Chile: Museo del Sonido: Cómo la música cambió para siempre

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En una casona restaurada del barrio Yungay, abre una exposición centrada en los aparatos que por primera vez permitieron escuchar música grabada. Una revolución cuyos efectos persisten hasta hoy. 

La música hoy parece omnipresente. Está en radios, parlantes portátiles, teléfonos inteligentes, audífonos sofisticados y sencillos. Está en los automóviles, en los restaurantes y trenes subterráneos. En los espacios públicos y privados es posible hallarla. La música puede llevarse en un dispositivo que cabe en un bolsillo.

Hoy es normal, pero no siempre fue así: la primera melodía registrada y reproducida fue “Mary had a little lamb”, una canción infantil estadounidense que se pudo escuchar recién en noviembre de 1877, gracias a la más reciente creación de Thomas Alva Edison: el fonógrafo. Poco más de 140 años han pasado desde entonces y puede parecer un largo tiempo, pero la música -en vivo, como se dice- estaba ahí mucho, pero mucho antes. Durante miles de años. El invento cambió todo y tuvo un impacto inconmensurable.

Y eso que Edison no estaba pensando en la música. Quería un aparato que sirviera para asuntos quizás más prácticos. Quería capturar la palabra hablada, usarlo en dictados o discursos, pero las consecuencias de su invento fueron mucho más allá. Aparecieron los gramófonos, los discos y luego los formatos más contemporáneos. Cassettes, discos compactos, reproductores de MP3, diversidad de aplicaciones digitales.

Parte de esa historia se podrá revisitar a partir del próximo fin de semana en el nuevo Museo del Sonido, un proyecto desarrollado por la Corporación Patrimonio Cultural de Chile, con financiamiento de Grupo GTD, en el que trabajaron especialistas en música, arquitectos, restauradores y otros expertos. “El desafío es explicar el principio del sonido, cómo se transmite, cómo viaja, cómo se graba y se reproduce. Que eso se explicara bien es muy importante para entender todo lo que viene después”, dice Elena Cruz, directora de proyectos de la corporación.

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El museo -que será dirigido por Sofía Forttes- se ubica en la casona de la familia Préndez. Fue construida en 1922, en el barrio Yungay, y acaba de ser restaurada para acoger una colección de fonógrafos y gramófonos fabricados desde inicios del siglo XX, además de fotografías y videos. “La idea es que también sea un espacio de diálogo, donde venga gente a tocar y haya conferencias, ciclos de cine, que pasen otras cosas. La colección es el punto de partida”, subraya.

Según Cruz, el museo puede atraer a un público heterogéneo: “La música es transversal, todos nos hemos visto tocados por una melodía. Quizás a los mayores los va a conectar con los recuerdos, con la nostalgia, y las personas  jóvenes pueden entender la antesala de lo que hoy tienen a la mano, con una oferta ilimitada. Hay gente joven que ha venido y dice que no puede creer de dónde viene todo esto, porque lo dan por obvio. Ni siquiera se lo cuestionan”.

Entre los objetos que se exhibirán hay fonógrafos fabricados a inicios del siglo XX en Europa, vitrolas de maleta o reproductores diseñados especialmente para niños, por ejemplo. En su época, se necesitaron esfuerzos para que esos artefactos se volvieran parte de la vida cotidiana. “Hubo toda una campaña de marketing de las empresas, que querían vender el aparato que reproducía sonido, pero había que ponerle algo. Ahí aparecieron los gramófonos de bocina, los más vistosos y elegantes, que se instalaban en el salón de la casa”, explica el musicólogo Juan Pablo González, quien aportó en la curatoría de la exhibición. “Se trabajó mucho con que podías tener a músicos profesionales tocando en tu casa, cuando quisieras. Fue algo muy nuevo e impactante”.

Incluso, dice el académico, compañías como RCA Víctor organizaban exhibiciones públicas, donde un tenor debía cantar junto a un gramófono, ambos ocultos tras una cortina. Ahí, el público tenía que adivinar cuál era el sonido natural y cuál estaba grabado. “Un cantante de la trayectoria de Enrico Caruso también participó mucho de esta especie de experimento que es la grabación, entonces lo validó ante el público”, añade.

Así, en pocas décadas, la grabación se transformó en un aspecto insoslayable de la música. Especialmente en el ámbito popular, sostiene González, parecen inseparables: “La definición que uno maneja de música popular es música grabada, mediatizada, masificada. Es algo intrínseco. Hay decisiones estéticas que se toman en el estudio de grabación: un productor, como un músico más, toma decisiones con el ingeniero de sonido. Como que la grabación permite fijar la música, que es lo que la música clásica hace en la partitura”.

Es un fenómeno que afecta al público, pero también a los propios compositores e intérpretes. “Todos los que tuvieron la suerte de estar en el estadio Nacional y escuchar a Paul McCartney disfrutaron de canciones que conocieron por un disco y las escucharon ahí gracias a la amplificación, que es otro invento y desarrollo, pero está muy ligado”, enfatiza Juan Pablo González. “Y los músicos escuchan grabaciones y reciben influencias. Inti Illimani, por ejemplo, en Roma escuchando música afroperuana: eso era inconcebible sin el desarrollo de la grabación”.

La casona del sonido

El Museo del Sonido comenzará a funcionar este fin de semana en Huérfanos 2919, Metro Quinta Normal. Se podrá visitar de martes a domingo, entre las 10 y 18 horas, y las entradas tendrán valores de $1.000 (estudiantes, grupos y tercera edad) y $1.500 (general). 

El Salvador: Descubrimientos en la Joya de Cerén, la aldea maya sepultada por la lava

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seren-news.pngNuevos hallazgos retratan la fuerza con la que erupciones volcánicas sepultaron la aldea agrícola maya de Joya de Cerén, en el noroeste de El Salvador, hace más de 1.400 años. Cuarenta y dos años después de su descubrimiento, el sitio arqueológico sigue dando nuevas pistas acerca de la vida precolombina que se desarrolló en ese lugar y que se conservó, como en Pompeya, por la lava volcánica que arrasó con todo a su paso.

«La erupción de Loma Caldera (a unos 20 kms de la aldea) sin duda fue una erupción explosiva, los primeros estratos (de la superficie) evidencian bombas volcánicas, vemos que la gente huyó», explicó este jueves la arqueóloga Michelle Toledo.

En Mesoamérica se destaca el descubrimiento de Joya de Cerén como una cápsula de tiempo por ser el único sitio de una aldea prehispánica bien conservado donde se puede apreciar la forma de vida, así como rituales, agricultura, comercio, administración del espacio y hábitos alimenticios de ese periodo.

