Museos Memoriales: entre la controversia y la memoria selectiva

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Museos Memoriales: entre la controversia y la memoria selectiva 

Adriana Gallegos, museóloga, investigadora y coordinadora de curaduría en el Museo Arocena de Torreón, Coahuila, reflexiona en este artículo sobre los Museos Memoriales, esa “especie relativamente nueva y hasta cierto punto, rara o incomprendida en el panorama cultural de principios de siglo XXI”.Éstos son museos que investigan, conservan y exhiben fuentes materiales o inmateriales de hechos de la historia contemporánea que recogen las sombras que aun vulneran el inconsciente colectivo de la comunidad. Museos, por cierto, que en muchos casos muestran los objetos y referencias de quienes han sido víctimas, y en algunos casos, victimarios.

Fernando Almarza Rísquez, Editor

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MUSEOS MEMORIALES:
ENTRE LA CONTROVERSIA Y LA MEMORIA SELECTIVA

Adriana Gallegos Carrión

¿Qué es un “museo memorial”?

 003. Argentina_baldosas.jpgEl concepto de museo tradicional como depósito y resguardo de objetos artísticos e históricos ha sido modificado en los últimos veinte años por el concepto del museo moderno o participativo, como depositario de ideas. De ahí que los museos memoriales o de conciencia sean una especie relativamente nueva y hasta cierto punto, rara o incomprendida en el panorama cultural de principios de siglo XXI.

Pero ¿qué es un museo memorial? Como cualquier otro museo tiene como misión investigar, conservar y exhibir. Sin embargo su principal rasgo distintivo es que investiga, conserva y exhibe fuentes materiales o inmateriales relacionadas a hechos de la historia reciente que todavía vulneren el inconsciente colectivo de la comunidad.

Los museos memoriales pueden asociarse al Comité internacional para museos en memoria de víctimas de crímenes públicos ICMEMO creado en julio de 2001 por el Consejo Internacional de los Museos ICOM. De reciente creación, el objetivo de ICMEMO es mantener el deber de memoria y promover la colaboración cultural dándole más importancia a la enseñanza y poniendo los conocimientos al servicio de la paz, lo que también es una de las prioridades de la UNESCO. Los museos memoriales o de conciencia se dedican a la conmemoración de las víctimas de crímenes de Estado, de crímenes cometidos con el consentimiento de la sociedad o en nombre de motivos ideológicos. Estos museos se ubican en el sitio donde fueron cometidos esos crímenes o en lugares elegidos por los supervivientes y pretenden dar a conocer los acontecimientos del pasado situándolos en un contexto histórico creando a la vez fuertes vínculos con el presente.

Para hacer más clara esta definición, pensemos en que los primeros museos de esta naturaleza fueron aquéllos dedicados a recordar la historia del holocausto judío durante la Segunda Guerra Mundial, y de los cuales podemos encontrar varios ejemplos en los Estados Unidos, en Europa e incluso en Sudamérica. Estas instituciones marcaron tendencia en el ámbito de los museos o memoriales desde finales de los años setenta y son una fuerte tendencia al día de hoy en cuanto a los museos de historia se refiere.

Como parte de su misión, los museos memoriales normalmente hacen uso de técnicas de investigación de campo y estrategias de exhibición y comunicación que involucran a la comunidad. Estas herramientas son válidas en todas las etapas de construcción del discurso, es decir, que son empleadas desde el proceso de documentación, en el acopio de colecciones, para la selección de temáticas específicas, en los recursos de montaje, la realización de talleres y en general, en todo lo relacionado a la experiencia del visitante.

Un museo memorial o de memoria es entonces un espacio de diálogo destinado a facilitar la comprensión de los hechos del pasado reciente, fomentar la concientización sobre los mismos y apoyar en el proceso de duelo de la sociedad. Se considera que estos eventos, para ser entendidos en su verdadera dimensión histórica, en su impacto y consecuencias, deben ser necesariamente interpretados a través de la reflexión colectiva.

A continuación, mencionaré algunas experiencias alrededor de museos de memoria o bien de memoriales existentes en tres países del continente americano: los Estados Unidos, Argentina y México. Mi selección responde no sólo a la consideración que tengo por sus contenidos y medios discursivos, sino también a mi familiaridad con estas experiencias desde la visión de mi propia práctica profesional.

Estados Unidos: atentados y magnicidios

En los Estados Unidos, podemos encontrar museos memoriales alusivos a temáticas como el holocausto judío, el asesinato de John F. Kennedy (1963), el movimiento por los derechos civiles (1960’s), el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York (2001) y el ataque terrorista al edificio Oklahoma (1995), por sólo mencionar algunos. Todos ellos comparten la característica de estar ubicados en el lugar donde ocurrieron los acontecimientos, lo que les da una carga emotiva e histórica añadida.

