Las revistas culturales latinoamericanas como patrimonio cultural continental

El Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas (CeDInCI) relanza su portal AméricaLee para celebrar sus diez primeros años, pero ahora como “portal de portales”. Esto significa que además de ofrecer más de 260 colecciones de revistas digitalizadas hasta hoy, proporciona acceso directo a revistas digitalizadas en otros portales.

Por Horacio Tarcus*

América Latina ha sido un continente pródigo en revistas culturales. Las principales obras de la literatura y la ensayística latinoamericana se anticiparon en revistas. Los grandes debates de ideas se libraron en sus páginas. Los manifiestos de las vanguardias encontraron en las revistas sus vehículos privilegiados. Las revistas fueron voceros de grupos literarios y artísticos, de foros teatrales y de cine, de agrupaciones universitarias y gremiales, de agencias periodísticas, de espacios feministas y de activismos por la diversidad sexual. Las revistas político-periodísticas siguieron el pulso, semana a semana o mes a mes, del acontecer de nuestros países. En ocasiones fueron oficialistas, pero las más de las veces fueron críticas, o abiertamente opositoras. A menudo fueron censuradas, otras veces prohibidas y reaparecieron en forma clandestina.

Desde la revista-libro del universo académico hasta los modernos fanzines, el término “revista” engloba un heterogéneo universo de formatos, que puede ir de las módicas 4 páginas a un volumen encuadernado de quinientas, como alcanzó Nosotros en números especiales. Desde el pliego sábana de publicaciones decimonónicas como El Mosquito o Don Quijote, o el formato gigante de Multitud (del chileno Pablo de Rokha) hasta revistas diminutas, casi microscópicas, el género admite también los más diversos tamaños.

Todos estamos de acuerdo en que no ha sido un género pasatista, sino que las revistas —aún las más modestas, o las más alejadas de la “alta cultura”— son parte constitutiva de nuestra cultura. Crecen día a día los estudios sobre las revistas latinoamericanas, pero todavía sabemos poco acerca de su historia, sus directores, sus consejos de redacción, sus formas de autofinanciamiento, sus políticas de difusión y comercialización. Miles de seudónimos, que a menudo esconden los nombres reales de escritores, periodistas e ilustradores, esperan ser descifrados por nuevas investigaciones. Recién estamos estudiando a las revistas como voces colectivas, como voceros de escuelas artísticas o literarias, como agentes culturales, como maquinarias de traducción, como campos de experimentación gráfica y textual, como prácticas de asociación entre texto e imagen, como plataformas de promoción juvenil…

Sin embargo, el acceso a las colecciones de revistas siempre ha sido complejo. En casa, el libro se conserva, la revista se tira. Sobre todo, cuando su formato excede el alto del estante de una biblioteca. En las bibliotecas públicas, se conservan los diarios y las revistas más bien oficiales, de publicación regular. Difícilmente las revistas clandestinas, o semiclandestinas, de vida breve, de formato irregular porque deben imprimirse hoy en una imprenta, mañana en otra, lleguen a la Biblioteca Nacional o a las bibliotecas universitarias. Como es sabido, las revistas antiguas son botín de caza de los grandes coleccionistas privados como objeto preciado para las grandes hemerotecas del primer mundo.

¿Patrimonio público o privado?

El problema del acceso a las colecciones de revistas latinoamericanas se comenzó a plantear hace medio siglo, cuando diversas instituciones culturales de nuestro continente—como el Fondo de Cultura de México, o el Fondo Nacional de las Artes de Argentina— comenzaron a publicar antologías de revistas, catálogos sistemáticos y, sobre todo, ediciones facsimilares. Desde comienzos del siglo XXI, con la revolución informática todavía en curso, el vehículo principal ha pasado a ser los portales digitales de revistas.

De pronto vimos aparecer en la web, por aquí y por allá, ediciones digitales de revistas que siempre quisimos leer y que ahora se nos ofrecían generosamente en la pantalla de nuestra pc o nuestra lap, a costo de un simple click. Además de los sitios más o menos “caseros”, aparecieron los grandes consorcios privados de digitalización documental, como Google Books, Scribd, Brill y Jstor. Algunos de sus sitios permiten visualizar algunos libros o revistas, o descargar algunos documentos, pero en lo fundamental son proyectos privados que ofrecen a las grandes universidades acceso completo a colecciones monumentales de prensa y revistas a cambio de una suscripción anual. Se trata de proyectos colosales, de digitalización documental sistemática, pero de acceso restringido a aquellos que estén en condiciones de pagar la suscripción. En paralelo, han surgido, grandes proyectos que cuentan con respaldos de la UNESCO o la Library of Congress, como la Biblioteca Digital Mundial, y algunas bibliotecas nacionales o universitarias como Internet Archive (una entidad estadounidense sin fines de lucro), Gallica (el sitio de la Biblioteca Nacional de Francia), la Biblioteca Virtual ‘Miguel de Cervantes’ (que lleva adelante la Universidad de Alicante), la Hemeroteca Nacional de España o la Biblioteca Nacional de Brasil.