La Dirección General de Patrimonio Cultural y Natural del Ministerio de Cultura anunció ahora el hallazgo de una estructura, seis vasijas de cerámica con semillas carbonizadas, tres mazorcas de maíz y huesos de animales.

Las piezas y fragmentos de cerámica encontrados corresponden al período Preclásico tardío, del 400 a.C al 300 d.C, que se conservaron debido a la erupción de cuatro volcanes, entre las que figuran la del lago de Ilopango (535 d.C) y la del Loma Caldera (650 d.C).

Los especialistas indican ahora que la Joya de Cerén se caracterizó por su agricultura, como lo evidencian los cultivos de maíz y yuca encontrados. «Siempre se ha pensado que Joya de Cerén estaba en colinas, pero no es así. Hicieron nivelaciones (del terreno) para construir la aldea y para la irrigación de cultivos», precisó Toledo.

Las evidencias encontradas demuestran que, gracias al uso del agua de un río adyacente, los mayas tenían cultivos de maíz en diferentes etapas todo el año. En las excavaciones se puede observar la denominada tierra blanca joven, una capa de ceniza formada por el volcán Ilopango bajo la cual quedó sepultada la aldea donde «todo estaba pensado para la producción agrícola», según Toledo.

«Lo interesante es que ellos (los mayas), al asentarse aquí, modificaron el terreno y se puede observar en la tierra blanca joven», insistió. Además, modificaron la superficie de la aldea para crear un terreno más plano y para la irrigación de cultivos.

En la superficie donde se había cosechado, los arqueólogos localizaron plantas de maíz de diferente tamaño, una muestra de que «sistematizaron el cultivo para que los recursos alimenticios nunca faltaran», señaló Toledo.

Entre los artefactos presentados este jueves se encuentra una olla de color rojiza, que correspondería a la ocupación del período posclásico (900 a 1524 d. C). Eso lleva a pensar que los habitantes de Joya de Cerén eran comerciantes y viajaban a intercambiar sus productos en San Andrés, otra zona arqueológica cercana.

Tomado de: https://latinoamericapiensa.com/descubrimientos-en-la-joya-de-ceren-la-aldea-maya-sepultada-por-la-lava/17432/?fbclid=IwAR1wlSwFmh1GQcM49Qawi968D3W1HcDNT-rrtyIsyPVy-rfA5ZS5tE4xvZ0

México: El esplendor de X´baatún: la ciudad maya de palacios amurallados en Yucatán

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Investigadores mexicanos y españoles revelan poco a poco la grandeza de la zona arqueológica de X’baatún, una ciudad maya de palacios amurallados localizada en un parque ecoturístico del oriental estado mexicano de Yucatán.

Esta antigua urbe maya fue descubierta en los noventa del siglo pasado en una selva casi virgen, entre cenotes y lagunas del parque ecoturístico Oxhuatz, en el municipio yucateco de Tekal de Venegas.

El español Juan García Targa, investigador de la Universidad de Barcelona, dice a Efe que el sitio es como un paraíso porque cuenta un cenote de aguas transparentes. “Es un sitio fantástico que también tiene huellas de haber sido una hacienda”, señala.

“X’baatún, que en lengua maya significa “lugar donde se recoge el agua”, fue descubierta por especialistas de la mexicana Universidad Autónoma de Yucatán y de las españolas de Barcelona y Santander.

(Foto: Especial)


Entre sus edificios resalta un juego de pelota, una pirámide de 15 metros de altura “y construcciones que interpretamos como palacios con habitaciones en la parte superior, todo está alrededor de una aguada (laguna)”, señala el experto.

García Targa asegura que allí se pueden observar pavos de monte, loros entre otros tipos de aves, así como mamíferos, árboles de frutos en peligro de extinción como el bonete “y se pueden organizar acampadas nocturnas”.

El investigador afirma que en X’baatún se puede observar que en la última fase de ocupación se aprovechó material de construcción para amurallar una parte del sitio.

En X’baatun se observa un tipo de arquitectura megalítica, de grandes piedras con cornisas que muestran una influencia de Izamal, un centro maya cercano.

Sostiene que en dos o tres años ya se podrá tener una visión general de la zona arqueológica y ya se podrá determinar si en lo que parecen palacios “se realizaban rituales o actividades habituales de las ciudades mayas”.

García Targa revela que si bien X’baatún no han podido ser explorados en profundidad “notamos que algunas construcciones de ese sitio son como pequeñas réplicas de las que hay en Izamal”.

Explica que los mayas amurallaron la zona central de algunos edificios por diversas circunstancias, ya sea por peligro o ataque de otros vecinos.

Relata que sus habitantes se beneficiaron de los abundantes recursos naturales del lugar y cultivaron el maíz, frijol y calabaza, según se constató por los restos de semillas encontradas.

La historia de la búsqueda de este paraíso perdido de los mayas, comenzó cuando el propio García Targa formaba parte del Proyecto Izamal y participó en un levantamiento topográfico de X’baatún”.

En 2006, hizo otras investigaciones con colegas de la Universidad Autónoma de Yucatán y en 2018 solicitó permiso al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) para el proyecto de investigación de X’baatún.

(Foto: Especial)


El permiso se lo concedieron “después de una serie de trámites administrativos que incluyó informes del proyecto y currícula de los participantes que vienen de Barcelona y la UADY”, recuerda.

Entonces, los investigadores sólo trabajaron tres días, “porque no teníamos muchos recursos, así que sólo hicimos otro levantamiento topográfico e informes de tipo antropológico y entrevistas a la gente del plan ecoturístico que dirige el ejidatario Manuel Chan Chi.

Actualmente, los campesinos hacen “un aprovechamiento sustentable, serio, riguroso y respetable de la naturaleza al llevar a turistas que no sólo quieren ver Sol y playas o sitios populares como Chichén Itzá. A Oxhuatz va gente que desea ver un Yucatán diferente y fantástico”, asegura.

(Foto: Especial)


Explica que el proyecto todavía está en etapa de difusión y que espera que se unan investigadores como Carmen Varela, de la Universidad de Santander, para juntos buscar recursos para trabajar en la zona.

“Estamos tratando de coordinarnos con los colegas yucatecos para optimizar recursos y hacer un trabajo integral, siguiendo las normas que nos marca el Centro INAH Yucatán”, precisa.

Afirma que en la primera etapa recibieron recursos de la Fundación Palar de Barcelona, “un farmacéutico muy aficionado que da dinero de investigación en el exterior a universidades españolas”.

Ahora espera una nueva convocatoria de Palar para solicitar recursos y está viendo el apoyo de otros patrocinadores privados de España y México, como Fundación Cultural Banamex para hacer un trabajo digno y continuado en Yucatán”.

