El fotógrafo Juan Pablo Turen impulsa una iniciativa de fotometría aplicada a piezas arqueológicas del museo, generando modelos tridimensionales que facilitan el acceso a investigadores y fortalecen la puesta en valor de las colecciones patrimoniales.
El Museo de Historia Natural de Valparaíso (MHNV) continúa consolidando su rol como depositario y facilitador del conocimiento científico a través de la apertura de sus colecciones a la comunidad investigadora. En este marco, el fotógrafo e investigador Juan Pablo Turen desarrolla un innovador proyecto de digitalización de colecciones patrimoniales mediante la técnica de fotometría, que permite obtener modelos 3D de alta resolución de piezas arqueológicas. Esta herramienta no solo amplía las posibilidades de estudio y análisis especializado, sino que también contribuye a la preservación y difusión del patrimonio.
El proyecto se articula como una iniciativa personal del investigador, quien ha trabajado anteriormente en propuestas como Bajo la Lupa, impulsada por la Subdirección de Investigación de Museos. A partir de este camino, Turen presentó una solicitud formal al Departamento de Ciencias e Investigación del MHNV, accediendo a materiales arqueológicos provenientes del sitio Plaza O’Higgins, resguardados en el museo desde el año 2018.
Estos materiales forman parte de la colección arqueológica bajo custodia del MHNV, en coordinación con el Consejo de Monumentos Nacionales, y se encuentran debidamente embalados y etiquetados de acuerdo con los protocolos técnicos vigentes. Su conservación, investigación y puesta en valor constituyen un eje central del quehacer del museo, que desde su fundación en 1878 ha mantenido un firme compromiso con la ciencia y la sociedad.
El Departamento de Ciencias e Investigación, creado junto con el museo, evolucionó a comienzos del siglo XX hacia un carácter científico que permitió generar estudios de relevancia nacional e internacional. Actualmente, sus colecciones se agrupan en dos grandes categorías:
Objetos culturales, que incluyen colecciones de artes visuales, fotografías, documentos, libros patrimoniales, arqueología, etnografía e historia.
Objetos naturales, correspondientes a especímenes botánicos, zoológicos, paleontológicos y mineralógicos, que constituyen las colecciones biológicas del museo.
Asimismo, el MHNV custodia restos humanos provenientes de contextos culturales, los que hoy son tratados bajo un paradigma que los reconoce como sujetos y no como objetos, en concordancia con la ética y la política de colecciones del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural.
La experiencia del fotógrafo Turen demuestra cómo la apertura a proyectos de investigación externos permite generar nuevas formas de aproximación y registro del patrimonio, ampliando el acceso a la comunidad científica y promoviendo la circulación de conocimiento.
Saia Vergara, Viceministra de Patrimonios, Memorias y Gobernanza Cultural del Ministerio de las Culturas; Catalina Ceballos Carriazo, directora de Asuntos Culturales de la Cancillería de Colombia, y Adriana Mendoza, directora de Asuntos Políticos y encargada de las funciones del Viceministerio de Asuntos Multilaterales
En un contexto global marcado por la revisión crítica del colonialismo, la lucha contra el tráfico ilícito de bienes culturales y la exigencia de justicia histórica, Colombia se consolida como referente regional y mundial al acoger el I Foro Internacional sobre Buenas Prácticas de Repatriación y Restitución de Bienes Culturales, Geológicos y Paleontológicos.
El evento se realiza entre el primero y el 5 de septiembre en dos escenarios emblemáticos: el Museo Nacional de Colombia en Bogotá y el Parque Arqueológico de San Agustín (Huila). Su propósito es promover recomendaciones técnicas para la repatriación y restitución de bienes de interés cultural, geológico y paleontológico, a través de la construcción de redes colaborativas sur-sur con países de África.
Durante la instalación, Adriana Mendoza, directora de Asuntos Políticos y encargada de las funciones del Viceministerio de Asuntos Multilaterales, afirmó: “Este espacio refleja la convicción compartida de que la restitución es un acto de legalidad, reparación y cooperación entre Estados, museos y comunidades”.
Por su parte, Saia Vergara, viceministra de Patrimonios, Memorias y Gobernanza Cultural del Ministerio de las Culturas, recalcó: “Cada bien que regresa a su país de origen representa un pequeño gran acto de justicia histórica y de dignidad”.
El encuentro cuenta con la presencia de delegaciones de Egipto, Sudáfrica, Ghana, Kenia y Camerún, así como ocho expertos internacionales de alto nivel, líderes comunitarios, juristas, académicos y representantes de instituciones culturales colombianas.
La agenda incluye debates sobre cooperación internacional, diplomacia cultural, marcos legales, financiamiento, prevención del tráfico ilícito de bienes culturales y el rol de las comunidades en la resignificación del patrimonio. En San Agustín se abordarán experiencias comparadas de repatriación, casos emblemáticos de retorno y desafíos actuales en torno a acceso, justicia y memoria.
