“Bautismo de Jesús” y “Virgen de las Mercedes” regresaron a su casa

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Un año trataron de vender en el mercado negro los lienzos hurtados en la iglesia Inmaculada Concepción de María, ubicada en el municipio de Floresta, Boyacá. 

Los responsables un hombre y una mujer, aparentemente no conocían el incalculable valor religioso y patrimonial que tenía para la comunidad las dos obras: “Bautismo de Jesús” y “Virgen de las Mercedes”, sólo querían saber cuánto ganarían por traficarlas. 

La Dijín adelantó la investigación y estableció que los dos capturados pasaron de feligreses para concretar los detalles de un plan que resultó efectivo, porque una noche llegaron a la iglesia y con la agilidad de un delincuente experimentado se las llevaron. 

Las obras datan del siglo XVIII y la historia reseña que fueron adquiridas por el padre Vicente Rojas en 1.900. Eso no fue problema para la pareja de ladrones que al no encontrar un cliente las guardaron sin ningún cuidado en una casa del barrio Las Cruces en el centro de Bogotá, donde las encontró la Dijín. 

El propio director de la Policía, el general Jorge Nieto, llegó a Boyacá a entregarlas y a cambio el presbítero José Arturo Ramírez, párroco de la iglesia, le recompensó con el agradecimiento de los habitantes de Floresta.

 

 

Tomado de: http://www.newsjs.com/url.php?p=http://caracol.com.co/radio/2016/09/12/nacional/1473633579_051127.html

Colombia: Repensar un país, deconstruir un museo

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Es difícil que los ojos no se paren en el inmenso muro donde fotos y cuadros se mezclan en ordenado desorden. Mulatas, criollos, familias enteras con grandes polisones o uniformados de rostro adusto, escenas de indígenas, pescadores del Magdalena o del carnaval de Sogamoso, la mulata de Cartagena y Enrique Gray… No hay una estructura clara y, al tiempo, hay una idea evidente, sencilla, lógica: la diversidad.

 

 

 

 

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El Museo Nacional de Colombia, hasta hace poco símbolo del relato hegemónico de la historia, avanza en un proceso para narrar el país desde una “ética de la diversidad” que huya de convenciones y pondere “exclusiones y silencios”.

Es difícil que los ojos no se paren en el inmenso muro donde fotos y cuadros se mezclan en ordenado desorden. Mulatas, criollos, familias enteras con grandes polisones o uniformados de rostro adusto, escenas de indígenas, pescadores del Magdalena o del carnaval de Sogamoso, la mulata de Cartagena y Enrique Gray… No hay una estructura clara y, al tiempo, hay una idea evidente, sencilla, lógica: la diversidad.

A un lado una imprenta del siglo XVII asociada a Antonio Nariño y la publicación de su traducción de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, frente a ella, una tela cosida por las mujeres de Mampuján que habla de derechos violentados, de la guerra, de la violencia paramilitar tres siglos después. Otras formas de escribir la historia. Las palabras que trajo la colonia saltan de la Gramática de la Lengua General del Nuevo Reino en diálogo con el bastón del palabrero wayúu y el banco del pensamiento del río Pirá Paraná donde los sabios amazónicos son fundamentales mediadores para recordar las palabras apropiadas, las palabras dulces, amanecidas.

No hay un orden jerárquico ni cronológico sino una confrontación de realidades, de hechos. Son los temas y no las fechas, los que narran Colombia. Es la sala Memoria y Nación de un Museo Nacional en renovación que se cuestiona su papel en el siglo XXI replanteándose su estructura narrativa para presentar a los visitantes múltiples lecturas de los fenómenos culturales y sociales del país, apostándole a un relato colectivo que incluye personas y procesos que no habían sido visibles e invitando a la reflexión de los museos como lugares de memoria y espacios de construcción de paz. El viejo museo con el relato del poder criollo se está autodestruyendo para renacer en voces múltiples.

El proceso de transformación del Museo, que arrancó en el año 2000 y ya se ha plasmado en dos salas nuevas, será largo. El horizonte de conclusión es el año 2023. Daniel Castro Benítez, director del Museo, explica que se persigue definir un lugar “al servicio de la sociedad y su desarrollo. Si la sociedad en la que el museo está inscrito se transforma pues las institución debe a su vez reflejar esas transformaciones y esos cambios”. “Las formas en que un museo se comunica con la ciudadanía deben ser actualizadas, pues ya no se trata solamente de entregar mensajes y discursos unidireccionales sino en crear escenarios de diálogo, participación y debate sobre los temas que le han dado forma a la nación colombiana”.

En la segunda sala del museo repensado, que lleva como epígrafe la Tierra como Recurso, hay un discurso crítico hacia ciertas formas de economía que chocan con los titulares de los periódicos de este final de año, en los que el Gobierno defiende la minería como motor económico del país. Parece que no pasa el tiempo y el museo narra las formas de “esclavización y disputa” que el extractivismo trajo en 1492, las “ilusiones de prosperidad minera” que se perpetuaron tras las República en el XIX y el XX, y la búsqueda y explotación de recursos que hoy “continúa impactando de manera irreversible en el territorio”. Son parte de los textos que puede leer el visitante en un museo que habla de un pasado de ganadería, extractivismo y monocultivos, pero que suena a titulares actuales conectando el antes y el ahora: “Casos de explotación con alto impacto social, ambiental y económico”. 

 

 

Descentralización del discurso

Castro Benítez recuerda que los ejes conceptuales de la renovación están en la Constitución de 1991 y en los principios de reconocimiento de la diversidad, la multiculturalidad, la participación y todos los temas derivados de los escenarios de búsqueda de paz, superación del conflicto armado y reconocimiento de los grupos sociales que más lo han sufrido. “Repensar la diversidad a través de quienes han sido representados”, dice uno de los paneles del museo.

Una “descentralización del discurso” contrastando la interpretación centralista y hegemónica de los relatos de nación e historia que tenía el museo con otro modelo “más plural, participativo e incluyente”. Una participación e inclusión que se plasman también en el trabajo “transdisciplinario” con el que se está repensando el museo, dice Castro Benítez: “Relaciones más horizontales donde no se privilegia una disciplina frente a otra, sino que se valoran todas las creencias y formas de entender nuestras sociedades desde diversas ópticas y perspectivas. En síntesis, se trabaja a partir de una ética de la diversidad”.

Castro Benítez resalta los textiles de Mampuján y el bastón de las fiestas de San Pacho (Quibdó) como piezas recibidas desde las comunidades y el lingote de metal producto de la fundición de las armas entregadas tras las desmovilización del M-19 por su carácter simbólico.