 

Tomado de: https://www.infobae.com/america/mexico/2019/03/31/el-esplendor-de-xbaatun-la-ciudad-maya-de-palacios-amurallados-en-yucatan/

Fantasmas en el Museo

 

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La historia de los indígenas que vivieron en los sótanos del Museo de La Plata podría haber finalizado con la restitución de sus restos, pero hay quienes dicen que sus almas siguen allí.

 

mus-laplata.jpgPor Nicolás Colombo, para Misterios de la ciudad de La Plata

30/11/2017
 
Hace unas semanas narré la historia de los indígenas que vivieron y murieron en el Museo de La Plata, a poco tiempo de finalizada su construcción. Días después de ese triste final, los restos óseos se prepararon para poner en exhibición y estuvieron en las vitrinas del museo durante varias décadas. Al ser retirados, se guardaron en cajas en los depósitos del edificio del bosque, en algunos casos sin ningún tipo de identificación.

En los años siguientes varios hechos extraños comenzaron a ocurrir en el museo, los cuales se le adjudican al alma en pena del cacique Inacayal, que sigue deambulando por el edifico donde pasó sus últimos días. Se habla de cajones que se desordenan solos, empleados que sienten un repentino escozor en la espalda, e incluso que algunas noches lo escuchan a Inakayal susurrando y renegando en su lengua. “Muchas veces nos pasa que estamos yendo de laboratorio en laboratorio con otros compañeros y escuchamos que alguien golpea la puerta. Nos vamos a fijar y nunca hay nadie”, manifiesta Roque Díaz, que fue cuidador del museo por muchos años. Díaz también comenta que a causa de estos ruidos extraños durante las noches, cuando había menos iluminación muchos serenos no aguantaron y renunciaron. A veces, al transitar los pasillos del subsuelo se escuchan pasos persecutorios aunque no haya nadie más allí.

“Una vez, cuando no había nadie en el edifico, vino gente de la Fundación Francisco P. Moreno. Ya era tarde, así que les abrí para que hicieran el relevamiento de unos cuadros. Después me fui a la entrada. Al cabo de unas horas, apareció en la puerta un señor que venía a avisarme que esta gente lo había llamado porque se habían quedado encerrados en un laboratorio”. Lo que pasó esa noche fue que la puerta se cerró tan fuerte que trabó el picaporte, aunque nadie pudo explicarse cómo sucedió. El fantasma de Inacayal no era el único Muchos sostienen que los sucesos extraños en el Museo de La Plata son causados por el fantasma de Inacayal, pero al parecer no sería el único que recorre las salas del edifico del bosque.

También se habla de la presencia de “Gabino”, otro de los fantasmas que habita el museo.“Muchas veces, yo estaba en laboratorios con empleados de larga trayectoria en el museo, que además habían trabajado sus padres y abuelos, y escuchábamos que alguien golpeaba la puerta.Nos fijábamos y no había nadie. Entonces todos decían: ‘Pasa, Gabino’. Y si se abrían las puertas y ventanas por el viento o no sé por qué extraña razón, más de uno comentaba: ¡Hoy Gabino anda con todo!” 

Así fue como surgió el mito del espíritu de Gabino, que más tarde se confundiría con el de Inacayal, sin saber si el fantasma era uno solo o dos. Roque Díaz comenta: “La gente, de generación en generación, atribuye las cosas extrañas que suceden a Gabino. Creo que era una persona sigilosa. Que andaba sin hacer ruido. Por eso se dice que abre puertas y ventanas. Pero no creo que haya muerto acá como otros aborígenes de los que sí hay pruebas de que vivieron en este lugar.” Otras personas como el técnico Héctor Díaz, no creen en fantasmas y le atribuyen estos sucesos a la arquitectura del museo: “En estos edificios, sobre todo en la parte de abajo, hay como un microclima que hace que afuera no haya nada de viento, pero adentro sí hay como un movimiento de aire, que es por la diferencia de temperatura. Casualmente, cuando se habla de fantasmas, se dice que se siente un aire por detrás de la nuca que provoca rubor. Y eso es lo que ocurre en el museo.”

Para sumarle más misterio, en 2007 unos obreros que trabajaban en una vieja cisterna del museo hallaron un esqueleto sin identificar detrás de una pared, en un lugar completamente inaccesible. Algunos creen que podía ser una pieza de colección, posiblemente el cuerpo perdido de Gabino, mientras que otros sostienen que no se trata de los esqueletos del museo ya que no tiene ningún número de catálogo.

https://www.eldia.com/nota/2017-11-30-12-14-0-fantasmas-en-el-museo-blog-misterios-de-la-plata


Restitución de los restos de Inakayal

14/12/2014 

Los restos mortales del cacique Inacayal, su mujer y de Margarita Foyel fueron restituidos. Arribaron el martes 9 de Diciembre a la tarde al aeropuerto de Esquel y fueron trasladados a Tecka, donde serán depositados en el Mausoleo que lleva su nombre. 

Aquí estoy en las escalinatas del Museo

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Partida del avion con los restos de Inakayal

 

El fantasma del museo

23/04/201

inakayalEl cacique en sus años de prisionero. Lo separaron de su familia y lo confinaron al sótano del museo.

El fantasma del museo

Desde hace más de un siglo, un espectro recorre los viejos pasillos y laboratorios del Museo de Ciencias Naturales de La Plata: el del cacique tehuelche Modesto Inakayal, apresado por Julio A. Roca en la Campaña del Desierto. Los testigos hablan de puertas que se cierran solas y de lamentos tristes. La historia del indio vencido que junto a otros fue encerrado como pieza viva de exhibición en el museo –donde murió– para aprendizaje de los sabios carapálidas.

Francisco Pascasio Moreno le dio la orden precisa a uno de sus ayudantes:

–Vigílelo de cerca a Inakayal, anda todo el día borracho y perdido, parece un fantasma.

Corría la primavera de 1888 y, tal como lo decía el futuro Perito, el cacique llevaba unas cuantas semanas mirando a la nada. Caminaba encorvado, arrastrando los pies. Hablaba solo y se le caían los pantalones de lo flaco que estaba. Quedaba poco del fiero tehuelche, su espíritu aguerrido lo había abandonado después de ser capturado en la Campaña del Desierto. Y sólo él sabía que su alma en pena deambularía para siempre por su cárcel y su tumba: el Museo de Ciencias Naturales de La Plata.

Con los años, aquello de “fantasma” se volvió leyenda en el museo. Un fantasma al que se le atribuyen portazos, súbito desorden de cajones, escozores sutiles en la espalda. Por las noches se lo escucha jadear, y dicen que el pobre hombre reniega en su lengua. A principios del siglo XX un sereno del museo lo bautizó Gabino, como el indio lenguaraz de Moreno. Pero hay otros que sostienen otra versión, están convencidos de que se trata de Inakayal.

