Colombia: Perdida por 25 años reaparece en la Sierra Nevada la hermosa ´rana arlequín de la noche estrellada´

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Gracias al trabajo conjunto entre biólogos e indígenas arhuacos, se volvió a documentar la existencia de la deslumbrante rana. Los últimos registros eran de 1994.

La hermosa rana arlequín de la noche estrellada (Atelopus aryescue) ha vuelto a reaparecer para la ciencia. Gracias al trabajo conjunto de la organización Global Wildlife Conservation, la Fundación Atelopus – ONG colombiana – y el pueblo indígena Arhuaco de la comunidad Sogrome en la Sierra Nevada de Santa Marta de Colombia fue posible despúes de 25 años volver a tener noticias de este deslumbrante animal. 

“Si bien las ranas arlequín de alta montaña han declinado en gran medida en las últimas tres décadas como resultado de un hongo patógeno mortal, la rana arlequín de la noche estrellada ha resistido la tendencia”, comentó a través de un comunicado Lina Valencia, oficial de conservación de Colombia para Global Wildlife Conservation. “Esta es una historia magnífica y poderosa sobre cómo trabajar con las comunidades indígenas y locales puede ayudarnos no solo a encontrar especies perdidas para la ciencia, sino comprender mejor cómo algunas especies están sobreviviendo y cómo podemos conservar el mundo natural de una manera que conecte el conocimiento espiritual y cultural”.

La rana arlequín de la noche estrellada, o ‘gouna’ en Arhuaco, está clasificado en Peligro Crítico por la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN. Aunque se había perdido para la ciencia durante casi tres décadas nunca se ha perdido para los miembros de la comunidad Sogrome, quienes siempre han convivido en armonía con esta rana y han compartido su hogar en la Sierra Nevada de Santa Marta, y quienes históricamente han protegido el anfibio, su hábitat y la vida silvestre que vive allí.

“La Sierra Nevada de Santa Marta es un lugar que consideramos sagrado, y las ranas arlequín, son guardianes del agua y símbolos de fertilidad”, dijo Kaneymaku Suárez Chaparro, miembro de la comunidad de Sogrome y estudiante de biología de la Universidad del Distrito Francisco José de Caldas. “Administramos nuestros recursos y conservamos nuestro hogar como lo dicta la Ley de Origen, lo que significa que vivimos en equilibrio con la Madre Tierra y toda la vida aquí. Ahora tenemos una gran oportunidad de reunir dos visiones del mundo para la protección y preservación de esta especie de la Sierra: el conocimiento científico occidental y el conocimiento científico, cultural y espiritual indígena”.

La rana arlequín de la noche estrellada no se ha documentado científicamente en 25 años, en parte porque los biólogos no han tenido acceso a su hábitat. Sin embargo, para la comunidad de Sogrome y su representante Ruperto Chaparro Villafaña, esta rana es la Autoridad Legítima del mundo natural – un indicador de muchas actividades prácticas como la agricultura o la celebración de actividades ceremoniales, que los ha inspirado por miles de años hasta convertirse en una cultura milenaria.

Antes de emprender la búsqueda conjunta, indígenas y científicos se dieron a la tarea de crear confianza. Después de 4 años de conversaciones y diálogos entre la Fundación Atelopus, Villafaña y los líderes espirituales de la comunidad de Sogrome, el equipo de la Fundación Atelopus obtuvo permiso en abril de este año para ver la rana sin tomar fotos (una prueba que los Arhuacos llamarón “resistir la tentación”). (Imagen: Investigadores de Fundación Atelopus junto a indígenas arhuacos a cargo de la búsqueda de la rana).

“Sin la ayuda de Ruperto, hubiera sido imposible trabajar en esta parte de la Sierra y es un honor aún mayor, y una hermosa oportunidad, para nosotros haber ganado la confianza de la comunidad de Sogrome para que podamos seguir trabajando juntos.”, dijo el vicepresidente y biólogo de la Fundación Atelopus, José Luis Pérez-González. “Nuestras expectativas en esta expedición era encontrar al menos un individuo de rana arlequín y nos llevamos la sorpresa de encontrar una población con más de 34 individuos! Estábamos llenos de alegría y esperanza al tener la oportunidad de observar esta especie de un género para el cual quedan muy pocas.”

Los próximos pasos incluirán reuniones entre la Fundación Atelopus, Suárez Chaparro y Villafañe Chaparro, los mamos y las autoridades de la comunidad para continuar discutiendo el papel de la Sierra y sus anfibios,  establecer un programa de monitoreo para la rana arlequín de la noche estrellada, y reunir las perspectivas científicas y espirituales para continuar protegiendo mejor a los anfibios.

Ochenta de las 96 especies de ranas arlequín conocidas están en Peligro de Extinción, en Peligro Crítico o Extintas en la naturaleza, según la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN, como resultado de enfermedades infecciosas, destrucción y degradación del hábitat, especies invasoras y cambio climático. Para el 2018, 37 especies de ranas arlequín han desaparecido de sus hogares conocidos y no se han visto desde principios de la década del 2000, a pesar de los esfuerzos por encontrarlas. La rana arlequín de la noche estrellada es una de las cuatro ranas arlequín con poblaciones aparentemente estables que viven en elevaciones medias y altas en la Sierra Nevada de Santa Marta, sorprendiendo a los biólogos que asocian estos hábitats de gran elevación con dramáticos declives de anfibios.

“Con los registros de la rana arlequín de la noche estrellada, confirmamos que la Sierra Nevada de Santa Marta es uno de los sitios más importantes para la conservación de las ranas arlequín en América Latina”, dijo Luis Alberto Rueda Solano, profesor de la Universidad del Magdalena y cofundador de la Fundación Atelopus. “Y gracias a las comunidades indígenas como Sogrome, este lugar especial sigue siendo un santuario para estos animales especiales”.

Tomado de: https://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/perdida-por-30-anos-reaparece-en-la-sierra-nevada-la-hermosa-rana-arlequin-de-la-noche-estrellada-articulo-895403

Venezuela: Localizan Los Petroglifos Más Grandes Del Mundo.

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Los petroglifos más grandes del mundo en el caudaloso río Orinoco, específicamente en los raudales de Atures. Cuando llega al punto en el que las curiaras ya no tienen acceso. Hay cinco islas en las que arqueólogos de University College of London encontraron un centenar de los petroglifos más antiguos y grandes del mundo.

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Los petroglifos más grandes del mundo las rocas son tan altas que es casi imposible ver los grabados desde el terreno.  Por lo que  tuvieron que hacer uso de drones con cámaras tridimensionales para observar en perspectiva estos dibujos.

La figura individual de mayor tamaño es una serpiente con cuernos, mide 30 metros de largo.

Otro de los paneles mide 300 metros cuadrados y encontraron al menos 93 grabados en ella. Tal era su magnitud, que uno de los investigadores, Philip Riris, comenta que mientras limpiaba la superficie no se daba cuenta que en realidad lo que hacía era limpiar un solo e inmenso petroglifo. En total hallaron ocho grupos de rocas en las cinco islas.

Las imágenes más comunes son de humanos y animales.

Los petroglifos más grandes del mundo también se repite mucho una figura de lo que parece ser un flautista rodeado de  gente.

Los investigadores sugieren que esto podría ilustrar un tema de renovación. Antes de la época de lluvias, el cauce del Orinoco baja exponiendo estas piezas de arte.

Aparte de ser útil para las investigaciones arqueológicas, consideran que pudo haber tenido un significado ritual miles de años atrás.

Los petroglifos más grandes del mundo otra imagen que se repite es la de dos espirales oponiéndose una a la otra. Este dibujo ha sido documentado de manera similar en el Caribe y en el sur del Amazonas.

Algunos estudios anteriores sugieren que podría referirse a la potencia masculina y a la fertilidad, pero es difícil confirmarlo en este caso, pues varían los significados de acuerdo con la región.

“Los mitos indígenas se refieren directamente a los rápidos como la morada del dios del sol”, dice Philip Riris”. Otro mito dice que cuando el árbol del mundo (donde se originaron todos los animales y plantas) se derrumbó, su corona cayó en el Orinoco e hizo los rápidos”.

Los petroglifos más grandes del mundo   la investigación fue publicada en la revista especializada Antiquity el 6 de diciembre. Se presume que los rápidos eran una zona de convergencia lingüística, étnica, y cultural.

Los grabados del Orinoco se habían estudiado antes pero nunca con este nivel de detalle.

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Por: Hector Figuera

Fotografías: Philip Riris

Con información de National Geographic y Antiquity.

Tomado de: https://rceni.com/petroglifos-mas-grandes-del-mundo/amp/?fbclid=IwAR2Q8cE02pHiCmqAMUUjavj-fqdxfC8HHd2PQ7UYsXMwtelBFoQ_Ukp57Fw

El alemán que descubrió San Agustín y se robó 21 estatuas

En 1914 el alemán Konrad Theodor Preuss empacó con cuidado un cargamento de estatuas de piedra halladas durante sus exploraciones en fincas del caserío de San Agustín y sin avisarle a nadie, lo envió a lomo de mula y a hombros de indígenas hasta Neiva para embarcarlo por el río Magdalena, guardarlo en una finca de Cundinamarca y llevarlo más adelante hasta Europa.

Quince años después de sus excavaciones, el etnólogo y antropólogo ―conocido como el primer científico que investigó la llamada cultura de San Agustín― admitió en su libro Arte monumental prehistórico que tuvo «dificultades sin cuento» para sacar varias «cargas» de esculturas, moldes de estatuas e infinidad de objetos de cerámica y utensilios de piedra empleados por los escultores. La sola mención de «varios quintales» ―medida de peso equivalente a cien kilogramos― indica que el cargamento pudo llegar a una tonelada.