Uruguay fue pionero en todo el continente con el sitio Anáforas, surgido en el año 2004 como proyecto independiente, mucho antes de contar con el apoyo de la Biblioteca Nacional de su país. En Argentina, la Biblioteca Nacional lanzó tardíamente (en 2014) el sitio Trapalanda, de vida efímera. Como compensación, han surgido hace diez años proyectos independientes como el portal, AHiRA, vinculado a la Universidad de Buenos Aires, circunscripto a las revistas argentinas, y AméricaLee, el portal de revistas latinoamericanas del CeDInCI (Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas). Recientemente se inauguraron el Archivo de revistas culturales de Rosario, por una parte, y el de Córdoba, por otra. Se trata de proyectos complementarios, que ofrecen un panorama muy completo de la cultura revisteril argentina, pero AméricaLee se propuso desde el inicio como una hemeroteca latinoamericana, que excediera las fronteras nacionales y repusiera integralmente el tejido de revistas del continente.

Los portales argentinos ofrecemos acceso gratuito a las colecciones, pero estamos todavía en la etapa del trabajo artesanal, del trabajo a pulmón, sin grandes financiamientos. Buscamos en vano sponsors, pero no queremos introducir publicidad, queremos que el cybernauta lea o descargue sin sobresaltos, sin pop-ups, sin adware…

El relanzamiento de AméricaLee

El Portal del CeDInCI, AméricaLee, surgió hace diez años, bajo mi dirección y la coordinación general de Karina Jannello, bibliotecaria y magister en sociología de la cultura. Tiene como colaboradores a otros investigadores, como Lucas Domínguez Rubio, Vera Carnovale y Laura Fernández Cordero, sin contar con los numerosos colegas que aportan sus colecciones y sus saberes para confeccionar estudios complementarios e índices. Pero para celebrar sus diez primeros años, AméricaLee acaba de relanzar su portal, ahora como “portal de portales”. Esto significa que además de ofrecer más de 260 colecciones de revistas digitalizadas hasta hoy por nuestro equipo, proporciona acceso directo a revistas digitalizadas en otros portales. Consideramos que no tiene sentido superponerse con otros proyectos, sino promover lógicas cooperativas y reenvíos mutuos.

Por ejemplo, la Biblioteca Nacional de España realizó un trabajo excelente de digitalización del clásico magazine ilustrado Caras y Caretas, de modo que si se busca esta revista en nuestro portal, remitirá al sitio web de la BN de España. El Instituto Iberoamericano de Berlín (IAI) digitalizó revistas argentinas como Nosotros o Fray Mocho, de modo que nuestro portal linkea directamente a su portal. También remitimos a las colecciones que ofrece el sitio Anáforas de Montevideo, al Archivo Mariátegui de Perú (donde se puede acceder, por ejemplo, a la mítica Amauta de Lima) o al sitio Rialta con sede en Querétaro (México), que ha digitalizado una importante cantidad de revistas cubanas.

El CeDInCI posee una de las colecciones de revistas más grandes de Latinoamérica. El sistema arroja hoy 13.824 títulos. El problema es que estas colecciones están gestionadas por apenas un puñado de personas. En estos tiempos de ajuste brutal, el equipo de AméricaLee quedó reducido a su mínima expresión. Por falta de recursos, todavía no hemos podido digitalizar siquiera el 1 % de nuestras colecciones. Aún así, gracias a un Proyecto Mecenazgo de la Ciudad de Buenos Aires, nuestro centro consiguió un apoyo de la Fundación Banco Itaú para llevar a cabo la migración del portal a un software nuevo, renovar el diseño y agregar nuevas funcionalidades como el mapa o la línea de tiempo.

En primer lugar, era necesario que los objetos digitales contaran con OCR (reconocimiento óptico de caracteres), de modo de facilitar la búsqueda del lector poniendo en el buscador, por ejemplo, una palabra, un nombre propio, un tema… Un servicio que no pudimos ofrecer en las primeras digitalizaciones. Además, las fichas que contenían la data sobre las revistas —director, subdirector, colaboradores, ciudades de edición y toda una serie de informaciones adicionales— debían responder a los estándares internacionales de estructuración de datos que facilitaran la recuperación de la información”. Ahora basta con poner en el buscar un nombre propio (digamos, Rodolfo Walsh) para que el sistema muestre todas las revistas o periódicos en que Walsh colaboró. Basta poner como tema “contracultura”, para que nos aparezcan con un solo click revistas como Eco contemporáneo o Arte y Rebelión.

En este relanzamiento, el sitio ofrece también un mapa de geolocalización, que permite visualizar las revistas en los países y las ciudades que las prohijaron. Quien está viendo el mapa y hace click, digamos, en Lima, se despliegan los íconos de acceso a las colecciones de revistas nacidas en la capital peruana como AmautaLabor y El zorro de abajo”.

Además, el nuevo sitio ofrece una línea de tiempo, para ubicar las revistas diacrónicamente.

No están todavía todas y cada una de las revistas latinoamericanas. Diez años de trabajo no es nada si consideramos todo lo que tenemos por delante. Pero hemos comenzado. El objetivo es ofrecer acceso a una colección por semana. Esta semana, por ejemplo, terminamos de poner en línea una colección completa del semanario antifascista Argentina Libre, que se editó entre 1940 y 1948 bajo varios nombres y donde escribió casi todo el arco de la intelectualidad argentina, desde César Tiempo a Jorge Romero Brest, desde Borges hasta Roberto Arlt. La semana anterior cargamos, siempre con acceso libre y gratuito, Nuestra Causa (1919-1923), una revista de cultura feminista hasta hoy inhallable en cualquier biblioteca, en la que colaboraron figuras como Alicia Moreau, Elvira Rawson de Dellepiane, Cecilia Grierson y Alfonsina Storni.