–Muchas veces nos pasa que estamos yendo de laboratorio en laboratorio con otros compañeros y escuchamos que alguien golpea la puerta. Nos vamos a fijar y nunca hay nadie.

Así lo cuenta Roque Díaz, hombre de 74 años y auxiliar en el museo desde los 12. Roque anda por el museo con un jogging negro, el elástico hasta el ombligo y una camisa de jean descolorida.

Aunque está jubilado Roque sigue trabajando en el museo. Con el mate y la radio, se pasa horas en el laboratorio de Antropología Biológica. Es un espacio del subsuelo en el que el aire es una mezcla de formol y cloacas. Entre cráneos numerados y esqueletos embolsados el empleado más antiguo recuerda: “Una vez, cuando no había nadie en el edificio, vino gente de la Fundación Francisco Pascasio Moreno. Ya era tarde así que les abrí para que hicieran el relevamiento de unos cuadros. Después me fui a la entrada. Al cabo de unas horas apareció en la puerta un señor que venía a avisarme que esta gente lo había llamado porque se habían quedado encerrados en un laboratorio”.

Aquella vez el fantasma, indignado seguramente con razón, cerró tan fuerte la puerta que se trabó el picaporte. Lo que han percibido otros es algo así como pasos persecutorios mientras caminaban por el subsuelo.

–Como éste es un edificio viejo –dice Roque–, de noche se escuchan muchos ruidos y el crujir de las maderas hace que uno se asuste un poco. En los años en que había menos iluminación varios serenos no aguantaron y renunciaron.

La mirada científica sobre esta controversia en torno de lo paranormal la aporta el Grupo Universitario de Investigación en Antropología Social (GUIAS). Desde 2006 el equipo trabaja para identificar y devolver piezas humanas pertenecientes a pueblos originarios de Sudamérica. Ellos descubrieron que, a pesar de que los restos de Inakayal fueron restituidos a su comunidad en 1994, el cuero cabelludo y el cerebro permanecían en la colección del museo. A partir de ese momento la leyenda sobre su espíritu cobró otro sentido. La comunidad mapuche-tehuelche reclamó los faltantes al museo para que el alma del cacique descanse en paz junto a sus huesos en Tecka (Chubut), donde fueron enterrados.

–Hemos encontrado también dos corazones disecados. Hay altas probabilidades de que uno de ellos pertenezca a Inakayal. Estamos esperando que nos entreguen las pruebas de ADN para confirmarlo–, dice Patricio Harrison, uno de los coordinadores de GUIAS.

PAISAJE DE TOLDERÍAS. En sus toldos, a orillas del río Limay, Modesto Inakayal era amo y señor. En la Patagonia mandaba el gran Sayhueque, y junto a Foyel eran sus lugartenientes de confianza. Vacas, ovejas y caballos conformaban su riqueza. Convivía con dos mujeres, estaba al mando de 900 hombres, montaba un caballo overo y cazaba ñandúes con boleadoras. El explorador chileno Guillermo Cox lo describió en sus memorias como un hombre de “cara inteligente, cuerpo rechoncho pero bien proporcionado”. No sabía escribir pero entendía el castellano. En términos siempre pacíficos recibía a los científicos y exploradores con manzanas; y a la hora de la cena mandaba a sacrificar a sus mejores animales.

Inakayal jamás imaginó que aquel explorador de anteojos y cara bonachona sería, en pocos años, su carcelero. El primer encuentro con Francisco Moreno se dio en 1879. El trato fue cordial entre ambas partes y hasta se podría decir que entablaron una amistad. Entre 1878 y 1885 el presidente Julio Argentino Roca impulsó la ofensiva militar conocida como Campaña del Desierto. El indio pasó a ser el enemigo del blanco. Y Moreno estaba del lado de los blancos.

Inakayal, junto a Sayhueque y Foyel, cayó prisionero del teniente Francisco Insay en Junín de los Andes, en 1885. Antes de que lo embarcaran con destino a Buenos Aires en el vapor Villarino, el Ejército argentino le robó sus caballos y repartió sus hijos entre las familias de los generales, para que los usaran como sirvientes.

El destino de los caciques fue la isla Martín García. Fueron humillados, vestidos con la ropa que descartaban los soldados, obligados a hachar quebrachos y comer las sobras de la milicia. Sayhueque pudo volver a la Patagonia. Inakayal y Foyel fueron “rescatados” por Francisco Moreno y pasaron a formar parte de la colección viviente –literalmente viviente, aunque fuera una vida de mierda– del museo de La Plata.

LOS CAUTIVOS DEL PARTENÓN. Cuesta imaginar que el edificio con aires de Partenón, ubicado en el centro del bosque platense, haya sido la prisión y la tumba de una decena de indígenas. En el subsuelo, donde hoy funcionan laboratorios y áreas de estudio, estuvieron cautivos “los vencidos” de la Campaña del Desierto. Si bien es cierto que durante el día circulaban libremente por los pasillos del museo, por las noches una pesada puerta de madera se cerraba con candado hasta el amanecer.

Mientras Don Francisco Moreno –como lo llamaban sus empleados– habitaba en el amplio y luminoso segundo piso rodeado de libros y una salamandra para el invierno; los indios “rescatados” por él se amontonaban, con unas pocas frazadas malolientes, en la humedad y oscuridad del subsuelo.

En el mismo lugar en el que recibían una olla de sopa para todos, hombres, mujeres y niños hacían sus necesidades en un rincón. No había forma de salir hasta la mañana siguiente, cuando uno de los empleados del museo les abría el candado. En el listado de prisioneros figuraban Inakayal, una de sus mujeres y su hija; Foyel junto a su compañera y su hija Margarita y Tafá (una alacaluf de Tierra del Fuego), entre otros que nunca fueron identificados.

Cada uno tenía tareas asignadas. Las mujeres se encargaban de la limpieza del museo, el lavado de las ropas del personal y la confección de telares para la venta. Los hombres estaban confinados a tareas más duras como cavar pozos, limpiar los desagües cloacales y trabajar en la construcción del edificio que aún no estaba terminado.

Cuando los científicos lo disponían los indios debían prestarse a ser examinados desnudos, fotografiados durante horas o quedarse quietos frente a un pintor que los retrataba. Era la época de la ciencia en que los sabios blancos medían, tasaban, archivaban todo lo que fuera el Otro. Francisco Moreno mostraba orgulloso su “colección viviente” a los colegas del extranjero, mientras el lenguaraz Gabino traducía la lengua originaria al castellano. La mayoría de ellos, sin chistar, aceptaba los mandatos del director del museo. Pero Inakayal no estaba acostumbrado a recibir órdenes: se quejaba de que los blancos le habían matado a sus hijos, robado sus caballos y arrancado de su tierra.

