Patrimonio paleobotánico: conociendo los antiguos bosques fósiles de Chile que el tiempo convirtió en piedra

Troncos petrificados, hojas fosilizadas, granos de polen, semillas y otros restos vegetales conservan la memoria de ecosistemas que existieron cuando los dinosaurios aún dominaban la Tierra e incluso mucho después de su desaparición. A lo largo de Chile, estos bosques fósiles permiten reconstruir la evolución de la biota, comprender cómo cambiaron el clima y los paisajes durante millones de años, e identificar el origen de muchas de las especies que hoy caracterizan los espacios naturales del país. Desde los bosques del norte hasta los antiguos paisajes de la Patagonia y la Antártica, este patrimonio paleobotánico continúa revelando nuevas claves sobre la historia natural del continente.

Los paisajes que hoy dominan la Patagonia —estepas, montañas y extensos glaciares— esconden más secretos e historias de las que alguien podría llegar a imaginar. Hace apenas unas semanas, el hallazgo de tres nuevos sitios con árboles petrificados de alrededor de 50 millones de años en la provincia argentina de Río Negro volvió a poner la atención sobre el pasado. Más que simples troncos convertidos en roca, descubrimientos como este representan valiosas evidencias de ecosistemas desaparecidos y de un planeta muy diferente al que conocemos en la actualidad.

Aunque este tipo de hallazgos suelen sorprender cuando ocurren, en realidad los bosques fósiles llevan décadas ayudando a reconstruir la historia de la Tierra. Cada elemento preservado constituye una pieza de un enorme rompecabezas que permite a los científicos comprender cómo eran los antiguos paisajes, qué especies los habitaban y de qué manera el clima y los continentes fueron cambiando a lo largo de millones de años.

Chile también resguarda parte de ese patrimonio natural. A lo largo de su territorio existen distintos sitios donde aún se conservan vestigios de antiguos bosques, algunos mucho más recientes y otros tan antiguos que se remontan a la época en que los dinosaurios aún dominaban el planeta.

Desde bosques del Triásico hasta antiguas comunidades de araucarias que crecieron hace unos 80 millones de años, pasando por plantas que han ayudado a reconstruir la historia compartida entre la Patagonia y la Antártica. Cada uno aporta nuevas pistas para comprender cómo evolucionó el paisaje del continente y por qué muchas de las especies actuales tienen un origen mucho más antiguo de lo que imaginamos.

Bosque Petrificado de Darwin, valle de Copiapó. Créditos (CC-BY): Philippe Moisan Tapia.
Monumento Natural Pichasca. Créditos (CC-BY): CONAF.

Bosques fósiles en el norte de Chile

Cuando se habla de un bosque fósil es común imaginar únicamente grandes troncos convertidos en piedra. No obstante, el concepto abarca una diversidad mucho mayor de vestigios vegetales. Dependiendo de las condiciones en que ocurrió su preservación, un bosque fósil puede conservar desde árboles completos hasta hojas, semillas, polen, raíces o delicadas estructuras celulares invisibles a simple vista. En conjunto, todos estos restos permiten reconstruir antiguos ecosistemas con un nivel de detalle sorprendente.

«Lo primero es definir qué es un bosque. El bosque es un ecosistema complejo donde la vegetación predominante está formada por árboles y arbustos. Es un hábitat dinámico que incluye todo tipo de vegetación (desde musgos hasta plantas con flores), hongos, microorganismos y obviamente fauna. Todos estos organismos están interconectados. En ese contexto, un bosque fósil es el registro preservado de un antiguo ecosistema vegetal que quedó sepultado por sedimentos o cenizas volcánicas y cuyos restos vegetales se preservaron durante millones de años», apunta el Dr. Philippe Moisan, paleobotánico, director del Departamento de Química y Biología y coordinador Magíster en Paleontología y Evolución de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad de Atacama.

Sin embargo, no todos los bosques fósiles se preservan de la misma manera. Algunos corresponden a troncos petrificados que mantienen su forma original, mientras que otros conservan la anatomía interna de las plantas mediante un proceso conocido como permineralización. En este último caso, los minerales rellenan los espacios vacíos de los tejidos sin destruir completamente su estructura, permitiendo observar detalles microscópicos que revelan cómo eran las células, los vasos conductores e incluso algunos órganos reproductivos.

Bosque fósil de Punta Pelluco. Créditos (CC-BY): Omardonesklein,
Bosque Petrificado de Darwin, valle de Copiapó. Créditos (CC-BY): Philippe Moisan Tapia.

«Existen dos tipos principales de cómo pueden preservarse restos vegetales que formaron un bosque: (1) una impresión o compresión vegetal, que es básicamente una huella que deja una hoja o rama en el sedimento, con (compresión) o sin (impresión) materia orgánica original de la planta, (2) petrificaciones o permineralizaciones, que son restos de madera o troncos que se fosilizaron a través del reemplazo de la materia orgánica por minerales (principalmente sílice) que se encuentran disueltos en el agua. Es decir, es el proceso en que restos duros de un vegetal (madera y/o tronco) se convierten en rocas», explica Moisan.

«No basta con encontrar algunos troncos fosilizados aislados; para hablar de un bosque fósil idealmente debe existir evidencia de que esos árboles crecieron en ese lugar, es decir, que están preservados in situ, con sus raíces, o en la posición en que vivieron. Estos sitios son verdaderas “fotografías” de paisajes pasados», añade.

Gracias a estos registros, los investigadores pueden reconstruir antiguos climas, identificar especies que desaparecieron hace millones de años y seguir la evolución de grupos vegetales. También permiten comprender cómo respondieron las plantas a grandes transformaciones del planeta, como las erupciones volcánicas, las variaciones del clima o el desplazamiento de los continentes.

Bosque Petrificado de Darwin, valle de Copiapó. Créditos (CC-BY): Philippe Moisan Tapia.
Bosque Petrificado de Darwin, valle de Copiapó. Créditos (CC-BY): Philippe Moisan Tapia.

«Los bosques fósiles proporcionan los archivos de muchas fuentes multipróximas, como le decimos nosotros, del pasado. Permiten reconstruir, entre otras cosas, el paleoclima. Hay métodos, por ejemplo, mediante el análisis multivariado de las hojas de un estrato determinado, para inferir la temperatura del mes más cálido, del mes más frío, la temperatura media anual, la precipitación media anual, etc. Se puede corroborar con análisis isotópicos, de isótopos de carbono o bien isótopos de oxígeno. También es importante para reconstruir la paleoecología, la estructura de la comunidad. Si este ensamble contenía organismos principalmente herbívoros, si era un bosque que no tenía nada bajo el dosel o bien tenía una muy rica flora debajo del dosel», comenta el Dr. Marcelo Leppe Cartes, profesor titular del Centro Gema de la Universidad Mayor e investigador del Núcleo Milenio EVOTEM (@evotemmilenio).

«También se puede reconstruir biogeografía histórica, algo que es notable. Las rutas de dispersión, de dónde vienen los antiguos grupos que hoy día constituyen un bosque. Esto se puede analizar justamente a través de los bosques fósiles. También se puede reconstruir la evolución florística, aparición, radiación, extinción de algunos linajes, el reemplazo de flora, así como algunos eventos geológicos puntuales, como erupciones volcánicas, cambios de nivel del mar, glaciaciones que quedan registrados en los bosques sepultados en sedimento», agrega.

En el caso de Chile, existen variados yacimientos de este tipo, los que representan distintos momentos de su historia. Algunos corresponden a ecosistemas que existieron cuando Sudamérica aún compartía una estrecha relación con la Antártica; otros muestran paisajes mucho más recientes, moldeados por volcanes y cambios en el nivel del mar. En conjunto, estos sitios conforman un registro excepcional que se extiende desde el norte semiárido hasta la Patagonia y que continúa entregando nuevas pistas sobre el pasado natural del país.

Bosque Petrificado de Darwin, valle de Copiapó. Créditos (CC-BY): Philippe Moisan Tapia.

Dictyophyllum del Triásico del Biobío. Créditos (CC-BY): Marcelo Leppe.

Uno de los registros más conocidos se encuentra en el Monumento Natural Pichasca, en la Región de Coquimbo. Este sitio se emplaza sobre una formación geológica de aproximadamente 80 millones de años de antigüedad y conserva restos de un bosque dominado por araucarias, además de improntas de hojas pertenecientes a otras especies arbóreas.  