En ese ejercicio se entran a valorar “nuevas fuentes primarias, más allá de las tradicionales, en las que los testimonios de esta nación diversa y múltiple debe materializarse también, tanto en los espacios de exhibición como en el origen de las investigaciones”. El director del museo le pone descripción técnica a lo que ya se ve en sus dos primeras salas renovadas en las que el discurso museológico se ordena en torno a epígrafes como ‘Voces y memorias’; ‘Tensiones y fusiones en el mundo sagrado’, donde el yajé dialoga al mismo nivel de las fiestas de San Pacho y la influencia católica de la Colonia; ‘Pensar y nombrar con la voz del otro; ‘Guerra y memoria’ o ‘Las miradas del arte’.

Dando la espalda al ‘Muro de la diversidad’, cuya presencia imponente atrapa al visitante desprevenido, se deja atrás esa primera sala que pretende ser una síntesis de los temas que se desarrollarán de forma más amplia en el resto del museo: las relaciones entre el pasado y el presente, las evidencias sobre territorios lingüísticos y culturales, las formas de nombrar y construir la relación con el mundo natural, el valor de la oralidad o la persistencia del conflicto, el duelo y la esperanza.

Habrá que llegar a 2023 -Bicentenario del Museo- para ver culminado un cambio del que también se hace partícipe al visitante con espacios dónde aportar sus ideas. No es el primero. El Museo ya ha llevado a cabo tres renovaciones integrales anteriores: en 1948 cuando llegó al edificio del Panóptico, en la década de los 80, y otra más en los 90. Hay dos nuevas salas abiertas al público, dos que avanzan en la elaboración de guiones, y seis con preguiones en los que se identifican las temáticas generales. A ello se unirán seis salas pequeñas en las rotondas centrales del edificio que servirán de acercamiento complementario a las exposiciones principales. Hasta ahora se han invertido unos 6.000 millones de pesos del Ministerio de Cultura, si bien el director del Museo confía en que la empresa privada apoye la ejecución de las salas que faltan.

“Repensar la diversidad cultural, social y política del país invita a mirar quiénes han sido representados y cómo se han mostrado, a escuchar la voz que representan, a ponderar las exclusiones y los silencios”, es el reto del Muro de la Diversidad. “Ser escenarios de diálogo, encuentro y convivencia pacífica que susciten opciones de diálogo y de intercambio de experiencias y saberes entre los ciudadanos”, el reto del Museo que plantea su director. Un piso más arriba, la sala Tierra como Recurso da las primeras claves del pasado y el presente para seguir entendiendo Colombia en su maraña de identidades, intereses, abusos, oportunidades y retos.

Texto: Pilar Chato // Fotos: Paco Gómez Nadal

 

Tomado de: http://nuevamuseologia.net/colombia-repensar-un-pais-deconstruir-un-museo/

 

5º Congreso Iberoamericano y XIII Jornada sobre Técnicas para la Restauración y Conservación del Patrimonio

congreso-laplata.pngdel 6 al 8 de septiembre, La Plata, Argentina

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Los días 06, 07 y 08 de setiembre de 2017 se realizará en la ciudad de La Plata, Argentina, el 5º Congreso Iberoamericano y XIII Jornada sobre Técnicas para la Restauración y Conservación del Patrimonio, COIBRECOPA 2017 “Dr. Osvaldo Otero”.

 

 

Estas actividades, organizadas por el Laboratorio de Entrenamiento Multidisciplinario para la Investigación Tecnológica – LEMIT, dependiente de la Comisión de Investigaciones Científicas conjuntamente con el Instituto Andaluz delPatrimonio Hisrico, Junta de Andalucía, Sevilla, España, están integradas por Conferencias Plenarias a cargo de destacados especialistas (invitados) en la temática de distintos países de América y Europa como Brasil, México, España, Portugal, etc., y la exposición de artículos en sesiones técnicas y en poster. También, se dictaran cursos específicos de restauración de distintos materiales, por ejemplo papel, pinturas murales, ornamentos de fachadas, vitraux, etc.

 

El objetivo de la reunión es difundir los conocimientos desarrollados y/o aplicados sobre las distintas técnicas disponibles para la restauración del patrimonio, tanto en trabajos de laboratorio como en experiencias de obra que conforman el patrimonio urbano, rural, industrial y religioso de los países iberoamericanos.

 

Las actividades se desarrollarán en el LEMIT, Avenida 52 entre 121 y 122, La Plata, Argentina (www.coibrecopa.com.ar).

VI Coloquio Internacional La Diversidad Cultural en el Caribe “Memoria y conflictos de frontera”

caribe.jpg22 al 26 de mayo, La Habana, Cuba

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La Casa de las Américas, a través de su Centro de Estudios del Caribe, lo invita a participar en el Coloquio Internacional La Diversidad Cultural en el Caribe, a celebrarse entre el 22 y el 26 mayo de 2017. En su sexta edición, el evento se propone abordar las diversas aristas que genera el tema “Memoria y conflictos de frontera”.

Tres acontecimientos, desde su condición paradigmática, conminan a esta reflexión. Por un lado, los centenarios del traspaso de las Islas Vírgenes Danesas a los Estados Unidos y de la implementación de la Jones Act por el Congreso de los Estados Unidos para otorgarle la ciudadanía norteamericana a los puertorriqueños. Ambos hechos fueron de crucial importancia no solo en el mapa geopolítico de su época, sino en la reconfiguración cultural y social de territorios y comunidades. Pensar estos acontecimientos hoy implica entenderlos en su dimensión histórica, así como en el presente derivado de estas fronteras reconvertidas y memorias colectivas-identitarias. Por otro lado, los ochenta años de la masacre de 1937 en la frontera haitiano-dominicana nos incitan a pensar en el impacto cultural de ese evento en la memoria colectiva de la región así como en las mediaciones culturales que, a través de un amplio espectro de formas artísticas, han indagado críticamente en su trascendencia.

El Coloquio se articulará a partir de conferencias, paneles, talleres, exposiciones, conciertos y otras actividades, vinculadas con las siguientes líneas temáticas:

  1. La masacre del año 1937 en la memoria cultural del Caribe.
  2. Centenario de un traspaso: pasado y presente de las Islas Vírgenes Norteamericanas.
  3. Fronteras permeables: las lenguas y el arte en tránsito.
  4. Geopolíticas del recuerdo: memoria y pensamiento crítico.
  5. Autobiografías, diarios e historias de vida: memorias narradas.
  6. Archivos: entre lo familiar y lo histórico, lo privado y lo público.
  7. Gestión del patrimonio material e inmaterial: los lugares de la memoria.
  8. Reparations y descolonización.

Los interesados en participar podrán enviar sus propuestas en español, inglés o francés. Las modalidades de presentación y las informaciones, a enviar antes del 15 de marzo de 2017 al correo seccaribe@casa.cult.cu, son las siguientes:

Ponente:

-Currículo (100 palabras).

-Resumen de la propuesta [200 palabras, especificando línea(s) temática(s)].

Paneles:

-Título del panel y línea(s) temática(s)

-Nombre y Currículo (100 palabras) de los integrantes (hasta cuatro ponentes)

-Resumen de cada una de las presentaciones (200 palabras cada uno)

Participante:

-Currículo (100 palabras)

Todas las modalidades recibirán certificado acreditativo.