Al igual que Sayhueque, Foyel pudo regresar a la Patagonia a cambio de reivindicarse como argentino. Se le “cedieron” algunas hectáreas, ya por entonces en manos del Estado. Inakayal, en cambio, se negó a resignar su identidad y siguió en cautiverio.

El antropólogo Herman Ten Kate escribió, en la Revista del Museo (1904), que Inakayal “era reservado, desconfiado, orgulloso y rencoroso. Comunicativo solamente cuando estaba ebrio. Dormía casi todo el día, discutía fácilmente, muy apático y sin ninguna preocupación por su persona”. Estaba claro que el cacique no se sentía a gusto en la galería de exotismos de Moreno.

MORIR SIN MORIR. En 1887 los indios prisioneros comenzaron a morir de manera extraña. El 21 de septiembre murió Margarita. El 2 de octubre, la mujer de Inakayal. El 10, la mayor del grupo, Tafá. Algunos diarios de la época dieron cuenta de estas muertes en cadena. El Eco de Córdoba, asociado a grupos católicos, acusó a Moreno de “caballero de la noche”. Un periódico porteño, L’Operario Italiano, lo cuestionó por no respetar las disposiciones municipales acerca del tratamiento que debía darse a los difuntos. El matutino platense La Capital también menciona la “muerte de una niña india en el Museo”. A partir de este dato el grupo GUIAS está tratando de verificar si uno de los esqueletos pequeños hallados pertenece a la hija de Inakayal.

El cacique tehuelche, uno de los últimos en resistir, veía a diario cómo los cuerpos de su gente eran descarnados y expuestos a los visitantes tras su muerte. Inakayal sabía que corría el mismo destino. La tristeza le había quitado hasta las ganas de dormir. Se pasaba horas mirando los restos de su mujer, exhibida en una vitrina junto a otros esqueletos. Francisco Moreno ya no era el amigo blanco que lo visitaba a orillas del Limay. El saco negro de funebrero y ese pantalón con olor a rancio de tanto orín impregnado distaban mucho del aura combativa que mostraba el cacique en otras épocas. Tenía 45 años, los pelos chuzos y un bigote desprolijo. A su amplia cara morena la atravesaban arrugas taciturnas.

Sin fuerzas y sin alma, Inakayal prefería la muerte. Los inventarios del Museo certifican que falleció el 24 de septiembre de 1888. Algunas versiones hablan de un suicidio, otras que fue empujado por unas escaleras. El naturalista italiano Clemente Onelli, mano derecha de Moreno, dejó asentado que “Inakayal se arrancó la ropa, la del invasor de su patria, desnudó su torso, hizo un ademán al sol y otro larguísimo hacia el Sur, habló palabras desconocidas… Esa misma noche Inakayal moría”. De inmediato su esqueleto fue descarnado y expuesto al público.

ESPERANDO NACER. Tras reclamar durante más de medio siglo, en abril de 1994 la comunidad tehuelche logró que los restos de Inakayal fueran trasladados al valle de Tecka. En medio de actos protocolares, rituales indígenas, discursos políticos en cada parada y cerca del hotel que lleva su nombre, los huesos del cacique volvieron a su tierra. En 2006 el grupo GUIAS comprobó que la restitución fue parcial: faltaban el cuero cabelludo, el cerebro, una oreja y quizás el corazón.

Las comunidades originarias lo calificaron como “una ofensa más a sus ancestros” y llegaron a dudar de que el esqueleto enviado fuera el de Inakayal. Las autoridades del museo dijeron que se trató de un “error administrativo”.

La tradición tehuelche manda que sus muertos deben ser enterrados como si estuvieran en el seno materno, rodeados de los objetos que pudieran necesitar al renacer en otra parte. En épocas remotas mataban al caballo y al perro preferido del extinto. Al lado del cadáver depositaban las armas, los utensilios y el alimento para la hora del despertar. Lejos de estos rituales, el cuerpo del cacique Inakayal fue cuereado como si se tratase de una vaca. Por 120 años su cadáver y su alma no descansaron esperando el renacimiento tehuelche. No es de extrañar que su espíritu deambule por los pasillos de su prisión y su tumba: el Museo de Ciencias Naturales de La Plata.

Francisco P. Moreno, coleccionista de huesos

Francisco Pascasio Moreno, explorador de la Patagonia, científico autodidacta, fundó en 1884 el Museo de Ciencias Naturales de La Plata. Allí expuso su colección personal de restos óseos: desde huesos de animales prehistóricos hasta los de restos humanos extraídos de cementerios indígenas. En una carta a su padre, en 1875, el joven explorador contó: “Hice abundante cosecha de esqueletos y cráneos en los cementerios de los indígenas sometidos que vivían en las inmediaciones de Azul y de Olavarría y en Blanca Grande. Aunque creo que no podré completar el número de cráneos que yo deseaba, estoy seguro de que mañana tendré 70”.

GUIAS: forenses de la historia

Desde 2006 el Grupo Universitario de Investigación en Antropología Social (GUIAS) trabaja en el Museo de La Plata. Siguiendo el ejemplo del Equipo Argentino de Antropología Forense tiene como objetivo identificar y restituir restos humanos pertenecientes a los pueblos originarios de la Argentina y Sudamérica. En estos dos años de investigación –ad honoren– han reconocido los restos de 35 personas y permitieron que se generaran tres nuevos pedidos de restitución por parte de las comunidades a la Facultad de Ciencias Naturales y al Museo.

A raíz de esta labor Fernando Pepe, Patricio Harrison y Miguel Suárez Añón editaron Identificación y restitución: Colecciones de restos humanos en el Museo de La Plata. Financiado íntegramente por los autores, el libro es la síntesis de 10 mil fotos y la revisión de más de 200 publicaciones que se hallaban en el Museo desde la época fundacional. A partir de esta tarea, el grupo GUIAS logró reglamentar que para estudiar los restos humanos identificados y pertenecientes a pueblos originarios se debe contar con el expreso consentimiento de las comunidades interesadas.

Agregado de http://www.criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=14771

http://cayu.com.ar/index.php/2007/04/11/el-cacique-inakayal-muerto-en-el-museo-de-ciencias-naturales-de-la-plata/


El Cacique Inakayal muerto en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata

11/04/2007 

Inakayal sentado en el piso junto a su mujer para ser pintado (pintor al fondo) en una de las salas del museo de Cs. de La Plata donde estuvo recluido hasta su muerte catalogada como suicidio.