El foro es organizado por el Ministerio de Relaciones Exteriores y la Agencia Presidencial de Cooperación Internacional (APC Colombia), con el apoyo del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH), el Archivo General de la Nación (AGN), el Museo Nacional de Colombia y el Servicio Geológico Colombiano (SGC).
Con esta iniciativa, Colombia reafirma su compromiso con una diplomacia cultural activa y reparadora, al tiempo que impulsa una agenda de justicia patrimonial desde el Sur Global.
El foro busca establecer diálogos para recuperar bienes patrimoniales dispersos en museos extranjeros y fortalecer las demandas de repatriación ante la comunidad internacional.
Este lugar también es una de las joyas arqueológicas de Colombia. Pero piden repatrian decenas de piezas que están en otros países – crédito Catalina Olaya / Colprensa.
La lucha por la restitución del patrimonio cultural de San Agustín recobró fuerzas con la realización del Foro Internacional sobre Repatriación y Restitución de Bienes Culturales, celebrado en este municipio del departamento del Huila, así como en el Museo Nacional, en Bogotá.
Al evento, que se desarrolla desde el 1 al 5 de septiembre del 2025, asisten delegados de países como Egipto, Ghana, Camerún y Sudáfrica, y es auspiciado por la Agencia Presidencial de Cooperación de Colombia (APC).
Allí se buscan consolidar alianzas diplomáticas y avanzar en la recuperación de piezas líticas consideradas sagradas para las comunidades ancestrales del sur colombiano, según información reportada por la Cancillería.
Durante el foro, Catalina Ceballos, delegada de la Cancillería de Colombia en el foro, detalló que, por ejemplo, aún permanecen más de veinte piezas de San Agustín en la Fundación SPK de Berlín.
Durante los eventos se debatieron los derechos de las poblaciones ancestrales y el peso cultural de bienes apropiados por otros países – crédito Cancillería
Citada por Caracol Radio expresó que “estas figuras hacen parte de los lugares sagrados de los ancestros y su repatriación es una exigencia reiterada por la veeduría ciudadana”.
La funcionaria también advirtió sobre la existencia de cientos de objetos culturales de la región hallados en museos europeos y estadounidenses, resultado del tráfico ilícito de bienes.
Gobiernos del “sur global” reclaman la repatriación y restitución cultural
Durante la inauguración, Adriana Mendoza, directora de Asuntos Políticos y encargada del Viceministerio de Asuntos Multilaterales, enfatizó que “la restitución es un acto de legalidad, reparación y cooperación entre Estados, museos y comunidades”.
Detalló además que el encuentro de estos países se orienta bajo dos principios: seguridad jurídica y cooperación efectiva, articulando marcos institucionales y rutas claras de acción.
La dimensión política y comunitaria fue subrayada por Saia Vergara, viceministra de Patrimonios, Memorias y Gobernanza Cultural, que recalcó la importancia del retorno de bienes culturales como expresión de derechos y dignidad nacional. Según sus palabras, “cada bien que regresa a su país de origen representa un pequeño gran acto de justicia histórica y de dignidad”.
Incluso, Daniel Rodríguez, director de Cooperación Sur-Sur de APC Colombia, destacó la relevancia del foro al afirmar que la presencia de invitados internacionales evidencia que la cooperación entre países del Sur Global puede consolidarse con rigor y principios técnicos.
Añadió que los pueblos participantes han demostrado una gran resiliencia histórica ante la pérdida y recuperación de bienes patrimoniales.
Detalles del foro
La agenda del foro incluye debates sobre legislación internacional, modelos de cooperación, diplomacia cultural y multifacéticos mecanismos logísticos y financieros para la restitución.
Se hace especial hincapié en el rol fundamental de las comunidades como custodias legítimas de la memoria, abriendo la discusión en torno a cómo resignificar el patrimonio en su contexto original. En San Agustín, reconocido por su riqueza arqueológica y espiritual, se desarrollarán paneles enfocados en experiencias de repatriación, acceso a la justicia y retos actuales en materia de memoria histórica.
Colombia presenta avances concretos con 972 piezas arqueológicas repatriadas en la actual administración, reforzando con ello su compromiso en la lucha global contra la apropiación indebida de bienes culturales y la exigencia de justicia histórica.
El foro, apoyado además por el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (Icanh), el Archivo General de la Nación, el Museo Nacional de Colombia y el Servicio Geológico Colombiano, sienta las bases para la adopción de lineamientos técnicos y de política pública verificables.