Para participantes cubanos la cuota de admisión consistirá en 50.00 MN para profesionales y 25.00 MN para estudiantes.

Para participantes extranjeros la cuota de admisión consistirá en 50.00 CUC (1 CUC=1.20 USD) para profesionales, y 25.00 CUC para estudiantes.

La cuota de admisión será abonada en efectivo y de forma personal en el momento de la acreditación oficial en el Coloquio. Para facilitar su traslado y estancia en Cuba le sugerimos ponerse en contacto con su agencia de viajes o dirigirse a nuestra institución.

 

Camila Valdés León

Directora

Centro de Estudios del Caribe

Casa de las Américas

3ra y G. Vedado. La Habana. Cuba

caribe@casa.cult.cu

www.casadelasamericas.org

laventana@casa.cult.cu

 

Aplicación móvil para recorrer Chiloé a través de la Ruta de las Iglesias

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Una aplicación con datos patrimoniales y turísticos sobre dieciséis iglesias que conforman una ruta especializada en la isla de Chiloé fue lanzada por Sernatur. La nueva herramienta móvil –llamada La Ruta de las Iglesias– está disponible para dispositivos con sistema Android e iOS y puede funcionar sin conexión a internet.

Con esta nueva app para teléfonos inteligentes, el Servicio Nacional de Turismo espera promover los recorridos asociados a un turismo patrimonial a lo largo de la isla, lugar que recibe gran cantidad de turistas, especialmente, durante el verano. A través de la aplicación, los visitantes podrán acceder a mapas y a la información necesaria para conocer las rutas, facilitando así la planificación de sus excursiones.

De acuerdo a cifras que dejó la temporada estival de 2016, un estudio realizado por la Subsecretaría de Turismo y Sernatur entre enero y marzo del año recién pasado, más de 1.300 turistas extranjeros (de entre cerca de 4 mil encuestados de distintas nacionalidades) llegaron al país y realizaron actividades relacionadas a visitas a sitios patrimoniales o iglesias. Esto, a su vez, representa un 33,3 de sus preferencias entre los atractivos turísticos que conocieron en Chile.

Las iglesias de Chiloé, tanto las declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco el año 2000 como las pertenecientes a la Escuela Chilota de Arquitectura en Madera, poseen elementos y características particulares que les han valido el aprecio internacional.

La aplicación y la página web larutadelasiglesiaschiloe.cl se enmarcan en el Plan de Interpretación Patrimonial Circuito Iglesias de Chiloé, proyecto que nace de una alianza estratégica entre la Fundación Iglesias de Chiloé y el Servicio Nacional de Turismo. En una siguiente etapa del proyecto, se espera contar con infraestructura habilitante, como señalética y paneles interpretativos, con el fin de mejorar la experiencia de quienes se apresten a conocer este destino.

2La aplicación La Ruta de las Iglesias de Chiloé cuenta con mapas descargables de rutas, elementos gráficos, videos y audioguías, todo en los idiomas español e inglés. El contenido de la app destaca las iglesias de Rilán, Castro, Achao, Tenaún, San Juan, Dalcahue, Colo, Quinchao, Vilupulli, Aldachildo, Ichuac, Detif, Chonchi, Nergón, Caguach y Chelín.

Por: Paula Campos

Tomado de: http://radio.uchile.cl/2017/01/07/sernatur-lanza-aplicacion-movil-para-recorrer-chiloe-a-traves-de-la-ruta-de-las-iglesias/

Apoyar la cultura ¿para qué?

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“Nada hacemos fuera de la cultura”, nos dice Sabina Berman: “Un país sin arte propio y contemporáneo es una casa de espejos deformados donde aquel, aquella que entra, al mirarse reflejado no se encuentra. O dicho de otra forma, se encuentra deformado, con otro rostro, con otra complexión, otro lenguaje, otro contexto que el propio. Mira su reflejo enajenado de sí mismo”. 

tejiendo.jpgI PARTE

¿Para qué apoyar la cultura en un país, en un estado donde existen altos índices de marginación, de violencia, de corrupción, donde faltan recursos para educación y salud?… Apoyar la cultura, ¿para qué? De sobra se ha dicho que la cultura es motor del desarrollo, pero por primera vez a escala mundial, la recientemente adoptada Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas reconoce que “la cultura, la creatividad y la diversidad cultural desempeñan una función primordial a la hora de afrontar el reto de lograr el desarrollo sostenible”. La Unesco invita a repensar las políticas culturales.

“Nada hacemos fuera de la cultura”, nos dice Sabina Berman: “Un país sin arte propio y contemporáneo es una casa de espejos deformados donde aquel, aquella que entra, al mirarse reflejado no se encuentra. O dicho de otra forma, se encuentra deformado, con otro rostro, con otra complexión, otro lenguaje, otro contexto que el propio. Mira su reflejo enajenado de sí mismo”. Lo que hace falta es hacer llegar la cultura a todos los mexicanos. Sabina Berman insiste: “Desclasar la cultura: llevarla a todos sin distinción de clase. Socializarla: volverla parte de lo social, que por cierto es la única justificación de que el Estado invierta en ella. Porque si la intención no es que la cultura toque los corazones de millones de mexicanos, que toque su identidad y enriquezca la textura de sus vidas, invertir en los artistas y su creación es un desperdicio”.

El fallo de la democratización cultural es no permitir al ciudadano ejercer su derecho al disfrute y creación de bienes culturales. Por ello es importante que las instituciones culturales no se enfoquen sólo en la promoción, difusión y subsidio de los artistas y sus productos, ni en llevar bienes o servicios terminados a una comunidad, sino que reconozcan que toda comunidad posee una cultura propia y tiene el derecho a ser partícipe de ella. Para esto, toda comunidad debe involucrarse en los procesos socioculturales y tener herramientas para ser autogestiva. Abogar por la democratización de la cultura, es decir, que la gente tenga acceso a los proyectos y a los espacios culturales, es la necesidad de luchar por una democracia cultural; pero, ¿cómo generar estos proyectos donde las comunidades puedan participar?, ¿qué papel debe jugar el Estado en el impulso de políticas culturales incluyentes?, ¿cómo generar opinión respecto a lo que pasa y también respecto a lo que se quiere que pase?

Para el establecimiento de políticas culturales, habrá que saber mirar los numerosos matices, generando estrategias que conduzcan acciones en múltiples sentidos. Los proyectos culturales se pueden construir en diversos niveles. Por un lado, dar a luz a situaciones de diversidad cultural y por el otro, buscar formas de diálogo y de consenso para las distintas posturas. El acceso al patrimonio cultural es la mejor forma de fomentar la diversidad cultural. Cuanto más conocimiento de su patrimonio cultural tiene una sociedad, más capaz es de asumir la diversidad. Asimismo, las políticas culturales deben establecerse en un ambiente de globalización a partir de lo local y siempre en un marco de sustentabilidad, con respeto a la diversidad cultural y la naturaleza. Como señala Ángel Mestres, “cualquier política cultural debe tener un refuerzo identitario, debe reforzar los vínculos comunitarios, sea con la nación, con la región, con la ciudad, con el barrio o con las calles”.

