El ministro del Poder Popular para la Cultura, Raúl Cazal, firmó el expediente que postula a la hallaca venezolana como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad ante la Unesco. Luego de que este documento fuese elaborado durante meses por un equipo liderado por el presidente del Centro de la Diversidad Cultural de Venezuela, entre adscrito al MPPC, Benito Yrady.
Prensa MPPC (Texto: Franquis Toledo / Fotos: Elina Tineo y Gustavo Quintana)
Desde la Galería de Arte Nacional (GAN), Cazal mostró el expediente que representa el proceso de ingredientes, preparación, consumo y sabores del multisápido plato venezolano, y su importancia en la identidad familiar en el pueblo.
“Tenemos el orgullo y el sentir de lo que estamos haciendo hoy, al presentar este expediente ante la UNESCO, algo que para nosotros es más que un patrimonio. Es mucho más de todo lo que cualquier organismo o institución mundial pueda decir, porque nosotros la probamos y aprobamos”, afirmó el titular de la cartera de Cultura venezolana.
El Ministro destacó que firmar este expediente representa remontarse a los recuerdos de la infancia y el tiempo de la Navidad. Cuando la familia se reúne para celebrar en unión y paz.
Cazal agradeció todo el esfuerzo del profesor Benito Yrady y su equipo de trabajo, quienes conjugaron los diferentes criterios y formas que tiene la hallaca en toda su diversidad en cada región del país.
“Este esfuerzo implica estar con la gente en las regiones y comunidades, no es un asunto meramente protocolar de alguien que hizo una receta y después la reproduce como comida. La hallaca sobrevivió a pesar de la guerra económica y persistirá, porque es parte esencial de nuestro pueblo”, sentenció el ministro Cazal.
El viceministro de Identidad y Diversidad Cultural, Ignacio Barreto, calificó como un logro significativo la culminación de este nuevo expediente para su postulación ante la Unesco. Señaló que la hallaca sería el tercer expediente gastronómico del país, luego de la Arepa y el Casabe.
Por su parte, Benito Yrady, resaltó que el expediente de la hallaca recoge aportes de comunidades de todo el país, reflejando sus variantes regionales, desde el uso de distintas hojas hasta la incorporación de ingredientes como mariscos, granos e incluso versiones vegetarianas.
“En todas las regiones del país no hay una gran diferencia en lo que es la hallaca, pero si hay algunas señales que marcan huellas distintas; por ejemplo, el tipo de hoja que se usa en el estado Zulia no es la tradicional hoja de plátano, o en algunas regiones de Venezuela se le añaden ingredientes que no es la hallaca tradicional caraqueña. En oriente se hace a partir de la incorporación de pescados y mariscos, o la hallaca de la región andina, que tiene la presencia frecuente de diversos tipos de granos”, dijo.
Indicó que este expediente cuenta con respaldo comunitario y que, según los tiempos establecidos por la Unesco, se estima que su evaluación sea para el 2031.
Antiguas imágenes de lo cotidiano y fotografías familiares se vuelven virales. Hoy están conformando un poderoso registro del patrimonio y de la historia más íntima, en un ejercicio colaborativo de acceso público.
El balneario chileno de Algarrobo, con su tranquilo estilo familiar en el año 1968. Las imágenes permiten identificar los cambios y desarrollos de los lugares y la sociedad. Esta foto es parte de la plataforma chilena Enterreno.
No se trata de fotos oficiales, de eventos extraordinarios ni de personajes famosos. Las imágenes que están cautivando en redes sociales y plataformas online son las antiguas fotografías del barrio, la plaza del pueblo o la fiesta familiar de hace varias décadas.
Una serie de iniciativas privadas y públicas en América Latina buscan reunir, catalogar y digitalizar estos registros y darles acceso público. Los une el interés por poner en valor el patrimonio y rescatar la memoria visual.
En Chile, el arquitecto Felipe Bengoa comenzó en 2015 esta búsqueda interesado por la transformación de las ciudades, pero pronto alcanzó dimensiones más amplias. Es el fundador de Enterreno Chile , que hoy cuenta con más de cien mil fotografías -unas 15 mil online- que van desde 1860 hasta el año 2000.
Ahí hay colecciones de fotógrafos, pero también álbumes privados. “Son miradas desde los mismos ciudadanos, las fotos de sus abuelos o sus padres, que digitalizamos y compartimos con la comunidad para generar esta base de memoria. Recibimos muchísimos archivos familiares y ha crecido mucho el interés por visualizar este tipo de contenidos”, dice Bengoa a DW.
El arquitecto Felipe Bengoa es el creador de Enterreno. Al igual que otras iniciativas, este archivo participativo chileno reúne, digitaliza y documenta fotografías que pone a disposición de la comunidad con acceso libre.Imagen: Enterreno, Chile
Similar es la experiencia del Archivo Visual Argentino, liderado por el historiador Juan Pablo Baliña. “Buscamos reunir el acervo de las familias, todas esas pequeñas colecciones familiares minúsculas que están en una caja de zapatos arriba de un ropero o debajo de una cama. Es algo que está creciendo muchísimo porque cada familia quiere contar su historia”, señala a DW. Comenzó en 2024 y ya supera los 20 mil registros hasta 1940, con material de fotógrafos profesionales, exploradores, investigadores, así como particulares.
En Ecuador, desde 2014, el Archivo de Fotografía Patrimonial del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural preserva colecciones de instituciones, a las que agregó registros privados, que comprenden hasta 1980. “Buscamos resguardar estas imágenes que forman parte de la memoria visual del país y ponerlas en acceso público para la ciudadanía”, dice Ana Barreno, custodia del Archivo. Cuentan con 22 mil imágenes digitalizadas, además de la reserva física, desde los primeros retratos de estudio, registros de misiones religiosas, espacios urbanos y rurales, el trabajo en las haciendas o las fábricas.
Entre la sorpresa y la nostalgia
Los archivos se nutren de donaciones de fotos en diversos soportes. Las digitalizan, catalogan con el apoyo de expertos en un sinfín de temas y las suben a las plataformas. En redes sociales alcanzan una visibilidad insospechada, con comentarios que permiten mejorar las descripciones y el contexto. “La colaboración es el gran aliado de este proyecto”, destaca Baliña.