La elección de San Agustín para el cierre tiene un significado especial: simboliza tanto la resistencia cultural como la urgencia de proteger y resignificar el patrimonio en su lugar de origen. Como subraya la convocatoria, llevar el foro a este territorio no es un asunto logístico, sino decididamente político.
“Con este foro, Colombia reafirma su compromiso con una diplomacia cultural activa y reparadora, al tiempo que impulsa una agenda de justicia patrimonial desde el Sur Global, convencida de que restituir lo nuestro es defender soberanía, memoria y futuro”, informó la Cancillería.
Una estatua revela un pasado desconocido de América antes de la llegada de los españoles.
El hallazgo en Vichama, ciudad prehispánica de 3.800 años en la costa central de Perú, confirma la existencia de un culto al agua y revela cómo las antiguas sociedades afrontaron los cambios climáticos de su tiempo.
La estatuilla de dos sapos encontrada en Vichama fue presentada en el Ministerio de Cultura de Perú.
Una reciente investigación arqueológica en Perú permitió identificar una estatua de arcilla con dos sapos, considerada evidencia del antiguo culto al agua practicado por las sociedades andinas y vinculada a los fenómenos climáticos que condicionaron su historia.
El descubrimiento se produjo en Vichama, un centro urbano de 3.800 años de antigüedad situado en la costa central peruana, en la actual provincia de Huaura. La pieza fue presentada por especialistas de la Zona Arqueológica Caral en el Ministerio de Cultura de Perú, como parte de los estudios sobre la civilización más antigua de América.
Los detalles de las figuras permiten interpretar la relación de esta antigua sociedad con los fenómenos climáticos.
Un símbolo de culto al agua
La escultura muestra dos sapos colocados uno al lado del otro, ambos orientados en la misma dirección. Tatiana Abad, responsable del sitio arqueológico, explicó que estos animales eran símbolos centrales en los rituales relacionados con el agua y las lluvias, elementos vitales en un territorio expuesto a cambios climáticos extremos. En Vichama ya se habían encontrado murales con figuras esqueléticas y cadavéricas, interpretadas como registros de crisis ambientales y periodos de escasez.
“El sapo es un animal vinculado al culto al agua, pero ya en Vichama se había encontrado relieves murales de seres antropomorfos que son esqueléticos, cadavéricos que mencionan un registro de esta memoria colectiva que ya pasó en Caral, un evento de cambio climático”, explicó Tatiana Abad, jefa el sitio arqueológico Vichama, en relación al declive de esta ciudad agropesquera.
El motivo de los sapos se suma a otras representaciones ligadas a la regeneración de la vida. Un relieve sobresaliente muestra un sapo con rasgos humanos, cinco dedos en cada mano, ojos de piedra azul y un canal en forma de rayo tallado sobre la cabeza, una clara alusión a la inminente llegada de lluvias y a la fertilidad de la tierra.
Nuevos hallazgos en Vichama
En los últimos meses, el equipo también descubrió maquetas de arcilla que representan edificaciones, prueba de avanzados conocimientos de planificación urbana. Se suman a fragmentos de frisos que formaron parte de composiciones murales mayores y que enriquecen el registro artístico y simbólico de esta sociedad.
La estatuilla de dos sapos de arcilla, símbolo de agua y fertilidad, fue presentada como uno de los hallazgos más recientes en Vichama.
La directora de la Zona Arqueológica Caral, Ruth Shady, recordó que años atrás se halló la escena monumental “La Danza de la Muerte y de la Vida”, compuesta por 34 relieves que retrataban cuerpos adultos y jóvenes en rituales de supervivencia. Posteriormente se incorporó el denominado “sapo humanizado”, interpretado también como parte de la narrativa sobre el impacto del clima en la vida cotidiana.
Las excavaciones revelaron además que el edificio principal cambió su orientación original del norte hacia el este. Allí se representó al sapo emergiendo de la tierra con un rayo en la cabeza, una señal para las comunidades de que el agua estaba próxima.
Con una extensión de unas 25 hectáreas, Vichama reúne 28 edificaciones entre plazas, áreas residenciales y espacios públicos. Los hallazgos muestran que la ciudad mantuvo vínculos con pueblos de distintas regiones, lo que fortaleció su desarrollo social y económico.
El 5 y 6 de septiembre, el sitio celebrará el aniversario número 18 de su descubrimiento con el festival Vichama Raymi, que conmemora el valor patrimonial de esta antigua urbe.La directora de la Zona Arqueológica Caral, Ruth Shady, recordó que años atrás se halló la escena monumental “La Danza de la Muerte y de la Vida”, compuesta por 34 relieves que retrataban cuerpos adultos y jóvenes en rituales de supervivencia. Posteriormente se incorporó el denominado “sapo humanizado”, interpretado también como parte de la narrativa sobre el impacto del clima en la vida cotidiana.