Transcurrido un siglo, no se ha podido precisar cuántas estatuas salieron de su lugar natural para dormir el sueño del olvido en el Museo Etnológico de Berlín en donde hoy reposan junto a piezas de otras culturas. La confusión la creó el propio investigador quien nunca reveló cuántas obras sacó subrepticiamente de Colombia ni en qué momento lo hizo. Primero, en una carta del 31 de enero de 1914 ―dos meses antes de dejar a San Agustín― dijo que una de las figuras pequeñas halladas «ya se empacó para Berlín», situación que da para pensar que hubo un envío inicial. En su libro, sin mencionar números, relató con desfachatez que el 18 de febrero de ese año una recua de mulas llevó a Neiva «mi primer cargamento de antigüedades indígenas…» Más adelante indicó que en abril, al concluir su exploración de tres meses y medio, sus hombres llevaron otras obras hasta la capital del Huila, pero tampoco citó cantidades. A renglón seguido, por una sola vez, señaló que catorce estatuas pequeñas fueron movilizadas entre el Alto de las Piedras, San Agustín y Pitalito, por «peones de fuerza hercúlea». Se presume, entonces, que de Uyumbe, Isnos, Laboyos y otras regiones salieron por lo menos dos cargamentos con más de catorce esculturas empacadas en cajones de madera.

Estatuas encontradas por Preuss en San Agustìn

Estatuas encontradas por Preuss en San Agustìn

La primera duda legal sobre el volumen del cargamento que salió de Colombia tan pronto terminó la I Guerra Mundial (1914-1918), surgió en septiembre de 1915 cuando José María Burbano, corregidor de San Agustín, denunció ante el director del Museo Nacional, Ernesto Restrepo Tirado, que Preuss se llevó varias figuras de la Hacienda Laboyos e Isnos. De la primera sacó varias estatuas pequeñas y del segundo lugar, junto con otras de menor tamaño, tomó por lo menos dos esculturas que podrían pesar ocho arrobas cada una. No obstante, para algunos los expertos no fueron unas cuantas estatuas ni catorce sino muchas más. Pablo Gamboa, antropólogo conocedor de la estatuaria, señala que eran «23 pequeñas estatuas». David Dellenback, un estadounidense residenciado hace 30 años en San Agustín, líder de la campaña para repatriar estos bienes culturales, afirma que son 21. Este número fue confirmado por el profesor Hermann Parzinger, presidente de la Fundación de Herencia Prusiana, entidad que administra el Museo Etnológico de Berlín, en carta enviada a Dellenback el pasado tres de junio. En efecto, en el portal electrónico del museo aparecen, a todo color, las 21 obras agustinianas y otros 237 elementos de la región como vasijas, adornos, piedras, lajas, trozos de esculturas y fragmentos de utensilios. Varias de las figuras talladas, como aparece en el libro de Preuss y se puede verificar por la ficha técnica existente en el museo, no son pequeños adornos para una mesa de sala, sino obras de considerable peso y tamaño.

K. Th. Preuss fue uno de los primeros hombres dedicados a la etnología, una ciencia poco conocida entonces y como tal, estudió diversas culturas del mundo, entre ellas las tribus cora y huichol de la Sierra Madre Occidental mexicana, con las que convivió entre 1905 y 1907. Es probable que su interés por San Agustín haya surgido al conocer en Berlín los estudios y grabados del militar y geógrafo italiano Agustín Codazzi publicados por la Comisión Corográfica (1850-1862) y el libro Prehistoria y viajes americanos, estudios arqueológicos y etnográficos (1893), del general y político bogotano Carlos Cuervo Márquez.

Este guerrero de dos metros de altura era el preferido de Preuss

Este guerrero de dos metros de altura era el preferido de Preuss

Su expedición al sur de Colombia para tratar de interpretar la naturaleza histórico-religiosa de una cultura monolítica desconocida por el mundo la emprendió a los 44 años de edad. Llegó en septiembre de 1913 a Barranquilla a bordo de un barco y de allí siguió, Magdalena arriba, hasta Honda, La Dorada, Beltrán y Girardot de donde se desvió a Bogotá para obtener «informes indispensables» que en sus escritos no especificó si eran oficiales, por ejemplo, para pedir permiso al Gobierno o reportarse ante su embajada. Lo que sí hizo durante las tres semanas que estuvo en la capital fue comprar provisiones y contratar a Telésforo Gutiérrez, un joven que hizo las veces de cocinero, arriero y baquiano. En Purificación, Tolima, consiguió las mulas y contrató otros peones con quienes recorrió trochas, vadeó ríos crecidos, soportó aguaceros que parecían diluvios y reposó bajo frondosos samanes que lo guarecieron del calcinante sol. En su ameno relato inicial ?muy parecido a una crónica periodística? comenta que durante los catorce días que lo llevaron hasta Neiva, Hobo, Gigante, Altamira, Pitalito y San Agustín, solo encontró chozas aisladas y moradores autóctonos pero no «persona alguna de nación extranjera civilizada».

Al llegar a la región que consideró «excepcional para el estudio de la arqueología y la etnología», su primer gran impacto fueron tres grandes estatuas que halló recostadas entre la yerba en el sitio conocido como Uyumbe. Más adelante, en la plaza del poblado, encontró una fila de otros catorces ‘colosos’ trasladados por los pobladores y le causó curiosidad ver que dos esculturas soportaban columnas de madera de la iglesia. Luego, convencido del arduo trabajo para desarrollar en tan poco tiempo puesto que debía aprovechar la temporada seca diciembre-abril, alquiló una casa grande para utilizar como cuartel general. Ya en el campo, que él consideraba selva virgen debido a la tupida vegetación, el terreno agreste y los árboles monumentales, corroboró que las 34 estatuas dibujadas por Codazzi seis décadas atrás estuvieran allí y las volvió a dibujar.

Primera ediciòn en español del libro de Preuss

Primera ediciòn en español del libro de Preuss

Además de la meseta de San Agustín, su visita se extendió a zonas no exploradas como el Alto de los Ídolos, el cerro de La Pelota, el Estrecho del Magdalena, los altos de Las Huacas y Las Piedras, la Ciénaga Chica, Las Moyas, Matanzas, Isnos en donde tomó fotos en blanco y negro de las figuras encontradas por Codazzi y las descubiertas por él. Al mismo tiempo, elaboró moldes utilizando un papel especial, aceite de trementina y barniz copal. Estos dos últimos insumos los sustituyó por almidón de yuca, aquel pegamento que las abuelas del Huila llamaban engrudo. Meses después vació yeso en los moldes para confeccionar réplicas y las llevó a Alemania. Muchas estatuas las encontró a simple vista, otras las halló semienterradas o tapadas por la maleza y una gran cantidad tuvo que desenterrarla. A esas dificultades se sumaron el mal tiempo, las condiciones del terreno, la extensión del área ―seis veces más amplia que la explorada por Codazzi― y las rudimentarias herramientas utilizadas. Además, logró que indígenas y campesinos, a cambio de dinero o algún regalo, le informaran sobre otros entierros y lo acompañaran a buscar estatuas y sarcófagos en lugares apartados donde acampó en condiciones desfavorables, muchas veces atemperadas por serenatas con tiple, guitarra y bandola y en otras, ingiriendo «comida pobre y sencilla» que en una ocasión le ocasionó una diarrea de la cual se curó al tomar una pócima india de limón con una yerba llamada escoba de marrano.

A finales de abril de 1914 el corregidor Gustavo Muñoz y otros habitantes de San Agustín salieron a despedir al investigador que decidió no ir a Neiva con ‘sus’ colecciones ―como las llamaba familiarmente― porque prefirió adentrarse en las sureñas selvas del Caquetá para convivir, entre abril y julio, con indígenas huitotos, coreguajes y tama. Al dejar la zona, como si lo hubiera ofendido, Muñoz le dijo adiós al visitante con una palabra: «¡Perdone!». Según narra el exalcalde de San Agustín, Gabriel Calderón Molina, en su folleto El Centenario del descubrimiento científico de la cultura agustiniana, en aquel abril, el cargamento de estatuas, cerámicas, piedras y moldes de K. Th., fue movilizado por una caravana de 40 bueyes, caballos y mulas que recorrieron todo el Huila, de sur a norte, durante dos meses. Al llegar a Neiva, la cargazón fue embarcada en champanes hasta Girardot y transbordada en tren hasta La Esperanza, un caserío de La Mesa, Cundinamarca, en el centro de Colombia. Escritos posteriores indican que las estatuas y los demás bienes, permanecieron ocultos en ese lugar durante ocho años ―hasta 1922― cuando fueron enviados desde Puerto Colombia, en el Caribe, a Alemania.