“A partir de una foto surgen miles de interacciones, memorias y recuerdos, o el interés de impulsar políticas públicas para recuperar ciertos espacios”, afirma Bengoa. “Al público más joven le genera impresión el cambio y, al más adulto, nostalgia. Se acuerdan de los veranos o los paseos familiares”, comenta.
El edificio del colegio secundario de Gaimán, en la provincia argentina de Chubut, aparece en esta foto en 1908 poco después de su fundación. Hoy aún se mantiene en pie y sigue funcionando como una escuela.Imagen: Archivo Visual Argentino
El director de Enterreno sostiene que “tenemos vínculos emocionales con los territorios, con lugares que nos hacen volver y conectar con esas personas. La gente va a buscar cómo era su barrio o dónde vivían sus padres. Y también está el sentido de pertenencia, de querer participar, no solo explorar, sino mandar sus fotos para pertenecer a la construcción de esta memoria”.
Fotos que guardan historias
“En la actualidad hay mucho interés por consolidar una memoria más comunitaria, que no solo se compone de los grandes acontecimientos, sino de las actividades del día a día, de los afectos, las emociones, el trabajo, las tradiciones, las fiestas y el espacio que habitamos”, observa Baliña.
Del Archivo de Fotografía Patrimonial /INPC de Ecuador, esta fotografía muera la llegada del automóvil a Cuenca, con los cargadores y pingos como parte de la imagen, que data de entre 1930 y 1940, de la colección del fotógrafo Manuel Jesús Serrano.Imagen: Manuel Jesús Serrano / Archivo de Fotografía Patrimonial / INPC, Ecuador
En opinión de Bengoa, estos registros “tienen una gran trascendencia para la ciudadanía. Hay una mirada más desde la calle que la clásica institucional que han tenido archivos anteriormente”. Es lo que observa también Barreno: “Suele pasar mucho que nos piden fotografías porque encontraron a su bisabuelo o porque de niños visitaron tal lugar y se acuerdan cómo era, entonces hay una mayor cercanía con estas imágenes cotidianas. No buscan al presidente, sino lo más cercano, lo que más emociona”.
“Las historias mueven el mundo y estas fotos guardan historias. Quizás eso explica el vínculo reciente y por qué la gente las valora, pues esas historias dan sentido”, subraya Baliña. El investigador y cronista sostiene que estos registros son una gran pista para comprender los desafíos que tenemos y cómo los podemos abordar. “La gente se entusiasma y se emociona muchísimo porque se da cuenta de que una foto familiar que ellos valoraban es valorada por los demás. Es una cadena que va creciendo constantemente. Las donaciones llegan con mucha frecuencia, y los pedidos de investigación, también”, añade.
Un grupo de habitantes de Mocha, de aproximadamente 1898-1908, con el volcán Carihuairazo de fondo. Esta imagen es parte de la colección Hans Meyer, del Archivo Leibniz-Institut für Länderkunde, de Leipzig, hoy en el catálogo virtual del Archivo de Fotografía Patrimonial / INPC Ecuador.Imagen: Hans Meyer, Leibniz-Institut für Länderkunde / Archivo de Fotografía Patrimonial / INPC de Ecuador
Para Barreno, estas imágenes permiten ver “otros cuerpos en la historia, que han sido invisibilizados o no tomados en cuenta en el relato oficial”, como los trabajadores, mujeres, niños, comunidades afrodescendientes o indígenas. “Nos solicitan muchas imágenes de lo cotidiano, registros de familia, espacios como la plaza, el mercado o actividades de la vida diaria. Permiten reconstruir una historia más amplia y diversa, en que las personas comunes se sienten incluidas”, comenta la custodia del Archivo de Fotografía Patrimonial de Ecuador.
“No tiren esas fotos”
“El proyecto busca recuperar estas colecciones que estaban en manos privadas, de coleccionistas y familias, algunas en cuartos, en bodegas, y no tenían a quién heredar. Nosotros las ponemos a disposición de la ciudadanía para ir escribiendo nuevas historias a través de esta fotografía y recuperar esta memoria local”, indica Barreno.
Muchas de estas fotos han sido rescatadas de sitios de demolición y bodegas, ya sea de autores anónimos o registros insospechados de fotógrafos reconocidos. “El mensaje es no tiren esas fotos, avísennos y nosotros nos ocupamos de que pasen al patrimonio público, y poner todas estas pequeñas historias a disposición de todos”, complementa Baliña.
Un caso destacable es la colección del conocido arquitecto chileno Luis Mitrovic. Sin descendientes, dejó un sorprendente legado de 17 mil fotos, registro privilegiado de la sociedad chilena, viajes por el mundo y la Europa de preguerra, entre otros. Desconocidas por décadas, pasaron de un lugar a otro hasta que fueron rescatadas y entregadas a Enterreno, donde aportan una nueva mirada a procesos y cambios que enfrentó la sociedad. “La fotografía te ejercita la empatía histórica”, consigna Bengoa.
Fuente de investigación internacional
En el resto de América Latina y el mundo se suman nuevas iniciativas y surgen redes e intercambios. Barreno destaca la colaboración con el Instituto Leibniz de Alemania, que resguarda fotos de vulcanólogos y exploradores alemanes que visitaron Ecuador, Colombia y Perú entre 1870 y 1915.
“Cada país ha solicitado la digitalización de las fotografías de su territorio y ahora podemos hacer estos recorridos que se hicieron hace 100 años por los nevados y además ver la sociedad, la población indígena y afrodescendiente en estos tres territorios”, señala.
El acceso libre a estas imágenes es una importante fuente para investigadores, artistas o familias y han dado pie a exposiciones y proyectos de divulgación. En Argentina, Baliña publicó el libro “Paisanos” una mirada al ser nacional con algunas de las mejores fotos del Archivo Visual.
Con la idea de promover el intercambio y establecer estándares de trabajo, nació OPAN, una red internacional de plataformas de archivos visuales, que preside el chileno Felipe Bengoa, de Enterreno. En Alemania, en tanto, está en proyecto la plataforma colaborativa Fortepan Germany, un nuevo espacio de rescate y valorización de la memoria visual.
