Chile acogerá conferencia internacional de Geoparques de la Unesco

Chile acogerá la Oncena Conferencia Internacional de Geoparques Mundiales de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), que se efectuará del 8 al 12 de septiembre.

El evento tendrá lugar en Kültralkura, el único geositio chileno incluido en lista de la Unesco, y reunirá a cerca de mil personas.

Los geoparques son áreas únicas con un patrimonio geológico de relevancia internacional que se destacan por el valor científico, educativo o turístico y donde se combinan la conservación y el desarrollo sostenible.

En la actualidad existen 229 de estos sitios reconocidos por la Unesco en 50 países.

Durante los cinco días de la conferencia, los participantes debatirán sobre los últimos hallazgos, conocimientos y experiencias en temas que van desde la investigación geológica hasta el turismo sostenible.

Kütralkura, que en idioma mapudungun significa piedra de fuego, es un geoparque ubicado en la región de La Araucanía, abarca un área de ocho mil 100 kilómetros cuadrados y se extiende mayormente por la cordillera de Los Andes. Allí se encuentra el volcán Llaima, uno de los más activos de Chile.

Hallan representaciones de guerreros en el observatorio solar más antiguo de América en Perú

Una vasija con representaciones de guerreros en combate fue descubierta en el acceso al observatorio solar de Chankillo, el más antiguo de América, ubicado en Perú y compuesto por trece torres con más de 2.300 años de antigüedad, según anunció este viernes el Ministerio de Cultura peruano.

 Una vasija con representaciones de guerreros en combate fue descubierta en el acceso al observatorio solar de Chankillo, el más antiguo de América, ubicado en Perú y compuesto por trece torres con más de 2.300 años de antigüedad, según anunció este viernes el Ministerio de Cultura peruano.

La pieza, perteneciente al estilo Patazca, habría sido rota de manera deliberada como parte de una ofrenda ritual, o en el marco de un evento de conflicto en el mismo. Su ubicación, en un espacio de profundo valor ceremonial, resalta su significado simbólico dentro de las prácticas religiosas asociadas al sol.

Los investigadores de la Unidad Ejecutora 010 Chankillo del Ministerio de Cultura de Perú sostienen que la representación de guerreros está vinculada al edificio de Chankillo conocido como Templo Fortificado, que funcionó como centro político, militar y ritual de las élites de este lugar situado en el valle de Casma.

Este hallazgo confirma que los objetos rituales no solo tenían un carácter ceremonial, sino que también transmitían mensajes de identidad y autoridad.

La vasija se suma a otras evidencias que relacionan las ceremonias solares —organizadas a partir de las observaciones astronómicas en las Trece Torres de Chankillo— con el surgimiento de una élite guerrera que consolidó su poder a través de la ritualidad, el control del calendario solar y la fuerza militar.

De esta manera, el hallazgo refuerza la interpretación de que Chankillo, además de ser el observatorio solar más antiguo de América, también fue escenario de combates y de legitimación del poder de sus élites.

Chankillo, declarado en 2021 como patrimonio de la humanidad por la Unesco, se encuentra en una sucesión de colinas pedregosas y pequeñas llanuras del desierto costero del Perú, en el margen izquierdo del río Casma, en la región de Áncash, a unos 365 kilómetros al norte de Lima.

Sus edificios de piedra se distribuyen a lo largo de cuatro kilómetros cuadrados y sus famosas y enigmáticas “trece torres”, alineadas de norte a sur, se sospecha que sirvieron a sociedades agrarias, que datan del periodo comprendido entre los años 500 y 250 antes de nuestra era, para señalar con precisión los solsticios y equinoccios, así como para marcar el movimiento cíclico del sol a través del año.

Cada uno de estos edificios macizos de piedra canteada y mortero de barro, de 2 a 6 metros de alto y ubicados a la misma distancia los unos de los otros, posee dos escalinatas embutidas en los lados norte y sur, que dan acceso a terrazas superiores.

El alineamiento de estas torres genera que a la distancia se forme una suerte de horizonte que permite observar la posición del sol en fechas determinadas, con el valor añadido de que, a diferencia del resto de antiguos observatorios, este gigantesco calendario solar abarca la totalidad del ciclo solar anual. EFE

Palacio Nacional de la Cultura: Un tesoro arquitectónico de la cultura y el patrimonio de Guatemala

El Palacio Nacional de la Cultura es un majestuoso edificio ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala, el cual se ha transformado en un centro cultural donde se promueven actividades artísticas, de difusión de la cultura y el patrimonio guatemalteco.

La construcción del Palacio Nacional de la Cultura inició en 1939 por orden del general Jorge Ubico y se inauguró el 10 de noviembre de 1943; desde esa fecha ha sido la sede central para la administración pública del Estado. En la actualidad, funciona como museo, centro cultural y casa de gobierno.

En este espacio se exponen grandes obras de arte decorativas y arquitectónicas, diseñado por el arquitecto guatemalteco Rafael Pérez De León, participando en la construcción los ingenieros Enrique Riera y Luis Ángel Rodas (estructuras) y Víctor Morales, jefe de mano de obra. Se puede apreciar obras de arte como los murales de Alfredo Gálvez Suárez, los despliegues heráldicos, como los escudos nacionales en las fachadas realizadas por Rodolfo Galeotti Torres o los grandes vitrales de Julio Urruela.

Dato curioso: Tiene un estilo arquitectónico eclético una mezcla de influencias de distintas épocas y culturas; podemos encontrar el neocolonial, neobarroco y neomudéjar.

Algunos aspectos impresionantes que se pueden apreciar en el Centro Cultural Museo Palacio Nacional de la Cultura son:

•Las lámparas colgantes: en el Salón Banderas se ubica la lámpara principal de todo el Palacio Nacional de la Cultura, con un peso de 2.5 toneladas, fabricada en bronce, laminada en oro y con almendrones de cristal bohemio de Checoslovaquia. Las lámparas del Salón Banquetes son muy parecidas a la gran lámpara del Salón Banderas, con cascadas de cristal y flores, con un peso de 1.5 toneladas cada una.

•Los gobelinos o tapices de Carlos Rigalt Anguiano –La ofrenda y La marcha- en el Salón de Banquetes. Uno refleja la construcción de la primera Ciudad de Santiago de Guatemala, en donde Pedro de Alvarado recibe de parte de un grupo de indígenas, textiles, vasijas, un venado y frutos diversos; en el otro, se aprecia el momento en el que, durante la expedición inicial, los conquistadores en el altiplano guatemalteco contemplan el Lago de Atitlán.

•El Monumento a los Héroes Anónimos de la Paz o Llama de la Paz: Inicialmente ubicado en la Plaza de la Constitución, donde fue encendida por el presidente Álvaro Arzú y el comandante guerrillero Rolando Morán en 1996. Se volvió a encender en el 2004 por el Dalai Lama junto con la Premio Nobel de la Paz 1992, Rigoberta Menchú.

Recorridos históricos

Guatemaltecos y extranjeros pueden realizar visitas guiadas en el Palacio Nacional de la Cultura. Los recorridos tienen una duración aproximada de 45 minutos. Están disponibles cada hora en idioma español e inglés.

Durante el recorrido, los visitantes descubrirán la riqueza que guarda el Palacio Nacional de la Cultura como los magistrales vitrales del maestro Julio Urruela, los grandes salones, fuentes con estilo mudéjar, murales y tapices que cuentan la historia de Guatemala, así como el Pasaje Sexta que alberga exposiciones temporales de carácter cultural y/o educativo.