Nuestro equipo es pequeño, pero viene demostrado que es capaz de avanzar incluso en tiempos de desprecio por la cultura, en parte por una enorme convicción en su misión y, si se quiere, también por prepotencia de trabajo. El CeDInCI y su portal de revistas AméricaLee son un testimonio vivo de la potencia de nuestra cultura. AméricaLee quiere decir América Latina leyendo, un continente en estado de lectura, en tiempo de ebullición, en situación de producción. Somos una pequeña parte de ese proceso.

Descubren cabezas clavas y más de 200 piezas de la preconquista de América en sitio arqueológico de Amazonas, Perú

Los expertos son parte del Instituto de Investigación de Arqueología y Antropología Kuélap y la Universidad Nacional Toribio Rodríguez de Mendoza (UNTRM).

Nuevo descubrimiento en Amazonas. Expertos del del Instituto de Investigación de Arqueología y Antropología Kuélap (INAAK) encontraron cabezas clavas y más de 200 estructuras tras operaciones en el sitio arqueológico Ollape, ubicado en el distrito de La Jalca, en la provincia de Chachapoyas. Los especialistas pertenecen a la Universidad Nacional Toribio Rodríguez de Mendoza (UNTRM), la cual precisó que dos cabezas claves destacaron de entre todas las piezas.

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Sociedad

05 Ago 2025 | 16:03 h

Descubren cabezas clavas y más de 200 piezas de la preconquista de América en sitio arqueológico de Amazonas

Los expertos son parte del Instituto de Investigación de Arqueología y Antropología Kuélap y la Universidad Nacional Toribio Rodríguez de Mendoza (UNTRM).

Arqueólogos peruanos realizaron trabajos en el sitio arqueológico Ollape. Foto: Gerson Cardoso/LR/Andina

Arqueólogos peruanos realizaron trabajos en el sitio arqueológico Ollape. Foto: Gerson Cardoso/LR/Andina

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Greys Lizarme

Nuevo descubrimiento en Amazonas. Expertos del del Instituto de Investigación de Arqueología y Antropología Kuélap (INAAK) encontraron cabezas clavas y más de 200 estructuras tras operaciones en el sitio arqueológico Ollape, ubicado en el distrito de La Jalca, en la provincia de Chachapoyas. Los especialistas pertenecen a la Universidad Nacional Toribio Rodríguez de Mendoza (UNTRM), la cual precisó que dos cabezas claves destacaron de entre todas las piezas.

Cabe destacar que dichos elementos fueron obtenidos de los escombros de una estructura circular. Los investigadores señalaron que, debido a su orientación y posición, habrían sido colocadas en los exteriores de dicha infraestructura.

Amazonas: más de 200 piezas de la preconquista de América

El proyecto fue avalado por el Laboratorio de Investigación en Geomática de la UNTRM con la disposición de vuelos de dron y levantamiento LiDAR (Light Detection and Ranging). Todo esto con el objetivo de permitir la obtención de planos de alta precisión de la zona arqueológica para, posteriormente, ser inspeccionado por el equipo de arqueólogos del INAAK.

Durante el proceso, se registraron variedades de frisos arquitectónicos, de los cuales destaca uno con diseño en zigzag. El total de estructuras sobrepasa las 200 y pertenecen a la época de la preconquista de América.

Proyecto Arqueológico Xalca Grande en Ollape, Amazonas

El presente proyecto, llamado “Proyecto Arqueológico Xalca Grande”, es seguido por un equipo profesional del INAAK: participan estudiantes de Arqueología y egresados de la UNTRM, la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y la Universidad Nacional de Trujillo.

Adicionalmente, dicha iniciativa también fue el resultado de la cooperación entre la Universidad Nacional Toribio Rodríguez de Mendoza de Amazonas y la Municipalidad Distrital de La Jalca.

Museos comunitarios de Bolivia fortalecen su profesionalización desde los territorios

Durante tres jornadas, representantes de repositorios del país participaron en un curso taller con enfoque intercultural y social, que concluyó con una jornada práctica en Chiripa.

Con la participación de representantes de museos comunitarios de varias regiones del país y especialistas internacionales en museología, se llevó a cabo el curso taller Desarrollo de Habilidades museísticas en los museos comunitarios bolivianos, un espacio formativo e intercultural organizado por la Asociación de Museos Comunitarios del Qhapaq Ñan (Asoremuc-QÑ), con el respaldo de la Embajada de los Estados Unidos de América, el Gobierno Autónomo Municipal de La Paz y el Museo Comunitario Arqueológico de Chiripa. 

El evento se desarrolló entre el 8 y 10 de julio, con dos jornadas en el Museo Tambo Quirquincho de La Paz y una tercera jornada de visita práctica en la comunidad de Chiripa, municipio de Taraco, en el departamento de La Paz. Durante estos días se generó un valioso intercambio de experiencias y conocimientos destinados a fortalecer la gestión, sostenibilidad y el impacto social de los museos comunitarios bolivianos.

CAPACITACIÓN ESPECIALIZADA CON MIRADA INTERCULTURAL

El curso contó con la presencia de destacados profesionales bolivianos y estadounidenses, quienes ofrecieron talleres y conferencias sobre temas clave para el desarrollo de los espacios museísticos desde una perspectiva territorial y con enfoque comunitario.

Se abordaron contenidos sobre gestión cultural, conservación de patrimonio, diseño de experiencias turísticas sostenibles, interacción con visitantes, prevención del tráfico ilícito de bienes culturales, procesos de repatriación y elaboración de productos artesanales.

Entre las ponencias más destacadas se contó con la participación de expertas del Museo Nacional del Indígena Americano (Smithsonian Institution), como Amy Van Allen y la conservadora emérita Emily Kaplan. También estuvo presente Helen Robbins, del Museo Field de Chicago, junto a Juan Carlos Patón Flores, coordinador del proyecto desde Asoremuc-QÑ.