Reconocen a la Judea de Purísima del Rincón como patrimonio cultural intangible, al destacar su valor histórico, comunitario y su transmisión generacional
Guanajuato, Gto.- Ahora buscan que la Judea sea declarada como patrimonio cultural intangible del Estado. El PAN y el PRD presentaron el punto de acuerdo para exhortar a la gobernadora de Guanajuato para que haga ésta declaratoria.
Luego de que la estudiantina de la Universidad de Guanajuato haya sido declarada patrimonio intangible del Estado, ahora se busca hacer lo propio con la manifestación cultural de la Judea de Purísima del Rincón.
La diputada Noemí Márquez Márquez desarrolló que hablar del patrimonio cultural de Guanajuato era hablar de lo que se vive y se transmite de generación en generación en las calles, en las familias y en la memoria colectiva.
Sostuvo que la Judea es una celebración que se vive, y que quien ha caminado por las calles de Purísima en Semana Mayor, sabe que algo distinto ocurre.
“Aparecen las máscaras, imponentes, provocadoras, talladas en madera de colorín por manos artesanas que han heredado su técnica por generaciones. Surgen los personajes que le dan vida a la Judea, aquellos que muestran incluso contrastes de valores entre ellos, por supuesto, Judas”, enfatizó la legisladora.
Iniciativa busca proteger tradición con 154 años de historia en Guanajuato
Agregó que la Judea no ocurre en un escenario cerrado, ocurre en la calle, en el espacio público, en la comunidad, y eso la convierte en un patrimonio vivo. Describió que es una tradición que tiene su origen en 1872, cuando Hermenegildo Bustos decidió integrar a la representación típica de los días de la semana grande, elementos cargados de un simbolismo local, desde lo propio, desde lo que somos.
Noemí Márquez Márquez indicó que la Judea no puede entenderse como un evento local aislado, sino que es un sistema cultural completo, donde convergen la expresión artística, la organización comunitaria, la memoria histórica y la participación social.
La congresista apuntó que el patrimonio cultural intangible no es un objeto, sino un proceso vivo que integra prácticas, saberes y significados que dan identidad a las comunidades; una práctica que se transmite, que se recrea, que evoluciona, pero que no pierde su esencia, sino al contrario fortalece la identidad de generación en generación, se debe reconocer, y que la Judea encarnaba justamente eso.
También habló a favor el diputado de Morena, Luis Ricardo Ferro Baeza, quien agregó que siempre van a apoyar el reconocimiento a las culturas de los pueblos del estado y que esperaba que pronto sea declarada.
El Museo Nacional de Antropología (MNA) de México se convirtió en el primer bien cultural de América Latina en recibir la protección reforzada de la Unesco, tras la develación del escudo azul, un emblema internacional establecido en la Convención de La Haya de 1954 para la protección de los bienes culturales en caso de conflicto armado.
De acuerdo con el director de la oficina en México de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), Andrés Morales Arciniegas, si bien el país ya cuenta con zonas arqueológicas que ostentan este distintivo bajo protección especial, la inscripción del MNA sienta un precedente regional por el nivel reforzado de protección otorgado.
“Este emblema tiene la función de reconocer los bienes culturales de alto valor para ser protegidos en caso de guerras o conflictos armados. La decisión ha sido calificada como histórica, pues se trata del primer bien cultural en América Latina en contar con este tipo de protección”, dijo Morales Arciniegas el martes durante el acto protocolario celebrado en el recinto, que se ubica en la Ciudad de México.
En un contexto internacional marcado por conflictos, el directivo señaló que los bienes culturales de alto valor continúan siendo afectados en distintas regiones del mundo, lo que vulnera no solo el derecho a la cultura, sino también la identidad y dignidad de los pueblos.
“La inscripción del museo en la Lista de Protección Reforzada refleja la importancia que México le otorga al derecho internacional que protege las múltiples dimensiones del patrimonio”, agregó Morales Arciniegas.
Por su parte, el director del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México, Joel Omar Vázquez Herrera, subrayó la relevancia del escudo azul y destacó que, a diferencia de las zonas arqueológicas mexicanas inscritas en la Lista de Patrimonio Mundial, este recinto no contaba con este tipo de reconocimiento, lo que hace aún más significativa la distinción.
Cobra aún mayor importancia que estemos develando este escudo en un momento de tensiones globales. No comparto la idea de que vivimos en un conflicto permanente, pero sí atravesamos una crisis relevante que debe visibilizarse. La develación del escudo azul en el MNA simboliza la apuesta de México por la paz y su compromiso con los tratados internacionales, expresó el también arqueólogo.
En adición, el titular del INAH destacó que el MNA posee un valor excepcional, respaldado por un expediente técnico que permitió su reconocimiento, y subrayó su relevancia por las colecciones arqueológicas, etnográficas e históricas que alberga, así como por el significado simbólico de su edificio para la sociedad mexicana.
El MNA es considerado uno de los recintos más importantes a nivel internacional por la amplitud y valor de sus colecciones arqueológicas, así como por su papel en la investigación, conservación y difusión del patrimonio cultural.
Su acervo y arquitectura lo posicionan como un referente global en el estudio de las civilizaciones mesoamericanas y en la preservación de la diversidad cultural.
Las mujeres indígenas se reconocen como portadoras de identidad, saberes ancestrales y agentes de transformación colectiva en la vida pública, al participar en el Primer Foro de hombres y mujeres, realizado en el Área de Pérgolas, en el marco de Cumbre Tajín, Tapaxawan: Alegría que une culturas.
En este espacio de diálogo se destacó que su presencia en las instituciones es resultado de una lucha histórica por ser escuchadas y participar en la toma de decisiones, lo que hoy representa un avance significativo en Veracruz.
El encuentro reunió a mujeres que inciden en la administración pública y la vida comunitaria, entre ellas la secretaria de Cultura de Veracruz, Xóchitl Molina González; la presidenta del Tribunal Superior de Justicia del Estado, Rosalba Hernández Hernández; la presidenta municipal de Teocelo, Daniela Villegas Olmos; la directora general del Instituto Veracruzano de las Mujeres, Zaira Fabiola del Toro; así como Tía Cayita, reconocida artista y promotora cultural comunitaria, además de agentes municipales, síndicas y regidoras.