Colombia ha repatriado un total de 930 bienes arqueológicos

San Agustín epicentro de una de las culturas más enigmáticas de América, será escenario del Foro Internacional sobre Restitución y Repatriación de Bienes Culturales. Allí, Colombia mostrará al mundo cómo ha recuperado 930 piezas arqueológicas en solo dos años, un acto de memoria y reparación histórica para sus pueblos originarios.

Entre el 1 y el 5 de septiembre, Colombia será escenario de un debate crucial sobre el patrimonio cultural y la memoria histórica. Bogotá y San Agustín (Huila), una de las zonas arqueológicas más importantes del país y patrimonio de la humanidad, recibirán el Foro Internacional sobre Restitución y Repatriación de Bienes Culturales, organizado por la Cancillería y la Agencia Presidencial de Cooperación Internacional (APC Colombia).

El encuentro reunirá a expertos de diferentes latitudes para reflexionar sobre cómo los países del sur global enfrentan las heridas del colonialismo y buscan recuperar lo que les fue arrebatado: su memoria material y espiritual, representada en objetos arqueológicos, etnológicos y culturales que durante siglos salieron de sus territorios.

En este escenario, el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) tendrá un papel protagónico. No solo por su rol técnico en la verificación, conservación y estudio de piezas repatriadas, sino porque su experiencia reciente lo ha convertido en un referente de cómo un país puede impulsar, con voluntad política, la recuperación de su patrimonio.

De hecho, durante el gobierno de Gustavo Petro, Colombia ha alcanzado una cifra sin precedentes: 930 piezas arqueológicas repatriadas entre 2023 y 2025. Se trata de cerámicas, figuras, utensilios y elementos rituales que salieron del país de manera ilícita, muchos de ellos a través de saqueos y tráfico ilegal. Hoy regresan como testimonios de las culturas que poblaron este territorio antes de la llegada de los europeos.

Con ocasión del foro y de este balance, conversamos con Alhena Caicedo Fernández, directora del ICANH, quien explica cómo ha sido el proceso de repatriación, qué significa hablar de “rematriación” y por qué la devolución de los objetos a las comunidades originarias es, en muchos sentidos, un acto de reparación histórica.

De 2023 a lo que va de 2025, se han repatriado 930 piezas arqueológicas. ¿Cuál ha sido el proceso para que hayan regresado al país este número de objetos?

El proceso ha sido posible gracias al trabajo articulado de varias instituciones: la Presidencia de la República, el ICANH, la Cancillería, el Ministerio de las Culturas y la Fiscalía. Desde el ICANH realizamos el peritaje de los objetos, lo cual nos permite establecer su estado de conservación, la región arqueológica a la que pudieron pertenecer y, sobre todo, verificar si forman parte del patrimonio arqueológico de la Nación.

La otra cara del proceso es la labor diplomática con los países donde se encuentran las piezas. Una vez llegan a Colombia, el ICANH las recibe, las verifica y resguarda. Posteriormente, las investigamos y las preparamos para que hagan parte de procesos de divulgación y conocimiento.

Vale resaltar el compromiso del presidente Gustavo Petro, quien en varias ocasiones dispuso el avión presidencial y el buque ARC Gloria para traer estas piezas. Esto, además de un gesto simbólico muy potente, significó una reducción importante en los costos logísticos del traslado.

¿Cuáles han sido las principales causas para que los bienes arqueológicos hayan salido de Colombia?

Las razones son históricas y se remontan al siglo XVI. Desde los primeros años de la colonización comenzaron los saqueos y la extracción de piezas arqueológicas. Posteriormente, durante la colonia y la república, esa práctica continuó y se convirtió en una forma de comercio ilícito.

Durante décadas, la legislación nacional fue insuficiente para enfrentar el saqueo y el tráfico ilegal. Hoy tenemos un marco normativo más sólido, pero la clave está en la articulación de diferentes actores: Fiscalía, Policía, aduanas y, algo que nunca debe olvidarse, la ciudadanía. Sin comunidades comprometidas con el cuidado del patrimonio, ningún esfuerzo es sostenible.

El objetivo del gobierno es romper la inercia de los procesos de repatriación y combatir esas prácticas ilegales que han despojado al país de su historia.

Uno de los ejes del foro internacional será el tráfico ilícito de bienes culturales, un fenómeno que la Unesco identifica como una de las actividades criminales más lucrativas. ¿Qué estrategias desarrolla el ICANH para prevenirlo y cómo puede Colombia incidir en el escenario internacional?

El tráfico ilícito refleja desigualdades globales y opera con redes muy complejas. Desde el ICANH, una estrategia clave ha sido la creación de inventarios digitales, como el catálogo de Cerarco, que permite fortalecer la trazabilidad de los objetos.

También capacitamos a comunidades en zonas arqueológicas para que sean veedoras del patrimonio. En lugares como San Agustín, las comunidades locales cumplen un rol esencial en la protección de los bienes, porque son las primeras en detectar movimientos sospechosos.

En el plano internacional, Colombia ha demostrado que la combinación de voluntad política y conocimiento técnico puede abrir caminos. El uso del avión presidencial o del buque ARC Gloria para traer las piezas es un ejemplo de creatividad operativa frente a un sistema internacional que muchas veces favorece a los países del norte global en detrimento de los del sur.

¿Por qué el Estado insiste tanto en que estos bienes regresen al país?

Porque cada objeto es un fragmento de nuestra memoria. Insistir en la repatriación es reivindicar el pasado de los pueblos originarios y reconectar a la sociedad con su patrimonio.

El saqueo no solo arrebató piezas materiales, también fragmentó nuestra historia. Cuando un objeto arqueológico es sacado de su contexto, perdemos información invaluable sobre quiénes fuimos.

Además, muchas de las piezas repatriadas y etnológicas siguen siendo parte de la cosmovisión de comunidades indígenas. Para ellas, estos objetos son sagrados. Por eso hemos realizado sesiones de trabajo con pueblos originarios, donde los saberes ancestrales dialogan con la investigación arqueológica.

En mayo de 2025, el ICANH entregó en tenencia al pueblo Kogui nueve objetos. ¿Cómo se logró este hecho?

Fue el resultado de un proceso de confianza. Realizamos varias sesiones de trabajo con el pueblo Kogui, compartiendo lo que sabíamos desde la arqueología y escuchando su saber ancestral.

Ese intercambio permitió ampliar la información sobre las piezas y, lo más importante, acordar un protocolo conjunto de conservación. Fue un hecho sin precedentes: por primera vez se reconoce que la preservación del patrimonio no es solo una tarea del Estado, sino también de las comunidades que lo consideran parte viva de su territorio.

Usted ha utilizado el concepto de “rematriación”. ¿En qué se diferencia de la repatriación?

La repatriación es el regreso diplomático de las piezas a Colombia para ser custodiadas, estudiadas y divulgadas. La rematriación es otra cosa: es devolver los objetos directamente a las comunidades indígenas, que los entienden como sagrados y esenciales para reparar su territorio y sus vínculos espirituales.

La palabra rematriación proviene de esa idea de retornar a la Madre Tierra. Es permitir que los objetos vuelvan a sus raíces vivas, a su contexto espiritual y cultural, como parte de un proceso de reparación histórica.

¿Cuáles son los principales retos a futuro en materia de repatriación y rematriación?

El primer gran reto es investigativo. Muchos objetos llegaron al exterior por saqueo, lo que significa que desconocemos su contexto original: dónde fueron hallados, en qué condiciones, qué función cumplían. Eso genera vacíos enormes en el conocimiento de nuestro pasado.

Sin embargo, cada pieza es única e irrepetible. Aunque carezcamos de algunos datos, siguen siendo testimonios insustituibles para reconstruir la historia.