MUSEOS COMUNITARIOS: ESPACIOS VIVOS Y SOSTENIBLES 

Más allá de los aspectos técnicos, el curso apostó por una comprensión profunda del rol de los museos comunitarios como espacios vivos, sostenibles y profundamente vinculados con la identidad de sus pueblos. Se enfatizó en el empoderamiento comunitario, la importancia de construir redes de colaboración entre museos y gobiernos locales, y la revalorización de los saberes ancestrales como patrimonio vivo. 

La jornada final se llevó a cabo en la comunidad de Chiripa, una de las más emblemáticas del altiplano paceño, donde los participantes aplicaron lo aprendido en terreno, y compartieron con los comunarios, autoridades locales y representantes del Museo Comunitario Arqueológico de Chiripa. Esta experiencia cerró con un apthapi comunitario, que simbolizó la reciprocidad y el compromiso colectivo con la defensa y revitalización del patrimonio cultural.

HACIA UNA GESTIÓN CULTURAL QUE NACE DESDE LAS COMUNIDADES

Desde Asoremuc-QÑ se valoró el impacto de esta iniciativa como un paso firme hacia la profesionalización cultural desde las comunidades y para las comunidades. Además de los contenidos y experiencias compartidas, el curso permitió tejer nuevos vínculos humanos y redes colaborativas que enriquecerán el movimiento de museos comunitarios en el país.

“Seguiremos trabajando por nuestros museos comunitarios, por nuestras memorias vivas y por una gestión cultural que nazca desde las comunidades y se proyecte al mundo”, afirmaron los organizadores en el acto de clausura.

Todos los participantes recibieron certificaciones oficiales que avalan su formación en este curso taller, que marca un hito en el fortalecimiento de los espacios culturales de base en Bolivia.

Caral-Supe, Perú la civilización más antigua de América

Perú, país de inmensa riqueza histórica, amplio patrimonio cultural y ejemplo de diversidad y multiculturalidad, albergó en sus tierras a la civilización más antigua de América, la civilización Caral. Así lo han determinado las últimas investigaciones realizadas con carbono 14, que revelan “el establecimiento de esta cultura en Perú hacia el año 3000 antes de Cristo”, tal como asegura la directora del Proyecto Especial Arqueológico Caral-Supe, Ruth Said Solís.

En el informe elaborado por el Proyecto Caral en junio de 2004, y que lleva por título “Las investigaciones en Caral: su significado y trascendencia para el Perú y el mundo”, se detalla y contextualiza el establecimiento de esta civilización en Perú.

“Caral representa a la civilización más antigua de América, desarrollada casi simultáneamente con las de Mesopotamia, Egipto, India y China. Los habitantes del Perú se adelantaron en, por lo menos, 1500 años a los de Mesoamérica, el otro foco civilizatorio de los seis reconocidos mundialmente, y en más de 2500 años a la sociedad que edificó las reconocidas ciudades mayas”, detalla el informe en su parte introductoria. El documento destaca la especificidad de esta civilización al ser capaz de lograr “un avance sin precedentes en completo aislamiento de sus coetáneas de América y del Viejo Mundo”.

La ciudad de Caral se encuentra al inicio del sector medio del valle de Supe, provincia de Barranca, a 182 km al norte de Lima, en el área norcentral del Perú. Es el asentamiento urbano más destacado por su extensión y complejidad arquitectónica de todos los identificados en el Nuevo Continente entre los años 3000 y 2000 A.C.

En esta área norcentral la estructura social tejida por el estado de Supe condujo por varios siglos al accionar de los individuos en los diferentes campos: económico, social y religioso. En el Perú, las formas de organización social y política de las poblaciones de Caral-Supe causaron fuerte impacto en la historia del área; trascendieron el espacio y el tiempo, y sentaron las bases de las estructuras que tendrían los estados políticos en los Andes Centrales.

Informe: “Las investigaciones en Caral”

Los manglares amazónicos de Brasil, ecosistemas vitales en riesgo ante la “ley de la devastación”

A pocos meses de que el país albergue la COP30, una nueva ley amenaza los humedales costeros más grandes del continente

A lo largo de la costa amazónica brasileña, a través de los Estados de Amapá, Pará y Maranhão, se extiende uno de los bosques de manglares más importantes del mundo, el cual a pesar de ser una pieza clave ante el cambio climático y el sustento económico para decenas de miles de familias, se encuentra cada vez más amenazado.

Estos vastos humedales costeros, además de ser una de las barreras naturales más efectivas ante la llegada de huracanes y maremotos, son uno de los ecosistemas de ‘carbono azul’ más poderosos de la Tierra, ya que sus complejos sistemas de raíces son capaces de almacenar emisiones de carbono durante siglos, lo que los hace invaluables en la lucha contra el calentamiento global.

Aunado a su valor ambiental, los manglares sustentan formas de vida integrales. En el norte brasileño, los pescadores tradicionales de cangrejo representan solo una de las muchas comunidades cuyas actividades culturales y económicas están entrelazadas con el ecosistema. En algunos estados, la pesca de manglares representa hasta el 50% de toda la producción pesquera artesanal, gracias a las familias que capturan cangrejos, mariscos, peces y camarones utilizando métodos tradicionales transmitidos de generación en generación.