Campesinos que trabajaron en la excavación

Campesinos que trabajaron en la excavación

Al concluir sus vivencias en Caquetá, reflejadas en los dos volúmenes de Religión y mitología de los huitotos (1921), y enterado del estallido de la Gran Guerra, Preuss, que no era arqueólogo, se enrumbó el 28 de julio de 1914 a Briceño e Iscandoy, Nariño, en el Macizo Colombiano, donde hizo otras excavaciones que le permitieron tomar, entre agosto y septiembre, otras catorce estatuas pequeñas. De ellas tampoco hay registros oficiales sobre su adquisición y salida del país aunque sí está confirmado que reposan en el Museo Etnológico de Berlín, según admitió el profesor Parzinger en su carta a Dellenback. Al terminar sus exploraciones en el sur y ante la imposibilidad de regresar a Alemania por el escalamiento de la guerra, Preuss cambió su plan y viajó en noviembre de 1914 a Santa Marta para conocer a los kogui. La organización social, la mitología y la gramática de esta etnia de la Sierra Nevada de Santa Marta, fueron abordadas con sencillez en su elogiado libro Viaje de exploración a los kágaba (1926). En esa zona K. TH también dejó otro rastro negro al llevarse dos máscaras de madera utilizadas por los nativos para sus rituales y que, «al igual que hoy en día, no estaban en venta». La investigadora alemana Manuela Fischer lo dice sin reservas en el portal Miradas alemanas: «Preuss aprovechó una disputa por cuestiones de herencia entre dos sacerdotes indígenas para poder adquirirlas». Como las esculturas del sur colombiano, las máscaras reposan en el mencionado museo berlinés.

En 1915, terminada su investigación en el norte, este hombre que además era historiador y geógrafo, trató de embarcarse en un vapor de una compañía bananera que salía de Santa Marta, pero la extensión del conflicto a los mares le impidió otra vez su regreso a Berlín. Ante la frustración de organizar en un gran museo las obras recogidas durante años en diferentes lugares, el profesor no tuvo otra alternativa que refugiarse en La Esperanza donde se dedicó  a escribir cartas, redactar artículos para revistas y preparar los tres libros sobre temas colombianos. Solo en 1919, un año después de terminada la guerra con la humillante derrota germana, Preuss pudo volver a su tierra.

Cabeza de un hombre encontrada en el río Jabón, también está en Berlín

Cabeza de un hombre encontrada en el río Jabón, también está en Berlín

La primera edición de Arte monumental prehistórico: excavaciones hechas en el Alto Magdalena y San Agustín (Colombia). Comparación arqueológica con las manifestaciones artísticas de las demás civilizaciones americanas (1929), fue publicada en alemán y estuvo a cargo de Vandenhoek & Ruprecht, una antiquísima editorial ubicada en Göttingen. La versión inicial en castellano, impresa en Bogotá por las Escuelas Salesianas de Tipografía y Fotograbado (1931), fue traducida por el médico antioqueño César Uribe Piedrahíta y el antropólogo austríaco Herman Walde-Waldegg.

Son dos tomos escritos en un lenguaje llano, aunque su autor aclaró que el libro «fue redactado única y exclusivamente según puntos de vista científicos con el fin de fomentar los conocimientos de la arqueología americana». Los cuatro capítulos del primer volumen ―221 páginas― refieren el descubrimiento de las estatuas, los lugares de las excavaciones, las implicaciones etnográficas de los hallazgos y la relación de las figuras con otras culturas. El segundo tomo ―135 páginas― muestra las impactantes fotografías de casi un centenar de esculturas que en palabras de Preuss «son el producto de una fuerza espiritual cuyo poder sorprende [y] domina a quien las mira». En esta parte, también aparecen los moldes y las figuras de otras culturas que podrían tener afinidades con San Agustín.

Curiosamente, Preuss no hace referencia a la presencia del sabio Francisco José de Caldas en la zona hacia 1797 ni se refiere al abanderado José María Espinosa que en 1817 reportó la existencia de «grandes piedras y grabados raros». Sin embargo, le reconoce gran mérito a Codazzi, de quien dice fue «el primer descubridor de este adoratorio». Aunque citó a otros europeos que estuvieron en la región entre 1869 y 1911, desestimó sus trabajos por superficiales y sin ninguna modestia afirmó que antes de sus excavaciones nadie hizo una auténtica exploración científica de ese «mundo nuevo, desconocido e impregnado de exquisita poesía».

Su circulación estuvo limitada a 200 ejemplares numerados y autografiados por Walde-Waldegg. El primero se le envió al papa Pío XI, el segundo al rey de Hungría, Otto I y el tercero al presidente Enrique Olaya Herrera. Entre otras personalidades, se remitieron libros al príncipe alemán Karl Schöenburg-Harttenstein, el conde germano Alfonso de Kinsky, el barón sueco Erlan Nordenskioeld y los empresarios alemanes Leopoldo Kopp, fundador de Bavaria y Heinz Schwanhauser, representante de Bayer. Asimismo, lo recibieron políticos como Jorge Eliécer Gaitán, Mariano Ospina Pérez, Luis Cano, Silvio Villegas, Carlos Arango Vélez, Luis Ignacio Andrade, Max Duque Gómez y Tulio Rubiano y reconocidos académicos como el director de la Biblioteca Nacional, Daniel Samper Ortega, el director del Museo Nacional, Gerardo Arrubla y el historiador Jesús María Henao. Además, el tiraje alcanzó para embajadas, mandos militares, jerarcas de la Iglesia católica e instituciones como la Academia de Historia, el Colegio Mayor del Rosario, la Escuela Normal de Tunja, el Seminario Mayor de Bogotá, el Colegio Alemán, el Instituto Bíblico Pontificio de Roma y el Smithsonian Institution, en Washington.

En 1974 la Dirección de Divulgación Cultural de la Universidad Nacional de Colombia publicó la tercera y última edición conocida en la que se incluyeron notas del crítico de arte Eugenio Barney Cabrera y el antropólogo Pablo Gamboa.

No hay duda de que las 21 estatuas de San Agustín y las catorce del Macizo Colombiano fueron sacadas irregularmente del país por Preuss quien siempre asumió, según se deduce de sus escritos, que las esculturas eran suyas ya fuera porque las halló, no tenían dueño o las compró (p. 78, t. 1). Así lo señaló en su libro: ‘mis colecciones’, ‘mis queridos gigantes’, ‘mis modestos yesos y originales’, ‘mi primer cargamento’, etc. El propio etnólogo, en lo que puede considerarse una confesión, escribió (p. 23, t. 1): «Terminada la guerra mundial, logré al fin, después de una permanencia de casi seis años en Colombia, volver a Alemania a fines de 1919; pero la posibilidad de transportar mis colecciones excavadas en los años 1913/14, era aún muy remota».

Es claro que siempre tuvo la idea de llevar ‘sus’ estatuas y que el único impedimento para llevarlas a Europa fue el conflicto bélico. Esta apreciación se colige de la carta dirigida a Dellenback por Parzinger: «…Preuss exportó las 21 estatuas de San Agustín y las 14 estatuas del Departamento de Nariño». Este eminente profesor agrega que  «los objetos exportados por Preuss fueron inventariados en Berlín y presentados en la exhibición permanente del actual Museo Etnológico». Parodiando el legendario paseo de Rafael Escalona, La custodia de Badillo, es claro que «Se las llevaron, se las llevaron, se las llevaron, ya se perdieron» y que cuando se dice que Preuss las ‘exportó’, se está recurriendo a un eufemismo para no decir que fueron sacadas de manera nada ortodoxa por quien se jactaba de ser el primero en estudiar científicamente  una cultura de inmensa importancia para la historia de América.

El malestar por las estatuas que están en Berlín no obedece a la polémica surgida en los últimos meses por la celebración de los cien años del inicio de las investigaciones arqueológicas. Al contrario, desde los días del hallazgo, muchos personajes han señalado que a la par del formidable trabajo académico, hubo un descarado despojo digno de un ‘guaquero ilustrado’ ―como lo señaló una lectora de este blog― o al menos, una conducta grotesca que perjudicó el patrimonio nacional y que ningún gobierno ha enfrentado con determinación. Además de la carta en la que el corregidor Burbano denunció las maniobras del investigador, negó la existencia de permisos y dudó de la propiedad de las estatuas por parte de los dueños de los predios donde hubo excavaciones, un oficio del ministro de Instrucción Pública, Emilio Ferrero, ratificó en 1915 la preocupación. El funcionario afirmó: «…en este Despacho se adelantan todas las diligencias correspondientes para evitar las irregularidades denunciadas en relación con la venta de las estatuas…» Poco después, el Congreso aprobó las primeras normas, muy tímidas, sobre patrimonio, bellas artes y archivos (Leyes 48/1918, 119/1919 y 47/1920).

Sin embargo, la denuncia más contundente sobre lo que muchos consideran un saqueo, la hicieron los traductores de Arte monumental prehistórico 18 años después de la llegada de Preuss. Esto escribieron Uribe Piedrahíta y Walde-Waldegg en una nota a pie de página: «Es inexplicable que el Gobierno hubiera permitido la salida de estos objetos de arte. En cualquier otra parte del mundo, no sólo se habría impedido la exportación de los originales, sino que además se habría exigido algo para nuestro museo en cambio de la copia en moldes». (P. 23, t. 1).

Hombre con cincel, también se encuentra en Berlín

Hombre con cincel, también se encuentra en Berlín

En su libro La escultura en la sociedad agustiniana (1982), Pablo Gamboa es menos drástico pero confirma que el etnólogo, «con el material que había traído, consistente en 23 pequeñas esculturas que pudo transportar fácilmente…» organizó en el Museo de Artes y Oficios de Berlín, en 1923, la primera exposición que mostró al mundo la estatuaria.

David Dellenback, quien viajó a Berlín para contrastar las imágenes existentes en el Museo Etnológico con las existentes en el libro y, de paso, verificar la existencia de las esculturas de Nariño, es categórico en acusar a Preuss: «El hecho de que fuera antropólogo o arqueólogo no le daba ningún derecho para sacar ilegalmente las estatuas. Todo lo que hizo, según consta en su propio libro y en testimonios, me permite concluir que él cometió un robo al cual no se le puede llamar de otra manera».

