos. En 1940, el militar Higinio Morínigo suspendió la Constitución y acabó con los partidos políticos, y en 1947 su bando ganó la guerra civil. Flores ya era un compositor reconocido, pero tuvo que exiliarse por sus ideas comunistas. Durante la dictadura militar de Alfredo Stroessner (1954-1989), una de las más largas de América, ni él ni su música eran bienvenidos en Paraguay. Sus obras se colaban gracias a emisiones de radio clandestinas, pero el chacariteño nunca volvió a su país. Murió en 1972 en Buenos Aires por el mal de Chagas. Algunas figuras de la cultura latinoamericana lo valoraban especialmente, como su amigo Pablo Neruda, Mercedes Sosa o Mario Benedetti.

Chacatours, turismo comunitario en La Chacarita

La casa donde creció José Asunción Flores está en Punta Karapã, una zona alta de la Chacarita con vistas magníficas de la bahía de Asunción. La construcción sencilla de fachada mínima es ahora un museo. En la plaza al frente, un grupo internacional escucha atento a Christian Nuñez, responsable de Chacatours. “La guarania es uno de los símbolos más potentes de la Chacarita, cuna de muchos artistas”, explica el guía ante el mural de mosaico que representa a su creador. Este fue el primero de las decenas que hay diseminados por el barrio.

El grupo continúa su recorrido por las calles coloridas. “Chacarita viene de chacra, tierra cultivada en quechua, porque aquí había huertos”, dice Núñez delante de un plano de la zona pintado en la pared. Aunque desde 1920 el nombre oficial del barrio es Ricardo Brugada, en honor al periodista conocido como ‘abogado de los pobres’, aún se usa el que recuerda su pasado agrícola. Durante el siglo XX, las laderas de cultivos se fueron cubriendo de casas hasta convertirse en uno de los barrios más poblados de la ciudad. Hoy, en sus 150 hectáreas viven 13.153 personas, según el Censo 2022.

Para contar historias del populoso vecindario desde dentro, surgió Chacatours hace una década. “Queríamos acabar con la percepción negativa de la comunidad, estigmatizada y criminalizada”, argumenta Núñez mientras se adentra en ella. Muchos asuncenos no se atreven. La Chacarita es intrincada y precaria, creció de manera informal y faltan servicios básicos como redes de saneamiento, transporte público o recogida de basura, que acaba amontonada o en los ríos. Pasan delante del mural en homenaje al tren que circulaba cerca antes de que la red ferroviaria de Paraguay se desmantelara y llegan a una calle principal con pequeños comercios y el campo del Resistencia, el equipo de fútbol más exitoso del barrio. De aquí para abajo es zona inundable, hay que abandonar las casas cuando el río Paraguay se desborda. Sorprende que esto pase periódicamente a poca distancia del Palacio de López, sede de un Gobierno que desde hace décadas promete soluciones. Consciente de los problemas estructurales, Núñez, nacido en otra zona humilde de Asunción, se proclama chacariteño adoptado con alegría. Vive aquí desde hace 14 años y ama su barrio, aunque reconoce que la primera vez que vino pasó miedo: “Hacia el año 2000 hice un recorrido nocturno con mi cuñado. En esa época, el ambiente era más tenso y hasta me temblaban las rodillas”.

Como en tantos vecindarios empobrecidos de América, en la Chacarita se trapichea con droga y eso genera violencia. Pero siguió viniendo, formó una familia y se instaló definitivamente. Entonces quiso mejorar su entorno: “Empecé con el proyecto Chacarita Digital para enseñar oficios audiovisuales a la juventud. A raíz de eso decidí organizar visitas guiadas. Con el turismo comunitario, el arte mural y la creación de oficios, quería recuperar la memoria y la identidad de un lugar que es la génesis de Paraguay”, afirma. El de hoy es el tour histórico, y se habla de todo un poco. Desde los payaguás y guaraníes que habitaban la zona antes de la colonia española, hasta las galoperas, mujeres que danzan con un cántaro sobre la cabeza. Hay otros paseos más especializados, como el ‘chacatour extremo’ para asomarse a la realidad más cruda: “Tratamos temas sociales de actualidad y hablamos con jóvenes que cuentan vivencias como su paso por prisión o sus adicciones”. Y desde 2024 ofrecen el ‘chacatour guarania’, organizado junto a la consultora Mentu y financiado por la Fundación Itaú. Les gustaría adaptar más recorridos para personas con necesidades especiales. “Queremos crear la galería de arte urbano inclusiva más grande de América Latina”, sueña Núñez.

Una de las iniciativas que dio un empujón a sus sueños y situó al barrio en el mapa fue la XI Bienal de Arquitectura Iberoamericana de 2019, impulsada por el Gobierno de España. Joseto Cubilla es el arquitecto local que la dirigió junto a su colega español Arturo Franco. “Conectamos el centro histórico de Asunción, vacío y abandonado, con la Chacarita, un lugar que a algunos les asusta, pero que tiene espacios dignos y con sorpresas como la guarania o las vistas”, afirma Cubilla en su despacho.