Es fundamental invertir dinero público en la cultura, debe haber más interés y por tanto más capital económico, pero más allá de esto, se necesita también inversión privada y sobre todo que los proyectos sean sostenibles socialmente, económicamente, medio ambientalmente y culturalmente.

II PARTE

Foto: Alfredo Ayala

El problema de generar una política cultural desde el Estado es que habitualmente se trabaja a partir de una idea restringida de la cultura. La cultura no es un objeto, no es algo que se pueda entregar empaquetado y se pueda “poseer”. La cultura no es unidireccional, estática; posesión de pocos carencia de muchos. La cultura es un concepto dinámico, móvil, cambiante, flexible, múltiple, transdiciplinar, multidireccional. El Estado no posee la cultura y se la entrega o “distribuye” a las masas ignorantes. El Estado no crea la cultura. Bajo esta perspectiva, ¿qué ejes debería considerar una política pública         cultural para “democratizar la cultura” y minimizar la brecha de atención a públicos menos favorecidos? ¿Cómo buscar una noción de cultura que permita al Estado atender la diversidad de autores y necesidades? ¿Cómo generar acciones cuyo fin sea introducir conceptos que favorezcan la idea de que “la cultura es motor del desarrollo” y el derecho de crear es condición de una calidad de vida mejor? El acceso al arte y la cultura es un derecho de todos, pero ¿cómo hacer valer ese derecho?

Una política cultural generada desde el Estado debe profesar y exaltar la igualdad, desde la diversidad. Con la idea restringida de lo cultural, que intenta únicamente la difusión y democratización de la llamada “alta cultura”, desde donde operan la mayoría de las instituciones culturales del Estado, estamos reduciendo la atención a nuestra diversidad de culturas. “No hay por qué ofrecer un paquete cultural para que todos accedan de manera igualitaria a los mismos bienes, de la misma manera”, nos dice Néstor García Canclini. De ahí que sea importante generar políticas culturales desde el Estado conscientes de la diversidad, lejanas del modelo del Estado proveedor más cercanas a una “democracia participativa”, con la concesión de que la cultura se manifiesta y se construye desde diversos agentes.

Exaltar lo plural es lo que hace falta y es en lo que se tiene que dedicar más esfuerzo. Basar las políticas culturales en la igualdad y no en la imposición de un concepto hegemónico de lo cultural, entender las diferencias no como desigualdades, buscar el desarrollo plural de las culturas de todos los grupos, en relación con sus propias necesidades. Una limitante para esto es la noción hegemónica de lo cultural que no permite girar a una noción de lo cultural intersubjetiva, en el sentido de que todos somos sujetos y de que no hay objetos ni en el contexto de lo político ni en el de la cultura. Si la política cultural del Estado viera a todos como sujetos no se pensaría en “llevar cultura” a los grupos más desfavorecidos, sino en conocer y construir con ellos desde lo cultural y desde la diversidad. La intersubjetividad cultural enfatiza que el conocimiento compartido y el consenso es esencial en la formación de nuestras ideas y relaciones. La cultura se ve desde lo plural y diverso. De esta manera, se deja de pensar a la cultura como definida de una vez y para siempre y se permite la formación de relaciones, actitudes y valores que generan cohesión social.

En las políticas culturales, es necesario reivindicar las representaciones sociales plurales para considerar formas de consensuar, negociar e interpretar las herramientas culturales (prácticas sociales, lenguaje, conocimientos, valores, creencias). Esta negociación conduciría progresivamente a un comportamiento cada vez más autónomo, crítico e independiente de las personas y de los grupos sociales, asumiendo también el intercambio de acervos construidos socialmente que conformarían la posibilidad de compartir y comprender al “otro”.

El flujo interminable de señales de conflictos sociales con la forma de racismo, ultranacionalismo, sexismo, rivalidades étnicas y religiosas, xenofobia, homofobia invitan a construir colectivamente una noción más amplia y plural de las políticas culturales del Estado. El Estado debe plantear la política cultural como un lugar donde hay que mediar continuamente, hacer una mediación constante que permita la participación ciudadana, para que contribuya con ello a resolver las diferencias en el consumo cultural.

 

III PARTE 

¿Por qué repensar las políticas culturales públicas? Néstor García Canclini, en la línea de André Malraux, señala “(…) (las) políticas culturales que han seguido Francia y otros países europeos y algunos en América Latina, se piensa en “democratización” como una distribución igualitaria de los bienes culturales para ponerlos al alcance de la totalidad de la población. Hay varias razones para que esta noción de democratización haya entrado en crisis. Algunas son razones poco apreciables como el crecimiento de la mercantilización de los bienes culturales y el acceso diferencial indiscriminado. Otras tienen que ver con la simple constatación de que los públicos son muy diversos: en casi todas las sociedades hay multietnicidad, multilenguas, gustos muy heterogéneos y no hay por qué ofrecer un paquete cultural para que todos accedan de manera igualitaria a los mismos bienes, de la misma manera”.

En México los encuentros y desencuentros entre las distintas miradas sobre la “democratización” de la cultura, se explica por la historia de las transformaciones de las políticas públicas. Tanto en política como en arte, nuestra “modernidad” ha sido la insistente persecución de la novedad, que consagra la legitimidad de un tipo de bienes simbólicos y un modo de apropiarlos. Una política cultural es democrática tanto por construir consensos para el reconocimiento y apropiación de los bienes culturales, como por suscitar las condiciones reflexivas, críticas, sensibles para problematizar los principios que organizan su uso y disfrute.

Las crisis económicas en la actualidad afectan de manera significativa la actividad cultural propia de las instituciones públicas. En este sentido, es importante considerar el financiamiento a través de patrocinios, itinerancias de exposiciones con gastos compartidos y coproducciones de puestas en escena y festivales. Sin embargo, en este esquema salen perdiendo los proyectos menos “populares”. En una política cultural hay que dar cabida a las minorías. Si no se respetan los proyectos que tienen un alcance menor en el público, pero que son significativos para una minoría o para la reflexión y la crítica, se estará perdiendo una de las funciones sustantivas de las políticas culturales del Estado: la inclusión.

Repensar las políticas culturales públicas permitirá ver a las actividades culturales como lugares de reflexión, de educación, de pensamiento crítico, de reunión. “Lo interesante de la cultura no es el consenso, sino el antagonismo; no es una industria, por eso hay que favorecer cosas que no sean necesariamente rentables en términos económicos.” Señala Manuel Borja-Villel director del Museo Reina Sofía. La “rentabilidad” de un museo o espacio cultural, y en general de la cultura, se mide a largo plazo. Una sociedad que no fomente la innovación, el desarrollo, la investigación y la creatividad, hipoteca su futuro.