«.La causa de muerte de Inakayal nunca fue clara. El secretario de Francisco P. Moreno, Onelli, relata que el cacique presintiendo su muerte realizó un ritual en las escaleras del Museo donde se desvaneció, dice Pepe.
..El secretario de Francisco P. Moreno, Onelli………… contradice que es más probable que se haya suicidado ante el tormento diario de ver expuestos los restos de sus seres queridos en las vitrinas del Museo. Mas de mil cráneos y 80 esqueletos armados, entre ellos el de su mujer que también murió en el museo un año antes. (Ver foto de abajo)
Pero el investigador tampoco descarta que haya sido empujado por las escaleras al desnudarse en público. Su duda tiene fundamento. El antropólogo Ten Kate describe el esqueleto: Los huesos de la nariz estaban quebrados por una caída o un golpe, también le faltan varios dientes.

Hace unos años econtraron el cuero cabelludo y el cerebo en formol de Inakayal en el museo

Gracias a Marcelo G. Bormioli.

http://cayu.com.ar/index.php/2007/04/11/el-cacique-inakayal-muerto-en-el-museo-de-ciencias-naturales-de-la-plata/


Restos humanos en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata

05/12/200

Hace poco llego a mis manos una publicación muy interezante sobre hechos aberrantes que ocurrieron en la ciudad de La Plata, es de la Publicación La Pulseada.

Número 43 – septiembre 2006

Restos humanos en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata

TROFEOS DE GUERRA

Muchos fueron saqueados de cementerios indígenas. Otros corresponden a víctimas de la “Campaña al Desierto” o fueron asesinados por expediciones organizadas desde el propio Museo. Algunos estuvieron cautivos, fueron vejados y murieron en el edificio del Bosque platense. Más de un siglo después siguen allí, expuestos al público o a los investigadores, en lugar de volver a su tierra. Poco a poco surgen voces críticas que reclaman una reparación hacia las víctimas del primer genocidio cometido por el Estado nacional.

Por Daniel Badenes

“La diferencia entre este museo y la ESMA es que acá quedó todo registrado”, provoca el fotógrafo y estudioso de culturas indígenas Xavier Kriscautzky desde el subsuelo del monumental edificio construido en el Bosque a poco de la fundación de La Plata. La comparación con el prototipo de los campos de concentración que la última dictadura cosechó por centenares suena arriesgada, aunque tiene asidero. En ese mismo sitio restringido al público del prestigioso Museo de Ciencias Naturales, en cuyos pasillos se respira el aire nauseabundo de los ineficaces desagües cloacales, estuvieron cautivos aborígenes capturados durante la conquista de aquello que Julio Argentino Roca llamaba “el desierto”, en la operación militar que significó el primer genocidio perpetrado por el Estado argentino.

Aún yacen ahí, entre cajones de madera arrumbados en sucios depósitos, los restos de caciques reclamados por sus comunidades de origen, entre unas diez mil “piezas” humanas que el museo platense cuenta entre su patrimonio. “Así como hay colecciones de mariposas y langostas, aquí se coleccionó gente”, afirma Kriscautzky, profesional del Departamento de Fotografía Científica del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).

“Tienen una deuda con todos nosotros que es histórica, moral, espiritual”, acusa Victorina Melipan Antieko, cacique de una comunidad mapuche-tehuelche de Villa Elisa que recibe el nombre “callvu-shotel”. Significa “flecha azul”, que es el color sagrado. “Antiguamente, nuestros mayores usaban la flecha como herramienta para cazar, para subsistir. Luego la usaron como un arma de guerra, para la defensa. Hoy por ho

Los estudios de las aves en México: Un breve recuento histórico

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El presente trabajo busca contribuir a la historia del conocimiento naturalista mexicano, explorando cómo se origina y desarrolla la ornitología en el país.

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El presente trabajo busca contribuir a la historia del conocimiento naturalista mexicano, explorando las concepciones que han manifestado algunos autores recientes sobre cómo se origina y desarrolla la ornitología en el país. Mediante esta exploración se puede ofrecer tanto un diagnóstico acerca de los métodoscon los que se ha estudiado la historia natural, así como proponer algunos elementos que, a mi juicio, ayudarían a caracterizar mejor las etapas de su desarrollo.

Códice Florentino Zoológico Prehispánico Tenochtitlan

 Como punto de partida, se debe considerar que el grupo de las aves es uno de los mejor conocidos por el hombre, manteniendo una relación constante, variada y rica en símbolos y mitos, así como en manifestaciones artísticas presentes en distintas culturas y épocas. Esta relación seguramente fue un elemento clave para que surgiera como una disciplina propia desde el siglo XVI en Europa; condición que también influyó para que desde el siglo XIX y en lo que va del actual, varios conceptos y teorías biológicas tuvieran como fuente original el estudio de las aves, entre los que se pueden señalar: la regulación en la abundancia y distribución de la fauna; el efecto del ambiente en comportamiento y fisiología; el significado tanto de la variación biológica como de la organización social; la determinación de los mecanismos de especiación, así como las bases sensitivas de la migración y la navegación.

En México la ornitología es una disciplina con cierta tradición, como se podrá observar más adelante, hecho que seguramente influyó para que algunos de sus especialistas manifiesten su preocupación por establecer el momento en que se origina y el desenvolvimiento de sus investigaciones.

Para la elaboración de este trabajo se consultaron diversas publicaciones que contenían alguna información histórica sobre el origen y desarrollo de la ornitología en el país, aunque seguramente alguna escapó, como es usual.

Códice Tovar

En primer lugar, remito al lector a un artículo previo donde se plantearon algunas notas sobre la zoología en México (Corona-M. E. 2010. Notas históricas sobre la zoología mexicana. El Tlacuache, 398), de ello rescato que la tradición naturalista occidental que se genera en los siglos XV y XVI, considera que: “la zoología descriptiva fue un pariente pobre del arte herbolario, aunque a los animales también se les tenía por compañeros inmediatos y auxiliares del hombre, porque ofrecían útiles lecciones morales y porque algunos de ellos ejercían una fascinación exótica o simbólica”.

Si bien en siglos posteriores se incrementó el interés por la fauna, este muchas veces no pasó de ser un interés antropocéntrico por construir lo que se ha denominado un “catálogo razonado” de los animales. A ello se suma la tardía introducción de la zoología en la educación científica local, ya que mientras la Cátedra de botánica se comienza a impartir en la Real y Pontificia Universidad desde 1788, el primer curso exclusivo de Zoología se ofreció en la Universidad Nacional hasta 1836.