El Museo Nacional y Memorial del 11 de Septiembre (National September 11 Memorial and Museum) posiblemente sea uno de los más conocidos, a pesar que todavía no abre oficialmente sus puertas al público. El Museo se ha edificado en el terreno que antes ocupara el World Trade Center y tiene una vocación muy clara: servir como homenaje a las víctimas y construir la memoria de manera colectiva. Al día de hoy continúa abierta la convocatoria pública para la recopilación de documentos, videos, fotografías, objetos y expresiones artísticas relacionadas al 9/11. La apertura está programada para el décimo segundo aniversario.

 

En cuanto al Museo Nacional y Memorial de la Ciudad de Oklahoma (Oklahoma City National memorial & Museum) posiblemente sea su misión, expresada en el siguiente párrafo, lo que nos ayude a entender el rol que cumplen este tipo de espacios en cuanto a  “sanar” el inconsciente colectivo de la sociedad norteamericana contemporánea, cito: “Venimos para recordar a aquéllos que fueron muertos, a los que sobrevivieron y a aquéllos que fueron cambiados para siempre. Que todos los que se alejen de aquí sepan el impacto de la violencia. Que este memorial conforte y ofrezca fortaleza, paz, esperanza y serenidad.”[1]

 

El Museo del Sexto Piso (Sixth Floor Museumde Dallas, Texas, cuenta con más de 35,000 objetos y documentos dedicados al asesinato del presidente John F. Kennedy, a su época y su legado. La ubicación del museo, en el piso desde el cual el tirador disparó para segar la vida del mandatario, fue controversial desde un inicio. Antes de su inauguración en 1989, el edificio estuvo a punto de ser demolido ya que para muchos texanos éste era un símbolo de la infamia social y política que había caído sobre la ciudad después del magnicidio.

El pasado 27 de agosto se han cumplido cincuenta años del discurso del líder afroamericano Martin Luther King “I have a dream…”. El Museo Nacional de los Derechos Civiles (National Civil Rights Museumestá ubicado en el Motel Lorraine de Memphis, Tennessee, lugar donde fuera asesinado MLK en 1968. Sin embargo, para muchos miembros de la comunidad afroamericana, ésta era la única manera posible de honrar al activista tras su trágico fallecimiento, en el mismo sitio de su muerte.

Argentina: política de reconciliación nacional

En el caso argentino, los espacios y estrategias destinadas a la memoria de las víctimas de crímenes públicos como el terrorismo, la represión de Estado y las guerras, han tomado distintas formas de presentación y de organización desde la oficialidad y desde la sociedad civil.

La CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas) instalada en 1984 al finalizar la dictadura, fue la encargada de identificar los lugares de detención clandestina y tortura como la Escuela Superior de Mecánica de la Armada Ex – ESMA que ahora es el Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos donde se investiga, documenta y exhiben las evidencias materiales del terrorismo de estado. De esta manera se da mayor visibilidad a la historia de la represión ilegal, sistemática y organizada, impidiendo que el olvido o las acciones deliberadas, pretendan negar su existencia. A través de este Museo es posible colaborar en el archivo Memoria Abierta a través del proyecto específico “Vestigios. Un ensayo de transmisión a través de los objetos.

También desde las expresiones culturales y artísticas se levantan memoriales. Calles de la Memoria (2012), filme realizado por la artista visual y cineasta Carmen Guarini, se trata el tema a partir de sus diversas formas de representación en una intervención urbana que tanto tiene de artístico como de memorial. Las acciones de comité popular Barrios por Memoria y Justicia fue registrada en el filme homónimo, una actividad que consistió en la colocación de baldosas a pie de acera con la información de las personas desaparecidas en el último punto donde habían sido vistas por última vez. 

El Monumento a las víctimas de la Asociación Mutual Israelita Argentina AMIA fue realizado en memoria a las víctimas del ataque terrorista del 18 de julio de 1994. Está ubicado en 

la Plaza Lavalle, Buenos Aires, frente al Palacio de la Justicia. La Obra es de la escultora Mirta Kupfermick. La base es un círculo de granito que representa un reloj señalando las 9:53, hora del atentado, que contiene una frase tomada del Deuteronomio: “justicia, justicia perseguirás”. De ella emergen estacas con los nombres y edades de las 86 personas asesinadas en el ataque, orientadas como una cuña abierta hacia la puerta del Palacio de Justicia, para significar la espera de la justicia.

 

 

La licitación del Museo y Memorial de las Malvinas acontecida el año pasado, tiene como intención crear un espacio cultural con el objetivo de “formar, educar y concientizar en torno a la soberanía argentina sobre las sobre las Islas Malvinas e Islas del Atlántico Sur”. El proyecto en su conjunto representará en perspectiva temporal y espacial, los paisajes naturales y el relato histórico y político de la causa Malvinas, especialmente el tema de la guerra de 1982 entre Argentina y el Reino Unido.