A diferencia de otros yacimientos, su importancia no radica únicamente en la flora fósil: en el lugar también se han hallado restos de titanosaurios del género Antarctosaurus, fragmentos de caparazones de tortugas y evidencias arqueológicas posteriores de presencia humana. La coexistencia de este patrimonio paleontológico y arqueológico convierte a Pichasca en un sitio único dentro de Chile. Mientras las rocas permiten reconstruir un ecosistema que existió durante el Cretácico, las pinturas rupestres y otros vestigios culturales recuerdan que millones de años después el mismo territorio sería escenario de una historia completamente distinta. Es un ejemplo de cómo un solo paisaje puede concentrar distintos capítulos de la historia de la Tierra y de la humanidad.

Monumento Natural Pichasca. Créditos (CC-BY): CONAF.

«Chile posee un patrimonio paleobotánico extraordinario que abarca cerca de 300 millones de años de historia natural. Uno de los sitios más conocidos corresponde al Bosque Fósil de Pichasca, en la Región de Coquimbo, donde se preservan troncos silicificados del Cretácico asociados principalmente a coníferas y otras plantas que crecían cuando los dinosaurios reinaban el planeta. Asimismo, de especial interés son los bosques del Triásico (aprox. 220 millones de años) en el norte de Chile. Numerosas localidades contienen maderas fósiles en las regiones de Coquimbo, Atacama y Antofagasta, que actualmente estamos estudiando junto a estudiantes y colaboradores. Una de las localidades que más destaca es el Bosque Petrificado de Darwin en el valle de Copiapó, que fue descubierto por Darwin en su paso por Copiapó en 1835. Este sitio excepcional combina un interés científico paleobotánico y patrimonial histórico al ser descubierto y reportado por el destacado naturalista inglés Charles Darwin», señala Moisan.

«También hay evidencia muy rica de esa flora en la cuenca del río Biobío, en Gomero, Quilacoya, Santa Juana, Patagual. Muchas localidades en los alrededores de la parte baja del río Biobío. Más al sur también, en Temuco, en Huimpil-Ñielol», comenta Leppe por su parte.

Monumento Natural Pichasca. Créditos (CC-BY): CONAF.
Reconstrucciones del Triásico de Atacama. Créditos (CC-BY): Mauricio Alvarez.

Bosques fósiles en el sur de Chile

Si bien el norte del país alberga algunos de los bosques fósiles más antiguos y sorprendentes del territorio chileno, el sur resguarda un registro paleobotánico igualmente excepcional, capaz de revelar cómo evolucionaron los antiguos ecosistemas sureños y el origen de gran parte de la flora que hoy caracteriza estos paisajes en su mayoría prístinos.

Uno de los ejemplos más representativos es el Bosque Fósil de Punta Pelluco, ubicado en la costa de Puerto Montt. Este sitio conserva los restos de un antiguo bosque compuesto por alerces y cipreses de las Guaitecas, cuyos troncos quedaron sepultados tras una erupción volcánica hace 42-50 mil años. Con el paso del tiempo, las cenizas se consolidaron y favorecieron el reemplazo gradual de la madera por minerales, preservando parte de los árboles como fósiles. Debido a su singularidad —hasta ahora es el único sitio del país donde se han registrado alerces fósiles de estas características— fue declarado Santuario de la Naturaleza en 1978.  

Tocón de alerce perteneciente al bosque fósil de Punta Pelluco, Playa Pelluhuin. Créditos (CC-BY): Master fit,

«Le voy a dar también una importancia muy grande al Cerro Guido y el Valle del Río las Chinas, en la provincia Última Esperanza. Muy cerca del Torres del Paine está una famosa estancia, y ahí hay un recuento vegetacional de los últimos 20 millones de años de la era de los dinosaurios, con bosques petrificados, hojas, granos de polen, esporas. Una tremenda diversidad de plantas que superan los 60 morfotipos distintos, pero una de las cosas más importantes es que muchos de los grupos modernos, que hoy día son característicos o muy típicos del paisaje florístico de los bosques chilenos, aparecen por primera vez en este valle. Por lo tanto, tiene un valor ecológico, evolutivo, biogeográfico increíble. Incluso, muchas de las especies que hoy día son consideradas típicamente gondwánicas, se encuentran como primeros registros en este valle», afirma Leppe.

«También está Sierra Baguales, en la provincia de Última Esperanza. Tiene un registro también espectacular, que abarca principalmente el Paleógeno. Hay varias localidades paleógenas en el resto de Chile. También está la del río San Pedro, cerca de Valdivia, que explica un poco el origen del moderno bosque valdiviano. Está Quinamávida en el Maule y Matanza en la zona costera, donde también hay representaciones de paleobotánica. Está la famosa flora la Dehesa, que lamentablemente está bajo muchas construcciones hoy día», agrega.

Troncos silicificados de la Formación Quiriquina, Cretácico superior de la bahía de Concepción Créditos (CC-BY): Marcelo Leppe.

Troncos silicificados de la Formación Quiriquina, Cretácico superior de la bahía de Concepción Créditos (CC-BY): Marcelo Leppe.

Bosque petrificado del Cretácico superior del valle del Río de Las Chinas, Patagonia chilena. Créditos (CC-BY): Marcelo Leppe.

Por otro lado, algunos de los descubrimientos paleobotánicos más relevantes del país se concentran en el extremo austral. Allí, en la Patagonia y la Antártica, los fósiles vegetales han permitido reconstruir una época en que el clima era radicalmente distinto y extensos bosques cubrían territorios que hoy permanecen dominados por el hielo, el viento y las bajas temperaturas.

En esta línea, uno de los principales impulsores de estas investigaciones ha sido el paleobotánico japonés Harufumi Nishida, quien desde comienzos de este siglo ha trabajado junto a investigadores chilenos para estudiar antiguos ecosistemas del hemisferio sur. Sus investigaciones comenzaron a llamar especialmente la atención en 2003, cuando identificó en Isla Riesco, en la Región de Magallanes, un extraordinario conjunto de plantas permineralizadas que incluía hojas, semillas, granos de polen, musgos y otros restos vegetales preservados, en su mayoría, durante más de 50 millones de años.

Entre los fósiles encontrados destacan representantes del género Nothofagus, conocido como hayas australes, al que pertenecen especies tan características de los bosques templados del sur de Sudamérica como las lengas, los robles y los coigües. Actualmente, estos árboles también están presentes en Argentina, Australia, Nueva Zelanda y otras islas del Pacífico Sur, una distribución que durante décadas ha despertado el interés de los investigadores.

Frondas de Otozamites de la Punta Williams, isla Livingston, Antártica Chilena. Créditos (CC-BY): Marcelo Leppe.

Las evidencias recuperadas en Isla Riesco indican que este grupo vegetal ya formaba parte de los paisajes patagónicos hacia fines del Cretácico, hace al menos 70 millones de años. Este tipo de registros fortalece la hipótesis de que, antes de la separación definitiva de los continentes australes, existía una continuidad terrestre entre Sudamérica, la Antártica y Oceanía que permitió el intercambio de flora y fauna. Aunque el lugar exacto donde surgieron estos árboles sigue siendo materia de investigación, los fósiles encontrados en Chile representan algunas de las evidencias más antiguas conocidas para este linaje.

«Un poco más al sur, está la isla Riesco. Ahí hay troncos petrificados de araucaria. Hay una flora del Cretácico tardío, pero también está la Formación Loreto, que es más reciente, desde el Paleógeno, con muchos restos de madera fósiles, pero con una preservación de hojas increíble. Allí está ubicado el antiguo proyecto minero de Mina Invierno, pero que también está el río y la formación Loreto, que está dominado principalmente por NothofagusTiene una transición climática, de un bosque de hojas grandes (con las temperaturas más altas) que pasó a ser un bosque dominado por hojas pequeñas (más tolerante a las bajas temperaturas)», indica Leppe.

«Los hallazgos que realizamos con el doctor Harufumi Nishida, de Japón, arrojaron la existencia de muchas estructuras muy bien preservadas y que ayudan a dar una mirada un poco más precisa a cómo evolucionaron las floras del fin del Cretácico. Documentan la presencia de muchas coníferas de la época gondwánica, en Patagonia, y que comienzan a dar también este paso a las angiospermas», añade.

Las investigaciones de Nishida no se limitaron a la Isla Riesco. También ha desarrollado trabajos en Cocholgüe, en la Región del Biobío, donde ha identificado otros registros vegetales de edad similar, y desde 2011 participa en expediciones científicas a la Antártica junto a especialistas del Instituto Antártico Chileno (INACH) y universidades nacionales. En estos proyectos ha colaborado estrechamente con investigadores como Marcelo Leppe y Luis Felipe Hinojosa, contribuyendo a ampliar el conocimiento sobre la historia vegetal del extremo sur del planeta.