El mecenazgo y la creación de estímulos para la participación de la iniciativa privada es un buen tema para discutir cómo generar recursos para la cultura, pero hay que ser conscientes de la necesidad de apoyar proyectos de calidad, que generen reflexión y crítica y que no necesariamente suelen ser populares. “No es el presupuesto lo que determina un proyecto de cultura”, dijo Sabina Berman sobre la Secretaría de Cultura, palabras más, palabras menos, y le asistía sin duda la razón y concluyó “lo que vuelve exitoso un proyecto de cultura, es la claridad de rumbo y la disciplina con que se alinean las pesadas instituciones hacia ese rumbo”.

Prevalece una amplia variedad de productores culturales que se articulan y organizan para establecer vías novedosas de creación, difusión y consumo culturales.

En este sentido uno de los retos de una política cultural pública es implementar estrategias para fortalecer la producción, distribución y el consumo de los productos culturales de sus creadores. De la misma manera, fomentar la discusión sobre su pertinencia ética y sus posibilidades de inserción en el mercado local, nacional e internacional.

Existe mucha creación que llega a muy pocos, hay que abrir el panorama, es necesario apoyar a los creadores en la formación de un mercado cultural que cierre el ciclo de producción, distribución y consumo.

 Por: Manuel Velázquez

 

Tomado de:

https://www.diariodexalapa.com.mx/cultura/apoyar-la-cultura-para-que

https://www.diariodexalapa.com.mx/cultura/apoyar-la-cultura-para-que-2

https://www.diariodexalapa.com.mx/cultura/apoyar-la-cultura-para-que-3

Quito: Patrimonio documental retornó al país

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 incunable.pngEn el Puerto peruano de El Callao, 6 pastas de cuero y 44 libros ecuatorianos —de entre los siglos XVI y XIX— fueron embarcados con destino a España, envueltos en textiles, como si se tratara de objetos sin importancia.

La Aduana de ese país incautó estos bienes patrimoniales y los valoró por ser incunables y registrar información en latín sobre la labor evangelizadora de los jesuitas durante la Real Audiencia de Quito.

Este hecho, ocurrido hace casi un año, fue el origen de la primera recuperación de patrimonio cultural documental para Ecuador.

En abril, el Buque Escuela Guayas transportó los bienes al puerto principal del país, junto con los restos del llamado Obispo de Quito, José de Cuero y Caicedo (Cali, 1735 – Lima, 1815). En Guayaquil, hubo una capilla ardiente y, luego, los despojos mortales llegaron a La Catedral Metropolitana de Quito, los documentos y pastas fueron revisados e inventariados por el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC). Se hizo una fumigación de los libros, para que no contaminen los archivos en los repositorios que los acojan.

El tráfico ilícito de bienes culturales mueve, anualmente, cerca de $60 millones y se requiere de cooperación entre organismos internacionales para evitar sus efectos, entre los cuales están la pérdida del acervo de distintas naciones. El patrimonio documental que retornó al país fue entregado por parte del Ministerio de Cultura y Patrimonio (MCyP) y el INPC —a través de una acta de entrega-recepción firmada ayer— a la Arquidiócesis de Quito. “Hay que averiguar, de parte de la Iglesia, cómo estos textos salieron de las bibliotecas en donde estaban asignados”, dijo el sacerdote franciscano Fausto Trávez, Arzobispo de Quito, en el Centro de Investigación de la Memoria y el Patrimonio del INPC.

El medio centenar de bienes que Trávez recibió al suscribir el documento —junto con Raúl Vallejo, ministro de cultura y Tania García, coordinadora técnica del INPC— irá a las bibliotecas quiteñas del Seminario Mayor San José y al Seminario Menor San Luis. En febrero de 2017, los archivos se expondrían, según anunció Vallejo. “Quito no es Patrimonio de la Humanidad solo gracias a las obras de arte religiosas”, comentó Trávez, “Fray Jodoco Rique y Fray Pedro Gocial (ambos apóstoles franciscanos y maestros del colegio San Andrés) ya vieron el sentido artístico de las obras de autores indígenas” en el siglo XVI. Recuperación del patrimonio tiene una utilidad histórica e identitaria.

La restitución de bienes patrimoniales para el país se institucionalizó con la creación, en 2010, del Comité Técnico Nacional de Lucha contra el Tráfico ilícito de Bienes Culturales. El organismo ha recuperado 12.343 bienes patrimoniales, de los cuales 7.195 piezas se encontraron a escala nacional y 5.148 fueron repatriadas. Unos 1.200 archivos históricos, de carácter público y privado, deben ser catalogados. Entre estos, los de la Biblioteca de la Casa General de Oblatos, en el Centro Histórico. (I)

Tomado de: http://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/cultura/7/patrimonio-documental-retorno-al-pais

Sólo se recupera 1 de cada 100 bienes culturales robados en México

México tiene resultados pobres en la recuperación de bienes culturales robados, carencias en su registro y en la coordinación de las autoridades para preservarlos.

Una imagen muy clara del tráfico de bienes culturales en México es una iglesia donde los fieles se hincan ante ocho imágenes falsas. El altar mayor de la parroquia de Santa Isabel de Portugal —ubicada en la colonia Santa Isabel Tola, un barrio pobre en el noreste de la capital— es un retablo de oro que luce una Virgen de Guadalupe, una escena de la Crucifixión de Cristo a la que flanquean dos imágenes de arcángeles, y cuatro retratos de santos. Todas son copias de pinturas de los siglos XVII y XVIII que fueron robadas en agosto de 2008.

Aquel día, el párroco Jaime Hernández mandó a repicar las campanas para anunciar el robo. El sonido de esa alerta está tan vivo entre los pobladores de Santa Isabel Tola como las versiones y especulaciones que surgieron después y que pronto fueron puestas en duda. Por ejemplo, que los ladrones no pudieron entrar por la ventana porque es demasiado pequeña; o por qué no había vigilancia si las pinturas eran tan valiosas; o las razones de que la Policía no actuara si había sido alertada esa misma madrugada, y los agentes ni siquiera quisieran entrar al templo para revisar lo que había ocurrido.

Mientras la investigación seguía su curso, el padre Hernández y los pobladores de Santa Isabel Tola juntaron poco más de medio millón de pesos —casi 30 mil dólares— con rifas y colectas para mandar a hacer réplicas y revestir el altar de su templo. Sabían que las piezas originales nunca serían recuperadas.

La realidad les da la razón: nueve de cada diez bienes culturales  —entre los que se cuenta piezas arqueológicas, objetos litúrgicos y arte religioso— reportados como robados en México nunca son recuperados, según cifras oficiales revisadas por Animal Político como parte del proyecto Memoria Robada, la primera investigación regional sobre tráfico de patrimonio cultural con datos masivos.

 La revisión incluye información del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y la Procuraduría General de la República (PGR), desde el 2003 hasta la fecha, sobre robo de bienes culturales como las imágenes robadas de la Iglesia de Santa Isabel.