El segundo reto es mantener un diálogo sostenido con las comunidades indígenas para seguir avanzando en la rematriación. Lo ocurrido con el pueblo Kogui en mayo de 2025 es un precedente. Pero para consolidar este camino necesitamos protocolos conjuntos que garanticen la conservación de los objetos y, al mismo tiempo, respeten su dimensión espiritual.

Más allá de la devolución: la reconstrucción de la memoria

El trabajo del ICANH y de las instituciones involucradas en la repatriación no se limita al retorno físico de los objetos. Cada pieza recuperada se convierte en una oportunidad para reconstruir narrativas históricas y resignificar la relación de la ciudadanía con su pasado.

De ahí la importancia del Foro Internacional que se desarrollará en Bogotá y San Agustín. No es solo un evento académico, sino un espacio para discutir cómo los países del sur global pueden posicionarse frente a marcos legales internacionales que han tendido a legitimar la posesión de bienes arqueológicos por parte de museos y colecciones en el norte global.

La directora del ICANH lo resume de manera clara: “El patrimonio arqueológico colombiano es un recurso social no renovable. Cada pieza que regresa es un triunfo de la memoria y un paso hacia la reparación histórica”.

Chile celebra su patrimonio hídrico con la creación del Día Nacional de los Glaciares

Con el 80% de los glaciares sudamericanos, Chile confirmó una nueva fecha clave para la protección de las reservas de agua dulce, en medio de la crisis climática global.

En conmemoración del patrimonio hídrico del país, se ha instaurado el 21 de marzo de cada año como el Día Nacional de los Glaciares. Esta iniciativa busca visibilizar la importancia de estos ecosistemas para el país y el mundo, destacando a Chile como una potencia glacial con el 80% de los glaciares de América del Sur, representando una de las mayores reservas de agua dulce del planeta.

La ministra de Medio Ambiente, Maisa Rojas, enfatizó la relevancia cultural y ecológica de esta decisión. «Estamos muy contentos. Desde el próximo año podremos celebrar oficialmente el Día Nacional de los Glaciares, una fecha que pone en valor estos ecosistemas que en un país montañoso como el nuestro son parte fundamental de nuestro patrimonio natural«, señaló la autoridad.

Con alrededor de 26 mil glaciares, Chile no solo resguarda vastas reservas hídricas, sino que también alberga refugios de biodiversidad y reguladores climáticos esenciales, cuya protección se vuelve imperativa ante el avance del cambio climático.

Reconocimiento en el año internacional de los glaciares

La declaración de este Día Nacional cobra especial significado al coincidir con el 2025, proclamado por la ONU como el Año Internacional de la Conservación de los Glaciares. El presidente ejecutivo de Fundación Plantae, Camilo Hornauer, celebró esta medida como el fruto de un «trabajo y anhelo ciudadano», destacando la necesidad de sensibilizar a la población sobre el aporte crucial de la criósfera al sustento de la vida.

Los glaciares, más allá de su imponente belleza, proveen servicios ecosistémicos irremplazables. Actúan como gigantescas reservas de agua dulce, liberándola gradualmente a medida que se derriten, un proceso vital para la agricultura, el consumo humano y los ecosistemas naturales, especialmente en épocas de sequía. Sin embargo, el acelerado retroceso glacial, impulsado por la crisis climática y las actividades humanas, es una preocupación global que demanda acciones urgentes y coordinadas.

Medidas legislativas más conscientes

La instauración del Día Nacional de los Glaciares se enmarca en un compromiso gubernamental con la preservación ambiental en Chile. Esta medida complementa otros avances legislativos y administrativos, como la reforma al Código de Aguas, la promulgación de la Ley de Delitos Ambientales y la creación del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP), entidad que asumirá la tarea de resguardar los glaciares dentro del Sistema Nacional de Áreas Protegidas.

La gestación de esta fecha conmemorativa se consolidó en marzo de 2024, cuando la ministra Rojas firmó el decreto oficial durante el evento «Chile, Tierra de Glaciares». Esta jornada, organizada por la fundación Glaciares Chilenos y Fundación Plantae, y apoyada por la UNESCO, sentó las bases para el objetivo principal de este nuevo día: promover el valor de estos cuerpos de agua y fortalecer la cooperación entre el Estado, la comunidad científica y la sociedad civil.

Más de 3.500 plantas, cascadas y operetas en directo: así fue la residencia de Roberto Burle Marx

Reconocido por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad en la categoría de Paisaje Natural, el complejo monumental Sítio Roberto Burle Marx, al oeste de Río de Janeiro, es un retrato fiel de la obra y vida del autor del paseo marítimo de Copacabana.

Rumbo hacia el oeste, a unos 50 kilómetros de la ciudad de Río de Janeiro por un periplo que bordea la costa, atravesando los barrios de Tijuca y Recreio, un discreto cartel señala la llegada a Sítio Roberto Burle Marx, que exige máxima atención si la geolocalización no funciona. Su modesto tamaño contrasta con la monumentalidad tanto paisajística como cultural que espera al visitante tras la barrera que custodian varios agentes de seguridad; uno para comprobar que su nombre está en la lista (previa reserva en esta web) de la próxima visita, y otro para abonar el pago en efectivo de los 10 reales brasileños (1,57 euros al cambio actual) que cuesta acceder al recinto.

Una vez formalizadas las gestiones, la discreción desaparece para dar paso a un recorrido guiado por la huella abismal de lo que la naturaleza puede llegar a ser. Una finca con alrededor de 400.000 metros cuadrados que contiene una de las colecciones de plantas tropicales más importantes de la actualidad, con 3.500 especies nativas y exóticas en su haber. Nombrado en mayo de este año por The New York Times como uno de los jardines más extraordinarios del mundo, su grandeza hasta hace poco desconocida para el público es una metáfora de la propia vida de su creador, el paisajista y artista brasileño Roberto Burle Marx.

Es curioso que en un país que concentra la mayor diversidad de flora del planeta, pionero en la arquitectura moderna del siglo XX, la figura rompedora de este arquitecto de paisajes haya pasado a menudo desapercibida. El considerado padre del diseño moderno en materia de jardines tropicales desarrolló entre las décadas de 1930 y 1990 obras rupturistas con el paisajismo tradicional en su país y en el extranjero, como los jardines para el Ministerio de Justicia en Brasilia o los patios de la UNESCO, en París. Aunque nació en Sâo Paulo en 1909, gran parte de su vida la pasó Río de Janeiro, dejando su impronta en el que se convertiría –junto con el Cristo de Corcovado y el Pão de Açúcar– en elemento definitorio de la ciudad: el paseo marítimo de Copacabana. Un diseño curvilíneo que simula las olas creado con piedras portuguesas blancas, negras y rojizas, y que finalizó en los años setenta.

Pero el testimonio visual que esclarece su obra es este sítio, que fue su residencia y laboratorio de paisaje hasta su muerte en 1994. “Estoy mostrando un poco de lo que Brasil tiene de rico, extraordinario, maravilloso: cada día que paso aquí me enfrento a una pieza que parece una oración, un poema, una canción. Es donde la naturaleza se expresa con su violencia, belleza y razón de ser”, reveló en una ocasión el paisajista. En 1949, Roberto y su hermano Guilherme Siegfried adquirieron esta vasta propiedad con el deseo de albergar su colección botánica, cultivar plantones y experimentar con nuevas combinaciones de plantas para sus proyectos.