Durante el conversatorio, se subrayó que estos espacios forman parte de un proceso para dignificar el papel de las mujeres en sus comunidades y visibilizar saberes históricamente relegados al ámbito doméstico. “Escuchamos conocimientos que muchas veces han sido invisibilizados y que hoy encuentran eco en plataformas como este festival”, destacó la titular de la SECVER.
Bajo el eje Mujeres indígenas en la administración pública: liderazgo, identidad y transformación colectiva, se reconoce la participación activa de mujeres provenientes de pueblos originarios, quienes han llevado sus conocimientos, lenguas y formas de organización comunitaria a los espacios institucionales, fortaleciendo una gestión pública más cercana, incluyente y con profundo sentido cultural.
Su liderazgo no solo representa un avance en materia de derechos y equidad, sino también una vía para preservar y proyectar la riqueza cultural del estado. En este sentido, se reconoció su papel en la transmisión de las lenguas originarias, al ser portadoras de una sabiduría que mantiene vivo el patrimonio intangible de Veracruz.
Asimismo, se destacó la creciente presencia de mujeres en espacios de decisión como alcaldías, sindicaturas, regidurías y ámbitos académicos, reflejo de un contexto que impulsa liderazgos femeninos a nivel estatal y nacional.
Con participación de los investigadores del IEB, UC y la Universidad de Wyoming, el que se considera el asentamiento más antiguo conocido en el continente hasta ahora, sería al menos 7 mil años más reciente de lo que se creía, según nuevo análisis de la estratigrafía, datación absoluta y contexto geológico del sitio arqueológico Monte Verde.
Un equipo de investigadores nacional e internacional propone que el famoso y controvertido sitio arqueológico de Monte Verde, en la Región de Los Lagos de Chile, podría ser al menos siete mil años más reciente de lo que se ha sostenido por décadas hasta el presente.
Su hallazgo hacia 1980 por parte de un equipo liderado por el arqueólogo estadounidense Tom Dillehay y su colega chileno Mario Pino rompió el paradigma que primaba hasta ese momento, respecto de que la tradición cultural norte americana conocida como Clovis era la más antigua del continente, lo que generó intensos debates por la anomalía que representaba, hasta que hacia fines de los años noventa un grupo de expertos que visitó el sitio Monte Verde confirmó que poseía las características requeridas para aceptar una antigüedad de 14.500 años.
No obstante, según el nuevo estudio que publica Science, la cronología atribuida tradicionalmente al yacimiento arqueológico estaría afectada por la redepositación de materiales orgánicos (especialmente madera) proveniente desde capas estratigráficas más antiguas.
Según relata uno de los autores de la publicación, el paleoecólogo Claudio Latorre, quien es investigador del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB) y de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Católica, el trabajo comenzó en 2021, durante la pandemia, tras ser contactado por Todd Surovell, de la Universidad de Wyoming, autor principal del paper. El interés inicial era estudiar un componente particular del sitio Monte Verde II: las algas asociadas al conjunto, cuyo estatus y contexto querían examinar con mayor detalle.
Créditos: Richard García, Sandoval & Meirovich Comunicaciones.
La primera intención, dice, fue colaborar con Dillehay y Pino, los investigadores originales del sitio, pero esa vía no prosperó. De acuerdo con Latorre, finalmente el equipo viajó al sur y recorrió el área por su cuenta. Fue allí donde, al observar el terreno, identificaron lo que los análisis posteriores confirmaron como un problema de interpretación mayor con la edad del sitio.
“Al visitar el sitio una tarde, nos pudimos dar cuenta que había un problema serio con la geología, con la interpretación geológica del sitio”, recuerda.
“No es que esté mal datado, porque las fechas están buenas. Lo que nos dimos cuenta es que dataron materiales que estaban retrabajados desde una terraza más alta a una terraza más baja”, explica Latorre.
El término “retrabajo” puede sonar técnico. Latorre lo traduce de manera simple: es su redepositación. En términos generales, se refiere a que un río o un sistema erosivo puede arrancar materiales orgánicos o sedimentos desde una unidad antigua y volver a depositarlos y cubrirlos por una capa de sedimentos más reciente. Si luego se fecha ese material orgánico, la datación puede ser correcta para el objeto, pero no necesariamente para el contexto que lo envuelve o para el evento humano que se intenta fechar.
Menciona, por ejemplo, “pelotas” o bolas de turba incorporadas dentro de gravas fluviales —material orgánico arrancado y reincorporado por acción del agua— y también abundante madera redepositada.
La primera intención, dice, fue colaborar con Dillehay y Pino, los investigadores originales del sitio, pero esa vía no prosperó. De acuerdo con Latorre, finalmente el equipo viajó al sur y recorrió el área por su cuenta. Fue allí donde, al observar el terreno, identificaron lo que los análisis posteriores confirmaron como un problema de interpretación mayor con la edad del sitio.
“Al visitar el sitio una tarde, nos pudimos dar cuenta que había un problema serio con la geología, con la interpretación geológica del sitio”, recuerda.
“No es que esté mal datado, porque las fechas están buenas. Lo que nos dimos cuenta es que dataron materiales que estaban retrabajados desde una terraza más alta a una terraza más baja”, explica Latorre.
El término “retrabajo” puede sonar técnico. Latorre lo traduce de manera simple: es su redepositación. En términos generales, se refiere a que un río o un sistema erosivo puede arrancar materiales orgánicos o sedimentos desde una unidad antigua y volver a depositarlos y cubrirlos por una capa de sedimentos más reciente. Si luego se fecha ese material orgánico, la datación puede ser correcta para el objeto, pero no necesariamente para el contexto que lo envuelve o para el evento humano que se intenta fechar.
Menciona, por ejemplo, “pelotas” o bolas de turba incorporadas dentro de gravas fluviales —material orgánico arrancado y reincorporado por acción del agua— y también abundante madera redepositada.
Hay tres argumentos estratigráficos y cronológicos claves que sustentan la nueva edad Holoceno Medio del sitio Monte Verde II según el estudio. Estos son el nuevo modelo de formación del sitio, las nuevas fechas absolutas y un marcador estratigráfico distintivo que corresponde a una capa de cenizas volcánicas descrita regionalmente.