Las excavaciones revelaron además que el edificio principal cambió su orientación original del norte hacia el este. Allí se representó al sapo emergiendo de la tierra con un rayo en la cabeza, una señal para las comunidades de que el agua estaba próxima.
Con una extensión de unas 25 hectáreas, Vichama reúne 28 edificaciones entre plazas, áreas residenciales y espacios públicos. Los hallazgos muestran que la ciudad mantuvo vínculos con pueblos de distintas regiones, lo que fortaleció su desarrollo social y económico.
El 5 y 6 de septiembre, el sitio celebrará el aniversario número 18 de su descubrimiento con el festival Vichama Raymi, que conmemora el valor patrimonial de esta antigua urbe.
Servando Rojo Quintero informó que el juego ancestral de pelota Ulama está a nada de ser Patrimonio Cultural Intangible por la Unesco, lo que sigue es reunir a todos los jugadores de Sinaloa para el registro.
Mexíco, Sinaloa está a nada de lograr que el juego ancestral de pelota Ulama sea declarado como Patrimonio Cultural Intangible por la Unesco, informó el Instituto Nacional de Antropología e Historia.
El siguiente paso, mencionó el director de INAH Sinaloa, Servando Rojo Quintero, es reunir a todos los jugadores que existen en el estado y realizar sesiones informativas encaminadas al expediente del Ulama.
Las primeras dos sesiones se realizarán en Salvador Alvarado y Mazatlán, marcando el inicio de los trabajos de registro para integrar el expediente y el juego ancestral de pelota Ulama sea nombrado Patrimonio Cultural de la Humanidad.
La acción de incorporar el Ulama al Inventario del Patrimonio Cultural Inmaterial de México, responde a la iniciativa para comenzar los trámites para que nuestro tradicional juego de pelota sea declarado, más adelante, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Rojo Quintero convocó a los jugadores de norte, centro y sur del estado de Sinaloa a que asistan a las respectivas sesiones informativas previstas para el diálogo sobre el registro del expediente.
Silvia María Sepúlveda Ponce, coordinadora de las acciones del proyecto, señaló que las sedes para el encuentro de jugadores y autoridades serán dos; el viernes 5 de septiembre a las 14:00 horas en el Museo Regional del Évora en la ciudad de Guamúchil, Salvador Alvarado para los jugadores de antebrazo (zona centro y norte)
La segunda será el sábado 6 de septiembre en punto de las 11:00 horas en la Sala de Cabildo, planta alta, en el Ayuntamiento de la ciudad de Mazatlán para los jugadores de cadera, de la región sur, que abarca desde Elota hasta Escuinapa.
El Ulama, juego de pelota, es una práctica que nuestras comunidades con raíces prehispánicas mantienen aún viva en nuestra entidad, y se busca su preservación para esta y las generaciones siguientes.
Formulario ya fue ingresado al Centro de Patrimonio Mundial de la UNESCO
Hasta la Reserva Nacional Pampa del Tamarugal llegó la directora nacional del Servicio del Patrimonio Cultural (Serpat), Nélida Pozo, para informar a la comunidad tarapaqueña que el pasado 20 de agosto fue ingresado el formulario al Centro del Patrimonio Mundial de la Unesco para que el Complejo Arqueológico Geoglifos de Pintados, ubicado en Pozo Almonte, sea incorporado a Lista Tentativa de Sitios de Patrimonio Mundial de Chile.
El anuncio lo hizo en el marco de su visita a la región, en la que explicó que la entrega de este documento es el primer paso del proceso de postulación, luego viene la entrega de un informe en septiembre y después avanzar en el expediente. Estas etapas serán ejecutadas en conjunto con la Fundación Geoglifos de Tarapacá, Conaf Tarapacá, Gobierno Regional, la dirección regional de Serpat, con el apoyo de Collahuasi.
“Quiero relevar esta asociación público-privada que nos permite hoy día dar el primer paso de este camino que tenemos que recorrer en conjunto, el cual estaremos apoyando desde el Centro Nacional de Sitios de Patrimonio mundial del Serpat, desde las asesorías técnicas y subsidios que se requieran para este trabajo”, agregó Nélida Pozo
Al respecto, la seremi de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Sandra Mercado mencionó que “es un hito que viene a relevar un gran lugar, un sitio que tiene mucha identidad y que relata nuestra historia del desierto. Este hito refleja el compromiso de las distintas instituciones, tanto públicas como privadas. Ahora debemos seguir gestionando en conjunto para que efectivamente sea reconocido como Sitio de Patrimonio Mundial, facilitando el acceso a niñas y niños para que lo conozcan y cuiden nuestro patrimonio”.
