
Brunilda González, alcaldesa de Caldera, busca hacer valer ante el tribunal ambiental su reclamo contra la aprobación del proyecto portuario Copiaport E en la Bahía Chascos. Se trata de un hábitat clave para la tortuga verde en peligro de extinción, y su riqueza natural sostiene a comunidades agrícolas e indígenas.
Bahía Chascos en la región de Atacama alberga una biodiversidad especial. Contiene la pradera de pastos marinos más grande de Chile, anidan especies en peligro de extinción como el Pingüino de Humboldt o el yunco, y es el hábitat más austral en el Pacífico oriental para la tortuga verde, también en riesgo de desaparecer. Cuando se da el fenómeno del desierto florido, el lugar queda rodeado de flores de colores. Hay una caleta de pescadores y comunidades agrícolas.
Hoy, el espacio está en disputa. Hay quienes quieren preservar la naturaleza del lugar y cultivar modos de vida que dependan de la salud del ecosistema, como la pesca artesanal, el ecoturismo y la construcción ancestral usando vegetación de los humedales como la totora. A esta visión del territorio, se contrapone la del proyecto Copiaport-E, que se aprobó a fines de 2025 para instalar una planta desaladora de agua de mar y un mega puerto que recibirá buques de carga de gran tamaño.
Alcaldesa y el puerto
La lucha vecinal contra el puerto cuenta con el respaldo de la alcaldesa de Caldera, Brunilda González, que presentó este año un recurso ante el Primer Tribunal Ambiental, solicitando hacer valer su reclamación contra la aprobación del proyecto, que fue declarada inadmisible por la dirección del Servicio de Evaluación Ambiental (SEA).
Según la argumentación del texto legal presentado, la alcaldesa emitió observaciones durante la evaluación ambiental del proyecto que no fueron consideradas ni respondidas, por lo que está en su derecho de presentar una reclamación en contra de la resolución que aprobó el proyecto.
“Somos concientes de que los puertos son necesarios y relevantes para el desarrollo del país, pero estos no pueden hacerse a costas de daños irreversibles a ecosistemas tan frágiles como el existente en Bahia Chascos”, declaraba un comunicado de la municipalidad de Caldera cuando estaba por aprobarse el proyecto.

El comunicado agregaba que el proyecto generaría un daño ecológico irreparable en la zona y en las especies amenazadas que habitan en él. Esto, sumando la afectación a un fenómeno único en el mundo como lo es el desierto florido y a unidades geológicas reconocidas internacionalmente por su riqueza fósil. Entre ellas, están los estratos Caldera y la formación de Bahía Inglesa, que contienen fósiles marinos de millones de años y hasta dientes del tiburón megalodón.
“Considero preocupante la falta de información clara, transparente y oportuna hacia la ciudadanía, así como la escasa participación real de la comunidad en un proyecto de esta magnitud. Las decisiones que marcan el futuro de nuestro territorio deben tomarse con diálogo, responsabilidad, estudios técnicos sólidos y con la voz de la gente como eje central”, declara por su parte la concejala Lisa Barriga, manifestando su oposición a la aprobación del proyecto y llamando a hacer una evaluación exhaustiva por el nivel de impacto que generaría.
Comunidades y Copiaport E
Ante la aprobación del proyecto llamado Copiaport-E el 11 de septiembre de 2025, comunidades indígenas y campesinas de la zona se manifestaron en marchas y protestas y se encuentran ideando acciones para revertir la decisión que aprobó el proyecto.
Declaran que algunas de las comunidades del sector no fueron consultadas en el proceso de participación ciudadana, que existen muchas más especies de aves que las que fueron evaluadas en el estudio presentado por la empresa, y que los emisarios submarinos de la planta desaladora se instalan rodeando una isla donde nidifican especies amenazadas.
Mención especial merece el caso de la tortuga verde, cuyo hábitat más al sur en el Pacífico oriental es bahía Chascos, gracias a la gran pradera de pastos submarinos que hay en el sector, que crean un refugio submarino y lugar de alimentación para la especie, calificada en peligro de extinción.
Barriga manifiesta su preocupación por el impacto en esta especie. “Nuestro borde costero es parte de su hábitat natural, tránsito y alimentación, por lo que cualquier intervención de gran escala, como la que propone Copiaport-E, podría afectar gravemente su supervivencia, alterando el ecosistema marino y dañando un patrimonio natural que debemos proteger para las futuras generaciones. Defender a las tortugas marinas es defender nuestro mar, nuestra biodiversidad y nuestra identidad como comuna costera”, declara.
“Estamos en una región que contiene cientos de relaves, donde hay 4 o 5 zonas declaradas como saturadas de contaminantes, donde hay planes de recuperación ambiental y acá el Gobierno mal llamado ecologista insiste en destruir lo poco de naturaleza sana que va quedando en la región. Atacama no da para más”, critica Henry Saldaño Alfaro, vocero de comunidades del pueblo de Totoral.