Rastrean huellas de humanos y mamuts en Argentina, Neuquén, para entender cómo cuidar el agua

Un equipo internacional busca en la Cuenca del Agrio vestigios de la Edad de Hielo. Estudian huellas y arte rupestre para rescatar pautas de supervivencia milenarias.

Huellas fosilizadas de la Edad de Hielo, rastros de humanos y vestigios de animales extintos como el mamut emergieron en los humedales y arroyos del noroeste neuquino. El hallazgo en la Cuenca del río Agrio funciona como una ventana directa a la relación entre el hombre y su entorno hace doce milenios. David Bustos, referente del Servicio Nacional de Parques de Estados Unidos, calificó el trabajo en las playas de lagos secos como un motor de entusiasmo por los resultados que ya empiezan a asomar.

Esta exploración sistemática surge de un convenio entre el gobierno provincial y la Universidad de Michigan, sumando a investigadores de China y Argentina. A diferencia de lo ocurrido en el norte de Neuquén o en la zona del Limay, este territorio permanecía casi virgen de estudios científicos profundos. Raven Garvey, coordinadora del proyecto, remarcó que el objetivo central consiste en abrir nuevas líneas de investigación sobre la cotidianidad de los antiguos habitantes de la estepa.

El proceso de desertificación que atraviesa la región no es un fenómeno aislado, sino una variante que el equipo estudia a través de lagunas secas en busca de actividad humana. Claudia Della NegraDirectora de Patrimonio Cultural de Neuquén, explicó que este análisis permite “volver a recuperar pautas utilizadas en el tiempo anterior” para enfrentarlas a la sequía actual. La premisa es simple pero ambiciosa: entender cómo cuidaban el agua y qué plantas consumían nuestros antepasados para implementar esas técnicas en el presente.

Los investigadores trabajan sobre el terreno abordando la zona desde la arqueología, la paleontología y la espeleología de forma simultánea. Buscan caracterizar la comunicación del pasado mediante el relevamiento del arte rupestre local para vincularlo con otras expresiones ya conocidas en la provincia. Guadalupe Romero, investigadora del Conicet, señaló que el plan incluye la realización de “fechados radiocarbónicos de las pinturas para poder conocer su antigüedad” de manera precisa.

La erosión del viento en la cuenca expuso sitios en superficie que ahora el equipo documenta antes de que el clima los degrade por completo. En los alrededores de Las Lajas y Loncopué, el trabajo mancomunado con la comunidad mapuche Cheuquel permitió identificar fragmentos de piedras conocidos como lascas. Estos restos materiales sirven para comparar los nuevos hallazgos con sitios ya analizados mediante técnicas de hidratación de obsidiana, como ocurrió en el emblemático Chenque Haichol.

El alcance de la misión científica trasciende los laboratorios y se asienta en la vigilancia diaria del territorio fronterizo. El Escuadrón 31 de Gendarmería Nacional conformó una patrulla ambiental clave para frenar el tráfico ilícito de bienes culturales en los pasos cordilleranos. Esta articulación con autoridades municipales y propietarios de estancias garantiza que los tesoros arqueológicos permanezcan en su lugar de origen para su posterior estudio.

La trashumancia, esa actividad estacional de traslado de animales entre invernadas y veranadas, también forma parte del eje de estudio humano-ambiente. Los científicos analizan cómo esta práctica ancestral moldeó el manejo de los recursos naturales en la zona del Agrio hasta el límite con la Cuenca del Covunco. Entender la supervivencia estacional de los crianceros actuales ayuda a completar el rompecabezas de la vida nómada de hace miles de años.

El conocimiento generado en las excavaciones y relevamientos ya tiene un destino claro en el sistema educativo local. Un grupo pro-museo de Loncopué y varias maestras rurales trabajan para simplificar la información científica y llevarla directamente a las aulas. La intención oficial es que los niños de la región conozcan el pasado de su tierra y valoren el manejo de los recursos locales que sus familias realizan desde tiempos inmemoriales.

La investigación no solo busca piezas de museo, sino un manual de supervivencia escrito en la tierra hace 12.000 años. El equipo internacional continuará procesando datos radiocarbónicos y geológicos para determinar la antigüedad exacta de cada rastro humano encontrado. Según Della Negra, volcar estos resultados a la comunidad es la parte más importante para que la ciencia ayude a comprender el manejo ambiental de las generaciones que vendrán.

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