El paisaje experimentó cambios geográficos y ecológicos profundos después del fin de la última glaciación. Latorre describe que con la deglaciación se expandieron los bosques húmedos y zonas de turberas; posteriormente, tuvo lugar un proceso de incisión de la red de drenaje, con la formación de nuevas quebradas al interior de los depósitos de sedimentos más antiguos.
Los autores atribuyen ese proceso de incisión a dos factores principales: un período relativamente más cálido y seco que profundizó la napa freática y el nivel de base de ríos y, en paralelo, un ajuste isostático -o levantamiento del terreno- por la pérdida del peso que ejercía el glaciar como consecuencia del término de la Edad de Hielo, como señala Juan Luis García, académico del Instituto de Geografía de la Universidad Católica y coautor del estudio.
En ese marco, García sostiene que dónde se excavó Monte Verde II no calzaría con una edad de 14.500 años en términos de la geomorfología local: “donde se excavó el sitio original corresponden a gravas y arenas depositadas en una terraza fluvial del Holoceno Medio y son posteriores al contacto estratigráfico Pleistoceno-Holoceno, no puede tener 14.500 años”.
Los autores incorporan en su análisis un elemento estratigráfico clave para este estudio: una capa de ceniza volcánica (tefra), que se depositó en el límite Pleistoceno-Holoceno en toda la región hace aproximadamente 11.000 años atrás, y que correspondería a un marcador extendido. Latorre señala que, en la terraza superior, durante la formación de un antiguo bosque pantanoso, se depositó esa ceniza y el equipo habría confirmado su identificación mediante análisis geoquímico realizado por uno de los coautores del Servicio Geológico de Estados Unidos. Si existiera un componente humano tan antiguo como 14.500 años en Monte Verde, debería ubicarse estratigráficamente por debajo de esta tefra, lo que no es tal. Sin embargo, el estudio plantea que en el sector del sitio de Monte Verde II, ese contacto no estaría preservado precisamente porque se trata de una unidad más joven que erosionó la superficie original
El paper suma además dataciones de luminiscencia óptica, que permiten fechar directamente sedimentos como arenas y gravas, y que fueron llevadas a cabo por otro de los coautores del estudio en la Universidad de Recursos naturales y Ciencias de la Vida de Viena, Austria. Latorre afirma que con esa técnica midieron edades por encima y por debajo del contacto estratigráfico y observaron una separación temporal relevante: “abajo tiene 18.000 años y arriba tiene 8.000”. Entonces observamos un vacío temporal en el contacto Pleistoceno-Holoceno en la estratigrafía en respuesta a la erosión que ocurrió en el sector de MV luego de la glaciación.
Esa brecha, según su interpretación, implicaría que en ese sector se perdió una parte importante del registro por la erosión ya mencionada y, por lo tanto, el contexto no sería compatible con una ocupación de 14.500 años.
La capa arqueológica
El arqueólogo César Méndez, coautor de la publicación e investigador de la unidad de Estudios Aplicados de la Escuela de Antropología de la Universidad Católica, sostiene que muchos materiales de Monte Verde fueron interpretados históricamente en comparaciones de gran escala —por ejemplo, con un sitio semejante en Venezuela—, pese a que existen paralelos más cercanos en el sur de Chile.
Da un ejemplo concreto: puntas lanceoladas comparadas con Taima-Taima, pese a “los miles de kilómetros de distancia”, sin evidencias intermedias. En cambio, dice, piezas similares aparecen en conchales del seno del Reloncaví, Chiloé y sectores más australes, con cronologías entre 6.000–5.000 años.
Méndez menciona también otros elementos comparables en sitios regionales: pequeñas bolas pulidas, varillas de esquisto (tipo de roca que generalmente se fragmenta en láminas) y otros componentes que, interpretados como Holoceno Medio, “hacen mucho más sentido” que en el esquema original donde Monte Verde II aparecía como “anomalía”.
También señala anomalías internas del conjunto que no hacían mucho sentido: se registró abundante madera e incluso estructuras que mostraban construcciones propuestas, pero un volumen recuperado de material lítico que —según su lectura— no se condice con un uso intensivo de la madera. “Para trabajar la madera se gasta mucho material lítico, los filos de las herramientas se agotan rápidamente y deben ser reactivados o reemplazados y lo propuesto en Monte Verde es muy anómalo porque la cantidad del material lítico es muy poca”.
Respecto de los elementos paleoambientales, Méndez sostiene que, para la época propuesta originalmente para Monte Verde, la zona habría estado en un proceso de desglaciación y con condiciones poco amables para la ocupación humana, asociadas a ambientes posglaciales con alta carga de sedimentos. Aclara, sin embargo, que la presencia de madera fechada hace 14.500 años es real; el punto es el lugar dónde se excavó originalmente.
“Nosotros fechamos madera (…) Tom Dillehay fechó madera y eso es incuestionable. Lo que nosotros estamos diciendo es que esa madera fue retrabajada (redepositada) desde otro estrato”, resume.
Por qué no se revisó antes
Ambos entrevistados coinciden en que un factor crítico para no haber obtenido esta información antes es la validación independiente. Méndez sostiene que por años no se pudo acceder a información y colecciones originales, y que las interpretaciones que surgían a raíz del sitio el trabajo se basaron en lo publicado. “De hecho todavía no hemos podido acceder a las colecciones originales”, dice.
También atribuye la demora a un tema de “madurez” y masa crítica: Chile tuvo menos arqueólogos trabajando el tema del poblamiento temprano y, en vez de reevaluar sitios ajenos, la tendencia era abrir nuevas zonas y producir datos originales. Con el tiempo, afirma, creció la capacidad crítica y la disposición a discutir interpretaciones previas.
En ese contexto, Méndez relata que su trabajo requirió respaldo legal y tramitación formal ante el Consejo de Monumentos Nacionales, para tomar muestras sin excavación arqueológica: “Fuimos respaldados por la legalidad en Chile”.
Consejo de monumentos nacionales.