La bienal fue la semilla de varias intervenciones en la Chacarita. Se hicieron trabajos comunitarios en espacio público con equipos de arquitectos. El evento duró una semana, pero algunos proyectos continuaron. Uno de los que Cubilla recuerda con cariño es la casa de José Asunción Flores en Punta Karapã: “Estaba totalmente abandonada y parte de ella se transformó en museo. Hacer público algo privado en desuso es el mayor de los gestos”. Actualmente, el museo está apuntalado. “Está deteriorado, abandonado por los gobiernos municipal y nacional, con serio riesgo de desplome”, denunciaba María Olga Vysokolán, presidenta de la Asociación de Escritores y Artistas de Paraguarí en la Gala de la Literatura Paraguaya.

Cubilla destaca también intervenciones para mejorar la seguridad del espacio público: “En uno de los lugares más peligrosos del barrio, punto de venta de droga con varias vías de escape; instalamos internet, bancos y un mural de vidrio con códigos QR, que era una biblioteca virtual. Se llenaba de gente y dejó de ser peligroso”. De hecho, visitar algunas zonas de la Chacarita es mucho más seguro de lo que parece, las calles rebosan cotidianidad y la mayoría del vecindario recibe amablemente a los visitantes. Hay algunos peligros, pero sobre todo, muchos prejuicios, piensan Severiana Ayala de Mosqueira (80) y José Mosqueira Salas (83) en el salón de su casa, repleto de fotos familiares. Conocen bien el entorno donde viven desde niños. En su calle hay un mural con la cara de su nieto Elias Benja, El Princi, un artista de música urbana que triunfa con temas como Soy de Barrio.

El título recuerda a la canción Soy de la Chacarita del conocido músico paraguayo Maneco Galeano, que muestra la parte más amable del barrio donde nació la guarania: “Quiere escuchar mi historia, señor, soy de la Chacarita; con permiso del camalotal, con adobe alcé mi casita. No hay paisaje más bello, señor, que el de nuestra bahía, ni el pincel del más bueno y más noble pintor, pintó cosa más linda”. A pesar de los problemas, la Chacarita es uno de los lugares más interesantes y diversos de Asunción, que rezuma cultura y que vale la pena conocer de cerca.

Los secretos de la “tumba 7″ que escondía uno de los hallazgos más importantes de la arqueología mexicana

Después de un arduo trabajo, un equipo de arqueólogos mexicanos hizo historia al encontrar un sitio que permaneció oculto durante mucho tiempo.

Corría el 9 de enero de 1932 y las personas no imaginaban que ese día sucedería uno de los descubrimientos más importantes para la arqueología mexicana luego de que Alfonso Caso encontrara un tesoro inigualable en la zona de Monte AlbánOaxaca.

Después de que se catalogaran seis tumbas en aquella zona arqueológica, el también historiador marcó un hito en la arqueología mexicana al descubrir un séptimo recinto sepulcral que se diferenciaba de los demás.

De acuerdo con el INAH, el descubrimiento de la tumba 7 no solamente se distinguía de las otras por su contenido, sino que era un parteaguas en la historia debido a que “había sido construida por los zapotecos pero más tarde fue utilizada por los mixtecos”.

El hallazgo de un tesoro en Monte Albán

Según relata Alfonso Caso en su libro El tesoro de Monte Albán, años después de que se hallara la tumba fue posible hacer un estudio completo así como un análisis metalúrgico a cargo de Dudley T. Asbey que contribuyó a la investigación científica.

De acuerdo con el arqueólogo, la numeración de los lechos mortuorios se hizo conforme se descubrieron y en el caso de la séptima señala que había una gran cantidad de joyas fabricadas con materiales preciosos como el oro e incluso algunas vasijas hechas con cerámica polícroma.

Como la tumba se encuentra cerca de una carretera, parte del escombro se había acumulado sobre el propio montículo del recinto funeral, por lo que apenas se levantaba un metro y medio del nivel general del suelo, razón por la que no se había detectado anteriormente.

En una primera etapa comenzaron la exploración de la parte superior y “descubrieron los cimientos de unos muros y pisos de estuco muy gruesos, que corresponden a los cuartos de un pequeño templo”, señala el arqueólogo.

El 6 de enero de 1932 empezaron la ex­ploración del montículo de la Tumba 7 por los restos de las superestructuras que apare­cían en la superficie al hacer la “limpia preli­minar del escombro y la vegetación”.

Luego de retirar algunas piedras, entre los secretos que guardaba la tumba 7, lo primero que encontraron fue un ca­racol marino, 36 cuentas de jade de dos colores diferentes y tres orejeras del mis­mo material. Tres días después encontraron la segunda cámara de la tumba en donde estaba un cráneo humano junto con dos vasos.

Posteriormente hicieron un hueco estrecho para que pasara uno de los arqueólogos y Alfonso Caso optó por descender luego de escuchar múltiples expresiones de asombro. Para su sorpresa, vio una vasija blanca, varios objetos de oro como cuentas y cascabeles ensartados en los huesos de los brazos de un cadáver.