«Ya en Concepción está la Caleta Cocholgüe, está la isla Quiriquina, están varias otras localidades alrededor de la bahía de Concepción, donde existen troncos fósiles que están remanentes, digamos, del final de la era de los dinosaurios en un ambiente marginolitoral. Muchos de estos troncos están perforados por invertebrados. Ese ambiente cercano a la costa quedó capturado en el tiempo. Los árboles tienen anillos de crecimiento, la estructura de las maderas muy bien preservada. Podría ser en el futuro cercano un lugar de mucho interés para el estudio paleoambiental, paleoecológico del final de Cretácico», comenta Leppe.

Ahora, avanzando muchísimo más al sur, en la Antártica se realizó un descubrimiento reciente que volvió a demostrar que el continente blanco estuvo muy lejos de ser el desierto helado que conocemos hoy. Un equipo internacional de investigadores describió Escuderia livingstonensis, el primer fósil permineralizado perteneciente al orden Schizaeales hallado en ese continente. Se trata de un antiguo helecho que vivió durante el Cretácico y cuya preservación permitió estudiar con gran precisión su estructura anatómica.

Bosque petrificado del Cretácico superior del valle del Río de Las Chinas, Patagonia chilena. Créditos (CC-BY): Marcelo Leppe.

El fósil fue recuperado en la isla Livingston, en las Shetland del Sur, a partir de muestras obtenidas durante una expedición científica organizada por el INACH. Gracias a técnicas como reconstrucciones tridimensionales y microscopía de alta resolución, los investigadores pudieron identificar características que no coinciden con ningún género fósil o actual conocido hasta ahora, lo que llevó a describir un nuevo género para la ciencia.

Más allá de su singularidad, el hallazgo aportó información clave sobre la evolución de los helechos y de las plantas vasculares en altas latitudes. En el mismo antiguo suelo donde apareció este fósil también se encontraron restos de coníferas, órganos reproductivos de gimnospermas, brotes y raíces asociadas a hongos, evidencias que permitieron reconstruir un ecosistema terrestre mucho más diverso y complejo de lo que durante años se pensó para la Antártica del Cretácico.

Estos descubrimientos complementan la información obtenida en la Patagonia chilena y fortalecen una idea que hoy cuenta con creciente respaldo científico: durante millones de años, la Antártica formó parte de un gran corredor biológico que conectaba los bosques australes de distintos continentes.

«Existió una coevolución de los ambientes que estaban en crisis hacia el final de la era de los dinosaurios, durante el Cretácico. Se trata de un progresivo enfriamiento con pulsos de frío muy bruscos, que habían provocado también que se generaran puentes esporádicos entre Sudamérica y la Antártica, conectando también con Oceanía. Algo que venía describiéndose desde mediados del siglo XIX por naturalistas como Joseph Dalton Hooker que vino en las expediciones de James Clark Ross al sur Austral, y que visitó la Antártida, visitó Sudamérica y Nueva Zelanda. Había postulado de que existía un vínculo florístico entre Nueva Zelanda y Australia, principalmente Queensland, Nueva Zelanda y Tasmania, con el sur de Chile. Sin embargo, nunca pudo demostrarlo en vida. Pasaron más de 100 años antes de que hubiera las primeras explicaciones plausibles», profundiza Leppe.

«Este patrimonio, esta historia natural, se remonta mucho más allá de la historia de los primeros hombres en Sudamérica. Las hojas más antiguas de Nothofagus del mundo están en la isla Nelson, en la Antártica, y son una evidencia concreta de que tenemos una herencia ancestral antártica. Esa herencia hoy día está viva todavía en nuestros parques nacionales, en muchos lugares también que conservan la estructura de la vegetación, que debemos preservar», añade.

Campaña isla Snow, Cretácico inferior, Islas Shetland del Sur, Antártica 2010. Créditos (CC-BY): Marcelo Leppe.

Otros bosques fósiles de la Patagonia

Los bosques fósiles no son exclusivos de Chile. Al otro lado de la cordillera, Argentina alberga algunos de los registros paleobotánicos más importantes del mundo y, recientemente, volvió a captar la atención de la comunidad científica con nuevos descubrimientos que amplían el conocimiento sobre los antiguos ecosistemas de la Patagonia.

En junio de 2026, investigadores confirmaron el hallazgo de tres nuevos sitios con árboles petrificados en la provincia de Río Negro. El descubrimiento se produjo luego de que un productor rural alertara sobre extrañas formaciones visibles en su terreno, dando inicio a una investigación encabezada por especialistas en patrimonio paleontológico.

Las exploraciones permitieron identificar trece ejemplares de árboles fósiles pertenecientes a coníferas y angiospermas que habrían vivido durante el Eoceno, hace aproximadamente 50 millones de años. Las muestras fueron trasladadas al Museo Paleontológico de Bariloche para su estudio, siguiendo los protocolos de conservación establecidos para este tipo de patrimonio.

«Este descubrimiento constituye una importante oportunidad para ampliar el conocimiento sobre la historia natural de Río Negro y pone en evidencia la enorme riqueza patrimonial que conserva nuestro territorio», señaló en un comunicado Pablo Chafrat, director de Patrimonio y Museos de Río Negro.

Estos nuevos yacimientos se suman a otros sitios emblemáticos de Argentina, entre ellos el Bosque Petrificado Sarmiento, ubicado en la provincia de Chubut. Considerado uno de los mayores conjuntos de árboles petrificados del planeta, este paisaje conserva miles de troncos, ramas, hojas, semillas y otros restos vegetales que pertenecieron a un enorme bosque que cubría la Patagonia hace alrededor de 65 millones de años.

De esta manera, al igual que ocurre en Chile, estos paisajes son mucho más que una colección de fósiles. Constituyen laboratorios naturales donde es posible estudiar la evolución de las plantas, reconstruir antiguos ambientes e identificar los cambios climáticos y geológicos que transformaron el continente a lo largo de millones de años. Cada nuevo descubrimiento ayuda a completar una historia que trasciende las fronteras políticas actuales y que involucra a toda la Patagonia.

Por lo mismo, aunque todavía quedan numerosas preguntas por responder, cada campaña científica y nuevo hallazgo permiten reconstruir con mayor precisión cómo era el mundo antes de que los continentes ocuparan su posición actual y antes de que el hielo transformara para siempre los paisajes australes. En ese contexto, la protección de estos sitios adquiere un valor que va mucho más allá de su atractivo geológico o turístico: resguardar los bosques fósiles de las diversas amenazas que los ponen en riesgo significa conservar una parte irreemplazable de la memoria natural del planeta.

«Las principales amenazas son la extracción ilegal de fósiles, algunas actividades mineras y de infraestructura, la erosión natural y, en ciertos casos, el aumento del turismo sin manejo adecuado. Cada fósil extraído sin registro científico representa información que se pierde para siempre. Un tronco fósil no es únicamente una pieza bonita, sino un documento que conserva información sobre su edad, el ambiente donde creció y las comunidades biológicas de las que formó parte», afirma Moisan.

«La conservación requiere fortalecer la protección legal de los yacimientos, mejorar los programas de monitoreo, promover investigaciones científicas continuas y desarrollar iniciativas de educación y divulgación que permitan valorar este patrimonio. Cuando las comunidades locales conocen la importancia de estos sitios, suelen convertirse en sus mejores aliados para protegerlos. Por eso la Universidad de Atacama ha tomado la responsabilidad de formar paleontólogos en Chile desde el pregrado con la creación de la Licenciatura en Ciencias mención Paleontología, y la continuación con estudios de postgrado en el Magíster en Paleontología y Evolución, convirtiéndose así en la primera universidad chilena en formar paleontólogos desde el pregrado (muchos lo hicimos de forma autodidacta desde la Biología o Geología) y ser un referente de las investigaciones paleontológicas en Chile», añade.

Bosque Petrificado de Darwin, valle de Copiapó. Créditos (CC-BY): Philippe Moisan Tapia.

El guardián de los Andes: nuestro patrimonio natural y cultural está en peligro

Cada 7 de julio se conmemora el Día Internacional del Cóndor Andino, una fecha que invita a reconocer y valorar a una de las especies más emblemáticas de Sudamérica. Más que un símbolo de los Andes, el cóndor cumple un rol esencial en el equilibrio de los ecosistemas y su conservación es hoy una tarea urgente.

Cuando un cóndor despliega sus enormes alas y planea sobre la cordillera de los Andes, ofrece un espectáculo que trasciende la naturaleza. No solo observamos el vuelo de una de las aves más grandes del mundo; contemplamos un símbolo que ha acompañado la historia, la cultura y la identidad de los pueblos andinos durante miles de años.