Clovis y pre-Clovis
En arqueología americana, Clovis designa una tradición cultural identificada por sus características puntas líticas acanaladas, con una cronología aproximada cercana a los 13.400 a 12.800 años antes del presente (BP). Durante gran parte del siglo XX, el paradigma dominante fue el llamado “Clovis-first”: la idea de que Clovis representaba a los primeros pobladores del continente, tras ingresar desde Asia por Beringia y expandirse hacia el sur.
El término pre-Clovis agrupa, en cambio, la evidencia que sugiere ocupaciones anteriores a esa cronología. La aceptación de sitios pre-Clovis es muy polémica: muchos yacimientos propuestos son frecuentemente cuestionados por problemas de asociación entre los hallazgos y fechas, ausencia de contexto estratigráfico robusto o falta de replicación independiente.
Monte Verde II, originalmente fechado alrededor de 14.500 BP, se convirtió en el caso sudamericano más influyente dentro de ese debate. Su relevancia no fue solo local: funcionó como “ancla” cronológica para sostener que el poblamiento en el extremo sur de Sudamérica era anterior a Clovis. En ese marco, el nuevo estudio tiene implicancias directas sobre el peso que Monte Verde ha tenido en la discusión continental.
Créditos: Richard García, Sandoval & Meirovich Comunicaciones.
El debate que viene
Méndez describe el proceso como tenso y prolongado: “han sido cuatro años bastante difíciles para nosotros”. Señala además que el trámite de permisos fue revisado en varias instancias y discutido en el pleno del Consejo de Monumentos Nacionales.
Latorre, en tanto, enfatiza que el foco del paper es el modelo estratigráfico de formación del sitio y la evidencia de redepositación, con el objetivo de corregir un error que, a su juicio, ha persistido en la literatura científica por décadas.
Ambos anticipan que habrá debate posterior a la publicación y que el caso vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de replicabilidad de los análisis en arqueología. Méndez incluso señala que trabajan en un texto adicional sobre reproducibilidad y buenas prácticas en la disciplina arqueológica y ciencias de la tierra en general.
Créditos: Miquel Moya.
Latorre destaca que el artículo fue aceptado en la revista Science tras un proceso de revisión riguroso con varias rondas. Señala además que el paper principal es breve, pero está acompañado de un material suplementario extenso, donde se detalla la evidencia y los análisis.
Según Latorre el objetivo no es negar la existencia del sitio, sino precisar el alcance de la evidencia: “Nosotros no estamos diciendo que no hay un sitio arqueológico, sí hay un sitio arqueológico, pero los restos arqueológicos no tienen la edad que originalmente le fue atribuida a ellos”.
El arqueólogo César Méndez, coincide en ese punto: “El sitio es un sitio arqueológico y no hemos puesto en duda nada de lo que se registró en el sitio. Lo que nosotros hemos criticado e interpretado diferente es la cronología del sitio”.
Cómo quedaría la cronología
Los autores plantean que Monte Verde II no sería el sitio que ancla el poblamiento sudamericano en torno a 14.500 años, sino un sitio que se ubica en el Holoceno Medio, probablemente entre 6.000 y 8.000 años. Ese cambio implica que, en Chile, los sitios más antiguos confirmados quedarían concentrados en el norte y centro-norte, con cronologías cercanas a 13.000 años.
Méndez menciona, por ejemplo, Quebrada Santa Julia (12.900 años), varios sitios en la antigua laguna de Tagua Tagua (12.700–12.600 años) y otros sitios en el Desierto de Atacama con rangos similares. Sobre el patrón general, plantea un ingreso al cono sur en torno a 13.000 años y, a escala continental, menciona que análisis genéticos y datos de Beringia ubican divergencias relevantes en torno a 15.000–16.000 años atrás.
Créditos: Richard García, Sandoval & Meirovich Comunicaciones.
Construido en 1874, el histórico edificio del centro de Santiago resurge como símbolo de recuperación arquitectónica y resguardo de la memoria urbana.
El Palacio Pereira se alza como uno de los ejemplos más emblemáticos de recuperación patrimonial en el centro histórico de Santiago. Su historia, marcada por el esplendor del siglo XIX, el deterioro progresivo y una ambiciosa restauración estatal, lo ha convertido en un espacio clave para la cultura y la ciudadanía.
Construido en 1874 como residencia del senador Luis Pereira Cotapos, el palacio fue diseñado por el arquitecto francés Lucien Ambroise Henault, una de las figuras más influyentes en la configuración del Santiago republicano. Su obra también incluye edificios icónicos como el Congreso Nacional y la Casa Central de la Universidad de Chile, consolidando una huella arquitectónica que aún define parte importante del casco histórico capitalino.
De estilo clásico con influencias del renacimiento francés del siglo XVII, el inmueble destaca por su fachada ornamentada, con columnas jónicas y corintias, frontones triangulares y un trabajo detallado en fierro forjado. En su interior, una singular galería en forma de cruz latina (única en la arquitectura chilena de la época) articula los espacios principales, donde antiguamente se distribuían salones, comedores y salas de música, todos decorados con finas yeserías.
El terreno donde se emplaza el palacio formó parte del límite poniente de la ciudad en sus primeros trazados, manteniendo un uso agrícola hasta fines del siglo XVIII. Con el paso del tiempo, y tras múltiples subdivisiones, fue adquirido por Pereira Cotapos en 1872, quien levantó allí una residencia acorde a su posición política y económica, vinculada a negocios salitreros y agrícolas, además de su participación en la fundación de la Viña Santa Carolina.
Sin embargo, el edificio no estuvo exento de transformaciones. Tras la muerte de su propietario, fue subdividido, intervenido y modificado por distintos dueños, perdiendo gran parte de su valor original, especialmente desde la década de 1970, cuando se deterioraron molduras, pavimentos y elementos decorativos.
El punto de inflexión llegó el 30 de diciembre de 2011, cuando el Estado de Chile concretó su compra, iniciando un proceso de restauración integral. El proyecto no solo buscó recuperar los dos pisos originales, sino también integrar nuevas estructuras contemporáneas, como un edificio de oficinas de seis niveles, un auditorio y un patio abierto, en diálogo respetuoso con la construcción histórica.