El gobernador regional de Tarapacá, José Miguel Carvajal agregó que este es un acto muy importante para la región de Tarapacá. “Estamos muy contentos con este anuncio, a los tarapaqueños y tarapaqueñas nos hace sentir muy orgullosos la riqueza e identidad que tiene nuestra tierra, y particularmente en este Complejo de Geoglifos de Pintados, donde esperamos junto a todas las instituciones públicas, privadas y académicas se pueda llevar adelante uno de los sitios históricos más significativos, para darle protección y un carácter de patrimonio mundial en la inscripción en UNESCO a este lugar que nos han heredado durante mucho tiempo los pueblos a nuestro territorio”.
La directora regional de CONAF, Natalia Ortega, destacó que «el financiamiento del Gobierno Regional de Tarapacá ha sido fundamental para dotar al Complejo Arqueológico Geoglifos de Pintados de las necesarias medidas de protección y conservación que un lugar como éste necesita. Su declaratoria como Patrimonio Mundial de la UNESCO será un desafío que traerá beneficios significativos para la región, fortaleciendo aún más el sentido de pertenencia, identidad y orgullo de la comunidad tarapaqueña».
Por su parte, el rector de la Unap y presidente del directorio de la Fundación Goglifos de Tarapacá, Alberto Martínez, comentó que “este es un momento histórico importante. Después de años de trabajo de la Fundación Geoglifos de Tarapacá, con su equipo en alianza con la Universidad Arturo Prat, la Universidad Católica del Norte y Conaf, han podido construir este camino en colaboración con otros servicios públicos. Estamos orgullosos de contribuir al desarrollo y conservación patrimonial de nuestra región.
Luciano Malhue, gerente de Asuntos Públicos de Collahuasi, sostuvo que “la incorporación del Complejo Arqueológico Geoglifos de Pintados a la lista tentativa de la UNESCO es un paso trascendental para el patrimonio de Tarapacá y de Chile; además de ser un impulso relevante al turismo a través de este proyecto, que es fruto de un trabajo colaborativo con la Fundación Geoglifos de Tarapacá y Conaf. Desde Collahuasi, hemos aportado a la conservación, investigación y puesta en valor de este lugar y de otros sitios de relevancia histórica para nuestra región. De esta manera, reafirmamos nuestro compromiso mediante nuestra línea de trabajo Impulso Social, con la preservación de legados culturales e identitarios que merecen un reconocimiento local, nacional y mundial”.
El Complejo Arqueológico Geoglifos de Pintados, reúne más de 500 figuras distribuidas en alrededor de 60 paneles que datan entre los años 700 y 1500 d.C. Estos geoglifos, realizados con técnicas de acumulación y remoción de rocas, representan formas geométricas, animales marinos y terrestres, así como escenas humanas de caza, pesca y caravaneo. Considerados la mayor concentración de geoglifos en el desierto intermedio de Atacama, constituyen un testimonio único de la cosmovisión, resiliencia y sofisticación cultural de los pueblos prehispánicos que habitaron la región.
Chile acogerá la Oncena Conferencia Internacional de Geoparques Mundiales de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), que se efectuará del 8 al 12 de septiembre.
El evento tendrá lugar en Kültralkura, el único geositio chileno incluido en lista de la Unesco, y reunirá a cerca de mil personas.
Los geoparques son áreas únicas con un patrimonio geológico de relevancia internacional que se destacan por el valor científico, educativo o turístico y donde se combinan la conservación y el desarrollo sostenible.
En la actualidad existen 229 de estos sitios reconocidos por la Unesco en 50 países.
Durante los cinco días de la conferencia, los participantes debatirán sobre los últimos hallazgos, conocimientos y experiencias en temas que van desde la investigación geológica hasta el turismo sostenible.
Kütralkura, que en idioma mapudungun significa piedra de fuego, es un geoparque ubicado en la región de La Araucanía, abarca un área de ocho mil 100 kilómetros cuadrados y se extiende mayormente por la cordillera de Los Andes. Allí se encuentra el volcán Llaima, uno de los más activos de Chile.
Una vasija con representaciones de guerreros en combate fue descubierta en el acceso al observatorio solar de Chankillo, el más antiguo de América, ubicado en Perú y compuesto por trece torres con más de 2.300 años de antigüedad, según anunció este viernes el Ministerio de Cultura peruano.
Una vasija con representaciones de guerreros en combate fue descubierta en el acceso al observatorio solar de Chankillo, el más antiguo de América, ubicado en Perú y compuesto por trece torres con más de 2.300 años de antigüedad, según anunció este viernes el Ministerio de Cultura peruano.
La pieza, perteneciente al estilo Patazca, habría sido rota de manera deliberada como parte de una ofrenda ritual, o en el marco de un evento de conflicto en el mismo. Su ubicación, en un espacio de profundo valor ceremonial, resalta su significado simbólico dentro de las prácticas religiosas asociadas al sol.