Su distribución se extiende desde Venezuela hasta el extremo austral de Chile y Argentina, convirtiéndolo en un emblema compartido por gran parte de Latinoamérica. Su presencia inspira admiración, respeto y un profundo sentido de pertenencia.

El guardián de los Andes
El cóndor andino (Vultur gryphus) es una de las aves voladoras más grandes del planeta. Puede alcanzar hasta 1,3 metros de altura, una envergadura alar cercana a los 3 metros y un peso que varía entre los 9 y 15 kilos. Los machos son de mayor tamaño que las hembras y presentan una cresta sobre la cabeza e iris de color café, mientras que las hembras carecen de cresta y poseen un iris rojizo. En ambos casos, los adultos exhiben un característico plumaje negro con un collar blanco alrededor del cuello.

En Chile, su importancia va mucho más allá del ámbito natural. El cóndor forma parte del Escudo Nacional y representa valores como la fortaleza, la libertad y la soberanía. También ocupa un lugar central en la cosmovisión de diversos pueblos originarios. Para el pueblo Mapuche es el Mañke; para el pueblo Aymara el Mallku, asociado al liderazgo espiritual y a la protección de las montañas; para el pueblo quechua es el Kuntur, mensajero entre el mundo terrenal y el espiritual; y para el pueblo Selknam era conocido como Karkai. Estos nombres reflejan la profunda relación entre la naturaleza y la cultura, recordándonos que proteger al cóndor también significa preservar un patrimonio vivo cultural invaluable.

Un rol ecosistémico indiscutible
Pero el cóndor no solo destaca por su belleza o su valor simbólico. Como ave carroñera, cumple una función ecológica indispensable al alimentarse de animales muertos, contribuyendo a eliminar restos orgánicos antes de que se conviertan en focos de enfermedades. Este servicio ecosistémico de regulación ayuda a mantener el equilibrio y la salud de los ecosistemas altoandinos, razón por la cual se le considera un verdadero guardián de la naturaleza.

Sin embargo, esta imponente ave posee una gran fragilidad biológica. El cóndor es monógamo y establece parejas de por vida, adicionalmente su estrategia reproductiva es una de las más lentas entre las aves: alcanza la madurez sexual entre los ocho y diez años y la hembra pone solo un huevo cada dos años. Como consecuencia, cualquier disminución de sus poblaciones puede tardar décadas en recuperarse, haciendo que la pérdida de cada ejemplar tenga un impacto significativo en la conservación de la especie.

Actualmente, el cóndor enfrenta múltiples amenazas provocadas por las actividades humanas. La destrucción y fragmentación de su hábitat, la contaminación por relaves mineros, la presencia de residuos contaminados en rellenos sanitarios, la caza ilegal y el uso de cebos envenenados destinados a controlar otros animales afectan gravemente sus poblaciones.

A ello se suman mitos y creencias que injustamente lo responsabilizan del ataque o robo de ganado, favoreciendo su persecución. Cabe destacar que diversos autores como Wallace, R. B.et al., (2020) determinan que en la parte norte de Chile las poblaciones de cóndor andino han experimentado los mayores descensos.

Esta realidad ha llevado a que el cóndor andino sea considerado una especie amenazada en distintos países. En Chile, su categoría de conservación es variable con base a: Ley de Caza 19.473 y el Reglamento de Clasificación de Especies Silvestres (RCE) del Ministerio del Medio Ambiente.

La protección del cóndor, una responsabilidad de todos
Su conservación ya no depende únicamente de las áreas protegidas o de los programas científicos; requiere del compromiso de toda la sociedad. La educación ambiental, la protección de los ecosistemas cordilleranos, el manejo responsable de los residuos y la denuncia de actividades ilegales son acciones concretas que pueden marcar la diferencia.

Proteger al cóndor significa mucho más que evitar la desaparición de una especie. Implica resguardar uno de los símbolos más representativos de nuestra identidad latinoamericana, conservar un patrimonio natural y cultural irremplazable y comprender que la biodiversidad sustenta nuestra propia calidad de vida.

Cada vez que un cóndor planea sobre los Andes, impulsado por las corrientes de aire, nos recuerda la extraordinaria riqueza de la naturaleza. Pero también nos plantea una pregunta ineludible: ¿seremos capaces de garantizar que las futuras generaciones puedan seguir contemplando ese vuelo?

En este Día Internacional del Cóndor Andino, la invitación es clara. No basta con admirarlo ni con reconocerlo como un emblema nacional. El verdadero homenaje consiste en comprometernos con su conservación. Porque mientras el guardián de los Andes continúe surcando nuestros cielos, seguirá recordándonos que proteger la naturaleza también es proteger nuestra historia, nuestra cultura y nuestro futuro.

Referencias
Ministerio del Medio Ambiente. (2019). Vultur gryphus (Cóndor andino): Ficha de clasificación de especies según estado de conservación. 15.º Proceso de Clasificación de Especies (RCE). Gobierno de Chile.
https://clasificacionespecies.mma.gob.cl/wp-content/uploads/2019/10/Vultur_gryphus_15RCE_FINAL.pdf
Servicio Agrícola y Ganadero. (2017). Ley de caza y su reglamento. Ministerio de Agricultura. https://www.sag.cl/sites/default/files/ley_de_caza_2017.pdf

Perú: Descubren en Peñico, ofrenda arqueológica de más de 3 mil 800 años de antigüedad

Arqueólogos peruanos descubrieron en el sitio arqueológico Peñico, ubicado en la provincia de Huaura, departamento de Lima. Foto Difundida en redes sociales

Arqueólogos peruanos descubrieron en el sitio arqueológico Peñico, ubicado en la provincia de Huaura, departamento de Lima, una ofrenda ritual de unos 3 mil 800 años de antigüedad compuesta por más de 40 piezas de madera y hueso con figuras antropomorfas, zoomorfas y geométricas, un hallazgo que aporta nuevas evidencias sobre la continuidad cultural de la antigua Civilización Caral tras el declive de sus principales centros urbanos.

El Ministerio de Cultura de Perú, a través de la Zona Arqueológica Caral (ZAC), informó que la ofrenda fue encontrada durante las excavaciones en una estructura delimitada de 22 centímetros de largo que contenía relleno de tierra y diversos objetos depositados con fines ceremoniales.

El jefe de sitio de Peñico, Mauro Ordóñez, explicó en conversación con Xinhua que la aplicación de las excavaciones técnicas permitió registrar decenas de elementos de un alto valor simbólico que sirvieron para conmemorar esta renovación arquitectónica monumental.

“El día de hoy estamos haciendo público el hallazgo de más de 43 piezas o tablillas de madera y de hueso, en cuyo contenido iconográfico resaltan figuras antropomorfas, zoomorfas y geométricas”, precisó el arqueólogo.

Ordóñez aclaró que estas piezas no son las únicas recuperadas en el proceso de investigación y conservación, ya que existen otros fragmentos menores que se van a ir ensamblando paulatinamente, y eso hará que la cantidad aumente.

El reporte técnico precisa que el conjunto recuperado incluye una representación femenina y posibles autoridades, diversas figuras de animales como aves, serpientes y renacuajos, además de motivos geométricos y otras formas abstractas elaboradas minuciosamente por los artesanos de la época.

Asimismo, los arqueólogos identificaron que varias de las piezas de madera presentan cavidades destinadas a la incrustación de minerales o piedras semipreciosas, lo que refuerza su directa asociación con prácticas ceremoniales.

Durante las excavaciones se recuperaron tres cuentas y tres fragmentos de crisocola, dos partes de cuentas de concha de gasterópodo terrestre, nueve ojos elaborados en concha de moluscos para esculturas, además de ocho objetos menores que se encuentran en investigación.

Frente a este nuevo descubrimiento, Ruth Shady, directora de la ZAC, dijo que la arqueología “recupera la historia” para conocer cómo vivieron los antepasados, qué fenómenos climatológicos afrontaron en un territorio megadiverso como el peruano y cómo debe prepararse la ciudadanía actual para contrarrestar los efectos ambientales negativos.

“Bueno, lo que nosotros tenemos a través del conocimiento de la historia que vamos recuperando es el poder reflexionar sobre lo que hemos tenido en el pasado, los efectos de esos fenómenos y de las condiciones del territorio megadiverso donde se ha estado viviendo”, aseguró.

El centro urbano de Peñico, fundado hacia el año 1800 antes de nuestra era, contó con un área de ocupación arqueológica de 19,44 hectáreas y albergó unos 15 edificios públicos que funcionaron activamente tras la pérdida de prestigio de los primeros y más antiguos centros urbanos como la Ciudad Sagrada de Caral-Supe.