Más de 40 restauradores participaron en la recuperación de fachadas e interiores, devolviendo al inmueble sus colores y detalles originales, mientras se desarrollaron oficios tradicionales como albañilería, carpintería, yesería y estuco, reforzando así el valor inmaterial del proceso.
Reabierto en 2021, el Palacio Pereira funciona hoy como un espacio del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, orientado a la promoción del patrimonio cultural material e inmaterial, el folclor y las culturas tradicionales. En su interior alberga un centro de extensión con salas de exposiciones, el Centro de Documentación Roberto Montandon Paillard, una sala de lectura, un punto Bibliomás, un moderno auditorio y la cafetería “La Huérfana”.
Además, el edificio reúne a instituciones claves como la Subsecretaría del Patrimonio Cultural, el Servicio Nacional del Patrimonio Cultural y el Consejo de Monumentos Nacionales, consolidándose como un polo institucional y cultural en el corazón de la capital.
Fotografía del arquitecto venezolano Eduardo Izaguirre hablando durante una entrevista con EFE, en Ciudad de Panamá (Panamá). EFE/ Carlos Lemos
Ciudad de Panamá (EFE).- Un edificio histórico de Ciudad de Panamá que albergó el icónico Bazar Francés está siendo restaurado para convertirse en un espacio cultural y social abierto a la comunidad, en una iniciativa que busca revitalizar el patrimonio urbano en una ciudad con escasez de estos espacios, según explicó a EFE el arquitecto venezolano Eduardo Izaguirre.
Se trata del edificio Heurtematte y Cia, diseñado por el arquitecto Rogelio Navarro (1906 – 1942), uno de los precursores del Movimiento Moderno en Panamá, e inaugurado en 1935 en el barrio de Santa Ana.
Esta edificación de 5.000 metros cuadrados de construcción es, de hecho, un ejemplo de la Arquitectura Moderna con algunos detalles Art Déco, según explica el arquitecto nacido en Venezuela hace 42 años y graduado de la Universidad Simón Bolívar (Caracas).
Está sometido desde 2016 a un proyecto de restauración – el primero que asumió Izaguirre en Panamá – en el que «obviamente se cumplen con todas las normativas, rigurosas» que dicta el Patrimonio Histórico, destaca el arquitecto.
Un nuevo uso al espacio
Izaguirre reside en la capital panameña desde hace 10 años. Migró a esta ciudad para asumir nuevos retos profesionales en su ámbito, que ya ejercía en una Venezuela convulsa, donde también se involucró en proyectos urbanísticos que no llegaron a cuajar.
Los primeros tres años habitó en el propio Casco Antiguo lo que, en sus propias palabras, le dio una visión más amplia de este lugar que es Patrimonio de la Humanidad reconocido por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura o Unesco.
Arquitecto, diseñador urbano y fotógrafo, Izaguirre participa en varios proyectos de restauración en el Casco, con roles en la parte técnica de la arquitectura que incluyen la conceptualización, el desarrollo y todas las fases de acompañamiento en la aprobación documental por parte de las autoridades en cada una de las edificaciones intervenidas.
«Tenemos varios proyectos que tienen una tipología por lo general bastante convencional, es decir, un edificio residencial con planta baja comercial, pero también estamos en este proyecto del edificio Heurtematte y Cia, que hemos llamado ‘Bazar Francés, Pasaje Creativo’, donde realmente hay una disrupción en lo que es el uso de la edificación», afirma.
Fotografía de un área del interior del edificio Heurtematte y Cia, en el barrio de Santa Ana, en Ciudad de Panamá (Panamá). EFE/ Carlos Lemos
Este edificio es ahora una plataforma para el encuentro de vecinos, de emprendedores del sector del arte y la creatividad, de organizaciones civiles que trabajan por la infancia y de otras comunidades «que van a poder conseguir en esta renovación un puente de conexión», destaca el arquitecto.
«Siento que esto es una capa de un patrimonio vivo que quizás a veces es un poco más intangible que lo construido», y que se distancia de la idea de aquella restauración monumental, grandilocuente, que llega a sentirse ajena, afirma este profesional inmigrante.
Un espacio histórico abierto a la comunidad
El barrio de Santa Ana «mantiene la vida de vecindario», y frente al edificio se encuentra la plaza homónima, «que es una de las más hermosas del Centro Histórico», en la que aún se puede ver a los jubilados sentados en sus bancas, unas condiciones que guiaron la concepción del uso de Heurtematte y Cia restaurado, comenta Izaguirre.
Es una construcción «peculiar incluso dentro del tejido del Casco Antiguo, pues es bastante grande y tiene un rol de conector», lo que se conoce como «un edificio pasaje», entre la Avenida Central y la Avenida B, de las más activas de la zona.
El vestíbulo de la Avenida Central está abierto desde hace dos años, cuando se pudo «habilitar y está sirviendo para hacer eventos, encuentros de emprendedores», mientras que el vestíbulo de la Avenida B está aún en obras, explica el arquitecto mientras hace con EFE un recorrido por las instalaciones.
Fotografía que muestra un área del interior del edificio Heurtematte y Cia, en el barrio de Santa Ana, en Ciudad de Panamá (Panamá). EFE/ Carlos Lemos
La restauración ha conservado «el alma del edificio», pues se mantienen elementos del piso original, a veces con vetas, en el vestíbulo de la Avenida Central, donde se desnudaron los techos y están en obra gris adrede, para darles un toque industrial a este espacio flexible, como explica el arquitecto.
El edificio, que conserva en sus altos su fachada original, abrió en 1935 como el Bazar Francés, «y luego estuvo muchos años cerrado. La reactivación de este edificio ha tenido esa característica de estar abierto a la comunidad», resalta Izaguirre.
«Esta es la contribución que me gusta destacar: El Bazar Francés sirve de puente para una capa que tiene que ver con la dimensión humana, con la dimensión intangible del patrimonio vivo, de poder ser plataforma para los ciudadanos, los diseñadores, los vecinos y que encuentren en un recinto dentro del Centro Histórico una venta de oportunidad, de intercambio, de experiencia, de vivencias», agrega el arquitecto.