Además, en su libro detalla que “relucían diez brazaletes, seis de oro y cuatro de plata”. Luego de dar esa primera revisión, cerca de la puerta encontró una diadema de oro y junto a ella el adorno de plumas que “en un tiempo sirvió para decorarla pero este adorno estaba completamente torcido y doblado”

También destacó que al voltearse para salir, el cráneo que en un primer momento había captado su atención, estaba decorado con mosaico de turquesas que estaban en la primera cámara cerca del umbral.

Con análisis posteriores se encontró que las piedras de los muros estaban decoradas con jeroglíficos y que fue construida por los zapotecos.

El comienzo de un trabajo histórico

El proceso de investigación inició con el propósito de encontrar objetos y piedras con inscripciones así como rastros que permitieran entender cuál había sido el método de enterramiento que utilizaban.

Además, basados en la superposición de las estructuras, tenían la teoría de que podían descubrir la existencia de objetos de diferentes culturas y épocas en caso de que toda la ciudad no perteneciera a la misma etapa, idea que pronto comprobarían con los hallazgos.

Según Alfonso Caso, algunas de las tumbas contaban con estructuras sencillas como es el caso de la primera que había sido saqueada, y la segunda, en la que se hallaron huesos de aves y un tubo de barro que afirmó encontrar en otras tumbas zapotecas.

Al descubrir la tercera tumba se dio cuenta de que la arquitectura pasó a ser cruciforme, lo que permitió que establecieran una semejanza con las tumbas de Mitla. En este mismo sitio encontraron huesos humanos, vasijas de barro gris, objetos de concha y una cuenta de jade.

Al llegar a la cuarta tumba se percataron de que su forma era muy extraña, pues su base era completamente irregular y al ser saqueada igual que la primera, su trabajo también consistió en limpiarla.

El quinto hallazgo aunque no fue saqueado, tenía algunos problemas debido a que el techo se cayó, por lo que afectó a los objetos que estaban en el interior.

Al llegar a la sexta tumba el equipo de arqueólogos descubrió que se trataba de una combinación en la que se encontraban tres recintos mortuorios que habían sido modificados, por lo que determinar cómo se había construido fue difícil.

En ella se encontró una ollita y huesos que sugieren ser de un hombre joven, por lo que Alfonso Caso consideró que se trataba de “un simple entierro”. Debajo del muro que dividía esta tumba en dos partes, las cuales nombraron 6 (2) y 6 (3), hallaron costillas y otros huesos humanos, lo que llevó a los arqueólogos a considerar que se había construido después de un entierro primitivo, señalando que junto a este muro se encontraron agujas de hueso, dos esferitas de tecali y otra de piedra negra muy pulida.

La loable labor conservar nuestro patrimonio

La loable labor conservar nuestro patrimonio

El patrimonio cultural es un vínculo esencial con nuestra identidad y memoria colectiva. Su restauración y conservación no sólo preservan la historia, sino que también enriquecen el conocimiento sobre las sociedades que nos precedieron. Estas son dos de las tareas fundamentales e imprescindibles del INAH, institución que tiene como objetivo, en su quehacer diario, desarrollar y ejecutar proyectos que garantizan la protección de estos bienes para las generaciones futuras.

Un ejemplo destacado es el proyecto galardonado con el Premio INAH 2024 Paul Coremans en la categoría de Conservación de Bienes Muebles: la restauración de los mascarones de la Estructura 2C6, Codz Pop, en la Zona Arqueológica de Kabah, Yucatán. En este proyecto, un equipo interdisciplinario atendió más de 5,400 piezas de piedra labrada que conforman 161 mascarones de Witz, el dios maya de la montaña sagrada, en un esfuerzo integral de julio de 2022 a junio de 2023. El proyecto no sólo rescató los mosaicos de piedra, sino que también reveló detalles iconográficos relacionados con deidades como Itzamnaaj, Chaac y Witz.

Estas labores reafirman el compromiso del INAH con la protección de sitios emblemáticos. Asimismo, los proyectos realizados por el instituto abarcan no solo zonas arqueológicas, sino también monumentos históricos, bienes muebles, arte sacro y patrimonio documental, que reflejan su labor integral en la conservación de la riqueza cultural de nuestro país.

En el Día Internacional de las y los Profesionales de la Conservación y Restauración, reconocemos el trabajo incansable de todas y todos los especialistas, quienes con su labor mantienen vivo el legado cultural de México.

Presentación del número especial de la revista Arqueología Mexicana, titulado “Cuauhtémoc. El último tlatoani mexica a 500 años de su muerte”

Presentación del número especial de la revista Arqueología Mexicana, titulado
“Cuauhtémoc. El último tlatoani mexica a 500 años de su muerte”
  

Se contará con la presencia del investigador emérito del INAH, Eduardo Matos Moctezuma; los historiadores María Castañeda de la Paz, Miguel Pastrana Flores, Salvador Rueda Smithers y Antonio Saborit García-Peña; la arqueóloga Patricia Ledesma Bouchan y el editor Enrique Vela.

La cita es el martes 4 de febrero de 2025, a las 12:45 horas, en el Auditorio Eduardo Matos del Museo del Templo Mayor (Seminario 8, Centro Histórico de la Ciudad de México).