Los investigadores de la Unidad Ejecutora 010 Chankillo del Ministerio de Cultura de Perú sostienen que la representación de guerreros está vinculada al edificio de Chankillo conocido como Templo Fortificado, que funcionó como centro político, militar y ritual de las élites de este lugar situado en el valle de Casma.
Este hallazgo confirma que los objetos rituales no solo tenían un carácter ceremonial, sino que también transmitían mensajes de identidad y autoridad.
La vasija se suma a otras evidencias que relacionan las ceremonias solares —organizadas a partir de las observaciones astronómicas en las Trece Torres de Chankillo— con el surgimiento de una élite guerrera que consolidó su poder a través de la ritualidad, el control del calendario solar y la fuerza militar.
De esta manera, el hallazgo refuerza la interpretación de que Chankillo, además de ser el observatorio solar más antiguo de América, también fue escenario de combates y de legitimación del poder de sus élites.
Chankillo, declarado en 2021 como patrimonio de la humanidad por la Unesco, se encuentra en una sucesión de colinas pedregosas y pequeñas llanuras del desierto costero del Perú, en el margen izquierdo del río Casma, en la región de Áncash, a unos 365 kilómetros al norte de Lima.
Sus edificios de piedra se distribuyen a lo largo de cuatro kilómetros cuadrados y sus famosas y enigmáticas “trece torres”, alineadas de norte a sur, se sospecha que sirvieron a sociedades agrarias, que datan del periodo comprendido entre los años 500 y 250 antes de nuestra era, para señalar con precisión los solsticios y equinoccios, así como para marcar el movimiento cíclico del sol a través del año.
Cada uno de estos edificios macizos de piedra canteada y mortero de barro, de 2 a 6 metros de alto y ubicados a la misma distancia los unos de los otros, posee dos escalinatas embutidas en los lados norte y sur, que dan acceso a terrazas superiores.
El alineamiento de estas torres genera que a la distancia se forme una suerte de horizonte que permite observar la posición del sol en fechas determinadas, con el valor añadido de que, a diferencia del resto de antiguos observatorios, este gigantesco calendario solar abarca la totalidad del ciclo solar anual. EFE
El Palacio Nacional de la Cultura es un majestuoso edificio ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala, el cual se ha transformado en un centro cultural donde se promueven actividades artísticas, de difusión de la cultura y el patrimonio guatemalteco.
La construcción del Palacio Nacional de la Cultura inició en 1939 por orden del general Jorge Ubico y se inauguró el 10 de noviembre de 1943; desde esa fecha ha sido la sede central para la administración pública del Estado. En la actualidad, funciona como museo, centro cultural y casa de gobierno.
En este espacio se exponen grandes obras de arte decorativas y arquitectónicas, diseñado por el arquitecto guatemalteco Rafael Pérez De León, participando en la construcción los ingenieros Enrique Riera y Luis Ángel Rodas (estructuras) y Víctor Morales, jefe de mano de obra. Se puede apreciar obras de arte como los murales de Alfredo Gálvez Suárez, los despliegues heráldicos, como los escudos nacionales en las fachadas realizadas por Rodolfo Galeotti Torres o los grandes vitrales de Julio Urruela.
Dato curioso: Tiene un estilo arquitectónico eclético una mezcla de influencias de distintas épocas y culturas; podemos encontrar el neocolonial, neobarroco y neomudéjar.
Algunos aspectos impresionantes que se pueden apreciar en el Centro Cultural Museo Palacio Nacional de la Cultura son:
•Las lámparas colgantes: en el Salón Banderas se ubica la lámpara principal de todo el Palacio Nacional de la Cultura, con un peso de 2.5 toneladas, fabricada en bronce, laminada en oro y con almendrones de cristal bohemio de Checoslovaquia. Las lámparas del Salón Banquetes son muy parecidas a la gran lámpara del Salón Banderas, con cascadas de cristal y flores, con un peso de 1.5 toneladas cada una.
•Los gobelinos o tapices de Carlos Rigalt Anguiano –La ofrenda y La marcha- en el Salón de Banquetes. Uno refleja la construcción de la primera Ciudad de Santiago de Guatemala, en donde Pedro de Alvarado recibe de parte de un grupo de indígenas, textiles, vasijas, un venado y frutos diversos; en el otro, se aprecia el momento en el que, durante la expedición inicial, los conquistadores en el altiplano guatemalteco contemplan el Lago de Atitlán.
•El Monumento a los Héroes Anónimos de la Paz o Llama de la Paz: Inicialmente ubicado en la Plaza de la Constitución, donde fue encendida por el presidente Álvaro Arzú y el comandante guerrillero Rolando Morán en 1996. Se volvió a encender en el 2004 por el Dalai Lama junto con la Premio Nobel de la Paz 1992, Rigoberta Menchú.