Sin embargo, este tesoro natural se enfrenta a crecientes amenazas. Históricamente infravalorados económicamente, en los últimos 40 años el 20% de estos bosques tropicales acuáticos se ha perdido en aras del desarrollo urbanístico, reduciendo su cobertura global y dejando a millones de personas más vulnerables a las inundaciones.

Cuando se destruyen los manglares, sus suelos ricos en carbono quedan expuestos al oxígeno, liberando siglos de carbono almacenado a la atmósfera, lo que podría potencialmente contribuir hasta en un 10% del total de las emisiones relacionadas con la deforestación a nivel mundial.

Aunado a estas amenazas, el Congreso Nacional de Brasil, de mayoría conservadora, aprobó recientemente un proyecto de ley que busca flexibilizar las normas de declaración de impacto ambiental, desmontando gran parte de la legislación que Brasil ha construido en las últimas décadas. Este proyecto legislativo llamado la “ley de la devastación” por ecologistas, científicos y defensores de territorio, fue aprobada a unos cuantos meses de que el país reciba el corazón de la Amazonia brasileña la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP30), que pretendía presentar al país como un líder global contra el cambio climático.

Ante esta cumbre climática, científicos y activistas brasileños subrayan que es esencial tomar medidas inmediatas para cumplir los objetivos internacionales de reducción de emisiones de carbono y de conservación de los manglares. El destino de estos ecosistemas será una prueba decisiva para la verdadera voluntad del Gobierno de Brasil de proteger su patrimonio natural y contribuir a la regulación climática global.

¿Cómo proteger el patrimonio frente a desastres? Lecciones tras pérdida de obra de Nemesio Antúnez en Chile

El incendio que destruyó una galería en el centro de Santiago y consumió un mural del reconocido artista chileno evidenció la fragilidad de nuestro arte ante eventos catastróficos. Académicas y expertos UC analizan cómo repensar esta temática desde la planificación urbana y fortalecer el vínculo comunitario para proteger estos espacios.

Cuando pensamos en desastres naturales, quizás se nos viene a la mente la destrucción de grandes espacios de viviendas, oficinas o incluso, espacios de cultura, como han sido los recientes incendios en edificios antiguos de Santiago. Sin embargo, el patrimonio y el arte no es lo primero que recordamos, ni tampoco que queda en resguardo ante estos eventos.

Para Macarena Ibarra, académica del Instituto de Estudios Urbanos UC y directora del Núcleo Milenio Patrimonios (NUPATS), si bien existe legalmente un resguardo del patrimonio en estos eventos con la ley de Monumentos Nacionales, N.º 17.288, estos edificios, cuadros, esculturas y otras obras de arte, no pueden depender exclusivamente de esto, ya que no incluye su gestión. “Hoy, el verdadero desafío es resignificar estos espacios y activar su uso. Un bien patrimonial sin uso social está más expuesto a la vulnerabilidad”, afirma.

Esto resuena especialmente con el reciente incendio que afectó la galería del centro de Santiago que albergaba el excine Mayo, y que no sólo destruyó su infraestructura, sino que también se llevó consigo la obra “Terremoto” de Nemesio Antúnez, pintada en 1958 y declarada Monumento Histórico desde 2011. No obstante, a pesar de este estatus, el mural estuvo cubierto por más de 30 años por afiches de películas XXX y nunca logró ser restaurado tras el cierre de las salas de cine en 2019. Actualmente, solamente compartía espacio con una bodega clandestina de productos que se vendían en las tiendas al exterior del edificio.

Según Sebastián Riffo, artista e investigador de CIGIDEN, “los inmuebles declarados Monumento Histórico deben ser conservados por sus propietarios, quienes no pueden modificarlos ni destruirlos sin autorización del Consejo de Monumentos Nacionales (CMN). Esta institución incluso puede solicitar su expropiación si se considera necesario para su preservación. Además, los planes reguladores pueden definir zonas de conservación histórica, y existen instrumentos de financiamiento público y privado –como el FNDR, FONDART o la Ley de Donaciones Culturales– que buscan fomentar la puesta en valor del patrimonio”.

No obstante, estas herramientas no se activan automáticamente. “Requieren de una voluntad activa por parte de quienes promueven el resguardo, y dependen en gran medida de la capacidad de generar alianzas, sensibilización pública y presión social o política frente a las amenazas que enfrentan estos bienes”, aclara. 

Compromiso transversal

Este es un punto que replica Lake Sagaris, doctora en planificación urbana e investigadora del Centro de Desarrollo Urbano Sustentable (CEDEUS). Según la experta, hubo un momento en que el patrimonio era básicamente las mansiones, las iglesias, las catedrales, y eran vistos como una propiedad muy puntual. “Pero no pueden tratarse como piezas aisladas. Son anclas de zonas completas, expresiones de sistemas de vida. Deben protegerse junto con su entorno inmediato, incorporando escalas de transición y movilidad sostenible”, señala.

Además del resguardo material, la protección del patrimonio implica un compromiso cotidiano y comunitario. “Muchos espacios han sido preservados no por el Estado, sino por vecinos que los cuidan, los resignifican y los activan”, agrega Ibarra. 

El resguardo del patrimonio y el fomento de las artes también trae beneficios a la ciudad, según Riffo, “como la revitalización de los barrios, además, permite fortalecer la identidad local, promover el orgullo comunitario y favorecer la cohesión social. Ejemplos como Artistas Yungay en Santiago Centro, el Museo a Cielo Abierto en San Miguel o las intervenciones de mosaicos en el Metro de Puente Alto muestran cómo estas iniciativas pueden activar el sentido de pertenencia y generar vínculos significativos entre comunidad, arte y espacio público”. 