Bajo la atenta mirada de un agente de seguridad, uno se puede pasear entre bellos especímenes como la Corypha, una palmera que florece, fructifica y luego muere, o el pimentón, el tinte tradicional de las culturas indígenas que se usa en el país para arreglos florales. La foto de rigor la pone el eucalipto arcoíris, con su corteza de colores que se desprende a medida que crece. Tampoco faltan algunas de las plantas que descubrió durante sus excursiones de recolección y que llevan su nombre, como la Heliconia burlemarxii, la Hohenbergia burle-marxii o el Philodendron burle-marxii, entre otras.

El cuadro identificado en una casa en Argentina que fue robado por los nazis en Ámsterdam hace 8 décadas

Un cuadro robado por los nazis a un comerciante de arte judío en Ámsterdam fue localizado en el sitio web de una agencia inmobiliaria que vende una casa en Argentina, más de 80 años después de su desaparición.

Una de las fotografías del anuncio muestra el Retrato de una dama del maestro italiano Giuseppe Ghislandi (1655-1743) colgado sobre un sofá dentro de una casa de Mar del Plata, una ciudad a unos 400 kilómetros al sur de la ciudad de Buenos Aires.

La casa fue propiedad del oficial de las SS y alto asesor financiero del criminal de guerra Hermann Göring, Friedrich Kadgien, quien se mudó a Sudamérica después de la Segunda Guerra Mundial.

La pintura, que figura en una base de datos de arte perdido de tiempos de guerra, fue localizada cuando la casa fue puesta a la venta por la hija del funcionario, según informó el periódico holandés Algemeen Dagblad (AD).

La empresa inmobiliaria que publicó el anuncio sobre la venta del inmueble lo mantuvo en su página web hasta el lunes, cuando lo retiró luego de que se propagara la investigación del diario AD.

Al día siguiente, la justicia argentina allanó la casa, pero el cuadro ya no estaba.

“No está el cuadro, solo se secuestró una carabina y un revólver calibre 32”, dijo el fiscal Carlos Martínez a la prensa local tras salir del domicilio de Padre Cardiel al 4100.

Los funcionarios judiciales esperan que los dueños de la casa, Patricia Kadgien -una empresaria textil de 59 años- y su marido, se presenten ante los tribunales próximamente.

La obra de arte se encuentra entre los cientos de objetos saqueados al comerciante de arte Jacques Goudstikker, quien ayudó a otros judíos a escapar durante la guerra.

Goudstikker murió en un accidente en un barco mientras escapaba de los Países Bajos y está enterrado en Inglaterra.

Después de su muerte, más de 1.100 obras de la colección de Goudstikker fueron adquiridas en una venta forzada por líderes nazis, entre ellos el mariscal del Reich Hermann Göring.

Tras la guerra, algunas obras fueron recuperadas en Alemania y expuestas en el Rijkmuseum de Ámsterdam como parte de la colección nacional holandesa.

La única heredera superviviente de Goudstikker, su nuera Marei von Saher, recuperó 202 piezas en 2006, según informa AD.

Pero un cuadro, un retrato de la condesa Colleoni realizado por el retratista del barroco tardío Giuseppe Ghislandi, continuaba desaparecido hasta ahora.

Una investigación de AD sacó a la luz documentos de la época de la guerra que sugieren que el cuadro estaba en posesión de Friedrich Kadgien, quien era considerado como la mano derecha de Göring.

El funcionario nazi huyó a Suiza en 1945, luego se mudó a Brasil, antes de acabar en Argentina, donde se convirtió en un exitoso hombre de negocios.

Kadgien fue descrito como una “serpiente de la más baja calaña” por interrogadores estadounidenses y murió en 1979.

Un archivo estadounidense visto por AD también indica que las notas sobre Kadgien de la época incluyen la frase: “Parece poseer activos sustanciales, que aún podrían sernos valiosos”.

Un golpe de suerte

El diario AD cuenta que durante varios años ha intentado hablar de Kadgien con las dos hijas del difunto líder nazi en Buenos Aires y sobre las obras de arte desaparecidas, pero sin éxito.

Sin embargo, los periodistas tuvieron un golpe de suerte cuando una de las hijas de Kadgien puso a la venta la casa, que fue propiedad del nazi, a través de un agente inmobiliario especializado en propiedades argentinas caras.

“No hay motivos para pensar que pueda ser una copia”, afirmaron Annelies Kool y Perry Schrier, de la Agencia de Patrimonio Cultural de los Países Bajos (RCE), quienes revisaron las fotografías para AD.

Otra obra de arte robada, un bodegón floral del pintor holandés del siglo XVII Abraham Mignon, también fue visto en una de las redes sociales de la hermana, informa AD.

Todos los intentos de hablar con las hermanas desde que se vio la foto han fracasado, según AD, y una de ellas le dijo al periódico: “No sé qué información quieren de mí y no sé de qué pintura están hablando”.

Los abogados del patrimonio de Goudstikker dijeron que harían todo lo posible para recuperar la pintura.

“Mi familia aspira a recuperar cada una de las obras de arte robadas de la colección de Jacques y restaurar su legado”, afirmó von Saher.

Cultura intenta revertir el daño al Museo de Arqueología y Etnología en Guatemala pero los arqueólogos desconocen el proyecto 

En el marco de la 2ª Exposición Mundial de Ilustración Botánica que se está presentando en el campus durante los meses de septiembre y octubre, las organizadoras de la muestra y expertos en biodiversidad se reúnen para dialogar sobre las plantas nativas de Chile, y la importancia de proteger este patrimonio genético y natural ante los desafíos del cambio climático, el crecimiento poblacional y la pérdida de hábitats. 

Un museo, cual cápsula del tiempo, tiene el efecto de transportar al visitante a la época que se resguarda en paredes y pasillos. El hilo conductor que lo guía paso a paso le cuenta una historia ancestral que en algunos casos supera los miles de años. Así era el Museo Nacional de Arqueología y Etnología (MUNAE) antes de que las anteriores autoridades del Ministerio de Cultura decidieran remozar la estructura y reacomodar las piezas sin un criterio histórico o científico. Modernas bases rojas, luminarias y vitrinas alejan al MUNAE del principio original que era recordar a los guatemaltecos la herencia milenaria de antiguas civilizaciones y culturas que vivieron y viven en el país. Ese legado no solo está grabado en el valioso patrimonio, sino que vive desde siempre en el corazón de los pueblos originarios.

Por Claudia Méndez Villaseñor

Un espacio, que hoy parece menor, y que ofrecía cientos de vestigios antiguos como herencia de distintas culturas precolombinas, tenía lo que se conoce como un guion museográfico, un hilo conductor que respondía a criterios científicos y especializados. Las colecciones arqueológicas se distribuían por su descubrimiento (aparición) y la intención de la pieza, no por antojo, moda o tendencia en redes sociales. El hilo conductor, respondía a criterios especializados y sustento científico que alimentaba la curiosidad, las ganas de avanzar en el tiempo, en ese viaje que cautiva. Esto no sucede desde 2023, cuando por las acciones del Ministerio de Cultura y Deportes el recinto se transformó en un lugar en el que la historia dejó de ser la guía del visitante. Ahora, solo importa el ángulo con la mejor luz para una selfi perfecta. No funciona más la máquina del tiempo.

Cómo nació el Museo

Según el arqueólogo Víctor Mendoza, quien participó en el 38 Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala 2025, las intenciones de abrir un Museo Nacional comenzaron a los pocos años de declarada la Independencia en Guatemala. Sin embargo, los enfrentamientos entre los posteriores gobiernos liberales y conservadores trajeron al suelo, al menos dos intentos: uno fue el que impulsó la Sociedad Económica de Amigos del País de 1866 a 1881 y el otro el del Palacio de La Reforma, inaugurado para conmemorar los 27 Años de la Revolución Liberal de 1871 y que funcionó de 1898 a 1917.