Así, y ante la ausencia de estudios sobre las fuentes originales, sólo se puede aventurar que algunos elementos de zoología junto con aspectos de mineralogía fueron impartidos en la mencionada cátedra de botánica, en la parte del temario que se denominaba “elementos de historia natural”. Seguramente, lo mismo sucedió con la cátedra de Historia Natural, que fue impartida de 1833 a 1844, al transformarse el antiguo Colegio de Minería en el Establecimiento de Ciencias Físicas y Matemáticas, mismo que tuvo una efímera existencia.

Francisco Hernández (1615) Cuatro libros de la naturaleza y virtudes

Otra vertiente que debiera estudiarse, es el impacto que causó en la difusión de la zoología y de los estudios naturalistas, la fundación del Gabinete de Historia Natural por José Longinos, en 1790, del cual se sabe que recibió donaciones en materiales de estudio y logró una importante presencia en los medios públicos, esfuerzo que sin embargo quedó trunco cuando abandonó el proyecto para reincorporarse a los trabajos de la expedición botánica.

Es decir que a pesar de las profusas observaciones y los diversos registros faunísticos que se habían efectuado en el territorio nacional desde mediados del siglo XVI hasta el siglo XVIII, la difusión organizada e institucional de la información zoológica se realizó con tropiezos y, formalmente, tardó un siglo más que el de la botánica para que se ofreciera la opción de enseñanza, aspecto que debió influir en la ausencia de una comunidad que discutiera sobre estos temas. Aun cuando estos elementos deben ser materia de investigación en el futuro inmediato.

A la búsqueda de los orígenes de la ornitología en México

Lo que me parece crucial para caracterizar las etapas de desarrollo, es la necesidad de fijar límites que tomen como base hechos o sucesos de la propia disciplina, más que hacerlo sobre la base de factores extra-científicos, como pueden ser los elementos cronológicos o los acontecimientos, principalmente políticos, sociales o culturales. Una periodización de este tipo permitirá aportar una explicación sobre el surgimiento de una comunidad y de sus paradigmas o tradiciones científicas.

Tucán en las fuentes naturaloistas. The American Museum Journal

Partiendo de esta idea, se postula la existencia de tres etapas de la ornitología mexicana, indicando brevemente las características que las hacen distintas entre sí.

Una primera consideración es sobre cómo ubicar el período de las antiguas culturas mexicanas. De ellas, sabemos que observaron y conocían la naturaleza, incluyendo la fauna, estableciendo diversas relaciones, que van desde la alimentaria y la medicinal, hasta la conformación de medios económicos y tecnológicos; así como de su integración en el arte y la religión, como un componente de la cosmovisión. Sin embargo, hasta el momento, continua la pregunta de si estas culturas particularizaban sus objetos de estudio, por tanto, si especializaban sus métodos de estudio, cuáles eras sus formas de verificación. Es decir, por algunos de sus evidencias: representaciones, restos orgánicos e inorgánicos, y la misma evidencia etnográfica, nos permute reconocer esos saberes, pero poco sabemos sobre sus formas de producción y transmisión dentro de las sociedades. Lo poco que se conoce en detalle, proviene de las fuentes coloniales, por tanto, son aspectos que seguirán formando parte de la agenda de investigación para disciplinas como la arqueozoología, la etnozoología, y la propia historia de la ciencia.

Por tanto, es más plausible asociar el origen de la ornitología, y del reconocimiento especializado de las aves, a la tradición occidental. Sobre esta base se incorporaron algunos elementos del conocimiento indígena, mismos que conocemos actualmente.

Códice Florentino Mercaderes Plumas

De esta manera, se puede formular que una primera etapa y la más antigua, se puede caracterizar por los siguientes aspectos:

Que, en Europa, y fundamentalmente, a mediados del siglo XVI, aparecieron los primeros libros especializados en aves, donde se hicieron revisiones de los antiguos conocimientos y se modificó la concepción que se tenía del grupo, lo que permitió discutir distintos intentos de clasificación, enmarcados en una tradición organicista, ya que hasta donde se ha revisado, los conocimientos de los clérigos y científicos de la época se basaban en los conceptos aristotélicos-tomistas, u organicistas. Además de que, al parecer otras tradiciones, como la mecanicista, no parecen tener influencia en el campo naturalista.

El reconocimiento de lo que Elías Trabulse ha denominado, desde la perspectiva de la historia de la ciencia, como el período de aclimatación del conocimiento europeo en territorios americanos, proceso que engloba la sorpresa de enfrentarse a una naturaleza distinta que desafiaba los conocimientos vigentes y que se colocó como un reto para efectuar su descripción.

El encontrarse con pobladores que habían desarrollado conocimientos y relaciones con la naturaleza circundante, aun cuando el proceso de conquista violenta borró muchos de ellos. Proceso que también funcionó en sentido inverso, donde el mundo americano quedó sorprendido frente a las concepciones y propuestas tecnológicos de los europeos.

Y finalmente, considerar que la difusión del conocimiento sobre el Nuevo Mundo fue una vertiente de los cambios en el pensamiento científico a finales del siglo XVI y principios del XVII, las que cristalizan con el surgimiento del pensamiento mecanicista, mismo que se ha caracterizado como un período revolucionario de la Ciencia.

Es decir que el siglo XVI, visto con esta lente, es un momento clave para la futura integración de la ciencia mexicana, ya que estos elementos sirvieron de referencia a los científicos y clérigos que visitaron este lado del mundo, para registrar y estudiar la naturaleza nueva, lo que quedó manifestado en algunas obras, las que también han cumplido la función de ventana hacia el mundo indio, dada la vasta destrucción de su patrimonio cultural, debido al violento proceso de conquista.

Una segunda etapa se inicia a finales del siglo XVIII con la sustitución de las concepciones organicistas por la introducción y aplicación del sistema linneano, el cual proveyó una forma distinta de estudiar, describir, nombrar y clasificar a los organismos. Iniciándose, también, la difusión organizada del conocimiento naturalista, como se puede observar en la enseñanza de la botánica y la historia natural, así como en la formación del primer Gabinete de Historia Natural. Además, se comienzan a publicar las primeras revistas científicas sobre todo las que promueven Antonio Álzate e Ignacio Bartolache.

Códice Tonamatl

Las aves que se describen en este período son básicamente las colectadas por la expedición botánica de Sessé y Mociño. Pero, desde la perspectiva naturalista, también son relevantes los debates que se generan, principalmente los protagonizados por Álzate y Francisco J. Clavijero sobre las posiciones de Buffon respecto a la variedad y “degeneración” de la naturaleza americana; así como el que se dio entre Álzate, José Longinos y Vicente Cervantes sobre el sistema linneano y su aplicación.