Por su parte, Sagaris señala que “pensar el patrimonio y el arte no como añadidos decorativos, sino como parte estructural del diseño de nuestras ciudades, es una tarea pendiente, pero fundamental para construir entornos más justos, inclusivos y con memoria”. 

Y lamentablemente, un incendio como el del mural “Terremoto”, nos recuerda la importancia de cuidar estos espacios patrimoniales “como la zona León 13 en Bellavista, William Noon ahí en Manuel Montt con Eliodoro Yáñez y tantas otras que son igual o más importantes para la memoria urbana de Santiago y Chile”, comenta para cerrar Sagaris.

“Pensar el patrimonio y el arte no como añadidos decorativos, sino como parte estructural del diseño de nuestras ciudades, es una tarea pendiente, pero fundamental para construir entornos más justos, inclusivos y con memoria” – Lake Sagaris, investigadora de CEDEUS.

Vestigios indígenas: un patrimonio para conocer y proteger en Argentina

Hasta el momento de la reglamentación de la Ley 6801 en el año 2001, las cuestiones del Patrimonio Cultural y Natural local quedaban en manos de profesionales de la UNSJ al amparo de la Ley 3511 del año 1966 y derogada con la aparición del citado nuevo instrumento legal. Fue en 1997 cuando el entonces diputado, Águedo Herrero, redactó una prolija norma sobre protección del Patrimonio Cultural y Natural de San Juan acorde a los nuevos tiempos, contando con el apoyo del también diputado Dr. Humberto Lirussi. Esa ley recién logró reglamentarse casi cinco años después en la entonces Subsecretaría de Cultura y Turismo de la Provincia (hoy ministerio de Turismo, Cultura y Deportes) y se aplicó inmediatamente.

Una de las primeras exigencias de la reglamentación era la constitución del Consejo de Patrimonio de la Provincia lo que sucedió en ese mismo año 2001. Eran tiempos en que en todo el país se hablaba de saqueo al patrimonio según denuncias que ya recibía la Convención de la UNESCO sobre protección del Patrimonio Cultural y Natural surgida en el año 1972.

Por otra parte, se conocía también que entre Argentina y Chile se producía tráfico ilícito desde el Este al Oeste y viceversa, sobre todo por parte de huaqueros.

Hoy esos ilícitos han desaparecido, o por lo menos se sabe que el control de las fronteras y aeropuertos es muy riguroso por parte de la Policía Federal Argentina. Más aún cuando la Ley 6801 fue mejorada en el nuevo Digesto Jurídico aprobado por la Cámara de Diputados de la provincia por la ley marco 8277, del 20 de julio de 2012, y la 411-F que sustituyó parcialmente a la 6801 enfocándose “en la declaración específica de ciertos bienes como parte de este patrimonio Cultural y Natural de la provincia’.

-Patrimonio Cultural y natural de San Juan
Por todo ello, es momento de descubrir con más intensidad el patrimonio cultural y natural a lo largo y ancho de San Juan. Como por ejemplo el Canal del Indio, conocido también como el Canal Matriz o Canal Indígena, ubicado en la zona de las Higueritas hasta las Sierras Azules, en el departamento Zonda.

Construido por la Comunidad Huarpe, con una longitud de unos 8 kilómetros, es un sistema de riego prehispánico que data del año 800 d.C., considerado “el sistema de riego más antiguo y mejor conservado del país”, y declarado Patrimonio Histórico Provincial.

-Yacimiento Arqueológico de Angualasto, Iglesia
Otro sitio destacado es el Yacimiento Arqueológico de Angualasto, ubicado al norte de la localidad del mismo nombre, en el departamento Iglesia, con evidencias arqueológicas tales como ruinas de viviendas de distinto tipo, corrales, restos de infraestructura hidráulica y tumbas de diferentes grupos étnicos prehispánicos y no incaicos de carácter agropecuario que ocuparon la región septentrional de la provincia de San Juan entre los años d.C. 50 y 1460.

Se sabe también por un informe oficial que “en ese lugar se hallaron asimismo evidencias arqueológicas, muebles, como piezas textiles, alfarería, entre otras, que fueron recuperadas en el marco de diversas campañas de campo realizadas desde el año 1978 bajo la dirección del recordado arqueólogo, profesor Mariano Gambier y que se custodian, precisamente, en el Instituto de Investigaciones Arqueológicas y Museo “Prof. Mariano Gambier” del Complejo Cultural “La Superiora”, Rawson. También fue declarado “Bien Integrante del Patrimonio Natural y Cultural de la Provincia”, como “Monumento Histórico, Sitio Histórico y Sitio Arqueológico”.

-Baldes del Rosario en Valle Fértil
Otro espacio cultural digno de conocer es “Baldes del Rosario”, situado a 45 km al noroeste de Villa San Agustín, Valle Fértil, sobre ruta provincial 510 y declarado “Sitio Histórico” y “Bien Integrante del Patrimonio Cultural provincial”.

Se trata de “un núcleo de muy escasa población y con características sobre todo rural”.

Los informes oficiales indican que “las actividades económicas son la cría de ganado caprino y la agricultura de tipo tradicional con la implantación de cultivos estacionales que en situación habitual es para autoconsumo”.

Todos los meses de marzo se realiza allí el Festival Departamental del Queso y el Quesillo. Pero también destaca por ser un punto de tránsito hacia Parque Provincial Ischigualasto, Patrimonio de la Humanidad.