En los últimos 13 años, el INAH ha acumulado una lista de 4 mil 757 objetos arqueológicos o históricos con reporte de robo en México, que es considerado un delito federal. Sin embargo, la PGR sólo tiene datos de 67 obras recuperadas en ese lapso y restituidas a su lugar de origen. El cruce sugiere que la capacidad de recuperación es de apenas 1.4%.

Animal Político solicitó una entrevista con la directora del área de conservación del patrimonio del INAH —organismo encargado de la conservación y protección de las piezas arqueológicas e históricas anteriores al siglo XIX—, pero fue rechazada.

“Ni las autoridades eclesiásticas ni el gobierno mexicano prestan atención al saqueo en el país”, dijo en entrevista Elisa Vargaslugo, directora del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y una de las principales voces en el ambiente cultural mexicano, quien exige coordinación entre instancias de gobierno para poner fin al robo y tráfico de arte.

Los registros oficiales no sólo muestran pocos resultados en la recuperación de bienes culturales robados: también revelan carencia de información, seguimiento y descoordinación entre los responsables del tema.

Desde 2003, el INAH ha dado cuenta de al menos 333 casos distintos de robo, todos reportados ante la PGR, según pudo conocer Animal Político a través de un pedido de información pública. Sin embargo, en ese mismo lapso la PGR sólo tiene registro de 62 averiguaciones previas o indagatorias por distintos robos de bienes culturales reportados tanto por el INAH como por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), que tiene a cargo la conservación y protección del arte contemporáneo. Es decir, la mayoría de delitos contra el patrimonio cultural mexicano ni siquiera llega a ser investigado.

Una muestra evidente es lo ocurrido en 2014. Ese año, el INAH registró 11 hechos distintos en los cuales se robaron un total de 230 piezas: 223 arqueológicas y siete históricas. La PGR señala que no ha iniciado alguna averiguación en ese periodo.

Animal Político solicitó una entrevista con la subprocuraduría especializada en este tipo de robos, pero hasta el cierre de este informe no obtuvo respuesta.

La Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos establece en el Artículo 53 penas de hasta 12 años de prisión para quien saque del país, sin el permiso correspondiente, bienes culturales que son considerados patrimonio nacional.

También incluye penas de hasta 10 años de cárcel para quien dañe o altere bienes arqueológicos, históricos o artísticos, y para quien comercie con ellos, los transporte, reproduzca y exhiba sin la autorización debida.

Pero en casos como el saqueo en la parroquia de Santa Isabel de Portugal, ocho años después, no hay ningún responsable, nadie ha sido detenido y ninguna obra ha sido recuperada.

“No sabemos dónde están las pinturas. Tal vez algún día aparezcan en un museo de Europa”, dijo José Martínez, habitante de la zona.

Tesoro desconocido

México no conoce con certeza cuántas ni qué tipo de piezas constituyen el universo de su patrimonio de bienes culturales. No existe un registro pormenorizado y único sobre las piezas arqueológicas, de valor histórico (incluyendo el arte sacro) o artístico que hay en el país.

El investigador Bolfy Cottom, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), dijo en entrevista que durante la última década esa institución ha avanzado en el propósito de catalogar todas las obras del país. Sin embargo, rechazó dar detalles de esos avances y señaló que el trabajo para lograr el registro “es inmenso” y el progreso, “lento”.

A la magnitud del reto, apuntó Cottom, se suma que año a año las instituciones culturales mexicanas sufren recortes de presupuesto y de personal: en 2012, el INAH y el INBA recibieron en conjunto 108.2 millones de dólares para ese fin. Para este 2016, el presupuesto de ambas instituciones para la conservación del patrimonio cultural fue de apenas 87.3 millones de dólares.

El presupuesto asignado por la Cámara de Diputados para la Conservación del Patrimonio Cultural de la Nación disminuyó en términos reales 28% en los últimos cinco años.

El recorte podría continuar, pues según los datos de la Secretaría de Hacienda sobre el proyecto de presupuesto del gasto público 2017 del gobierno mexicano, la cifra para la protección de bienes culturales podría ser 8 mil dólares inferior.

Y no sólo es cuestión de presupuesto, el próximo año hay un nuevo reto: la entrada en vigor presupuestal de la Secretaría de Cultura.

Hasta diciembre de 2015 la conservación y protección del patrimonio cultural estuvo en manos de la Secretaría de Educación Pública a través del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), un órgano que estuvo a cargo de coordinar las actividades de todas las dependencias de gobierno vinculadas a cualquier tipo de actividad cultural.

Conaculta dejó de existir oficialmente el 18 de diciembre de 2015, pero como para ese entonces el presupuesto 2016 ya había sido aprobado por la Cámara de Diputados, la Secretaría de Cultura no tuvo presupuesto asignado.

En 2017, la Secretaría de Cultura ejercerá por primera vez recursos para la protección y conservación de bienes culturales a través de las nuevas unidades administrativas y oficinas ligadas al INAH y al INBA.

Será la primera vez que México contará con una secretaría de estado directamente vinculada al tema, pues siempre lo había hecho a través de subsecretarías u organismos descentralizados que eran coordinados por la autoridad educativa del país y no por una cultural.

 

El arte sacro, un cliente frecuente

Paul Achar, presidente de la Sociedad Mexicana de Autores de las Artes Plásticas, afirmó  en entrevista que el poco presupuesto para tener un registro público sobre las obras que el país posee facilita su robo y desaparición, pues muchas veces ni siquiera existen datos sobre las piezas y por eso es más sencillo venderlas y trasladarlas.

El caso de la parroquia de Santa Isabel de Portugal es un ejemplo. Trabajadores de la iglesia afirmaron que las autoridades culturales no hacían un seguimiento riguroso al estado de las obras en el templo. Cuando la comunidad optó por mandar a hacer réplicas de las pinturas robadas, no pudo acudir a registro oficial alguno. Los vecinos tuvieron que buscar imágenes de las obras en sus álbumes familiares para poder recrearlas.

Animal Político solicitó una entrevista al INAH sobre este caso, pero no obtuvo respuesta. En la Comisión de Arte Sacro de la Arquidiócesis Primada de México dijeron que no tenían disponibles los datos sobre el robo ni las características de los óleos.

En el país existen más de 19 mil sitios dedicados al culto religioso, de acuerdo con información que aparece en la página del poder Legislativo mexicano.

El sacerdote José Raúl Hernández Schäfler, encargado de la Comisión de Arte Sacro de la Arquidiócesis Primada de México, dijo que para combatir la falta de registros la iglesia católica está elaborando un catálogo con las obras que se encuentran en cada uno de los templos del país.

El religioso reconoció en entrevista que completarlo podría tardar 15 años, a partir de este 2016, y que ello implica que continúe la pérdida de patrimonio:  “Como no existe un catálogo completo, pormenorizado, con todos los elementos de descripción, de medidas, de fotografías, entonces es muy difícil dar la información a aduanas, a la PGR, a los ministerios públicos, porque no se tiene un catálogo adecuado”.