En 1931 se abrió el Salón de Arqueología, en el Palacio de La Reforma y con los años cambió de sede en varias ocasiones: a la antigua iglesia de El Calvario; al Salón del Té en el Zoológico La Aurora y en 1947, al sitio que hoy ocupa en el edificio 5 de la Finca La Aurora, en la zona 13 capitalina.

El Sistema de Información Cultural (SIC) reportó que el MUNAE resguarda 20 mil piezas precolombinas (de origen maya, tolteca, olmeca, teotihuacano, de la costa sur y el Altiplano del país) y otras 5 mil etnológicas, pero que representan a los pueblos originarios desde el siglo XIX y XX. Algunos expertos consideran que esta brecha en el tiempo ha sido desde su fundación, el talón de Aquiles del Museo.

De acuerdo con Mendoza, las colecciones se acomodaron al principio por su aparición (descubrimiento) y por su intencionalidad, luego se ordenaron por regiones en la Sala Arqueológica, en los años posteriores se abrió la Sala Etnológica. Entre 1949 y 1967, la Sala Arqueológica recibió valiosas piezas procedentes de Piedras Negras, un sitio ocupado desde el Preclásico Tardío al Clásico Tardío.

Fue en estos años que se reconoció por primera vez la discontinuidad en el tiempo de la Sala Etnológica, ya que lo expuesto representaba la cultura de los pueblos originarios en lo contemporáneo, pero no así desde lo prehispánico o precolombino.

En 1971, se reportaron problemas en la infraestructura del edificio y se planteó el traslado al Hipódromo del Norte, zona 2 de la capital guatemalteca. En su lugar hubo cambios en el mobiliario y la remodelación del cielo falso. Para 1984, se contaba con una sala del Periodo Clásico, Postclásico y del Preclásico, la colección de jades y una sala del Postclásico, que fue retirada hace cuatro años, hoy lo ocupa el diorama o altar dedicado a Maximón, San Simón o Ri Laj Mam.

El arqueólogo resaltó que para 1990, el museo había caído en el abandono y desde el Gobierno se comenzó a involucrar a la iniciativa privada en la toma de decisiones sobre el futuro de las instalaciones, la cual se consolidó en los siguientes años. En 1998, se diseñó una nueva guía, o guion museológico, respaldada por la fundación de un banco del sistema financiero aunque la decadencia del MUNAE era evidente.

Fue en el Gobierno de Alejandro Giammattei que el museo no solo perdió el nombre sino también la esencia. Para Mendoza resultaron incomprensibles acciones como las de colocar una estela a espaldas de un altar ceremonial, sin priorizar el contexto arqueológico o el ordenamiento por tema; así como exhibir piezas sin tradición mesoamericana como unos pectorales de metal de culturas ancestrales colombianas.

Cambio de nombre y piezas que faltan

Por medio del Acuerdo 1009-2023 del Ministerio de Cultura y Deporte, firmado por Felipe Aguilar, jefe de la cartera, a partir del 27 de septiembre de 2023, al Museo Nacional se le reconocería como de “Arte Maya, Arqueología y Etnología”.

El nombre recibió fuertes críticas ya que las piezas arqueológicas exhibidas en las distintas salas no son arte maya, sino valiosos vestigios históricos que describen la cultura de distintas civilizaciones del país, además de la maya, y de países cercanos.

“Con ese nombre se presentaba como un museo de arte, lo cual contrarresta el carácter científico con el que fue fundado; desconoce el aporte de las disciplinas humanísticas en la construcción de la historia del país y sus pueblos. Por otro lado, al circunscribir los artefactos (vasijas y vestigios) a lo maya, excluía a las culturas precolombinas y contemporáneas que están representadas en la colección que consta de más de 50 mil piezas (30 mil más que las reportadas por el SIC)”, aclaró Liwy Grazioso, ministra de Cultura en 2024, durante el acto público convocado para anunciar la decisión ministerial de devolver el nombre original al MUNAE.

Durante el Gobierno de Giammattei también se denunció el retiro sin criterio técnico, de importantes piezas patrimoniales como:

  • La colección de jades
  • El conjunto de máscaras de Tak´alik Ab´aj
  • El Altar del Tapir
  • El Monumento IV de Kaminaljuyú
  • El enmascarado del Monumento XI de Kaminaljuyú
  • Esculturas de figuras humanas masculinas en realistas en un ritual de fertilización de la tierra
  • El cráneo de Kaminaljuyú
  • El conjunto de vasijas Anaranjado Delgado, del que solo quedó el perro

También se criticó que se separaran dos esculturas de serpientes procedentes de Pasaco, Jutiapa, de relación complementaria, al colocar una en medio de estelas de las Tierras Bajas, lo cual no coincide ni en geografía, origen o cronología; así como que desapareciera audio de explicación de la réplica a escala del mural de San Bartolo; que se desintegrara el ajuar de uno de los señores Kaqchikel del Templo III de Iximché y que se retiraran las maquetas diseñadas por Alfredo Mackenney, fallecido en julio de 2024, las cuales representaban la cotidianidad de las ciudades mayas con sus habitantes y quehaceres domésticos

Denuncias por tres años

El arqueólogo Carlos Navarrete, reconocido en el ámbito académico y de investigación, fue quien por tres años seguidos denunció los desaciertos del nuevo MUNAE y lo que representaban las piezas que faltan. “Es una vitrina de objetos bonitos, más bien dirigida a satisfacer la oferta turística que a contribuir en el conocimiento de la historia. Vanidades ministeriales y obediencia ciega de museógrafos y de algunos profesionales de lo antiguo, sepultaron una parte de la historia de Guatemala y la posibilidad de entender en vivo la riqueza cultural de los pueblos originarios”, escribió en 2023 y 2024.

“Muchas piezas de relación complementaria fueron separadas, haciéndoles perder la unidad conceptual que compartían. Por ejemplo, la similitud simbiótica de dos esculturas de serpiente, procedentes de Pasaco, Jutiapa. Una reposa en forma de altar en contacto con la tierra, la otra está enrollada en bulto. Como arte sorprende que la lengua, cejas, colmillos y decoraciones del cuerpo sean exactas en ambas piezas. Fueron separadas. Una yace entre piezas varias y la otra en medio de estelas de las Tierras Bajas”, mencionó.

Navarrete también cuestionó el retiro del equipo de sonido por medio del cual se explicaba al público sobre el mural a escala de San Bartolo. “Se podían enterar del contenido que guarda la pintura mural más importante del Preclásico maya”, indicó.

“Quitaron piezas emblemáticas relacionadas con la historia del Museo. Les habrá parecido feo el Monumento IV de Kaminaljuyú, una escultura que acompañó la fundación del primer Museo de Arqueología en la Casa del Té. Igualmente feo les pudo parecer el obeso enmascarado que porta un fémur en la mano (Monumento XI de Kaminaljuyú), ejemplo de un tipo de escultura propio del Altiplano Central y de la costa del Pacífico desde Chiapas, México a El Salvador”, añadió.

Según el experto dicha pieza fue interpretada como la representación de un sacerdote de sacrificios o una deidad desarrollada por los amarres que presenta. “De ser el caso sería la representación mesoamericana más antigua con estas características, mucho antes que el Xipe Topec teotihuacano-mexica”.

Del Altar del Tapir, el arqueólogo refirió que se trata de una escultura realista del mamífero, de gran valor en Mesoamérica por estar relacionado con el culto al agua. Asimismo, indicó que el cráneo de Kaminaljuyú es una pieza única de 250 a 500 d.C. que evidencia las fuertes relaciones comerciales con Teotihuacán.