-Paso del Lámar, Jáchal
Mientras tanto en Jáchal con numerosos lugares históricos para conocer, podemos descubrir el “Paso del Lámar”, sitio arqueológico ubicado en la margen izquierda del río Bermejo, también conocido como río Vinchina. Allí se conservan “vestigios arqueológicos que datan de antes y durante la dominación incaica, incluyendo grandes áreas de cultivo irrigadas para el ganado”. Ya es un “Bien Integrante del Patrimonio Cultural de la provincia” y al costado del Río Bermejo, “se encuentran los restos de la llamada “Ciudad Perdida”.

Finalmente, subrayar que desde la dirección de Patrimonio Cultural de la Provincia, a cargo de la profesora Gladys González, se viene realizando una rigurosa tarea de inspección y conservación de la riqueza patrimonial que conforma la identidad y la memoria de San Juan.

Por Luis Eduardo Meglioli
Periodista
Fuentes: Archivo Histórico de San Juan; sisanjuan.gob.arInfovallefertil.com

Bogotá, Colombia , Conmemora en día internacional de la arqueología redescubriendo sus raíces

Cada 28 de julio se celebra el Día Internacional de la Arqueología, una fecha que invita a reconocer la importancia de esta disciplina en la comprensión de la historia de la humanidad. En este contexto, Bogotá emerge como un escenario privilegiado y revelador: bajo sus calles, parques y edificaciones yacen capas de memoria que dan testimonio de una ocupación humana que se remonta, al menos, a 12.000 años. Más allá de sus edificios modernos y su dinamismo urbano, la capital colombiana es un inmenso sitio arqueológico donde cada hallazgo es una oportunidad para conectarnos con nuestras raíces más profundas.

La arqueología no solo estudia los grandes acontecimientos del pasado. Se centra en la cotidianidad: los modos de vida, las prácticas alimenticias, las formas de organización social, las maneras de producir, de pensar y de gobernar de las comunidades humanas a lo largo del tiempo. Lo hace a partir de vestigios materiales –llamados artefactos arqueológicos–, de los espacios en los que se realizaron diversas actividades humanas –rasgos arqueológicos– y de los lugares donde estos elementos convergen –depósitos arqueológicos–. La combinación de estos componentes configura el contexto arqueológico, y cuando se agrupan varios de estos contextos, se habla de un sitio arqueológico, según expone Francisco Romano Gómez, arqueólogo de la Subdirección de Gestión Territorial del Patrimonio del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural – IDPC.

Estos sitios nos permiten reconstruir la vida cotidiana de las personas, las familias, las comunidades y los pueblos, y entender cómo evolucionaron a través del tiempo. La arqueología, en suma, es una herramienta para viajar en el tiempo, una ciencia que nos acerca a nuestros antepasados y nos ayuda a entender mejor quiénes somos hoy.

Y en este viaje, Bogotá ocupa un lugar destacado. Así como una casa guarda recuerdos, objetos y emociones de quienes la habitan, la ciudad también conserva las huellas de centenares de generaciones que hicieron de este territorio su hogar. “Vivimos en los mismos espacios donde habitaron los abuelos de los abuelos de nuestros tatarabuelos y muchas otras personas aún más lejanas en el tiempo. Cada rincón de la ciudad contiene sabidurías, experiencias y conocimientos transmitidos y transformados a lo largo de milenios”, señaló Leonardo Lizcano Serna, arqueólogo de la Subdirección de Gestión Territorial del Patrimonio del IDPC.

Uno de los aspectos más significativos de la ocupación antigua del territorio bogotano es la relación íntima entre los primeros asentamientos humanos y los cuerpos de agua. Ríos, quebradas y humedales no solo fueron fuente de vida, sino también eje organizador del espacio y de las formas de habitar. Un ejemplo notable es el extenso sistema de canales y camellones prehispánicos que cubrió más de 25.000 hectáreas y fue utilizado para controlar las subidas y bajadas del río Bogotá y de afluentes como el río Tunjuelito. Este sistema demuestra una comprensión profunda del medio ambiente y una capacidad técnica que todavía asombra, y sus huellas aún pueden verse en localidades como Suba, Bosa, Tunjuelito y el vecino municipio de Soacha.

En tiempos recientes, diversos hallazgos han dado nueva luz a este pasado milenario. Uno de los más importantes fue el hallazgo, en las cercanías del portal de TransMilenio de Usme, de un depósito arqueológico con restos de más de 500 individuos humanos enterrados entre el año 1200 y 1600 antes del presente. Este hallazgo, realizado durante las obras de ampliación de la troncal sur, representa una de las evidencias más impactantes de prácticas funerarias antiguas en la región.

Otro ejemplo revelador es la historia del Hospital San Juan de Dios, cuya evolución arquitectónica responde también a la necesidad de gestionar el recurso hídrico de manera eficiente para garantizar condiciones de salubridad en el cuidado de los enfermos durante los siglos pasados. Aquí, la arqueología dialoga con la historia urbana reciente, mostrando cómo el agua ha sido un eje central de la vida bogotana, desde tiempos ancestrales hasta nuestros días.

La conservación de estos vestigios no se limita a su registro o documentación. También implica integrarlos en la vida contemporánea de la ciudad. Un ejemplo inspirador de este enfoque es el Parque Arqueológico y del Patrimonio Cultural de Usme, un espacio que conjuga la memoria ancestral, la historia colonial y la presencia campesina contemporánea. Ubicado entre dos quebradas que desembocan en el río Tunjuelito, este parque alberga un importante sitio arqueológico donde vivió de manera permanente una comunidad prehispánica hace aproximadamente 1800 años. Además, resguarda los restos de la antigua Hacienda El Carmen y evidencia las transformaciones del paisaje realizadas por comunidades rurales actuales.