Para el expresidente de la Academia de Historia del Huila, Reynel Salas Vargas, Preuss «no solo ignoró al Gobierno sino que abusó de su condición de científico, impuso sus condiciones como si fuera un colonizador y se valió de la proverbial genuflexión de los huilenses ante los extranjeros para apoderarse de bienes valiosos que él bien sabía no eran de particulares». Raúl Rivera Cortés, diputado a la Asamblea y exsecretario de Cultura del Huila, sostiene que la visita de Preuss «generó toda una cadena de saqueos y por su presencia llegaron otros saqueadores que al llevarse una estatua o un vestigio, desmembraron páginas completas de la historia que nunca podrán ser reparadas porque fueron labradas a lo largo de miles de años». La periodista Rosario Fernández Aljure ―una de las principales impulsoras de la declaratoria de San Agustín e Isnos como Patrimonio de la Humanidad― sostiene, sin ahondar en la violación o no de la ley por parte del germano, que «su comportamiento fue indelicado, poco transparente y contrario a la ética que debían practicar científicos de su talla».

Determinar si K. Th. Preuss robó las estatuas, si fue abusivo o actuó movido por un interés noble, es un ejercicio que involucra aspectos legales, culturales y sociológicos. No debe desconocerse que el país de hace un siglo es completamente distinto al de hoy y que en ese entonces el tráfico de antigüedades era una práctica común en países como Alemania, Inglaterra y Francia. Por tanto, los testimonios de hace muchos años y las opiniones de personajes actuales que dejan muy mal parado al etnólogo, deben contrastarse con la mirada de expertos ya fallecidos o actualmente vigentes y del mismo Gobierno.

Luis Duque Gómez, prestigioso arqueólogo colombiano que por años vivió en la zona arqueológica, no condenaba ni absolvía al científico. En un artículo de Historia general del Huila (tomo 1), sostuvo: «A Preuss y otros viajeros extranjeros les fue fácil sacar estatuas y otros objetos arqueológicos de San Agustín, pues en la época en que visitaron la zona todavía no existía una legislación que amparara la defensa del patrimonio histórico y artístico del país».

El exalcalde Calderón Molina también considera que no hubo abusos del alemán por dos razones: «Primero, llevar piezas arqueológicas de San Agustín o de cualquiera otro lugar, no era en ese tiempo una novedad ni se le consideraba un atropello al patrimonio cultural. Segundo, no existía una conciencia pública sobre el valor de las mismas ni existían leyes que expresamente lo impidieran». En idéntico sentido se pronunció el arqueólogo Héctor Llanos Vargas, autor del libro Los jaguares chamanes de San Agustín: «Hay que ver a Preuss en su contexto histórico, él no era un saqueador». (El Tiempo, 23.01.2013).

Carlos Alirio Esquivel, presidente de la Asamblea del Huila, también justificó la actuación del etnólogo: «Así como él sacó estatuas ―con anuencia o no del gobierno― otros también lo hicieron, pero eso se debió a que no había las prohibiciones legales que solo surgieron muchos años después». Por su parte, Fabián Sanabria, director del Instituto Colombiano de Antropología e Historia ―Icanh― estimó que aunque Preuss hizo moldes en yeso «y se llevó unas estatuas porque no había protección de ese patrimonio», su presencia en San Agustín «no es la historia de un señor que vino a saquear».

Luis Armando Soto Boutín, director de Asuntos Culturales de la Cancillería y Olga Lucía Rivera Díaz, jefe de la Oficina Jurídica del Icanh, coinciden con otros especialistas en señalar que el explorador no infringió la ley. En respuesta a un derecho de petición enviado por el autor de este reportaje, los ministerios de Relaciones Exteriores y Cultura (representado por el Icanh), indicaron: «…para la fecha de las excavaciones realizadas por Preuss y la sustracción de las piezas del país, dichas actividades no se configuraban como delitos en el ordenamiento penal colombiano».

Ante la inexistencia de la norma expresa que sancionara la apropiación irregular de bienes arqueológicos, teniendo en cuenta que los predios en los que se hicieron las excavaciones eran de particulares, es válido preguntar si se violó o no el Código Penal de entonces (Ley 19 de 1890). En particular, el artículo 771: «Comete robo el que quita o toma lo ajeno con violencia o con fuerza y ánimo de apropiarse». O el 792: «Comete hurto el que quita o toma lo ajeno fraudulentamente, con ánimo de apropiárselo, sin fuerza ni violencia…» O el 800: «El que retenga la cosa ajena que se ha encontrado, sabiendo quién es el dueño, o que no sabiéndolo no dé cuenta a la autoridad…» O el 904: «El que sin fuerza ni violencia, pero sin el consentimiento del dueño de una cosa, se apoderare de ella, a sabiendas y maliciosamente, no para apropiársela, sino para servirse de ella…» O el 906: «Si el que ha usado de la cosa, la enajenare o rehusare devolverla al dueño…»

El penalista Raúl Eduardo Sánchez estima que si se intenta un ejercicio jurídico sobre la conducta de Preuss con base en las normas penales de hace un siglo, habría que tener en cuenta el ingrediente subjetivo de tipo penal, es decir, si él tuvo ‘ánimo de apropiarse de una cosa’. Para este catedrático de la Universidad del Rosario, «es difícil establecer si hubo ese deseo porque, al parecer, él quería exhibir su obra y sentir orgullo de su descubrimiento y no apropiarse de una cosa. Por tanto, debido a la imposibilidad de establecer un dolo penal por faltar el ánimo y el uso de la violencia y ante la falta de una legislación aplicable en la materia, se podría invocar el principio in dubio pro reo (la duda favorece al procesado) y por falta de pruebas, en sentido hipotético, Preuss podría ser absuelto».

Además de su conducta frente a la ley penal, también es cuestionable su comportamiento ético. Un ensayo de la antropóloga Paulina Alcocer publicado en la revista Artes de México (núm. 85), demuestra que el etnólogo, respetado por su elogiado trabajo en tierras nayaritas, allá actuó de manera muy diferente a la época en que vivió en San Agustín, se internó en selvas del Caquetá y estudió a los koguis. El documento, titulado Konrad Theodor Preuss, revela que su expedición a la Sierra Madre Occidental para estudiar a los indígenas cora y huichol, inicialmente pretendía conseguir objetos para el Museo Etnológico de Berlín que no poseía «ningún material arqueológico ni etnológico proveniente de ahí». Más adelante, la historiadora mexicana revela que «Los objetos arqueológicos iban a transportarse ilegalmente a Berlín y a enriquecer las colecciones ya mundialmente famosas del Museo Real de Etnología de Prusia», pero que Preuss no obedeció la orden de su jefe en Berlín de llevar material arqueológico y «Decidió respetar la legislación mexicana que, ya entonces, prohibía la exportación de antigüedades…»

Resulta evidente que el doctor y profesor K. Th. Preuss ―director del Museo Etnológico de Berlín, miembro de la Real Academia de Ciencias de Ámsterdam e integrante de la Academia de Historia de Quito― fue rigurosamente pulcro entre 1905 y 1907 cuando respetó a rajatabla las leyes mexicanas que impedían el comercio de bienes arqueológicos, pero no actuó con el mismo rigor legal ni con idéntica rectitud en Colombia, seis años después, tal vez porque sabía, como bien lo señalan la Cancillería y el Icanh, que esas actividades no eran delictivas.

Aunque la comparación de testimonios y documentos con la normatividad penal de entonces ―cuya violación contemplaba multas, arresto, prisión o presidio― genera serios interrogantes legales sobre su buen proceder o su mala fe, no hay duda de que la ‘exportación’ irregular de ‘su’ cargamento deja el desagradable sabor de una actitud abusiva, indelicada e irrespetuosa y que, como decía Escalona en su canto, se podría tratar de otro ‘ratero honrado’. Cuento aparte lo constituye la total pasividad ―por no decir silencio cómplice― de las autoridades colombianas que necesariamente debieron enterarse de la pública y notoria presencia de un alemán que vivió seis años en el país y lo atravesó norte a sur y de sur a norte sin que nadie se tomara el trabajo de preguntarle qué estaba haciendo. Esa omisión absurda, que también cumple un siglo, solo se subsanaría si las estatuas vuelven a su tierra y, claro, si Alemania colabora.

Es incuestionable la trascendencia de los estudios etnológicos, sociológicos, antropológicos y arqueológicos realizados por este hombre de ciencia para desentrañar y comprender la vida de importantes culturas precolombinas. Tampoco se puede desdeñar su obsesión intelectual por exhibir en un museo especializado, ante la aristocracia alemana y connotados americanistas, aquellas «… figuras gigantescas en piedra, testigos únicos y mudos de una civilización remotísima y enigmática». Gracias a él, muchos hombres de ciencia y gentes del común, se interesaron por una tierra que borrosamente aparecía en los catálogos culturales de entonces. Transcurrida una centuria, el nombre de este personaje nacido en 1869 y muerto en 1938, es un referente ineludible en el mundo de la etnología y la arqueología.

Los testimonios lo demuestran. Hermann Walde–Waldegg dijo en el proemio de Arte monumental prehistórico que ese libro fue pionero en el país porque trató de manera ‘profunda y científica’ una de las más interesantes culturas americanas. Para el arqueólogo Gregorio Hernández de Alba, ‘la arqueología Colombia se enriqueció con su presencia’. El español José Pérez de Barradas, también arqueólogo, se declaró su admirador y lo calificó de ‘verdadero sabio’. Luis Duque Gómez ponderó su expedición de 1913 y consideró que fue ‘el primer reconocimiento sistemático’ de San Agustín. Pablo Gamboa destacó su análisis sobre la variedad de formas artísticas de las esculturas y Hermann Parzinger estimó que uno de sus principales aportes consistió en interpretar las estatuas desde el punto de vista histórico-religioso.