Calificó como pecado de “lesa cultura que raya en la descortesía e ignorancia”, el retiro de las maquetas diseñadas y elaboradas por Alfredo Mackenney.  “Son historia viva, un corte en el tiempo, se detienen un día en la vida de aquellos centros urbanos. Nada sobra, ninguna figura estaba al azar. Los pequeños personajes cumplen diferentes funciones. Hay grupos de comerciantes; sacerdotes oficiando ceremonias; paseantes; peregrino; cortejos con señores; constructores. Se palpan los productos, solo falta el murmullo”, afirmó.

Palabras más, palabras menos, Navarrete denunció una vez más, el retiro de las valiosas piezas, el pasado 23 de julio, durante el 38 Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala 2025. Según el experto, se transformó un lugar dedicado al desarrollo y cultural de los pueblos nativos en una sala con de piezas de arte, como el controvertido mural de Christian Igor Escobar Martínez, (Chrispapita). “Se le despojó de su sentido antropológico. Es un museo con tintes turísticos más que didácticos con la ausencia de piezas icónicas para la historia del Museo”, añadió.

Previo a la exposición de Navarrete se presentó la ponencia “El proyecto de renovación del MUNAE: gestión pública, museología y turismo para la conservación del patrimonio”, que alabó y justificó, para disgusto del público, las obras, el cambio de imagen y distribución de las piezas en el recinto. Los presentes expresaron sus críticas a la expositora, quien respondió los cuestionamientos de forma desafiante. Al final afirmó que solo había recibido órdenes.

Bosquejo del proyecto de Felipe Aguilar

De agosto de 2022 a finales de 2023, el ministro de Cultura, Felipe Aguilar, dio el visto bueno a dos proyectos por más de Q24 millones en el Museo, mediante la convocatoria a licitaciones públicas. El primero, “Cambio de cubierta del MUNAE, ubicado en zona 13, Guatemala, Guatemala”, tenía como objetivo desmontar la cubierta de fibrocemento de unos 3 mil 978 metros cuadrados, entre otros nueve rubros de trabajo. Fue adjudicado el 19 de agosto de 2022 y registrado en el Sistema de Información de Contrataciones y Adquisiciones del Estado, conocido como GUATECOMPRAS, con el NOG 17450756.

Dos empresas presentaron ofertas el 4 de agosto de ese año: ARCOS Proyecciones, S.A., por Q8 millones 789 mil 840 y Productos Especiales de Concreto, S.A., por Q9 millones 160 mil. La obra se otorgó a la primera de las compañías, cuya representante legal es Jessica Ivonne Lemus Lima, dado que la segunda incumplió algunos requisitos de las bases del concurso. El proyecto concluyó a finales de ese año.

A principios de 2023, la cartera de Cultura preparaba el segundo proceso de licitación. En enero de ese año, el Ministerio publicó en el Portal de Transparencia, el proyecto de bases del concurso “Mantenimiento, reparación, suministro de aire acondicionado y equipamiento de la museografía del MUNAE, a cargo de la Dirección General de Patrimonio Cultural y Natural”, (NOG 19084501), con 17 renglones de trabajo.

La única oferta que se recibió para ejecutar la obra fue de ARCOS Proyecciones, S.A., por Q12 millones 974 mil 295. 25 y que luego aumentó a Q15 millones 512 mil 532.  Lo cual significó que en un año, esta empresa ubicada en la zona 13 capitalina fue favorecida con contratos por Q24 millones 302 mil 372.

De estas obras destacaron el muro de vidrio alrededor del patio central con la fuente colonial; las bases rojas que sostienen los monumentos; divisiones de cristal y una plataforma que quitó altura a uno de los salones. Además se colocó el polémico mural Xibalbá, donado al Museo por Chrispapita, aunque del procedimiento de recibimiento de la obra no quedó ningún registro.

En GUATECOMPRAS solo aparece anulado un contrato por servicios técnicos artísticos, con valor de Q1 millón 320 mil, a nombre de Escobar Martínez y autorizado por el entonces viceministro de Cultura, Christian Neftalí Calderón Santizo. La cartera lo había contratado del 4 de febrero al 14 de septiembre de 2021 por un Tríptico Aéreo, que consistía en dos lienzos de 1.85 metros de largo por 2 metros de ancho y un tercero de 1.85 metros de largo por 5 metros de ancho. Sin embargo, dado el grado de controversia que desencadenó este gasto, el contrato fue anulado el 26 de febrero de ese año, lo que obligó al contratado a devolver un anticipo de Q434 mil. Se desconoce si este mural es el mismo por el que se había contratado al artista en 2021.

Las piezas que faltan, ¿en dónde están?

La situación actual del Museo es reconocida por autoridades de la cartera, así como la denuncia del arqueólogo Navarrete y por ello, Hugo Mayorga, jefe de la Dirección de Museos y Centros Culturales del Ministerio de Cultura accedió a una entrevista con Prensa Comunitaria, que se concentró en conocer sobre el lugar en el que se encuentran las piezas retiradas del MUNAE, sin una justificación técnica, su estado y posibilidad de que sean expuestas otra vez.

Mayorga dijo que en la actualidad se define un nuevo guion museográfico, ese hilo conductor que se perdió desde 2023, y en el que ha avanzado un 60 por ciento. “Se tiene una buena relación con el arqueólogo Navarrete y antes de que comenzara el 38 Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala 2025 visitó el Museo. Está muy interesado en las mejoras que hacemos y en un trabajo colaborativo”, afirmó.

Mencionó también que varios arqueólogos manifestaron su interés en colaborar y se propuso crear una Mesa de Diálogo. “Quién mejor que ellos, que aman la arqueología, la historia y el patrimonio para que nos ayuden y que sea un trabajo en equipo”, dijo.

“En la actualidad se promueven las mejoras, sobre todo en el guion museológico. Ese hilo conductor que se debilitó y que se quiere fortalecer”, añadió.

De acuerdo con Mayorga, el guion museológico es un trabajo en equipo, entre la administración, conservadores y arqueólogos. “Contar esta historia, pero de forma correcta no solo al público en general, sino a académicos, investigadores y arqueólogos”. Al momento, el nuevo guion museológico ha avanzado en un 60 por ciento, indicó el funcionario. Incluye una distribución de los espacios de acuerdo con criterios técnicos y científicos, así como ambientales. Se espera integrar el guion anterior a 2020, que se mantuvo en los últimos 50 años, aunque con algunas deficiencias, según expertos.

Mayorga dio respuesta a las denuncias de Navarrete sobre el retiro de algunas piezas del MUNAE de la siguiente manera:

  • Las dos esculturas procedentes de Pasaco, Jutiapa se exhiben en el Museo y están visibles, pero sin contexto. Una se encuentra en la sala VII y la otra en la rotonda en medio de dos estelas de las tierras bajas.
  • La colección de jade se dejó de exhibir, se desconocen los criterios. Está en la bodega de almacenaje. En los siguientes meses se volverán a presentar al público en una exposición temporal.
  • El conjunto de máscaras de Tak´alik Ab´aj fue devuelto al sitio arqueológico Tak´alik Ab´aj ubicado en El Asintal, Retalhuleu, en marzo de 2022. El Gobierno anterior no dio a conocer sobre el proceso de devolución de las piezas ni que se habían trasladado a ese lugar.
  • Las tres piezas procedentes de Kaminaljuyú, (los monumentos IV, XI y el cráneo); el Altar del Tapir, la escultura asociada a la fertilidad y el conjunto de vasijas Anaranjado Delgado están en la bodega de almacenaje y en buenas condiciones.
  • Se corrigió el ajuar de uno señores Kaqchikel del Templo III de Iximché.
  • Las maquetas diseñadas por Alfredo Mackenney fueron donadas a un museo privado, luego que el Gobierno anterior las retirara del MUNAE. El Ministerio se ha acercado a la familia Mackenney con el propósito de se le done alguna de las piezas.
  • La cartera de Cultura evalúa si el mural de Chrispapita se integrará al nuevo guion museológico.