Este lugar permite analizar cómo el paisaje es más que un entorno físico: es un sistema de signos, una expresión simbólica, política y social. Cada elemento del paisaje urbano y rural tiene un significado, una historia, una carga emocional que contribuye a la comprensión de las dinámicas humanas, pasadas y presentes. El parque se proyecta, además, como un futuro centro de investigación y repositorio de la cultura muisca y campesina, fomentando el estudio y la reflexión desde la singularidad de su ubicación en el borde urbano-rural de la ciudad.

“El paisaje es parte de la vida humana y a la vez, un mapa ancestral que se ha construido de manera significativa. Es un espacio dinámico que transforma y conecta lo físico, lo social, lo político, lo simbólico y se manifiesta en el territorio como una evidencia cultural”, anota por su parte, Ana María Carrascal Arqueóloga  e investigadora del Parque Arqueológico y del Patrimonio Cultural de Usme del IDPC.

Cada hallazgo arqueológico en Bogotá reafirma su condición de casa milenaria, tejida por generaciones que dejaron huellas en el suelo, en el agua, en las formas de construir y convivir. Cuidar este patrimonio no es solo una labor de conservación: es un acto de reconocimiento, de valoración de nuestra historia compartida y de proyección hacia el futuro. Incorporar la memoria arqueológica en nuestra vida cotidiana fortalece nuestra identidad y nuestro sentido de pertenencia.

Este 28 de julio, Día Internacional de la Arqueología, es una invitación a mirar el suelo que pisamos con otros ojos. A preguntarnos qué historias oculta, qué secretos guarda, y qué tanto de ese pasado sigue vivo en nosotros. Desde el IDPC celebramos, entonces, la oportunidad de habitar una ciudad tan rica en memoria, tan profunda en historia y tan vasta en posibilidades de comprensión. Celebramos a Bogotá, nuestra casa de los 12.000 años.

Arqueólogos descubren en Perú un mural prehispánico de más de 3.000 años

Arqueólogos peruanos descubrieron un mural prehispánico de más de 3.000 años de antigüedad en un centro ceremonial en el norte de Perú, informaron el martes los investigadores.

El mural policromo con figuras por ambos lados y pigmentos originales se encuentra dentro de un templo del sitio arqueológico Huaca (lugar sagrado) Yolanda, en la región La Libertad a unos 580 km al norte de Lima.

«Hemos hallado de forma sorpresiva un mural intacto de 3.000 a 4.000 años de antigüedad que tiene características bastante únicas para la arqueología peruana», dijo a la AFP la arqueóloga Ana Cecilia Mauricio, investigadora de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

Peces, estrellas, redes de pesca y plantas componen las figuras de la doble cara del mural de adobe de más de 5 metros de largo y dos de alto que fue descubierto recientemente.

«Este mural tiene diseño tridimensional con decoraciones y colores azul, rojo, amarillo y negro. Nunca habíamos encontrado una iconografía o unas imágenes de este tipo», destacó la directora de la investigación desde el lugar del hallazgo.

«Es importante el hallazgo por el hecho mismo de ser un monumento de hace más de 3.000 años que da a conocer la riqueza histórica, cultural de las poblaciones del Perú», explicó.

Las figuras en el mural revelan un simbolismo profundo de las antiguas culturas preincas.

Mauricio señaló que la zona enfrenta una amenaza constante por la expansión agrícola que avanza sobre los vestigios arqueológicos, afectando la preservación del sitio.

La Huaca Yolanda ocupa una superficie de 40 hectáreas, en el valle de Chao. 

El sitio es uno de los más antiguos de América por sus estructuras de adobe, datadas en el período precerámico tardío. 

Ministerio de Cultura de Perú intensificará vigilancia para proteger patrimonio cultural

La cartera ministerial señaló que los delitos contra el patrimonio cultural están penados por el Código Penal con sanciones que incluyen hasta 6 años de prisión.

En vísperas del feriado largo por Fiestas Patrias, el Ministerio de Cultura anunció que reforzará la vigilancia en todo el país para prevenir afectaciones al patrimonio cultural de la nación, a través de la Dirección General de Defensa del Patrimonio Cultural y las Direcciones Desconcentradas de Cultura en todo el país.

“Durante estas fechas, suelen incrementarse las acciones delictivas contra nuestro legado histórico, como las invasiones a zonas arqueológicas, por lo que se exhorta a la ciudadanía a participar activamente en su defensa, denunciando cualquier acto que ponga en riesgo la integridad de bienes culturales muebles e inmuebles, tanto arqueológicos como históricos”, señaló en un comunicado.

El Ministerio de Cultura detalló que intervendrá ante cualquier denuncia de invasión a las zonas arqueológicas, agresiones a las edificaciones históricas, comercialización o tráfico ilícito de bienes culturales muebles como ceramios, textiles prehispánicos, pinturas virreinales, documentos antiguos, etc., entre otras modalidades de delito, en coordinación con el Ministerio Público, la Policía Nacional del Perú y los gobiernos locales.

Además, advirtió que se aplicarán estrictamente las disposiciones que establece la Ley General del Patrimonio Cultural de la Nación, que contempla multas por afectaciones o infracciones contra el patrimonio cultural, por montos que oscilan entre los 0.25 (S/1 287.50) y las 1 000 (S/5 150 000) unidades impositivas tributarias (UIT).