Lejos de representar una ruptura cultural, esta antigua urbe fue concebida como un espacio estratégico de integración comercial entre la costa y la sierra peruana, preservando y transformando los conocimientos, prácticas rituales y formas de organización política del valle.

Descubrimiento histórico para la arqueología: encuentran intacta una ciudad maya prehispánica que llevaba 11 siglos escondida en la jungla mexicana

Estela en Minanbé. Foto: INAH.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha sacado a la luz uno de los descubrimientos más fascinantes de los últimos años en materia arqueológica. En las inexploradas profundidades de la Reserva de la Biosfera de Calakmul, investigadores han localizado Minanbé, una espectacular ciudad maya prehispánica que llevaba diez siglos oculta bajo la espesa jungla.

Este hallazgo deslumbra por algo casi inaudito en la arqueología de la región peninsular: el sitio se encuentra completamente virgen y libre de saqueos modernos, conservando su integridad histórica intacta. Debido a las condiciones extremas del terreno, no fue hasta esta última y ardua temporada de campo que lograron abrirse paso físicamente hasta las majestuosas ruinas.

El desafío de llegar a la ciudad maya de Minanbé, «donde no hay camino»

La compleja expedición, encabezada por el renombrado arqueólogo esloveno Ivan Šprajc, investigador adscrito al Centro de Investigación de la Academia Eslovena de las Artes y las Ciencias, marca un hito fundamental en el estudio continuo de las Tierras Bajas Mayas Centrales.

ciudad maya prehispánica
Estela en Minanbé. Foto: INAH.
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha sacado a la luz uno de los descubrimientos más fascinantes de los últimos años en materia arqueológica. En las inexploradas profundidades de la Reserva de la Biosfera de Calakmul, investigadores han localizado Minanbé, una espectacular ciudad maya prehispánica que llevaba diez siglos oculta bajo la espesa jungla.

Este hallazgo deslumbra por algo casi inaudito en la arqueología de la región peninsular: el sitio se encuentra completamente virgen y libre de saqueos modernos, conservando su integridad histórica intacta. Debido a las condiciones extremas del terreno, no fue hasta esta última y ardua temporada de campo que lograron abrirse paso físicamente hasta las majestuosas ruinas.

El desafío de llegar a la ciudad maya de Minanbé, «donde no hay camino»

La compleja expedición, encabezada por el renombrado arqueólogo esloveno Ivan Šprajc, investigador adscrito al Centro de Investigación de la Academia Eslovena de las Artes y las Ciencias, marca un hito fundamental en el estudio continuo de las Tierras Bajas Mayas Centrales.

Gracias al uso innovador de la tecnología LiDAR (escaneo láser aerotransportado) hace más de una década, los científicos sabían con certeza que un asentamiento de grandes proporciones aguardaba bajo el denso dosel selvático. Y ese asentamiento tiene su nombre: Minanbé.

Ese nombre otorgado no es producto de la casualidad. En lengua maya yucateca, Minanbé significa textualmente «no hay camino» (derivado de mina’an, que se traduce como «no hay»; y be, que significa «camino»).

Esta acertada denominación refleja fielmente la verdadera odisea que supuso para el equipo internacional de especialistas y los experimentados trabajadores locales acceder a esta ciudad maya prehispánica.

Para llegar a los vestigios milenarios, la comitiva tuvo que abrir brecha a machete limpio a lo largo de más de cinco kilómetros a través de una selva absolutamente impenetrable, avanzando lentamente en cuatrimotos y, en los tramos más difíciles, a pie.

La total ausencia de senderos antiguos, rutas madereras recientes o cualquier tipo de camino previo convirtió la extenuante travesía en una verdadera prueba de resistencia física y determinación científica.

¿Cómo confirmaron que se trataba de una ciudad maya prehispánica congelada en el tiempo?

Lo que el doctor Šprajc y su perseverante equipo encontraron al final del arduo camino superó de manera abrumadora todas las expectativas iniciales.

Minanbé se extiende por una impresionante área de aproximadamente quince hectáreas y alberga una arquitectura verdaderamente monumental que evidencia de forma clara el enorme poderío político y económico que la urbe ostentó durante el periodo Clásico Tardío y Terminal, abarcando aproximadamente entre los años 600 y 900 de nuestra era.

El vasto sitio cuenta con plazas principales profusamente decoradas, rodeadas de imponentes palacios administrativos, extensas zonas residenciales para la élite y una compleja infraestructura hidráulica meticulosamente diseñada para captar, canalizar y almacenar el agua de lluvia, un recurso vital para la supervivencia en esta agreste región calcárea.

Lo más sorprendente y valioso para los rigurosos investigadores fue constatar el estado excepcionalmente intacto de esta imponente ciudad maya prehispánica. Esto se puede apreciar en un video oficial compartido por el propio INAH en YouTube.

A gran diferencia de muchos otros yacimientos conocidos en Mesoamérica, que lamentablemente han sufrido el constante expolio destructivo de traficantes de antigüedades, Minanbé ha permanecido protegida y custodiada por su propio y extremo aislamiento geográfico.

Este asombroso nivel de conservación ofrece a la comunidad científica una oportunidad absolutamente única para estudiar el contexto original y prístino de los múltiples artefactos y monumentos, proporcionando así datos invaluables sobre la vida cotidiana, la compleja jerarquía política y la profunda cosmovisión religiosa de sus antiguos y misteriosos habitantes.

El imponente templo piramidal y las estelas de Calakmul

El corazón cívico y ceremonial de Minanbé está dominado por un templo piramidal que se eleva de forma imponente a más de trece metros sobre el nivel del suelo selvático.

Esta estructura religiosa presenta notables influencias del reconocido estilo arquitectónico Río Bec, caracterizado por sus distintivas torres ornamentales macizas y sus elaboradas fachadas decoradas, lo que sugiere la existencia de importantes y fluidas conexiones culturales, comerciales y políticas con otras grandes capitales regionales dominantes de la época.

Además de la imponente arquitectura monumental, el exhaustivo equipo de arqueólogos logró documentar cuidadosamente catorce estelas y diversos altares circulares.

Estos imponentes monumentos tallados en piedra caliza, muchos de ellos finamente esculpidos con intrincados jeroglíficos y elaboradas escenas rituales dinásticas, funcionan como verdaderas crónicas pétreas que narran las hazañas de los poderosos gobernantes de esta ciudad maya.

Entre los fascinantes hallazgos epigráficos registrados, destaca particularmente una estela central que representa una dramática escena de decapitación ritual, fechada con precisión hacia el año 849 de nuestra era.

Ahora, la meticulosa traducción y análisis de estos textos grabados será un factor fundamental y decisivo para lograr desentrañar las complejas alianzas matrimoniales, las sangrientas guerras hegemónicas y los venerados linajes reales que definieron de forma definitiva el destino histórico de Minanbé.

¿Por qué fue abandonada esta urbe milenaria de Minanbé?

El innegable esplendor y apogeo de Minanbé, lamentablemente, no duró para siempre. Al igual que muchas otras prósperas urbes interconectadas de las Tierras Bajas, esta floreciente ciudad maya finalmente sucumbió al devastador colapso sistémico que afectó de manera generalizada a la extensa región hacia finales del conflictivo siglo X.

Las causas exactas y precisas de este drástico declive civilizatorio siguen siendo objeto de debate y rigurosa investigación arqueológica, aunque los firmes indicios medioambientales e históricos apuntan convergentemente a una combinación letal de factores.

Esos factores podrían ser prolongadas y severas sequías climáticas, el rápido agotamiento de los limitados recursos naturales disponibles, una insostenible sobrepoblación urbana y los cada vez más frecuentes y destructivos conflictos bélicos librados entre ciudades-estado ferozmente rivales por el control territorial.

Entre tanto, el abandono masivo y definitivo de Minanbé dejó abruptamente sus hermosos palacios residenciales y sus sagrados templos ceremoniales a completa merced del imparable avance de la naturaleza circundante.

Durante diez largos siglos, la densa selva tropical reclamó su antiguo territorio, envolviendo firmemente todas las estructuras de piedra en un espeso e impenetrable manto verde que, paradójicamente, las protegió eficazmente del destructivo paso del tiempo y de la intervención de la mano del hombre moderno.

Hoy, gracias a la perseverancia de los arqueólogos y a la ayuda de las nuevas y avanzadas tecnologías de detección satelital, esta urbe perdida vuelve a ver la luz del sol, dispuesta a revelar finalmente los recónditos secretos de una de las civilizaciones precolombinas más deslumbrantes, sabias y enigmáticas de toda la historia de la antigüedad.