Para Duque Gómez y Llanos Vargas, la exploración de Preuss marcó el inicio de las modernas investigaciones arqueológicas en Colombia’ y obligó al Estado a expedir las primeras normas para proteger el patrimonio arqueológico. Es innegable que las disposiciones surgieron por la gran resonancia en Europa de los hallazgos de Konrad Theodore ―catalogados del mismo nivel de los tesoros del faraón Tutankamón― pero sobre todo, por las denuncias de la ‘exportación’ indebida y la receptividad que hubo en algunos sectores políticos.

Además de las Leyes 48 de 1918, 119 de 1919 y 47 de 1920, que establecieron los parámetros iniciales para impedir la expoliación de objetos artísticos, debe destacarse la Ley 103 de 1931, que declaró de utilidad pública los monumentos y objetos arqueológicos de San Agustín, Pitalito y el Alto Magdalena. Décadas después, se aprobaron las Leyes 14 de 1936 y 163 de 1959 y se crearon el Instituto Etnológico Nacional y el Servicio Arqueológico Nacional. En 1995 San Agustín, Isnos y Tierradentro fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y más adelante, con la creación del Ministerio de Cultura y el nuevo rol del Icanh, se consolidó un moderno régimen jurídico que protege los bienes que los abuelos llamaban guacas, entierros, precolombinos, tesoros, monumentos o antigüedades

El 12 de diciembre de 2012 David Dellenback y numerosos habitantes de San Agustín enviaron un derecho de petición a la ministra de Cultura, Mariana Garcés y al director del Icanh, Fabián Sanabria, para solicitarles que tramitaran por vía diplomática ante el gobierno de Alemania la «repatriación de 35 piezas arqueológicas líticas que ilegalmente se encuentran en el Museo Etnológico de Berlín». Los agustinianos consideran que el patrimonio colombiano «fue lesionado por el traslado ilegal» de esas esculturas de San Agustín, Briceño e Iscandoy por parte de Preuss y piden que una vez sean recuperadas las ubiquen en el Parque Arqueológico o en algún lugar del Macizo Colombiano. Mes y medio después, el Icanh les respondió lacónicamente que por sus implicaciones legales, patrimoniales e internacionales, todo procedimiento relacionado con las estatuas debía contar con la participación de diversas entidades.

Dellenback ―quien viajó a Berlín en 1992 para conocer, registrar y dibujar las figuras ‘exportadas’ y plasmarlas después en su libro Las estatuas del pueblo escultor― constató que durante más de 80 años esos bienes han estado arrumados en una bodega sin que ninguna autoridad colombiana haya hecho nada para recuperarlas. «Sin tener en cuenta el mercado negro, en Alemania está la principal caleta de estatuas de San Agustín y del Macizo que hay en el mundo. De las 35, solo tres están exhibidas, las demás no han sido mostradas», manifestó este hombre de Oregón que no puede creer cómo 28 gobiernos han sido incapaces de hacer respetar «un patrimonio imprescriptible, inextinguible, inembargable e inalienable». Esa negligencia se nota en la carta de Parzinger a Dellenback en la cual refiere que las estatuas, con el auspicio de los embajadores, se han expuesto en Colonia (1962) y Bonn (1986). Para infortunio del país, el remitente revela que en esas ni en otras ocasiones «Los representantes del gobierno de Colombia no pidieron su repatriación».

En la respuesta al derecho de petición enviado por el autor de este informe, la Cancillería y en Icanh informan que funcionarios de la embajada colombiana visitaron el Museo Etnológico de Berlín en marzo de 2013 y constataron que hay tres estatuas en exhibición y que «otras (sin indicar número), se encuentran en la colección de estudios del museo». Sorprende que los diplomáticos no se hayan tomado el trabajo elemental de verificar el número exacto de esculturas, tal lo hizo el particular David Dellenback, y que para suplir esa deficiencia simplemente inviten a visitar la página web del museo.

En relación con las diligencias adelantadas para recuperar la estatuaria con fundamento en leyes nacionales y tratados internacionales como la Convención de la Unesco de 1970, la Cancillería y el Icanh le advirtieron al periodista sobre posibles obstáculos legales, entre ellos, el principio ratione temporis (razón de temporalidad). Según este concepto, «el mecanismo de la restitución previsto en la precitada norma no resultaría aplicable» debido a que las piezas «habrían sido sustraídas entre 1906 y 1914 (sic)» y porque la Convención entró en vigencia para Colombia y Alemania en una fecha posterior a la ocurrencia de los hechos. Al indagar sobre la posibilidad de un gesto de buena voluntad por parte de Alemania sin que sea necesaria una indemnización a esa nación según contempla la Convención, las entidades esgrimieron una trillada frase de cajón: «El gobierno de Colombia sigue trabajando en el fortalecimiento de los lazos de amistad y cooperación con Alemania, lo cual ha permitido que las relaciones entre ambos países atraviesen un gran momento…»

Las quejas de los agustinianos y la inconformidad regional están produciendo los primeros resultados. En declaraciones publicadas por El Tiempo el 15 de septiembre, el director del Icanh, Fabián Sanabria, confirmó que viajará en noviembre a Berlín para estudiar las 21 estatuas y ratificó que su eventual repatriación «es un proceso complejo y diplomático porque, para la entidad, no se trató de un tráfico ilegal de piezas».

Mientras comienza ese trámite, el Ministerio de Cultura celebra el Año de San Agustín, una conmemoración que omitió la obligación constitucional de readquirir bienes arqueológicos agustinianos que están en poder de particulares en Alemania, Estados Unidos, Inglaterra y Chile (art. 72 C. N.). En la programación, que ha debido ser menos inmediatista y más futurista, no se planteó un estudio sobre la posible creación de una facultad de Arqueología en la región ―como lo sugirió el exministro Germán Arciniegas en 1998― ni se propuso el análisis crítico y escrito de la herencia de Preuss ni se programó el montaje de una moderna página web del Parque Arqueológico tal como la tienen otros patrimonios arqueológicos. En cambio, se realizará en Bogotá la interesante exposición El retorno de los ídolos, vendrán gurúes de la Arqueología y la Etnología, el Museo Luis Duque Gómez tendrá nueva cara, se emitirá un documental y la Sinfónica de Colombia brindará en el Lavapatas un concierto en el que no habrá música del Huila pero sí del alemán Beethoven en homenaje al germano Preuss.

Para bien y para mal, la arqueología colombiana siempre tendrá la impronta de Preuss. Quienes lo exaltan y dicen que no ha habido justicia con él, podrían recordarlo retomando la ingenua despedida de Gustavo Muñoz en 1914: «¡Perdone!». Aquellos indignados por sus ‘exportaciones’, los cien años de desidia estatal y el cúmulo de homenajes, tal vez lo evocarían al estilo bogotano: «¡Le salimos a deber!»

Se plantean nuevas hipótesis para la interpretación de los quipus

quipus-news.jpgDe acuerdo a últimas indagaciones se cree que formaban parte más bien de un código desconocido, y que, más allá de las cuentas, escondían información clave acerca de las sociedades del antiguo Peru.

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Lo primero que uno siente al ver los quipus es fascinación. Después, asombro. Existe una maravillosa simetría en estas cuerdas entrelazadas, cuyos nudos se multiplican de acuerdo con patrones establecidos, pero resulta imposible, según nuestra lógica racional, saber qué significa cada uno de ellos. Sobre los quipus se ha escrito y especulado bastante en los últimos tiempos, aunque ya existe casi un consenso entre los investigadores: eran mucho más que un sistema contable.

De acuerdo a últimas indagaciones se cree que formaban parte más bien de un código desconocido, y que, más allá de las cuentas, escondían información clave acerca de las sociedades del antiguo Perú. Por ejemplo, relaciones de gobernantes, relatos o mitos fundacionales y hasta canciones, algo que todavía no ha podido ser develado, pero existen pistas que apuntan a ello.

Uno de los académicos que más ha estudiado estos nudos es el profesor de la Universidad de Harvard Gary Urton, quien viene desenredando el hilo de esta madeja hace más de 40 años, cuando vio por primera vez algunos ejemplares mientras realizaba sus estudios de campo en una localidad cercana al Cusco. Desde entonces, regresa cada cierto tiempo al Perú. Hace unas semanas, vino con un grupo de 17 estudiantes de pregrado de universidades estadounidenses, a quienes llevó a presenciar excavaciones en el norte y en la selva de Chachapoyas.

Gary Urton es  profesor de estudios precolombinos en la Universidad de Harvard.  Lidera el Khipu Database Project.Gary Urton es profesor de estudios precolombinos en la Universidad de Harvard. Lidera el Khipu Database Project.

 

El arte de contar historias

El interés de Urton por los quipus ha ido creciendo con el tiempo. Ahora tiene registrados más de 1.060 ejemplares de diversas épocas (en un archivo denominado Khipu Database Project): los ejemplares más antiguos pertenecen al horizonte medio, sobre todo a la cultura Wari; algunos otros son del periodo Inca; y muchos de la época colonial. Lamentablemente, entre la violenta conquista, a mitad del siglo XVI, y la extirpación de idolatrías iniciada en el XVII, se perdieron no solo vidas humanas —de sacerdotes, administradores y expertos en el manejo de los quipus (quipucamayocs)—, sino también información valiosa sobre los métodos de entrelazado y anudado, que hubieran permitido descifrar los datos que contenían estos enigmáticos objetos. Urton —como también creía el estudioso italiano Carlos Radicati— está convencido de que en estas cuerdas se guardan mucho más que datos estadísticos.