¿Qué dicen los arqueólogos?

Para el arqueólogo Tomás Barrientos, quien desconoce sobre los trabajos que promueve la cartera de Cultura en el MUNAE, es un buen momento si se quiere recuperar una nueva museología, una nueva narrativa de acuerdo con conceptos más contemporáneos sobre la cultura y la identidad.

“Es una excelente oportunidad para que no se repita el mismo discurso de discontinuidad que se ha mantenido y se mejoraren esos mensajes. Por ejemplo, si se exhibe una ceremonia maya, ¿por qué no incorporar una actual junto a los prehispánicos? El Museo no cuenta con espacios en los que demuestre la continuidad de los pueblos originarios a través del tiempo”, consideró.

Prensa Comunitaria se comunicó con un familiar (dijo ser el contacto con Navarrete), con el propósito de conocer los puntos de vista del experto sobre un nuevo guion museológico en el MUNAE y su colaboración en el proceso, pero no fue posible comunicarse con él.

La Asociación Guatemalteca de Arqueología (AGARQ), una de las más representativas del país en esta materia, comentó que en Guatemala el gremio de los arqueólogos es pequeño y tienen una buena comunicación entre ellos. Por el momento, se desconoce el proyecto de definir y elaborar un nuevo guion museológico en el MUNAE, indicó la entidad en un comunicado. “En un principio no se observa un avance y no se han hecho consultas con los profesionales. Si hay una convocatoria es importante que se incluya a arqueólogas y arqueólogos con especialidades distintas para enriquecer este guion”, señala el documento.

“Cuando se cambió el nombre al Museo el gremio expresó su protesta, porque definirlo como museo de arte era descontextualizar la historia que el ser humano escribe día a día. Cómo vivían las sociedades, cómo vivían las personas comunes. Por ejemplo, los cazadores, y recolectores, luego el periodo Preclásico, el Clásico, el Postclásico y la Sala de Etnología. Comprender la historia con lo diario y no solo con los tesoros. Lo que sucede hoy es un retroceso. Se regresó al siglo XIX. Lo único que ha sucedido hasta ahora es que el Museo recuperó su nombre”, agregó.

“Por ahora, de haber ocurrido un cambio se sabría. No hay ningún plan de corregir o editar el guion museológico que se presentó en 2023, que consideraba una petición de 2003. Se impulsaron dos procesos con mesas técnicas especializadas por área del Museo que hicieron propuestas sobre los cambios. Uno se hizo en 2005 y el otro en 2015. La crítica que se mantiene es que rompieron la línea de tiempo que había prevalecido en los últimos 40 años. Se robaron la información contextual e hicieron una ensalada. ¿Qué aprende una persona que visita el Museo, casi nada?”, afirmó.

Valor patrimonial

Por medio del Acuerdo 1134-2016, del Ministerio de Cultura y Deporte, con fecha 16 de diciembre de 2016 se declaró al MUNAE Patrimonio Cultural de la Nación. Pese a ello, esta cartera cambió su nombre, mediante el Acuerdo 1009-2023, por el de Museo Nacional de Arte Maya, Arqueología y Etnología.

La Dirección de Museos y Centros Culturales emitió un dictamen técnico favorable, el 29 de mayo de 2024, que facilitó al Ministerio devolver el nombre original al MUNAE, con el Acuerdo Ministerial 786-2024, que fue anunciado por las nuevas autoridades de la cartera, el 31 de mayo de ese año.

Mónica Urquizú, directora técnica del Instituto de Antropología e Historia habló entonces sobre el vasto depósito de piezas arqueológicas precolombinas, tanto mayas como de la cultura Olmeca, Cotzumalguapa y teotihuacana; y de la valiosa muestra etnológica de varias culturas como la garífuna y xinca, por ejemplo.

“La colección tiene la ventaja de ser producto de investigaciones arqueológicas que demuestran de dónde viene cada pieza, su época y otros detalles de gran exactitud. De esta manera se le puede dar al visitante una mejor información de lo que observa. No son piezas decorativas, sino de un gran valor cognitivo e histórico”, añadió en su discurso.

A más de un año de que el MUNAE recuperó su nombre, se exhiben en la actualidad 522 piezas arqueológicas; 98 son monumentos y 422 son piezas más pequeñas o fáciles de manipular. El Ministerio aseguró que se comenzó a readecuar la Sala Etnológica y por ello se exponen 88 piezas.

No obstante, en diciembre de 2022, el Museo reportó 1 mil 009 piezas: 92 monumentos arqueológicos y 917 piezas fáciles de manipular, en las salas del Preclásico, Clásico, Postclásico, así como de la sala de Obras Maestras y Monumentos, de las cuales 320 eran de la Sala Etnológica. La diferencia de 487 piezas que podría incluir las denunciadas por el arqueólogo Navarrete y de la Sala del Postclásico, que también fueron retiradas y que son 83. La cartera explicó que en el caso de la Sala Etnológica los trajes regionales se registran no como unidad, sino por separado: güipil, faja y corte, por ejemplo. También había una representación del Baile del Venado, que también cuenta como piezas en los registros. Estas variaciones entre un catálogo y otro tendría que ser parte de lo que se analiza en la actualidad con el nuevo guion museológico.

El desafío ahora es proteger este valioso patrimonio y que el Museo sea uno de Arqueología y Etnología, pero con un criterio que integren y reduzca la brecha entre el pasado milenario y la época contemporánea. El reto es llenar los vacíos que dejaron de lado la cultura vida de los pueblos originarios con sus tradiciones y herencia más allá de los siglos XIX, XX y XXI.

Además, con tres cambios en la Dirección de Museos y Centros Culturales, del Ministerio de Cultura y Deporte, en un año, como lo señaló la AGARQ se encuentra en tela de juicio el trabajo en un nuevo guion museológico, que se supone ha avanzado en un 60 por ciento. Por el momento los arqueólogos, entre otros especialistas, no se les ha solicitado su aporte y conocimiento del tema. Queda 2026 para avanzar si algo se quiere, porque en un cuarto año de Gobierno, las prioridades son distintas y con miras electorales.

Protección de la naturaleza: lecciones desde la Antártica

Para la correcta implementación de estrategias de conservación, las Zonas Antárticas Especialmente Protegidas cuentan con un Plan de Gestión que reconoce los principales valores a proteger y las actividades que allí pueden desarrollarse.

¿Avanza la humanidad hacia la reivindicación para la conservación de la naturaleza? Si miramos hacia la Antártica, la respuesta parece ser esperanzadora. Después de casi extinguir la población de ballenas australes tras 40 años de cacería, hoy la humanidad se ha redimido en el Continente Blanco. Actualmente, las actividades de explotación están prohibidas y el territorio se rige bajo el Sistema del Tratado Antártico que promueve la paz y la ciencia.

La historia en Chile americano también ofrece lecciones valiosas. Durante la década de los 70, la remoción masiva de vastas y diversas áreas de bosque nativo transformó el uso de suelo para privilegiar la silvicultura, alterando nuestra forma de percibir la naturaleza. Hoy, cuando viajamos por la Ruta 5 Sur observamos plantaciones forestales donde hace apenas 50 años existían paisajes con una inmensa biodiversidad. 