Excavaciones ilegales en sitio arqueológico Pumacayán provocan daños irreversibles y motivan denuncia penal del Ministerio de Cultura de Perú

Especialistas hallaron fragmentos de cerámica prehispánica luego de trabajos con maquinaria pesada dentro del monumento arqueológico. El caso motivó investigaciones y pedidos de fortalecer la protección del patrimonio

Autoridades confirmaron excavaciones con maquinaria pesada dentro del sitio arqueológico de Pumacayán, en Huaraz, sin autorización del Ministerio de Cultura. Composición: Infobae

La preocupación por la conservación del patrimonio arqueológico volvió a ocupar la atención pública en la ciudad de Huaraz, Áncash, luego del reporte de una intervención no autorizada dentro de un es

pacio protegido por el Estado. El caso motivó la participación de autoridades culturales, la Policía Nacional y el inicio de un proceso legal para determinar responsabilidades por los trabajos efectuados en un área con evidencias de ocupación prehispánica.

El episodio también reactivó el debate sobre los mecanismos de vigilancia en monumentos arqueológicos ubicados dentro de zonas urbanas. La presencia de maquinaria pesada en un sector protegido despertó alertas entre vecinos y organizaciones vinculadas con la defensa del patrimonio cultural, quienes solicitaron una respuesta inmediata de las entidades competentes.

La Dirección Desconcentrada de Cultura (DDC) de Áncash informó que recibió una alerta el último sábado sobre movimientos de tierra dentro del sitio arqueológico de Pumacayán, ubicado en la ciudad de Huaraz. Tras la comunicación, un equipo técnico de la Subdirección de Patrimonio Cultural, Industrias Culturales e Interculturalidad acudió al lugar junto con efectivos de la Policía de Turismo para verificar la situación.

Durante la inspección, los especialistas constataron trabajos de excavación y remoción de suelos con maquinaria pesada dentro de la poligonal del monumento arqueológico, declarada Patrimonio Cultural de la Nación desde 2013. La DDC Áncash indicó que esas labores se ejecutaban sin autorización del Ministerio de Cultura, condición obligatoria para cualquier intervención en una zona protegida.

Como resultado de la diligencia, la entidad dispuso la paralización inmediata de los trabajos con el propósito de impedir una afectación mayor al sitio arqueológico. Además, efectuó las constataciones técnicas correspondientes para sustentar las acciones administrativas y legales previstas en la normativa sobre protección del patrimonio cultural.

Evidencias arqueológicas quedaron expuestas durante la remoción

La DDC Áncash paralizó los trabajos tras verificar la intervención en un área protegida declarada Patrimonio Cultural de la Nación. Ministerio de Cultura

De acuerdo con la información proporcionada por la Dirección Desconcentrada de Cultura, durante la remoción del terreno aparecieron fragmentos de cerámica prehispánica, elementos que formarían parte del contexto arqueológico protegido de Pumacayán.

La evaluación preliminar realizada por los especialistas estimó que el área intervenida comprende aproximadamente entre 50 y 60 metros cuadrados. Según la entidad cultural, la afectación registrada constituye un daño irreversible para el patrimonio arqueológico.

Durante la intervención, las personas involucradas manifestaron ser propietarias del terreno e indicaron contar con documentos de compra-venta, además de un plano visado por la Municipalidad Provincial de Huaraz. Dennis Rodríguez Cruz, director de la Subdirección de Patrimonio Cultural, Industrias Culturales e Interculturalidad de la DDC Áncash, precisó que esa documentación será materia de evaluación dentro de las investigaciones para establecer su validez y determinar cualquier relación con los trabajos efectuados en el lugar.

La Dirección Desconcentrada de Cultura señaló que, tras la verificación de los hechos, se activaron los procedimientos legales correspondientes. La Procuraduría Pública del Ministerio de Cultura presentó una denuncia penal y asumirá el seguimiento del caso conforme a las disposiciones vigentes.

La institución también informó que las actuaciones se desarrollan con participación del Ministerio Público y de la Policía Nacional del Perú. La Policía de Turismo acompañó la diligencia realizada en el sitio arqueológico durante la inspección técnica.

En un pronunciamiento institucional, la DDC Áncash señaló que la intervención de su personal permitió detener las labores de movimiento de tierra y evitar una afectación mayor dentro de la poligonal protegida. Asimismo, reiteró que cualquier trabajo en monumentos arqueológicos requiere autorización expresa del Ministerio de Cultura.

Vecinos y organizaciones solicitaron investigaciones

Especialistas hallaron fragmentos de cerámica prehispánica luego de trabajos con maquinaria pesada dentro del monumento arqueológico. El caso motivó investigaciones y pedidos de fortalecer la protección del patrimonio. Facebook

La intervención de las autoridades ocurrió después de que vecinos del sector alertaran sobre presuntos daños registrados durante la demolición de una vivienda colindante con Pumacayán. Según esa información, los trabajos permitieron observar vestigios arqueológicos que, presuntamente, resultaban afectados por el empleo de maquinaria pesada.

Por su parte, el presidente de AGOEMA, Porfirio Cacha, cuestionó la demora en la respuesta de las autoridades y sostuvo que durante las labores efectuadas por terceros presuntamente resultaron afectados cerámicas, monolitos y estructuras de piedra pertenecientes al patrimonio arqueológico.

Frente a esa situación, solicitó la intervención de oficio del Ministerio Público, la Dirección Desconcentrada de Cultura de Áncash y la Municipalidad Provincial de Huaraz con el propósito de verificar los hechos y evitar nuevos daños dentro del sitio arqueológico.

Colegio de Arqueólogos expresó preocupación por el caso

El Consejo Directivo Regional Centro Norte del Colegio Profesional de Arqueólogos del Perú difundió un pronunciamiento sobre los hechos registrados en Pumacayán. La organización expresó “su más profunda preocupación y enérgico rechazo” frente a la intervención no autorizada con maquinaria pesada dentro de la poligonal del monumento arqueológico.

El documento señala que el episodio “evidencia, una vez más, las serias deficiencias existentes en los mecanismos de prevención, vigilancia y protección del patrimonio cultural de nuestra región”. Asimismo, considera “inadmisible” que una intervención de esa naturaleza pudiera ejecutarse dentro de un monumento arqueológico protegido.

El colegio profesional también manifestó preocupación por la actuación preventiva de las autoridades competentes y mencionó de forma específica a la Municipalidad Provincial de Huaraz y al Gobierno Regional de Áncash. Además, exigió al Ministerio Público desarrollar la investigación “con la mayor celeridad, objetividad y firmeza”, con el fin de identificar a los responsables y promover las acciones penales que correspondan conforme a la legislación vigente.

Comunicado del COLEGIO PROFESIONAL DE ARQUEÓLOGOS DEL PERÚ

En el mismo pronunciamiento, la organización exhortó al Ministerio de Cultura, al Ministerio Público, a la Policía Nacional del Perú, al Gobierno Regional de Áncash, a la Municipalidad Provincial de Huaraz y a las demás entidades competentes a fortalecer los mecanismos de vigilancia, protección y gestión del patrimonio arqueológico mediante acciones orientadas a preservar el sitio arqueológico de Pumacayán y evitar nuevos casos similares.

Experiencias de América Latina muestran cómo el patrimonio vivo puede enriquecer los aprendizajes

Publicación de alcance regional sistematiza 200 prácticas de 15 países de América Latina y el Caribe y entrega orientaciones para fortalecer la integración del patrimonio cultural inmaterial en políticas y prácticas educativas y culturales.

Los saberes, prácticas y expresiones culturales que las comunidades transmiten de generación en generación pueden enriquecer profundamente los procesos educativos y abrir nuevas formas de aprendizaje dentro y fuera de la escuela. Esa fue una de las principales reflexiones compartidas durante un seminario regional organizado por la UNESCO, en el marco de la presentación del estudio Educación y patrimonio cultural inmaterial en América Latina y el Caribe.

El encuentro puso en diálogo los hallazgos de la publicación con experiencias concretas de la región que integran patrimonio vivo, memoria local, oficios tradicionales, educación patrimonial y conocimientos vinculados con el territorio. A partir de estos ejemplos, especialistas y representantes de iniciativas comunitarias destacaron la importancia de reconocer los saberes locales como conocimientos legítimos y como recursos pedagógicos para fortalecer la pertinencia cultural de la educación.