“El desafío más grande es aprender a leer o interpretar la información contenida en esos quipus que registraron relatos, poemas, canciones y demás”, dice. “Sabemos, por lo que dijeron los cronistas, que los quipus guardaban este tipo de testimonios. Ahora, cuando estudiamos los más de 1.000 ejemplares existentes, vemos que existen dos grandes clases en términos de estructura y nudos. Un 85?% de los quipus tiene sus nudos alineados de una manera jerárquica en varios niveles. Esa era la manera de registrar los datos cuantitativos, siguiendo el sistema decimal que usaron los incas para su administración. Pero existe un 15?% de quipus que no siguen este patrón, sino que sus nudos parecen organizados al azar. Pensamos que estos nudos, que contradicen el sistema decimal, son aquellos que fueron usados para registrar narraciones y contar historias”, detalla.

 

El quipu Rosetta

Recientemente, Urton y Manuel Medrano, un joven alumno de Harvard, han publicado un estudio en inglés [“Toward the decipherment of a set of mid-colonial khipus from the Santa valley, coastal Peru”] en el que comparan la ‘información’ contenida en seis quipus coloniales —hallados en un cementerio prehispánico en el valle del Santa, en Áncash— con los resultados de un censo registrado en un documento español encontrado en la misma época y lugar.

 

Quipu del valle del Santa, catalogado con el código UR87.Quipu del valle del Santa, catalogado con el código UR87.

“Descubrimos —cuenta Urton— que estos seis quipus estaban organizados de tal manera que en conjunto registraban 132 unidades. Al mismo tiempo, el documento de 1670, hallado en la misma zona del valle, registraba un censo de seis ayllus, donde había 132 contribuyentes. En ambos existía una división de seis parcialidades”.

¿Cada quipu entonces representaba un ayllu?, le preguntamos. “Así es, —responde el investigador—. Pensamos que el documento fue escrito de acuerdo a los datos anudados en esos seis quipus. El problema es que en el documento se dan los nombres de los 132 contribuyentes, lo que quiere decir que aquellos están escritos en esos seis quipus; la pregunta es de qué forma”.

Actualmente, Urton y Medrano vienen trabajando en la hipótesis de que los nombres están expresados en los quipus en colores; para dilucidar esto resulta clave el análisis de datos facilitado por los programas informáticos. “Si tenemos éxito al analizar este vínculo, podríamos estar cerca de la decodificación de este sistema, podríamos tener algo así como el quipu Rosseta”, dice el profesor de Harvard con entusiasmo.

Urton se refiere a la famosa Piedra Rosetta que permitió en 1822 a Jean-François Champollion (1790-1832) descifrar los jeroglíficos egipcios. En el caso de los quipus, la tarea parece más complicada, pues existen diferencias marcadas en el uso del color entre los ejemplares waris, incas y coloniales. “Los waris no incorporaron el color en la fabricación de las cuerdas, como los incas”, dice Urton. “En los waris los hilos de colores aparecen envolviendo el cordón principal; en cambio, en los quipus incas el color está integrado al cordel. Sin embargo, aparecen otras distinciones: algunos quipus incas son de un solo color; otros son de dos colores; otros, de tres y hasta de cuatro; incluso hay algunos de colores mezclados. Y en los quipus coloniales hay como una fusión entre el estilo wari e inca”.

Y todo esto sin contar que los quipus incas se rigen por el sistema decimal, mientras que los waris por el sistema de cinco. Todo un mundo complejo de nudos y cuerdas que, si llega a ser decodificado, permitirá conocer, por fin, cómo nuestros ancestros narraron su propia historia.

 

El ingenio de David Orlando sobre el tema en la viñeta de esta semana.

El ingenio de David Orlando sobre el tema en la viñeta de esta semana.

 

Por: Jorge Paredes Laos

Tomado de: https://elcomercio.pe/eldominical/nuevas-hipotesis-interpretacion-quipus-noticia-668383-noticia/

Argentina: El Yaguareté vuelve a rugir en Corrientes después de 70 años de extinción

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Un grupo de cinco yaguaretés silvestres dará inicio a la población fundacional en los Esteros del Iberá, como parte del proyecto de su reintroducción iniciado en la provincia en 2012 .

La especie, que es monumento natural en Argentina, se extinguió en la provincia hace más de 70 años y se estima que quedan en el país 200 ejemplares.

Tras extinguirse de la provincia hace más de 70 años, el yaguareté volverá a correr por los Esteros del Iberá como resultado del proyecto de rewilding de CLT Argentina, que cuenta con el apoyo del gobierno de Corrientes y autoridades ambientales nacionales.

El proyecto para reintroducir esta especie, que comenzó en 2012 con la construcción del Centro de Reintroducción de Yaguareté (CRY), ingresó hoy en su tercera fase, en un proceso de progresiva reintroducción de 5 ejemplares silvestres en el Gran Parque Iberá. Esta tercera etapa fue presentada en el evento “Corrientes vuelve a rugir”, que se realizó el jueves y viernes últimos, con la participación del Gobernador de la Provincia de Corrientes, Gustavo Valdés, el Secretario de Ambiente de la Nación, Sergio Bergman, el vicepresidente de la Administración de Parques Nacionales, Emiliano Ezcurra, y la directora de CLT Argentina, Sofía Heinonen.

El proyecto de reintroducción del yaguareté enfrentó el desafío de reunir las condiciones ecológicas, socio-políticas y económicas necesarias para el regreso del predador tope de este ecosistema. Por un lado, resultó necesario consolidar un grupo de 3 hembras y 2 machos silvestres, dos de ellos nacidos en el CRY, que CLT Argentina lleva adelante en Isla San Alonso. Al mismo tiempo, se trabajó junto a los gobiernos provincial y nacional para establecer un área protegida que contara con presas suficientes para su supervivencia. Y, finalmente, se logró desarrollar una economía local basada en el turismo de naturaleza, con 10 localidades que cuentan con acceso al Gran Parque Iberá y con servicios de atención al visitante para realizar excursiones de avistamiento de fauna nativa, experiencia que el yaguareté potenciará rápidamente.

“La sociedad correntina y las autoridades gubernamentales han trabajado junto a CLT Argentina para que este modelo de desarrollo, basado en un ecosistema saludable, con abundante fauna mansa y accesible a los visitantes, pueda beneficiar a los 20 municipios en torno al Gran Parque Iberá. Más de 200.000 personas vinculadas a esta región esperan que la presencia de este gran felino posicione aún más el destino turístico y pueda, al igual que Pantanal brasileño, atraer al público internacional que hoy llega a Sudamérica para reencontrarse con la belleza de lo auténtico y de lo salvaje”, explicó Sofía Heinonen, directora de CLT Argentina.

 

El proceso de reintroducción, por etapas

Jatobazinho, Mbarete, Juruna, Mariua y Arami son dos machos y tres hembras de yaguareté que conforman el núcleo fundacional de la especie en los Esteros del Iberá, y todos poseen habilidades de caza para su supervivencia. Los cinco fundadores viven en corrales de gran tamaño que son manejados a distancia, sin necesidad de observar a los animales en forma directa.

Los cinco serán liberados en forma progresiva durante el período de un año. El hecho de liberarlos de esta manera permitirá un monitoreo exhaustivo de cada individuo durante los primeros meses de liberación, evaluando su adaptación y teniendo capacidad de intervención en caso de ser necesario. El sector del Gran Parque Iberá donde serán liberados es un extenso territorio de cientos de miles de hectáreas, sin población humana ni actividades productivas tradicionales como ganadería.

 

Los cinco fundadores

Jatobazinho, Juruna y Mariua son yaguaretés de origen silvestre que fueron donados por Brasil, mientras que Arami y Mbarete nacieron en el CRY a partir de ejemplares cautivos provenientes de Argentina (madre) y Paraguay (padre).

Juruna y Mariua provienen del Criadouro Científico NEX. Estas dos hembras fueron llevadas allí cuando tenían pocos meses de edad, luego de que cazadores furtivos mataran a su madre en la región del Xingú, al sur del Amazonas. En ese centro recibieron las atenciones necesarias para salir adelante y poder viajar al CRY.

Jatobazinho es un macho de yaguareté de origen silvestre de unos 3 años de vida, que fue hallado en septiembre del año 2018 con signos de deshidratación y extremadamente flaco tras cruzar a nado el río Paraguay, al norte de Corumbá, Brasil (Pantanal Sur). Luego de un largo proceso de recuperación en manos de la organización Onçafari, Jatobazinho viajó a Argentina para incorporarse al plantel de la especie en el CRY, en noviembre de 2019.

Arami y Mbarete son los primeros cachorros nacidos en Iberá tras setenta años de extinción en la provincia de Corrientes. Su madre, Tania, les enseñó a cazar y desde el mes de julio de 2019 obtienen su alimento cazando las presas que se les ofrecen, sin ayuda de su madre.

 

El mejor hogar: el Gran Parque Iberá, un territorio protegido por guardaparques y leyes ambientales

El Parque Nacional Iberá fue creado en diciembre de 2018 sobre 158.000 hectáreas de tierras donadas por CLT Argentina a la Administración de Parques Nacionales. Otras 550.000 hectáreas fueron declaradas Parque Provincial a lo largo de los últimos 10 años. Hoy, el Gran Parque Iberá representa el hábitat y territorio más grande y mejor protegido en Argentina para recuperar al yaguareté.