Afortunadamente, esta transformación radical del paisaje ya no podría ocurrir sin una evaluación de impacto ambiental, que considera los efectos permanentes del suelo y la fauna. Este proceso puede ser exhaustivo e incluso toma en cuenta la consulta ciudadana. Tal es la influencia de las comunidades en estos procesos, que recientemente el Ministerio de Obras Públicas ha revocado el sacrificio de 96 araucarias para mejorar el acceso vial en rutas que se dirigen hacia Icalma, demostrando un cambio de prioridades.

La Antártica cuenta con su propio sistema de evaluación impacto ambiental, gestionado por un Comité Operativo, que ha revisado 85 proyectos desde el 2011. Las iniciativas son mayoritariamente turísticas (36 %), seguidas por proyectos de infraestructura (21 %) y operaciones logísticas (17%). Estos antecedentes demuestran que el cuidado de la naturaleza está calando hondo en la conciencia nacional, celebrando un principio fundamental: la búsqueda de un necesario equilibrio entre desarrollo y patrimonio natural. 

Proteger en el papel vs. proteger en la práctica

Teniendo presentes ambos territorios, podemos entender que los humanos parecemos encontrar poco a poco el camino hacia la conservación. Un ejemplo concreto y que es comparable para ambos escenarios son los Parques Nacionales y las Zonas Antárticas Especialmente Protegidas. 

Para la Antártica, todos sus ecosistemas dependientes y asociados tienen un grado de protección, convirtiendo este territorio en el área más extensa del planeta bajo un régimen de conservación. En este continente, las joyas de la corona son las Zonas Antárticas Especialmente Protegidas que, con un total de 82 áreas, conforman un sistema para la protección de valores arqueológicos, biológicos, hidrológicos, atmosféricos y geológicos. 

En Chile existen 46 Parques Nacionales, un increíble número que, contextualizado en un total de 110 áreas silvestres protegidas, determina que el 37 % del territorio nacional cuenta con algún grado de protección. 

Para la correcta implementación de estrategias de conservación, las Zonas Antárticas Especialmente Protegidas cuentan con un Plan de Gestión que reconoce los principales valores a proteger y las actividades que allí pueden desarrollarse . Los Parques Nacionales cuentan con una herramienta similar; se trata de los Planes de Manejo. Sin embargo, para 17 de los 46 Parques Nacionales estos planes no existen. Esto nos alerta sobre una realidad mucho más precaria: una cosa es declarar un área como protegida y otra, muy distinta, es protegerla de verdad. El Plan de Manejo es la carta de navegación esencial para la conservación; sin él, nuestros parques son barcos a la deriva en un mar de buenas intenciones.

En resumen, el proceder humano tiene un carácter reactivo y parece encausarnos hacia mejoras para la protección de la naturaleza. Sin embargo, es requerido ser consistentes entre aquello que proponemos proteger con la implementación de herramientas para la gestión de la conservación. 

Referente mundial del patrimonio Laurajane Smith visitó Chile y abrió debate sobre los desafíos para Latinoamérica

El encuentro coincidió con la discusión legislativa en Chile sobre una nueva ley de patrimonio que busca integrar dimensiones inmateriales e indígenas.

La reflexión sobre el patrimonio como un fenómeno que trasciende lo monumental y se vincula profundamente con las dimensiones sociales, políticas y emocionales fue el eje de la conferencia internacional “Patrimonio y usos sociales: Perspectivas críticas”. El encuentro fue organizado por el Núcleo Milenio NupatS en conjunto con la Pontificia Universidad Católica de Chile y la Universidad del Bío-Bío, y tuvo como invitada central a Laurajane Smith, reconocida académica de la Australian National University y referente global en estudios críticos del patrimonio.

Smith, directora del Centre for Heritage and Museum Studies, es autora de libros que han marcado el campo, como Uses of Heritage (2006), Intangible Heritage (2009) y Emotional Heritage (2020). Su trabajo se ha caracterizado por cuestionar las visiones tradicionales y poner en el centro a las comunidades como actores activos en la construcción patrimonial.

Patrimonio como proceso social

Durante su conferencia, Smith planteó que el patrimonio debe entenderse más allá de los objetos y monumentos, proponiendo una mirada centrada en la memoria, los derechos humanos y la emocionalidad.

“El patrimonio no sólo nos ayuda a enfrentar problemas sociales actuales, también es un proceso a través del cual negociamos nuestras emociones: la vergüenza, la culpa, la pérdida, la esperanza. La verdad factual por sí sola no basta; necesitamos comprender la carga emocional del patrimonio para poder influir en la sociedad de manera más constructiva”, sostuvo.

En ese mismo sentido, subrayó que toda práctica patrimonial está atravesada por una dimensión política. “El patrimonio es, por definición, político. Es un proceso mediante el cual miramos al pasado, tomamos decisiones sobre él y lo traemos al presente para lidiar con cuestiones sociales contemporáneas. Involucra tanto la memoria como el olvido, validando algunas narrativas mientras se marginan otras”, agregó.

Uno de los puntos más debatidos fue el rol que deben desempeñar las comunidades en la gestión patrimonial. Según Smith, “hay comunidades con las que debemos trabajar y facilitar la expresión de sus propias interpretaciones del patrimonio. Pero también existen comunidades cuyas visiones quizá necesitemos desafiar, especialmente cuando refuerzan narrativas nacionales excluyentes o distorsionadas”.

La académica advirtió que el término “comunidad” suele usarse de manera acrítica. “A menudo asumimos que siempre implica algo positivo, y no necesariamente es así. Es fundamental comprender las consecuencias políticas de cada decisión y preguntarnos qué queremos realmente de ‘la comunidad’”, señaló.

Perspectivas chilenas y regionales

El impacto de la visita fue destacado por Emilio de la Cerca, Director de Patrimonio Cultural UC y exsubsecretario del Patrimonio Cultural.

“Contar con Laurajane Smith en Chile es un aporte enorme. Su enfoque ha sido muy influyente en distintos campos del conocimiento, y tenerla como fuente directa, dialogando con estudiantes y con la comunidad vinculada al Núcleo Milenio de PatrimonioS, es realmente significativo”, afirmó.

De la Cerca también subrayó el momento clave que vive Chile en materia patrimonial: “Las comunidades han estado en la primera línea de la protección patrimonial, instalando temas que muchas veces la institucionalidad recoge de manera tardía. La nueva ley que se discute en el Senado abre la posibilidad de incorporar dimensiones inmateriales, indígenas y comunitarias que dialogan con los debates internacionales”.

Por su parte, Macarena Ibarra, directora del Núcleo Milenio NupatS, valoró la contribución de la académica australiana.

“Lo central del planteamiento es que NupatS busca ofrecer una mirada panorámica sobre el estudio contemporáneo del patrimonio en Chile y América Latina, reconociendo que existen desafíos teóricos y metodológicos comunes y también temas emergentes compartidos que requieren reflexión colectiva”, explicó.

“Entre los temas prioritarios aparecen la alineación de Latinoamérica con el patrimonio mundial, las tensiones normativas y la falta de consensos, así como asuntos vinculados a memoria, derechos humanos y los retos de la gestión patrimonial en la región”, añadió.

Una visita con mirada territorial

El paso de Smith por Chile incluyó una visita a Lota, en la Región del Biobío, donde compartió con comunidades locales y conoció uno de los patrimonios más relevantes del país. Posteriormente, cerró su agenda con la conferencia “Patrimonio y usos sociales: Perspectivas críticas” en el Auditorio Paraninfo de la Universidad del Bío-Bío, consolidando un diálogo que promete proyectarse en toda la región.