Entre los principales hallazgos de Educación y patrimonio cultural inmaterial en América Latina y el Caribe, se identifica que poco más de la mitad de las prácticas analizadas incorpora más de una de las categorías reconocidas por la Convención de 2003 de la UNESCO para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, entre ellas prácticas rituales, tradiciones orales, técnicas artesanales tradicionales, artes performativas, y conocimientos y prácticas sobre la naturaleza y el universo. Este dato muestra que muchas iniciativas educativas no abordan el patrimonio vivo de manera aislada, sino como parte de sistemas culturales amplios, donde se articulan conocimientos, memorias, lenguas, oficios, expresiones artísticas y vínculos con el territorio.

El documento también muestra que el 49,5 % de las experiencias estudiadas corresponde a iniciativas no formales, mientras que un 38 % se desarrolla en el ámbito de la educación formal (el 12,5 % restante abarca ambas categorías). Esta distribución evidencia que una parte importante de los aprendizajes vinculados al patrimonio vivo ocurre fuera de la escuela, en espacios comunitarios, culturales, territoriales e intergeneracionales, aunque también existe un campo relevante de integración en instituciones educativas formales.

Otros de los datos interesantes de este estudio indican que 8 de cada 10 de las prácticas educativas analizadas usa el patrimonio vivo para promover la valoración de la diversidad cultural. Asimismo, 8 de cada 10 de las prácticas educativas analizadas involucra a las comunidades en la transmisión del patrimonio inmaterial.

El estudio fue presentado por la antropóloga y académica de la Universidad de Chile Carla Pinochet, quien lideró la investigación y el análisis de la publicación. El documento identifica principios pedagógicos y experiencias que integran el patrimonio cultural inmaterial en procesos de aprendizaje formal y no formal, y busca contribuir a que los sistemas educativos y las políticas culturales de la región reconozcan el valor de los saberes comunitarios como parte de una educación pertinente, inclusiva y culturalmente significativa.

“Frente a los importantes desafíos que enfrentamos hoy, el patrimonio vivo emerge como una fuente de resiliencia, creatividad y esperanza. Nos recuerda que las comunidades poseen conocimientos, prácticas y formas de relación con el entorno que pueden enriquecer profundamente los modelos educativos del presente y del futuro”, recalcó la directora de la Oficina Regional de la UNESCO en Santiago, Esther Kuisch Laroche, en la apertura del evento.

Owan Lay Gonzalez, director del Centro Regional para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial en América Latina (CRESPIAL), destacó la importancia de reconocer estos saberes en los procesos educativos. “Reconocer este patrimonio educativo es también el ejercicio de los derechos culturales, el derecho a aprender en la propia lengua, a ver la propia cultura reflejada en los contenidos escolares, a que los saberes comunitarios sean considerados conocimiento legítimo y no mero folclor. Es lo que promueve esta publicación al visibilizar y sistematizar estas prácticas, contribuye concretamente al ejercicio de estos derechos en toda la región”, señaló.

El encuentro finalizó con un panel moderado por Alejandro Gumá Ruiz, especialista de Cultura de la oficina de la UNESCO en La Habana, con voces de Chile, Argentina, Colombia y Ecuador. Entre las experiencias presentadas destacaron Ferrowhite – Museo Taller, de Bahía Blanca, Argentina, que entrelaza memoria local y resiliencia social; las Escuelas Taller de Colombia, que articulan oficios tradicionales y educación técnica; la Red de Bosques-Escuela del Chocó Andino en Ecuador, que vincula patrimonio biocultural con participación comunitaria; y la Política Nacional de Educación Patrimonial de Chile.

Patrimonio que vuelve a casa: Colombia exhibirá bienes recuperados para evitar el tráfico ilícito

Más de 1.100 bienes arqueológicos que salieron de Colombia regresan al país para reconstruir parte de la memoria e identidad de la nación.

Durante años permanecieron fuera de Colombia. Hoy, tras un proceso de repatriación adelantado en 14 países, estas piezas volverán a encontrarse en el país.

Se trata de 1.194 bienes arqueológicos recuperados por el Estado entre 2022 y 2026, que serán exhibidos por primera vez en la exposición ‘Pasados en retorno. Repatriación del patrimonio arqueológico’, desde el próximo 26 de junio en el Museo Nacional de Colombia.

Pero la muestra va más allá de exhibir objetos antiguos.

Cada vasija, figura, herramienta o fragmento cuenta una historia sobre los pueblos que habitaron el actual territorio colombiano antes de la Conquista. Son piezas que ayudan a entender cómo vivían estas comunidades y por qué ese legado sigue haciendo parte de la identidad del país.

“Cada una de estas piezas que regresa a Colombia trae consigo una historia, una memoria y una relación profunda con los pueblos que habitan este territorio. La repatriación del patrimonio arqueológico no consiste solamente en recuperar objetos; es un acto de reparación histórica que nos permite reencontrarnos con los saberes, las culturas y las formas de vida que nos constituyen como nación”, afirmó la ministra de las Culturas, Yannai Kadamani.

Un regreso que fortalece la memoria del país

Las piezas fueron recuperadas en 14 países y corresponden a 14 regiones arqueológicas del territorio colombiano.

Entre ellas hay objetos pertenecientes a culturas como la Quimbaya, Tumaco, Tairona y Nariño, que muestran cómo eran sus formas de vida, sus conocimientos y su relación con el territorio.

Para la directora del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH), Alhena Caicedo Fernández, el regreso de estos bienes permite comprender mejor el pasado y fortalecer la identidad cultural del país.

“Cada objeto nos cuenta una parte del pasado prehispánico que nos constituye. Es una muestra muy importante para entender cuáles han sido los contextos de sociedades prehispánicas como la Quimbaya, Tumaco, Tairona y Nariño, y nos permite profundizar en cómo el pasado nos habla de nuestro presente y futuro” explicó Caicedo.

Una muestra para entender el tráfico ilícito del patrimonio

La exposición también explica cómo cientos de bienes arqueológicos terminaron fuera de Colombia y qué mecanismos han permitido recuperarlos.

El recorrido aborda los procesos de repatriación, las herramientas jurídicas que respaldan estos casos y las acciones que adelantan las autoridades para prevenir el tráfico ilícito de patrimonio cultural. También presenta dos procesos que siguen pendientes: la recuperación de la Colección Quimbaya y de la Colección Lítica de San Agustín.

Para Katia González Martínez, directora (e) del Museo Nacional de Colombia, esta será la primera vez que gran parte de estas piezas podrá ser vista por los ciudadanos.

“‘Pasados en retorno’ es una oportunidad única para ver el patrimonio cultural que había sido sacado del país y que regresó para estar en medio de las comunidades y en los territorios que les dieron origen”, señaló.

La exposición estará abierta al público del 26 de junio al 23 de agosto, de martes a domingo, entre las 9:00 a. m. y las 5:00 p. m., en la Sala Talleres del Panóptico del Museo Nacional de Colombia.

Más allá de las vitrinas, el recorrido invita a entender que proteger el patrimonio no significa solo conservar objetos antiguos. Significa recuperar historias, fortalecer la memoria colectiva y acercar a los colombianos a una parte de su pasado que durante años estuvo lejos de casa.

México exige el retiro de 33 piezas arqueológicas prehispánicas de una subasta en París

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) determinó que las 33 piezas forman parte del patrimonio cultural del país, por lo tanto su venta iría contra las leyes de protección de los bienes arqueológicos.

Foto: EFE

La secretaria de Cultura, Claudia Curiel, exigió a través de un comunicado el retiro de 33 piezas arqueológicas de origen mexicano que forman parte del catálogo de la subasta “Tribal Addiction” programada para este miércoles en la casa Millon en París.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) determinó que las 33 piezas forman parte del patrimonio cultural del país, por lo tanto su venta iría contra las leyes de protección de los bienes arqueológicos.

La funcionaria federal calificó estas gestiones para frenar la subasta internacional como un acto de responsabilidad de Estado con el objetivo de preservar la memoria histórica y la riqueza de las identidades de la nación bajo el lema “Mi patrimonio no se vende”.

La subasta programada en la capital francesa ha generado una inmediata movilización institucional, sumándose a los esfuerzos permanentes que realiza el Gobierno en contra del tráfico ilícito de bienes arqueológicos.

El evento organizado por Millon & Associés contiene 54 lotes con diferentes piezas arqueológicas mexicanas por las que espera recaudar más de 3 millones de pesos.

Las piezas provienen de culturas prehispánicas como la maya, olmeca, teotihuacana, mexica, totonaca y chontal.

Entre los objetos relacionados con México mejor valuados del catálogo destacan una máscara teotihuacana, una estatua totonaca veracruzana que representa a un jugador de pelota o un hacha doméstica de origen maya.