Estas 700.000 hectáreas de Parque se encuentran rodeadas de otras 600.000 hectáreas de Reservas donde está prohibida la caza, y que cuentan con 14 seccionales y más de 80 guardaparques y empleados que custodian su cumplimiento. Esto ha permitido la recuperación de pastizales, bañados y bosques donde abundan las presas necesarias para asegurar la existencia de los grandes predadores tope.

 

Rewilding: Ecosistemas Naturales Completos

La técnica de rewilding busca recuperar las características propias de los ecosistemas silvestres mediante el manejo activo de sus ambientes y especies nativas. A través del rewilding, nuestro objetivo es completar los ecosistemas de áreas protegidas, con énfasis en parques nacionales, situados en las ecorregiones del Gran Chaco, Estepa Patagónica, Bosque Subantártico, Litoral Marítimo, Selva Paranense y Yungas.

Trabajamos para que todas las especies nativas que habitaron estas ecorregiones en tiempos históricos vuelvan a poblarlas, en números suficientes para que cumplan sus roles ecológicos y se conviertan, además, en un atractivo para el turismo de naturaleza que genera empleo e ingresos en las localidades aledañas.

 

Tomado de: http://www.corrienteshoy.com/noticias/view/333393

México: Buenas noticias: la talavera mexicana ya es Patrimonio Cultural Inmaterial

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Una tradición de los estados de Puebla y Tlaxcala que ha perdurado por cuatro siglos y medio

 

Una de las principales misiones de la ONU es la de preservar las tradiciones ancestrales del mundo, y el arte no es la excepción. Por su riqueza cultural, México es una de las naciones que más presencia tienen en esta lista. Tanto así que recientemente este organismo reconoció el proceso de elaboración de la talavera y desde ahora este material endémico forma parte de los Patrimonios Culturales Inmateriales de la UNESCO.

La decisión la tomó el Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, cuyos 24 miembros se reunieron en Bogotá del 9 al 14 de diciembre. Durante dicha congregación se añadieron 42 prácticas culturales a la lista, entre ellas la confección de sombreros en Kirguistán, las danzas folclóricas del sur de Noruega o las fiestas ortodoxas de Etiopía, por mencionar sólo algunas expresiones alrededor del mundo.

Talavera: algo que comparten México y España

Respecto al nombramiento de la talavera, el título lo comparten México y España, pues ninguna es dueña exclusivamente de ella. De hecho, ni siquiera los países tienen el crédito, sino más bien las regiones en donde se fabrica desde hace siglos. En nuestro país la mención se la llevó San Pablo del Monte, en Tlaxcala; Atlixco, Cholula y Tecali de Herrera en el estado de Puebla. Para España, las localidades galardonadas fueron Talavera de la Reina y El Puente del Arzobispo, ambas en la provincia de Toledo.

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Casa de los Azulejos. Foto: José Manuel Azcona

Esta tipo de cerámica  se originó en Irak alrededor del siglo IX y llegó a la región de Andalucía tiempo después. Más tarde, con la Conquista se trasladó hasta la Nueva España. Lo más sorprendente, y la razón por la que entró en la lista de la UNESCO, es que en muchos talleres aún se elabora con las mismas técnicas ancestrales.

Para hacerla, el barro negro y el barro blanco se humedecen y se pisotean para mezclarlos y eliminar las burbujas. Una vez que se tiene figura modelada, pasa por una primera cocción a mil grados centígrados en un horno. Al sacarla se aplica la pintura, que es otra cualidad especial, ya que únicamente se pueden utilizar tonos en verde, amarillo, anaranjado o rojo, morado claro, negro y, por supuesto, azul en varias tonalidades. Por último, se mete a una segunda cocción que le da su tan característico brillo.

Uno de los ejemplos más claros de la influencia de esta técnica en la estética arquitectónica y de diseño en el Virreinato es la Casa de los Azulejos, ubicada en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Este inmueble de estilo barroco novohispano, que data de la primera mitad del siglo XVIII, fue recubierto por mosaicos bajo las órdenes del conde del Valle de Orizaba.

Otro rincón donde la talavera recubre un gran espacio es el Museo Nacional del Virreinto, en Tepotzotlán, Estado de México. Lo que empezó como una casa sencilla con el tiempo se adornó hasta ser toda una obra de arte de la Colonia. Si uno se encuentra aquí, debe dirigirse al Camarín de la Virgen de Loreto, una habitación cubierta por 3,900 azulejos de talavera mexicana.

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Museo del Virreinato. Foto: INAH

México no es el único sitio donde se puede contemplar el uso de esta cerámica sobre inmuebles. En España, por ejemplo, existen edificios hechos en parte de este material; un ejemplo es la fachada de la Farmacia Juanse, la cual conserva murales de talavera barnizada que se colocaron  durante los años 20.

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Farmacia Juanse en Madrid

Por: Paola Gerez Levy

Tomado de: https://travesiasdigital.com/noticias/talavera-de-puebla-y-tlaxcala-patrimonio-cultural-inmaterial

 

Estrenan documental sobre el genocidio Selknam en Tierra del Fuego

2019-12-07-documental-genocidio-selknam-800x445.jpgLa historia muchas veces sólo reconoce a los vencedores, en este caso, con este trabajo, reivindicamos la lucha de un pueblo que vivió en los campos fueguinos por 10.000 años.

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A través del financiamiento del Gobierno Regional con fondos del 6% de Cultura, se estrenó en Magallanes el documental “El Genocidio Selknam en Tierra del Fuego”, una investigación periodística de Alejandro Avendaño López, con la dirección teatral de Fredy Cárdenas, la dirección artística de Jorge Carvajal, y la locución de Jenny Serey, junto a la producción ejecutiva de Ximena Villarroel, la edición y cámara de Moises Quelín, y la actuación especial del reconocido actor magallánico, Marco Bahamonde López.

Este trabajo, el cual consideró la realización de talleres con niños y jóvenes en torno a la historia del pueblo Selknam se realizó durante 5 meses con distintas intervenciones con la comunidad de la isla, a fin de difundir la verdadera historia de los fueguinos nativos.

El periodista Alejandro Avendaño, señaló que “éste ha sido un proceso muy bonito donde nos dimos cuenta que la comunidad siente un tremendo arraigo con su cultura Selknam, e incluso muchos niños nos pidieron que se pudiera cambiar la calle principal de Porvenir, Avenida Señoret, ya que fue el gobernador de la época quien permitió y avaló este genocidio a nuestra etnia (…) Es una historia de vencedores y vencidos, pero la historia muchas veces sólo reconoce a los vencedores, en este caso, con este trabajo, reivindicamos la lucha de un pueblo que vivió en los campos fueguinos hace 10.000 años”, señaló el comunicador social.

El documental se presentó de manera itinerante por Tierra del fuego, debutando en la Escuela Bernardo O´Higgins, en escuela María Auxiliadora, en el Liceo Hernando de Magallanes, la Escuela Ignacio Carrera Pinto de Timaukel, y en la comuna de Primavera.

Finalmente, Avendaño agradeció el apoyo y respaldo de Jorge Grez, Maritza Romero, Jose Luis Alonso Marchante, Jorge Baradit, Mario Moreno, Caritas Producciones, y en especial al Gobierno Regional y a los concejeros de la provincia, Andrés López y Manuel Loncón, ya que creyeron desde el primer minuto la importancia de rescatar la historia, nuestra historia en la Tierra del Fuego.

 

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México: Congreso declara patrimonio cultural a los títeres de Huamantla y al Festival de Títeres “Rosete Aranda”

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Por mayoría de votos, el Pleno del Congreso de Tlaxcala declaró a los títeres de Huamantla, como Patrimonio Cultural Material del Estado, y al Festival de Títeres “Rosete Aranda”, como Patrimonio Cultural Inmaterial de esta misma entidad.

Con estas declaratorias y con pleno respeto a la división de Poderes, el Congreso local también exhortó al Gobernador del Estado, instruir a los titulares de la Secretaría de Turismo y al del Instituto de Cultura, a tomar las medidas necesarias para garantizar el impulso de manera interinstitucional de la compañía nacional de autómatas “Rosete Aranda”.

De la misma manera, las instituciones antes referidas deberán garantizar la viabilidad del patrimonio cultural y sus diversas manifestaciones artísticas comprendidas, la identificación, documentación, investigación, preservación, protección, promoción, valorización, transmisión y revitalización.

Los legisladores manifestaron que el Festival de Títeres “Rosete Aranda” que se lleva a cabo en Tlaxcala durante el mes de octubre de cada año, es uno de los foros más importantes de América Latina sobre el arte titiritero, pero donde además se imparten talleres, conferencias, exposiciones y actividades multidisciplinarias para todo público que fomentan e impulsan distintas expresiones artísticas.

Mientras que los títeres de Huamantla, justificaron, forman parte del único museo de su género en Latinoamérica, y que actualmente cuenta con 16 salas donde se exhiben más de 500 marionetas de diversas técnicas, épocas y procedencias, donde destacan piezas de los Rosete Aranda y de la época del guiñol en México, así como los de la época precolombina y los procedentes de América, Asia y Europa.

 

Tomado de: https://www.lineadecontraste.com/congreso-patrimonio-cultural-titeres-de-huamantla/

Perú: Atentado ecológico – Decomisaron 12,3 millones de caballitos de mar secos

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Las autoridades de Perú decomisaron 12,3 millones de caballitos de mar deshidratados con un valor de exportación de seis millones de dólares en una operación sin precedentes.