Recorridos históricos
Guatemaltecos y extranjeros pueden realizar visitas guiadas en el Palacio Nacional de la Cultura. Los recorridos tienen una duración aproximada de 45 minutos. Están disponibles cada hora en idioma español e inglés.
Durante el recorrido, los visitantes descubrirán la riqueza que guarda el Palacio Nacional de la Cultura como los magistrales vitrales del maestro Julio Urruela, los grandes salones, fuentes con estilo mudéjar, murales y tapices que cuentan la historia de Guatemala, así como el Pasaje Sexta que alberga exposiciones temporales de carácter cultural y/o educativo.
San Agustín epicentro de una de las culturas más enigmáticas de América, será escenario del Foro Internacional sobre Restitución y Repatriación de Bienes Culturales. Allí, Colombia mostrará al mundo cómo ha recuperado 930 piezas arqueológicas en solo dos años, un acto de memoria y reparación histórica para sus pueblos originarios.
Entre el 1 y el 5 de septiembre, Colombia será escenario de un debate crucial sobre el patrimonio cultural y la memoria histórica. Bogotá y San Agustín (Huila), una de las zonas arqueológicas más importantes del país y patrimonio de la humanidad, recibirán el Foro Internacional sobre Restitución y Repatriación de Bienes Culturales, organizado por la Cancillería y la Agencia Presidencial de Cooperación Internacional (APC Colombia).
El encuentro reunirá a expertos de diferentes latitudes para reflexionar sobre cómo los países del sur global enfrentan las heridas del colonialismo y buscan recuperar lo que les fue arrebatado: su memoria material y espiritual, representada en objetos arqueológicos, etnológicos y culturales que durante siglos salieron de sus territorios.
En este escenario, el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) tendrá un papel protagónico. No solo por su rol técnico en la verificación, conservación y estudio de piezas repatriadas, sino porque su experiencia reciente lo ha convertido en un referente de cómo un país puede impulsar, con voluntad política, la recuperación de su patrimonio.
De hecho, durante el gobierno de Gustavo Petro, Colombia ha alcanzado una cifra sin precedentes: 930 piezas arqueológicas repatriadas entre 2023 y 2025. Se trata de cerámicas, figuras, utensilios y elementos rituales que salieron del país de manera ilícita, muchos de ellos a través de saqueos y tráfico ilegal. Hoy regresan como testimonios de las culturas que poblaron este territorio antes de la llegada de los europeos.
Con ocasión del foro y de este balance, conversamos con Alhena Caicedo Fernández, directora del ICANH, quien explica cómo ha sido el proceso de repatriación, qué significa hablar de “rematriación” y por qué la devolución de los objetos a las comunidades originarias es, en muchos sentidos, un acto de reparación histórica.
De 2023 a lo que va de 2025, se han repatriado 930 piezas arqueológicas. ¿Cuál ha sido el proceso para que hayan regresado al país este número de objetos?
El proceso ha sido posible gracias al trabajo articulado de varias instituciones: la Presidencia de la República, el ICANH, la Cancillería, el Ministerio de las Culturas y la Fiscalía. Desde el ICANH realizamos el peritaje de los objetos, lo cual nos permite establecer su estado de conservación, la región arqueológica a la que pudieron pertenecer y, sobre todo, verificar si forman parte del patrimonio arqueológico de la Nación.
La otra cara del proceso es la labor diplomática con los países donde se encuentran las piezas. Una vez llegan a Colombia, el ICANH las recibe, las verifica y resguarda. Posteriormente, las investigamos y las preparamos para que hagan parte de procesos de divulgación y conocimiento.
Vale resaltar el compromiso del presidente Gustavo Petro, quien en varias ocasiones dispuso el avión presidencial y el buque ARC Gloria para traer estas piezas. Esto, además de un gesto simbólico muy potente, significó una reducción importante en los costos logísticos del traslado.
¿Cuáles han sido las principales causas para que los bienes arqueológicos hayan salido de Colombia?
Las razones son históricas y se remontan al siglo XVI. Desde los primeros años de la colonización comenzaron los saqueos y la extracción de piezas arqueológicas. Posteriormente, durante la colonia y la república, esa práctica continuó y se convirtió en una forma de comercio ilícito.
Durante décadas, la legislación nacional fue insuficiente para enfrentar el saqueo y el tráfico ilegal. Hoy tenemos un marco normativo más sólido, pero la clave está en la articulación de diferentes actores: Fiscalía, Policía, aduanas y, algo que nunca debe olvidarse, la ciudadanía. Sin comunidades comprometidas con el cuidado del patrimonio, ningún esfuerzo es sostenible.
El objetivo del gobierno es romper la inercia de los procesos de repatriación y combatir esas prácticas ilegales que han despojado al país de su historia.