Las autoridades del país han hecho un llamado directo a la sensibilidad de la casa de subastas en París para que desista de comerciar con objetos que representan el legado histórico de los pueblos originarios de México.

El destino de los lotes patrimoniales permanece bajo el escrutinio de las instituciones culturales, las cuales mantienen una postura firme en la defensa y recuperación de la soberanía arqueológica mexicana en el extranjero.

Estas gestiones de reclamo se enmarcan en la agresiva estrategia internacional que la Secretaría de Cultura ha intensificado durante el último sexenio, logrando la repatriación histórica de miles de piezas arqueológicas mediante la campaña permanente “Mi Patrimonio No Se Vende” en diferentes foros a lo largo del planeta.

Desde 2018, el Gobierno ha recuperado unas 16,500 piezas culturales al combatir subastas en ciudades como Nueva York, París y Roma, en las que se ofrecían objetos robados o que pertenecen al patrimonio de México, además de intensificar las demandas ante Gobiernos extranjeros para recuperar piezas arqueológicas y artísticas.

Con información de EFE

Experiencias de América Latina muestran cómo el patrimonio vivo puede enriquecer los aprendizajes

La publicación regional sistematiza 200 prácticas de 15 países de América Latina y el Caribe y entrega orientaciones para fortalecer la integración del patrimonio cultural inmaterial en políticas y prácticas educativas y culturales.

Los saberes, prácticas y expresiones culturales que las comunidades transmiten de generación en generación pueden enriquecer profundamente los procesos educativos y abrir nuevas formas de aprendizaje dentro y fuera de la escuela. Esa fue una de las principales reflexiones compartidas durante un seminario regional organizado por la UNESCO, en el marco de la presentación del estudio Educación y patrimonio cultural inmaterial en América Latina y el Caribe.

El encuentro puso en diálogo los hallazgos de la publicación con experiencias concretas de la región que integran patrimonio vivo, memoria local, oficios tradicionales, educación patrimonial y conocimientos vinculados con el territorio. A partir de estos ejemplos, especialistas y representantes de iniciativas comunitarias destacaron la importancia de reconocer los saberes locales como conocimientos legítimos y como recursos pedagógicos para fortalecer la pertinencia cultural de la educación.

Entre los principales hallazgos de Educación y patrimonio cultural inmaterial en América Latina y el Caribe, se identifica que poco más de la mitad de las prácticas analizadas incorpora más de una de las categorías reconocidas por la Convención de 2003 de la UNESCO para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, entre ellas prácticas rituales, tradiciones orales, técnicas artesanales tradicionales, artes performativas, y conocimientos y prácticas sobre la naturaleza y el universo. Este dato muestra que muchas iniciativas educativas no abordan el patrimonio vivo de manera aislada, sino como parte de sistemas culturales amplios, donde se articulan conocimientos, memorias, lenguas, oficios, expresiones artísticas y vínculos con el territorio.

El documento también muestra que el 49,5 % de las experiencias estudiadas corresponde a iniciativas no formales, mientras que un 38 % se desarrolla en el ámbito de la educación formal (el 12,5 % restante abarca ambas categorías). Esta distribución evidencia que una parte importante de los aprendizajes vinculados al patrimonio vivo ocurre fuera de la escuela, en espacios comunitarios, culturales, territoriales e intergeneracionales, aunque también existe un campo relevante de integración en instituciones educativas formales.

Otros de los datos interesantes de este estudio indican que 8 de cada 10 de las prácticas educativas analizadas usa el patrimonio vivo para promover la valoración de la diversidad cultural. Asimismo, 8 de cada 10 de las prácticas educativas analizadas involucra a las comunidades en la transmisión del patrimonio inmaterial.

El estudio fue presentado por la antropóloga y académica de la Universidad de Chile Carla Pinochet, quien lideró la investigación y el análisis de la publicación. El documento identifica principios pedagógicos y experiencias que integran el patrimonio cultural inmaterial en procesos de aprendizaje formal y no formal, y busca contribuir a que los sistemas educativos y las políticas culturales de la región reconozcan el valor de los saberes comunitarios como parte de una educación pertinente, inclusiva y culturalmente significativa.

“Frente a los importantes desafíos que enfrentamos hoy, el patrimonio vivo emerge como una fuente de resiliencia, creatividad y esperanza. Nos recuerda que las comunidades poseen conocimientos, prácticas y formas de relación con el entorno que pueden enriquecer profundamente los modelos educativos del presente y del futuro”, recalcó la directora de la Oficina Regional de la UNESCO en Santiago, Esther Kuisch Laroche, en la apertura del evento.

Owan Lay Gonzalez, director del Centro Regional para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial en América Latina (CRESPIAL), destacó la importancia de reconocer estos saberes en los procesos educativos. “Reconocer este patrimonio educativo es también el ejercicio de los derechos culturales, el derecho a aprender en la propia lengua, a ver la propia cultura reflejada en los contenidos escolares, a que los saberes comunitarios sean considerados conocimiento legítimo y no mero folclor. Es lo que promueve esta publicación al visibilizar y sistematizar estas prácticas, contribuye concretamente al ejercicio de estos derechos en toda la región”, señaló.

El encuentro finalizó con un panel moderado por Alejandro Gumá Ruiz, especialista de Cultura de la oficina de la UNESCO en La Habana, con voces de Chile, Argentina, Colombia y Ecuador. Entre las experiencias presentadas destacaron Ferrowhite – Museo Taller, de Bahía Blanca, Argentina, que entrelaza memoria local y resiliencia social; las Escuelas Taller de Colombia, que articulan oficios tradicionales y educación técnica; la Red de Bosques-Escuela del Chocó Andino en Ecuador, que vincula patrimonio biocultural con participación comunitaria; y la Política Nacional de Educación Patrimonial de Chile.

Detenido en Chile un coleccionista que vendía por internet una campana peruana de la época del Virreinato

La pieza arqueológica de más de 300 años pertenece a una iglesia de Cajamarca y será devuelta a ese país

La campana tiene inscripciones en relieve en castellano antiguo y es de fabricación artesanal.

La Policía de Investigaciones (PDI) logró recuperar este miércoles una campana de la época colonial peruana de más de 300 años y varias otras piezas arqueológicas cuyo tráfico está prohibido, las que estaban en poder de un presunto coleccionista santiaguino quien las vendía por internet.

El hombre fue detenido en su domicilio, ubicado en la comuna de Huechuraba, y según explicaron desde la Brigada Investigadora de Delitos Contra el Medio Ambiente y Patrimonio Cultural (BIDEMA) de Concepción y Santiago, la investigación partió luego de que detectives se percataran de que la campana junto a varios otros fósiles eran ofrecidos a la venta en la plataforma Marketplace de Facebook.

De acuerdo al subprefecto Rodrigo Arévalo, jefe de la BIDEMA Concepción, “detectives de esta unidad especializada denunciaron de oficio al Ministerio Público una situación que revestía carácter de delito relacionada con la venta de una campana descrita como perteneciente al Virreinato del Perú, con una antigüedad o data estimada entre 320 y 375 años procedente de la ciudad de Cajamarca”.

Dicha pieza, “de fabricación artesanal, además de poseer un carácter religioso, presentaba una inscripción sobre su relieve labrado en castellano antiguo y marcados rasgos asociados a campanas jesuitas coloniales de la época”, agregó el policía civil.

También fueron incautados fósiles, amonites y dientes de megalodón de distintos tamaños.

Fósiles varios

Luego de hacer las averiguaciones correspondientes con el Ministerio de Cultura del Perú, los agentes llegaron hasta la vivienda del acusado, “siendo detenido por infringir el artículo 38 de la ley 17.288 de Monumentos Nacionales, e incautada la campana patrimonial, perteneciente a la época del Virreinato del Perú, como también diversos fósiles, amonites, dientes de megalodón de distintos tamaños, objetos líticos que corresponden a herramientas o utensilios elaborados en piedra por grupos humanos prehistóricos o comunidades originarias, y un ancla con una data superior a los 50 años”, detalló Arévalo.

La autoridad policial destacó que el procedimiento se inscribe dentro del trabajo coordinado entre organismos nacionales e internacionales para salvaguardar el patrimonio cultural y combatir el tráfico de bienes históricos, en los que se sustenta la memoria e identidad de los pueblos.

Así las cosas, la evidencia, el acusado y los antecedentes de la investigación fueron derivados a la fiscalía local santiaguina, que formalizará a la brevedad al responsable y coordinará la devolución de la pieza arqueológica a su lugar de origen.