Por varios días, la policía y miembros de la Armada siguieron en una lancha al barco pesquero peruano “Adonay” y lo interceptaron 197 millas al oeste de la costa del Pacífico.

 

Dentro del barco las autoridades encontraron 55 cajas llenas de caballitos de mar que a lo largo de los años han sido exportados ilegalmente para su uso en la medicina china.

El Ministerio de la Producción indicó que es la mayor captura de este tipo registrada.

Cuatro miembros de la tripulación fueron detenidos y se enfrentan a penas de hasta cinco años de cárcel.

Desde 2004 el gobierno de Perú prohíbe la extracción, transporte y venta de esta especie marina (Hippocampus ingens) porque se trata de una especie vulnerable, de acuerdo con la Unión Internacional por la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus iniciales en inglés).

Los caballitos serán donados a centros de investigación y universidades locales para su investigación.

 

Tomado de: https://www.elimparcial.com/mundo/Atentado-ecologico-Decomisaron-123-millones-de-caballitos-de-mar-secos-en-Peru-20191004-0088.html

Chile: El árbol sagrado de Rapa Nui que vuelve a florecer

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Hace más de 50 años que se extinguió el último toromiro de la isla. No solo se perdió una especie nativa de la zona, su madera fue usada históricamente para tallar figuras simbólicas de la cultura, que se acabaron cuando la gente taló e incluso sacó las raíces hasta terminar con la planta. Una serie de proyectos han intentado reinsertar al árbol en Rapa Nui, pero ninguno ha tenido éxito. Hasta ahora.

 

El Rano Kau es uno de los paisajes más imponentes de Rapa Nui. Es el volcán más grande de la isla, con un impresionante cráter de un kilómetro de diámetro. Visitarlo implica aprender a escuchar el silencio, que es interrumpido solo por el viento y el lejano ruido de las olas. Eso para quienes lleguen hasta el borde del cráter, porque las sorpresas están en el fondo.

O estaban hasta hace algunos años. El último árbol de toromiro en estado silvestre fue visto al interior del volcán Rano Kau.

Un árbol particular

El primer testimonio escrito del toromiro es del naturalista y etnólogo Georg Forster, a finales del siglo XVIII. Forster fue parte de la segunda expedición alrededor del mundo de James Cook, y en esa ocasión conoció la planta. La describió como un pequeño arbusto, que crecía hasta una altura de tres metros en grandes masas boscosas. El Sophora toromiro —nombre científico de este árbol— era pequeño, con hojas de unos 45 centímetros y unas flores amarillas.

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¿Dónde se podía encontrar el toromiro? En todo Rapa Nui.

Eso hasta que en el siglo XII comenzó la colonización polinésica y hubo un drástico crecimiento de la población en la isla. Una de las consecuencias fue la degradación de la vegetación natural. En 1886 terminó el proceso de degradación del toromiro, cuando colonos europeos introdujeron conejos, cerdos, caballos, ovejas y ganado. La voracidad de 20.000 ovejas dañó el ecosistema. Fue el comienzo del fin del toromiro en Rapa Nui. Los pocos árboles que quedaban de la especie terminaron siendo talados por una de las mayores amenazas a las que se enfrenta una especie en extinción: el ser humano. La gente fue sacando madera para tallar. Sacaron incluso las raíces.

El último toromiro que sobrevivía en estado natural crecía en las laderas interiores del cráter del volcán Rano Kau. Fue derribado en 1960.

La leyenda del moai Kava Kava

Cuenta la leyenda que el primero que los vio fue el hijo mayor de Hotu Matu’a, el primer rey de Rapa Nui. Tu’u Koihu caminaba por la isla en medio de la noche cuando se encontró con dos espíritus —Aku aku, en idioma rapanui— dormidos frente a él. Eran dos cuerpos esqueléticos, que espantaron al entonces rey rapanui. Salió corriendo, pero los aku aku lo sintieron y lo siguieron por miedo a que el rey dijera lo que había visto. Aún cuando lo negó, lo vigilaron dos días y dos noches. Una vez libre de los espíritus, el rey talló las dos figuras de los aku aku que había visto. Las talló en madera, pero no en cualquiera. Lo hizo en Toromiro.

Ese fue, según la tradición, el origen de los famosos Moais Kava Kava (“estatuas con costillas”), que son representaciones de los espíritus del otro mundo. Cuando una persona rompía un “tapu” —norma sagrada—, al morir su alma deambulaba en forma de Aku aku. Las figuras se tallaban en la madera dura y de color rojizo de toromiro por los mismos isleños, quienes las colgaban en la puerta de sus casas, del lado de adentro, para espantar a los malos espíritus.

Pero ni siquiera las tradiciones ancestrales rapanui pudieron salvar al toromiro. La sobreexplotación de su madera para tallados también fue una de las causas de su desaparición. Luego de la tala del último árbol, la especie quedó identificada como “probablemente extinta”, en 1978. Y en 1994 se registró como extinta en estado silvestre. Es decir, que ya no se encuentra en la naturaleza. Lo que no quiere decir que no exista.

El milagro del Toromiro

1960. Ese fue el año en que se acabó la historia del toromiro, al menos en Rapa Nui, cuando talaron el último árbol. Sin embargo, gracias a la recolección de semillas de este último ejemplar, se logró que sobrevivieran algunas plantas, aunque solo en colecciones privadas y jardines botánicos. Uno de ellos es el Jardín Botánico de Viña del Mar, donde el primer toromiro plantado allí dio numerosas semillas antes de morir, en 1999.

Los intentos por reintroducir esta planta a su hábitat natural datan de 1965. Desde entonces, han habido múltiples pruebas, pero la mayoría de ellas ha fracasado. El cultivo en la isla no es fácil. Además de la tala sin control del toromiro, también las actividades de los habitantes de Rapa Nui degradaron las condiciones naturales que hacían posible el desarrollo de la planta. El toromiro es una especie sensible, que crece muy lento y que requiere de un suelo húmedo y materia orgánica para poder hacerlo. Depende de su entorno para vivir. Por ejemplo, de los árboles, los que protegían a los toromiros tanto de la radiación como del viento.

Fue en el año 1990 cuando un empresario decidió donar 400 ejemplares a la isla. Se entregó uno por cada casa en Rapa Nui. Las plantas eran monitoreadas por Conaf. Hace tres años murió la última.

Casi medio siglo después de la tala del último toromiro, la entrega de seis ejemplares de la casi extinta especie fueron el germen de lo que hoy podría significar su recuperación. En 2006, el Jardín Botánico de Viña del Mar se las entregó a CMPC para iniciar un programa de conservación. Con técnicas de horticultura, cultivo, injertos y generación de semillas se ha trabajado en viveros. Uno de los primeros réditos ocurrió cuando Jaime Espejo —ingeniero forestal y consultor de CMPC— logró la reproducción por clonaje del toromiro. Las semillas se cultivaron en uno de los invernaderos de la empresa, en Los Ángeles, y luego, en abril de 2012, los clones fueron plantados en la Reserva Nacional Lago Peñuelas. Así nació el primer semillero clonal de toromiro. Lamentablemente, los clones sucumbieron al ecosistema isleño cuando se trató su reintroducción en la isla.

Sin embargo, se desarrollaron otras 3.500 plantas de toromiro que se quedaron en Peñuelas. De ellas, hoy solo quedan 170. Las únicas que resistieron el tiempo y las condiciones climáticas. Aunque la mayoría de estos ejemplares están casi secos.

El trabajo de investigación del toromiro se ha extendido por más de una década. Hoy, CMPC apoya a la Universidad de Concepción, la Corporación Nacional Forestal (Conaf) y otras entidades que están investigando la reintroducción de la plata. Entre ellas están la Universidad Lincoln y la Universidad de Murdoch.

Durante 2018 se instalaron ensayos de plantas inoculadas con la materia orgánica que permite su crecimiento.

Actualmente, Conaf en Rapa Nui tiene 78 ejemplares de toromiro. 60 de ellos están en el cráter del Rano Kau, donde estuvo el último toromiro, y otros 18 se encuentran en un vivero. Aunque en la isla están a la espera de una nueva camada.

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“En Mataveri estamos preparando un huerto para poder tenerlos a la intemperie”, explica Ninoska Huki, Jefa Provincial de Conaf Isla de Pascua. “Tuvimos que cercar un perímetro y se plantaron algunos árboles nativos para que protejan los futuros toromiros. Este es un experimento nuevo: estos toromiros tienen la raíz fortalecida y nosotros tenemos que hacerlos crecer. Del viaje anterior no sobrevivió ninguno. Esperamos ahora que sobrevivan ahora más individuos”.

¿Cuál es el objetivo de los investigadores hoy? Encontrar las mejores cepas de toromiro. ¿Por qué? Al parecer, todas las semillas de los pocos ejemplares que quedan de toromiro vienen de una única planta, la última que se vio en el cráter del volcán Rano Kau. ¿Cómo esto afecta su reintroducción? En simple, el perfil genético para reproducir la planta es escaso.

El último árbol de toromiro en estado silvestre, que nació, creció y fue talado al interior del volcán Rano Kau, puede significar la recuperación de la especie.

 

Tomado de: https://www.latercera.com/laboratorio/noticia/arbol-sagrado-rapa-nui-vuelve-florecer/933290/?fbclid=IwAR0JwEqsWjEEN7Smk3UW2qRHJ6SeZcRr8ecEx4UNI0yOjSc1CrIPgeB0eus