En junio de 2010, el gobierno mexicano informó que el INAH, el Conaculta y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) tenían un avance de 75% en la elaboración de un catálogo del arte sacro bajo resguardo en el país, pero seis años después las fuentes consultadas no pudieron confirmar la existencia o publicación del documento.

Del total de piezas que el INAH ha reportado como robadas y no han sido recuperadas en los últimos trece años, 827 —el 17.3%— son piezas históricas, entre las que se incluyen obras de arte sacro.

A estas cifras se suman los casos no reportados. El sacerdote José Raúl Hernández Schäfler reconoció que al faltar piezas en una iglesia, lo más común es que el mismo personal religioso elija no denunciar. Esto hace que muchos de los robos de piezas de arte sacro sean invisibles.

Según la PGR, el gobierno federal cuenta con un Catálogo de Bienes Culturales Robados que consta de 539 páginas con fotografías e información detallada sobre cada pieza robada, pero tras una solicitud de información pública dijo que el documento está reservado por tratarse de investigaciones en curso o información que forma parte de alguna.

La única información pública disponible con detalle sobre bienes culturales robados en México es la de la Organización Internacional de Policía Criminal (Interpol), a la que Animal Político accedió como parte del proyecto Memoria Robada, una investigación internacional que analiza el tráfico de patrimonio cultural en América Latina.

La base de datos de Interpol sobre México cuenta con 320 registros que incluyen información sobre el tipo de obra, imagen o nombre de la pieza; sitio y fecha de desaparición, o detalles como tamaño y autor.

Aunque la información de Interpol se basa en la que reporta la misma PGR tras el robo de un bien cultural, los datos disponibles en México no coinciden con los de la policía internacional.

Interpol, PGR, INAH e INBA poseen un registro distinto sobre los bienes perdidos en el país, no sólo en cuanto a número de piezas desaparecidas, sino también respecto a los detalles de cada una, fechas o características.

“Si tuviéramos un catálogo en el que quedara perfectamente estipulado quién es el propietario, hablando de bienes del país, sería mucho más sencillo encontrar las piezas, rastrearlas”, dijo Paul Achar, presidente de la Sociedad Mexicana de Autores de las Artes Plásticas.

Las autoridades mexicanas no cuentan con información sobre qué obras con reporte de robo están bajo sospecha de haber salido del país. Los vecinos de la comunidad de Santa Isabel Tola rumoran que las pinturas robadas de su templo en agosto de 2008 salieron de inmediato hacia el exterior.

En realidad, no hay datos que confirmen o rechacen esa versión.

Mientras tanto, el INAH reporta que entre 2006 y 2016 logró recuperar piezas arqueológicas mexicanas en diez ciudades estadounidenses como Dallas, Houston, Mc Allen, El Paso, Laredo y San Antonio en el estado de Texas; Los Ángeles y San Francisco en California; Miami en Florida; y Albuquerque en Nuevo México. También en localidades no especificadas de Seattle, Kansas City, Boston, Brownsville y Carolina del Norte.

Ese instituto también ha recibido información de piezas robadas en México que en los últimos diez años han aparecido en Italia, España, Bélgica y Alemania.

El problema es que México cuenta con siete tratados bilaterales vigentes en materia de recuperación de patrimonio cultural, pero ninguno con un país europeo, sino con Estados Unidos, Guatemala, El Salvador, Belice, Perú, Uruguay y Chile.

La Secretaría de Relaciones Exteriores mexicana rechazó informar sobre el proceso para restituir bienes culturales robados al argumentar que se trata de negociaciones diplomáticas vigentes con esos países.

El sacerdote Jaime Hernández insistió en que ya no espera un avance de las investigaciones para recuperar los óleos de la parroquia de Santa Isabel de Portugal. Dijo que los actuales óleos “no le piden nada a los pasados” en belleza. Aunque las obras robadas eran del siglo XVII y XVIII, “las nuevas son obras muy fieles. El recuperar la vista del retablo y sus óleos nos hizo trabajar mucho, hizo conciencia en la comunidad, se bendijo nuevamente el retablo, y ya es de nuevo una expresión de la esperanza de la gente”.

Pero para otros habitantes consultados, el rendirle culto a réplicas en la iglesia sigue representando un agravio, el recuerdo de la falta de control sobre el patrimonio del pueblo, y de la falta de resultados de las autoridades.

“Al principio fue muy sonado el caso, pero ya no se sabe nada, nadie ha estado pendiente de la investigación”, dijo una mujer que trabaja en una panadería, frente a la iglesia donde la gente se hinca y reza frente al recuerdo de un robo.

 

Tomado de: http://www.animalpolitico.com/2016/10/bienes-culturales-robo-mexico-arte-sacro/

 

 Este artículo integra la investigación periodística:

Memoria robada

El tráfico del patrimonio cultural es una actividad que conecta desde anticuarios y políticos en Buenos Aires hasta narcos en Guatemala, y desde coleccionistas bajo sospecha en México hasta diplomáticos en Costa Rica y Perú. Este especial –conformado por varias entregas– fue realizado entre cinco equipos periodísticos del continente y revela el esquema del mercado internacional del arte que permite la venta de objetos robados de templos, museos públicos y colecciones privadas. Es la primera investigación periodística del tráfico cultural con datos masivos e incluye un banco de datos que constituye el inicio del primer censo latinoamericano de bienes culturales robados.

A iniciativa de OjoPúblico, se conformó una alianza de equipos periodísticos integrada por La Nación (Costa Rica), Plaza Pública (Guatemala), Animal Político (México) y Chequeado (Argentina).

 

El amaranto: Patrimonio Cultural Intangible de la CdMx

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La semilla de amaranto, con la que se elaboran las alegrías, el dulce típico que se elabora en el pueblo de Santiago Tulyehualco, fue declarada Patrimonio Cultural Intangible de la Ciudad de México, en el marco de la clausura de la III Fiesta de las Culturas Indígenas, Pueblos y Barrios Originarios de la Ciudad de México.

El amaranto fue domesticado hace más de cinco mil años y ha sido parte de la alimentación de los pobladores de la cuenca del Valle de México desde la época prehispánica, incluso era usada en las fiestas religiosas por lo que los españoles prohibieron su uso durante el virreinato.

Cinco siglos después, esta semilla sigue siendo parte de la alimentación y de la identidad de las familias de la comunidad de Santiago Tulyehualco, por lo que el Gobierno de la Ciudad de México decidió declararla Patrimonio Cultural Intangible.

Durante la ceremonia de clausura, que se realizó en la explanada del Zócalo, Diego Prieto —secretario técnico y encargado de la Dirección General del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH)— señaló que en esta fiesta se hace patente la riqueza y diversidad de formas de pensar, de organizarse y de representarse, plasmada en la diversidad étnica y lingüística de México como país.