Uno de los ejes del foro internacional será el tráfico ilícito de bienes culturales, un fenómeno que la Unesco identifica como una de las actividades criminales más lucrativas. ¿Qué estrategias desarrolla el ICANH para prevenirlo y cómo puede Colombia incidir en el escenario internacional?
El tráfico ilícito refleja desigualdades globales y opera con redes muy complejas. Desde el ICANH, una estrategia clave ha sido la creación de inventarios digitales, como el catálogo de Cerarco, que permite fortalecer la trazabilidad de los objetos.
También capacitamos a comunidades en zonas arqueológicas para que sean veedoras del patrimonio. En lugares como San Agustín, las comunidades locales cumplen un rol esencial en la protección de los bienes, porque son las primeras en detectar movimientos sospechosos.
En el plano internacional, Colombia ha demostrado que la combinación de voluntad política y conocimiento técnico puede abrir caminos. El uso del avión presidencial o del buque ARC Gloria para traer las piezas es un ejemplo de creatividad operativa frente a un sistema internacional que muchas veces favorece a los países del norte global en detrimento de los del sur.
¿Por qué el Estado insiste tanto en que estos bienes regresen al país?
Porque cada objeto es un fragmento de nuestra memoria. Insistir en la repatriación es reivindicar el pasado de los pueblos originarios y reconectar a la sociedad con su patrimonio.
El saqueo no solo arrebató piezas materiales, también fragmentó nuestra historia. Cuando un objeto arqueológico es sacado de su contexto, perdemos información invaluable sobre quiénes fuimos.
Además, muchas de las piezas repatriadas y etnológicas siguen siendo parte de la cosmovisión de comunidades indígenas. Para ellas, estos objetos son sagrados. Por eso hemos realizado sesiones de trabajo con pueblos originarios, donde los saberes ancestrales dialogan con la investigación arqueológica.
En mayo de 2025, el ICANH entregó en tenencia al pueblo Kogui nueve objetos. ¿Cómo se logró este hecho?
Fue el resultado de un proceso de confianza. Realizamos varias sesiones de trabajo con el pueblo Kogui, compartiendo lo que sabíamos desde la arqueología y escuchando su saber ancestral.
Ese intercambio permitió ampliar la información sobre las piezas y, lo más importante, acordar un protocolo conjunto de conservación. Fue un hecho sin precedentes: por primera vez se reconoce que la preservación del patrimonio no es solo una tarea del Estado, sino también de las comunidades que lo consideran parte viva de su territorio.
Usted ha utilizado el concepto de “rematriación”. ¿En qué se diferencia de la repatriación?
La repatriación es el regreso diplomático de las piezas a Colombia para ser custodiadas, estudiadas y divulgadas. La rematriación es otra cosa: es devolver los objetos directamente a las comunidades indígenas, que los entienden como sagrados y esenciales para reparar su territorio y sus vínculos espirituales.
La palabra rematriación proviene de esa idea de retornar a la Madre Tierra. Es permitir que los objetos vuelvan a sus raíces vivas, a su contexto espiritual y cultural, como parte de un proceso de reparación histórica.
¿Cuáles son los principales retos a futuro en materia de repatriación y rematriación?
El primer gran reto es investigativo. Muchos objetos llegaron al exterior por saqueo, lo que significa que desconocemos su contexto original: dónde fueron hallados, en qué condiciones, qué función cumplían. Eso genera vacíos enormes en el conocimiento de nuestro pasado.
Sin embargo, cada pieza es única e irrepetible. Aunque carezcamos de algunos datos, siguen siendo testimonios insustituibles para reconstruir la historia.
El segundo reto es mantener un diálogo sostenido con las comunidades indígenas para seguir avanzando en la rematriación. Lo ocurrido con el pueblo Kogui en mayo de 2025 es un precedente. Pero para consolidar este camino necesitamos protocolos conjuntos que garanticen la conservación de los objetos y, al mismo tiempo, respeten su dimensión espiritual.
Más allá de la devolución: la reconstrucción de la memoria
El trabajo del ICANH y de las instituciones involucradas en la repatriación no se limita al retorno físico de los objetos. Cada pieza recuperada se convierte en una oportunidad para reconstruir narrativas históricas y resignificar la relación de la ciudadanía con su pasado.
De ahí la importancia del Foro Internacional que se desarrollará en Bogotá y San Agustín. No es solo un evento académico, sino un espacio para discutir cómo los países del sur global pueden posicionarse frente a marcos legales internacionales que han tendido a legitimar la posesión de bienes arqueológicos por parte de museos y colecciones en el norte global.
La directora del ICANH lo resume de manera clara: “El patrimonio arqueológico colombiano es un recurso social no renovable. Cada pieza que regresa es un triunfo de la memoria y un paso hacia la reparación histórica”.