La Casa de la Integración de CAF -banco de desarrollo de América Latina y el Caribe-, en Asunción, inauguró la exposición “Tejer mundo, tramar paisaje. Textiles latinoamericanos: patrimonio vivo y expresiones contemporáneas”, una muestra que reúne una amplia diversidad de tradiciones textiles del continente y que se encuentra disponible para visitar con acceso gratuito hasta fines de mayo.
La exposición propone un recorrido por distintas culturas de América Latina a través del tejido entendido como archivo de memoria, lenguaje visual y práctica viva de conocimiento. Las piezas exhibidas provienen de comunidades mesoamericanas, andinas, amazónicas y del Cono Sur, y revelan la riqueza de técnicas, simbolismos y usos del textil como arte, indumentaria y expresión cultural.
Entre las obras presentadas se encuentran huipiles mayas de Guatemala, molas del Caribe panameño y colombiano, textiles andinos, bordados amazónicos y piezas emblemáticas del Paraguay como el ñandutí, el ao po’i y tejidos en fibra de caraguatá del Chaco. Cada pieza refleja el vínculo entre territorio, identidad y transmisión de saberes que caracteriza a las culturas textiles del continente.
El arte textil es hoy reconocido como una forma de conocimiento y expresión cultural en América Latina. La exposición propone observar estos tejidos como manifestaciones vivas de saberes que se transmiten y transforman en las comunidades que los producen.
La presentación de la exposición en Asunción forma parte de una itinerancia regional impulsada por CAF en el marco del Programa de Programación, Circulación y Visibilización Cultural Regional, contemplado en la Estrategia de Cultura de la institución. La muestra fue presentada previamente en Montevideo en octubre de 2025 y en Panamá en enero de 2026, y continúa su recorrido en la región como parte de una iniciativa orientada a promover la circulación de artistas, artesanos y creadores de América Latina y el Caribe, fortaleciendo el intercambio cultural y la integración regional.
Para CAF, la cultura no es solo un pilar institucional, sino un campo clave para pensar el desarrollo desde América Latina y el Caribe. A lo largo de más de tres décadas, la institución ha impulsado iniciativas que vinculan la creación artística con la educación, la circulación de saberes y el fortalecimiento de espacios culturales. Su estrategia promueve la formación artística y musical, el fomento de la lectura, y el apoyo a museos, teatros y artistas de la región, con especial atención a la diversidad de prácticas, territorios y tradiciones que configuran el entramado cultural latinoamericano.
En este contexto, la Casa de la Integración funciona como una plataforma de encuentro y producción cultural en el corazón de Sudamérica. Más que un espacio expositivo, propone un programa que articula exposiciones, debates y experiencias formativas, orientado a activar el intercambio y a ensayar nuevas formas de integración desde la cultura.
La exposición cuenta con la curaduría de Emiliano Valdés, curador guatemalteco reconocido por su trabajo en torno al arte contemporáneo y los contextos culturales de América Latina. Valdés fue curador jefe del Museo de Arte Moderno de Medellín durante más de una década y ha participado en importantes proyectos internacionales, entre ellos la Bienal de Gwangju y el programa público de DOCUMENTA (13) en Kassel
En esta exposición, Valdés propone pensar el tejido como una forma de conocimiento y un lenguaje cultural que conecta territorio, memoria y comunidad.
Exposición: Tejer mundo, tramar paisaje Lugar: Casa de la Integración CAF, Asunción Vigencia: hasta fines de mayo de 2026 Acceso: Entrada libre
En el marco de un procedimiento impulsado por el Ministerio de Seguridad Nacional contra el tráfico ilícito de bienes culturales, efectivos de la Dirección General de Cooperación Internacional de la Policía Federal Argentina (PFA) recuperaron una serie de manuscritos históricos originales pertenecientes a los pueblos peruanos de Huacho y Pativilca, fechados en el siglo XIX, los cuales fueron analizados mediante un innovador sistema de peritaje remoto realizado por especialistas de la República del Perú y de la Argentina.
La causa se inició en 2024, a partir de una alerta emitida por el Ministerio de Cultura del Perú, que advertía que esos archivos habrían sido adquiridos de manera ilícita y podrían encontrarse en territorio argentino.
Durante 2025, personal del Departamento Protección del Patrimonio Cultural, dependiente de INTERPOL-Argentina, desarrolló distintas tareas de campo que permitieron identificar a un sospechoso con antecedentes vinculados a la comercialización de piezas históricas, quien tendría relación con el material buscado.
A partir de seguimientos y tareas de inteligencia, los efectivos detectaron un local comercial ubicado en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, frecuentado por el implicado, donde presumiblemente se encontrarían las piezas.
Con las pruebas reunidas, el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal N° 4, a cargo del Dr. Ariel Oscar Lijo, Secretaría del Dr. Diego F. Arce, ordenó el allanamiento del inmueble. Como resultado del procedimiento, los federales incautaron 19 documentos históricos pertenecientes a los pueblos de Huacho y Pativilca.
Una vez recuperado el material y retirado del circuito ilegal, en febrero del corriente año se realizó la primera pericia técnica internacional bajo modalidad remota sincrónica entre Buenos Aires (Argentina) y Lima (Perú).
El análisis técnico en tiempo real fue supervisado por especialistas argentinos de la Dirección de Recuperaciones (DRE) y por expertos del Archivo General de la Nación del Perú (URDPD), contando además con la presencia del consejero de la Embajada del Perú en la Argentina.
Durante el examen, los profesionales certificaron la autenticidad y originalidad del material histórico mediante el análisis de filigranas, sellos de agua, estampillas y firmas, determinando que los documentos fueron emitidos entre 1866 y 1868 por organismos públicos pertenecientes al patrimonio documental del Estado peruano.
De esta manera, se corroboró que dichas piezas habrían salido del país andino de forma ilegítima, ya que su comercialización se encuentra expresamente prohibida por la normativa vigente.
Las diligencias fueron coordinadas desde la sede del Departamento Protección del Patrimonio Cultural de la Dirección General de Cooperación Internacional de la PFA, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde actualmente las piezas permanecen bajo resguardo judicial.
Los elementos incautados quedaron a disposición del magistrado interviniente en el marco de la causa por “Venta de documentos históricos”.