“El pueblo de México celebra la diversidad y para eso tenemos que hacer conciencia de que desde muchos siglos esa diversidad había sido negada por la dominación de unos pueblos sobre otros, de manera que celebrar la diversidad significa luchar por construir una ciudad menos desigual y en la que todas las voces se escuchen”.

En su intervención, Eduardo Vázquez, secretario de Cultura capitalino, sostuvo que con esta declaratoria como Patrimonio Intangible no sólo se reconoce al amaranto y la alegría como objetos, sino que se reconoce toda la cultura que está detrás de ella, así como los saberes que los pueblos guardan para convertir el amaranto en un dulce exquisito.

La declaratoria se dio luego de que el pueblo de Tulyehualco propuso que su memoria, patrimonio y saberes fueran reconocidos por toda la ciudad como patrimonio.

La encargada de sustentar, desde la Academia de la Universidad Autónoma Metropolitana, los valores del amaranto y la alegría fue la doctora en ciencias Sara Hirán Morán Bañuelos, quien ha señalado que en Tulyehualco existe una tradición de varias generaciones de cómo cultivar el amaranto en chinampas.

“Estos conocimientos ancestrales son únicos de esa comunidad, porque sólo en ese lugar hay chinampas de donde se obtienen las plántulas que luego son llevadas a las faldas del cerro para que terminen de crecer y cuyo proceso dura alrededor de seis meses”.

Apolo Franco, representante del Sistema Producto Amaranto del Distrito Federal, señaló que este cultivo es el sustento económico de la región de Tulyehualco, que se ha transmitido por generaciones de padres a hijos reforzando los lazos familiares y conservando las tradiciones.

“Cosechamos el oro amarillo para transformarlo en oro blanco y elaborar diversos platillos, postres, aguas, tamales y atole. Huahtli proviene del náhuatl y se traduce como la partícula más pequeña, dadora de vida. El amaranto es un alimento prodigio del pasado que renació en el presente y prevalecerá en el futuro”.

 

Tomado de: http://www.milenio.com/cultura/amaranto-patrimonio_cultural-alegrias-tulyehualco-culturas_indigenas-milenio-noticias_0_806319557.html

Insólito museo invita a escrudiñar el cerebro humano

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cerebro.pngUna colección de cerebros enfermos o la escena de una película zombie: en el museo del hospital Santo Toribio de Mogrovejo se ofrece un insólito viaje por masas encefálicas para acercarse al órgano más complejo del cuerpo humano.

La “cerebroteca” peruana es única en la región y exhibe sesos de pacientes fallecidos por lesiones cerebrales o enfermedades del sistema nervioso. Unos 290 cerebros de un total de 2.912 recolectados está allí a disposición de curiosos e investigadores.

El Museo de Neuropatología se ubica en el Hospital Santo Toribio de Mogrovejo, fundado hace 316 años y uno de los más antiguos de América Latina, al que se le conoció como “refugio de incurables” pues los enfermos iban ahí a morir. Hoy su museo da pistas para sanar.

Al cruzar el umbral de ingreso, un cartel invita a los visitantes a interactuar: “Toque un cráneo verdadero”. Palpar e imaginar como en esa estructura ósea hueca caben plegados los dos metros cuadrados que mide un cerebro, como un cartón corrugado, es un reto fantástico.

“Aquí hacemos las autopsias, yo misma las hago”, señala con serenidad a la AFP la neuropatóloga Diana Rivas, al lado de una mesa de acero quirúrgico donde evalúa cada seso en función del grado de interés científico que pueda despertar para los fines pedagógicos del museo, que ella dirige.

En sus manos protegidas por guantes, Rivas sostiene un cerebro humano. Lo acaba de extraer de un frasco de formol. Su tamaño se asemeja al de una pelota de fútbol desinflada. Su consistencia, a la de una goma de borrar, agrega.

Manipular el cerebro exige toda una liturgia, una lección de anatomía. Ahí están, cual nuez gigante, los dos hemisferios cerebrales unidos por un estrecho puente.

– Viaje al interior del cerebro –

Explorar un cerebro puede parecerse a pelar una cebolla. Esa es la primera impresión que asalta al ver a la neuropatóloga separar las tres delgadas meninges de la masa encefálica.

En el proceso, asoma una perturbadora geografía de surcos, cisuras, hendiduras y laberintos que esconden otro mundo desde donde se generan funciones como la del habla. Por momentos, evoca el lisérgico viaje del filme “Yellow Submarine” de los Beatles.

Primera lección: el cerebro del varón pesa más que el de la hembra, lo que no necesariamente es una ventaja. “Un cerebro humano pesa entre 1,2 y 1,4 kilos dependiendo de la altura/talla de la persona y del sexo”, explica la doctora Rivas.

Y aclara: “El de la mujer es más evolucionado que el del hombre, porque lo que nos diferencia es la evolución en el lenguaje y las mujeres lo usamos mucho más que los hombres”.

El museo posee una sala de neuroanatomía, otra de malformaciones congénitas y una de patologías del sistema nervioso donde se almacenan cerebros afectados por infecciones, tumores y problemas de vasos sanguíneos vinculados a enfermedades como la de las “vacas locas”, el zika y el Alzheimer, entre una legión de males.

“A los estudiantes les mostramos cómo luce un cerebro sano y luego cómo se ve un cerebro enfermo, como este con cisticircosis, primera causa de convulsiones secundarias”, explica Rivas señalando un cerebro invadido por manchas que en verdad son parásitos/tenias.

“Este mal se produce por no lavarse bien las manos, la gente cree que es (solo) por comer carne de chancho”, acota. Segunda lección: la higiene es clave para la salud.

Un cerebro con arterioesclerosis severa llama la atención: “Para que nunca coman hamburguesas de forma indiscriminada, no es bueno abusar de la grasa. Así se ponen los vasos sanguíneos”, advierte Rivas señalando venas ennegrecidas por la falta de circulación.

El museo recibe anualmente unas 20.000 visitas, la mayoría de escolares, y tiene casi 3.000 casos documentados desde la década de 1940. Cerebros con adenomas, neurinoma del acústico (tumor de los nervios que causa sordera), astrocitoma (tumor de las células) y el pineocitoma, que afecta la glándula pinal (el llamado “tercer ojo”) son algunos de que colman esta sala.

– Fetos y malformaciones –

Un cerebro reducido a 300 gramos, como si fuera una esponja, ilustra el feroz impacto de la microcefalia. Pero también hay fetos con malformaciones: cíclopes, hidrocefalias, cebocefalias (una fosa nasal) y anencefalias.

Un feto con encefalocele, con el tejido cerebral colgando como cabellera hasta el sacro, resulta de pavor para algunos. Son bebés nacidos muertos. “Cuando los estudiantes los ven, 95% reacciona bien pero un 5% se asusta. Dependiendo de la edad, ha habido casos de desmayos y malestar como vómitos”, detalla a la AFP la doctora Diana Rivas.

 

Tomado de: http://elcomercio.pe/ciencias/medicina/insolito-museo-invita-escudrinar-cerebro-humano-video-noticia-1956654