Museos de memoria en México: una tarea pendiente

Pero esta reflexión sobre museos memoriales no estaría completa si no comentáramos también sobre qué estamos haciendo nosotros en México sobre esta materia. Puedo mencionar dos casos en concreto, el primero, el Museo de la memoria y la Tolerancia surge en 1999 con el propósito de transmitir la tolerancia a través de la memoria histórica. Su misión es alertar sobre el peligro de la indiferencia, la discriminación y la violencia para crear responsabilidad, respeto y conciencia en cada individuo. El espacio abrió sus puertas en 2010.

 

La existencia del Memorial del 68, también recientemente abierto en el Centro Cultural Universitario UNAM en el antiguo edificio de la Secretaría de Relaciones Exteriores en la plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, significa un esfuerzo importantísimo en la creación de memoriales sobre los acontecimientos traumáticos de nuestra historia reciente. Sin embargo, es casi una excepción en la práctica de museos en nuestro país. El Memorial fue creado en reconocimiento a la trascendencia social y simbólica del movimiento en favor de los derechos individuales y colectivos, así como del ejercicio de las libertades públicas y privadas.

La historia de México, convulsa y violenta en muchos de sus episodios, nos ofrece acontecimientos que bien podrían ser considerados como material de museos memoriales. Por ejemplo, la Coalición internacional de sitios de conciencia decidió incluir a la comunidad tzotzil de Acteal, en el municipio de San Pedro Chenalhó, Chiapas, como uno de los 17 sitios históricos en el mundo que tienen como función recordar a la humanidad injusticias del pasado, con el objetivo de evitar que éstas se repitan y contribuir la construcción de una cultura ciudadana de derechos humanos. Según puntualiza la misma coalición, los sitios de conciencia se proponen “ayudar a que las personas establezcan conexiones entre la historia de los sitios y sus implicaciones contemporáneas. […] Estimular el diálogo sobre temas sociales apremiantes y fomentar los valores democráticos y humanitarios”.[2] Sin embargo, no hay ningún museo ahí.

México es parte de la Red Latinoamericana de Sitios de Conciencia a través del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, la Sociedad Civil las Abejas y el Centro de Investigaciones Históricas de los Movimientos Sociales.

Reflexión final

Pareciera ser una constante que los museos memoriales surjan y existan en medio de la controversia. Esto puede ser comprensible, y en ocasiones inevitable, considerando que muchos de ellos tratan sobre temas que tocan fibras todavía sensibles de la sociedad, aspectos especialmente vulnerables y debatidos de la historia. Otra constante es que el público actual busca de museos diferentes, participativos, que sean incluyentes, democráticos y plurales; lugares donde todas las voces sean tomadas en cuenta y donde todas las voces hagan eco en la historia.

Desde la oficialidad o bien desde la sociedad civil, desde la academia o desde los círculos de creadores artísticos, los espacios para la memoria surgen con la finalidad de sanar heridas mediante el diálogo comunitario y la apertura a la investigación histórica donde todos los actores tengan voz y voto.

En esta era de la información, los ciudadanos cuentan con más y mejores medios para demandar y exigir respuestas sensibles e inteligentes por parte de las instituciones culturales y me parece que éstas tienen la obligación de responder a sus inquietudes sobre la conservación y difusión de la memoria colectiva de un pueblo. De ahí que museos memoriales nos planteen a los trabajadores de la cultura cuestiones prácticas, como el decidir a partir de cuándo un hecho reciente se vuelve histórico, y cuándo ese momento histórico puede ser o no, y cómo debería serlo.

La sociedad está cambiando y demanda espacios para el recuerdo, para la memoria. Me parece que los museos, como instituciones modernas, deberían de proveer los medios para alcanzarlo.

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Acerca de la autora

Adriana es museóloga y restauradora con máster en administración de las artes, política y gestión cultural. Fue becada por el Ministerio de Cultura Español en 2001 y 2008. Ha tenido a su cargo proyectos culturales en los estados de Oaxaca, Michoacán y Puebla. También trabajó en el Museo Franz Mayer, el Museo Nacional de Arte (MUNAL) y el Museo Nacional de Historia “Castillo de Chapultepec”. Actualmente es investigadora y coordinadora de curaduría en el Museo Arocena de Torreón, Coahuila.

[1] We come here to remember those who were killed, those who survived and those changed forever. May all who leave here know the impact of violence. May this memorial offer comfort, strength, peace, hope and serenity

[2] http://www.jornada.unam.mx/2009/12/22/index.php?section=politica&article=010a1pol

 

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