La tercera etapa se puede ubicar, a finales del siglo XIX, cuando se constituye la Sociedad Mexicana de Historia Natural, como la primera agrupación científica del país, y creo que debiera ser considerado como un fuerte candidato para ser el punto de origen de este momento. A su seno se realizaron los principales estudios sobre botánica, zoología, paleontología y mineralogía, y ahí se pueden registrar los primeros cambios conceptuales entre el estudio de lo vivo y lo no vivo.

En el caso particular de la ornitología, se observa que continúa siendo de tipo descriptivo, y no está relacionada con las principales teorías vigentes que se comienzan a difundir, sobre todo las que se refieren a la transformación y evolución de los organismos, donde tiene especial relevancia los conceptos de Lamarck, Darwin y Heckel.

Un elemento adicional que tiene una caracterización insuficiente es el que se refiere a la impartición de los primeros cursos sobre esta disciplina, como el que impartió el naturalista, originario de Guanajuato, Miguel Bustamante y Septién en el Ateneo Mexicano entre 1840 y 1841. De éste se desconocen todavía sus repercusiones entre la comunidad naturalista.

En esta breve caracterización de la ornitología y de la historia natural, se han quedado pendientes varios temas que también son sustanciales, como son la adopción y la fuerte influencia de los métodos descriptivos, el efecto de los temas religiosos en las concepciones científicas, el retraso en la publicación de las obras novohispanas, las aportaciones al conocimiento naturalista europeo, entre otras. Aspectos que, al ser abordados en el futuro, seguramente, nos proveerán de más material sobre el desarrollo de la tradición naturalista en nuestro país, elementos que se podrán incorporar a la discusión sobre la tensión que se genera entre la resistencia y la aceptación de la teoría darwinista.

Códice Florentino Fiesta

 

Los naturalistas y el conocimiento indígena

Es importante destacar aquellos trabajos desarrollados por los naturalistas del siglo XIX y XX cuyo interés es ubicar el estado del conocimiento que poseían las culturas prehispánicas de la naturaleza, tratando de establecer un dialogo de saberes a través del tiempo.

Estos se apoyaron, principalmente, en la revisión e interpretación de expresiones artísticas o religiosas, tales como el arte plumaria o las diversas representaciones en esculturas, pintura mural, entre otras; pero de manera central, se encuentra la revisión de las principales fuentes que se generaron durante la época colonial, como son las obras de Francisco Hernández y de Fray Bernardino de Sahagún.

En todos ellos se encuentran intentos por establecer una identificación fiable, que corresponda con los nombres científicos. Sin embargo, estos intentos de identificación se caracterizan por confiar principalmente en el criterio de autoridad, generado por un especialista, y en dejar de lado diversas fuentes etnográficas e históricas para contrastar sus resultados, ignorando así algunas obras que representan importantes consideraciones a los registros faunísticos de la crónica novohispana. Algunos de estos trabajos ausentes son los del destacado zoólogo franco-mexicano Alfredo Dugés sobre la obra de Francisco Hernández, así como el trabajo del historiador cubano Juan Ignacio de Armas ambos elaborados a finales del siglo XIX.

A este grupo, también deben incorporarse y revalorarse artículos como los del profesor Martín del Campo, el primero de ellos con referencias a algunas aves que cumplían funciones simbólicas y el segundo, con un esfuerzo por identificar la fauna contenida en el denominado Códice de la Cruz-Badiano, aportando datos relevantes sobre la utilización medicinal de las aves, aspectos que dieron la pauta para después ser ampliados en un estudio posterior.

En términos generales, se percibe que estos trabajos presentan imágenes incompletas de las culturas prehispánicas, debido principalmente a que mucha información se perdió durante la conquista, pero además por la falta de métodos historiográficos comparativos, donde se incluyan otras evidencias como la arqueozoológica y la etnozoológica, lo que permita contrastar datos e hipótesis, en la búsqueda de mejores explicaciones.

Por el momento, esta es una primera aproximación a los retos que deben enfrentarse desde la perspectiva de la historia de la ciencia en nuestro país.

 

Por: Eduardo Corona-M. Centro INAH Morelos & Seminario Relaciones Hombre-Fauna

Tomado de: https://www.elsoldecuautla.com.mx/cultura/los-estudios-de-las-aves-en-mexico-2944529.html

 

Para leer más:

  • Corona-M. E. 2002. Las aves en la historia natural novohispana, Colección Científica 441, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México. 187 pp.
  • Arturo Argueta Villamar, Eduardo Corona-M. y cols. 2012 Historia, situación actual y perspectivas de la Etnozoología en México. Etnobiología, 10(1): 18-40, ISSN 1665-2703.
  • Corona-M. E. 2008. Las aves como recurso curativo en el México Antiguo y sus posibles evidencias en Arqueozoología. Archaeobios 2: 11-18. ISSN 1996-5214

 

 

Simposio La materia viva /Conservación de materiales orgánicos en el arte contemporáneo

living0.jpg3 y 4 de junio, 2019, Ciudad de México, México

 

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VI Congreso Latinoamericano de Arqueometria

 

 

arqueo19.png5 al 7 de junio, 2019, Bogotá, Colombia

 

 

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El CLA 2019 es un escenario donde se promueve la divulgación de últimos avances y aplicación de técnicas científicas  en el estudio de bienes culturales y sitios arqueológicos e históricos. Tenemos como objetivo principal el generar un espacio para fomentar el intercambio académico a partir de experiencias en la investigación arqueométrica, así como comparar y contrastar metodologías y desafíos de la disciplina.

 

FECHAS IMPORTANTES

– Notificación a autores de aceptación: a partir de 3 de abril

– Registro e inscripción:
Temprana- desde marzo 22 hasta mayo 10
Estándar – hasta mayo 25
Tardía – desde mayo 26 y en el evento

– Evento
Congreso – 5 al 7 de junio de 2019
Talleres – cursos cortos pre-congreso – 4 de junio
Salidas- tours pre-congreso – 3 de junio

 

CONTACTOS

https://cla2019.uniandes.academy/index.php

cla2019@uniandes.edu.co

México: INAH advierte impacto del Tren Maya en el patrimonio cultural

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El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) podrá elaborar un proyecto de salvamento arqueológico en tiempo y forma para acompañar los trabajos de construcción del Tren Maya una vez que conozca el proyecto de obra, los cronogramas, las áreas de incidencia y las prioridades.

Durante el encuentro académico “El Tren Maya. Realidades y Mitos”, el coordinador nacional de Arqueología del INAH, Pedro Francisco Sánchez Nava, recordó que en el área de influencia del Tren Maya se localizan 30 zonas arqueológicas abiertas al público y dos Zonas de Monumentos Históricos.

Precisó que, de las 30 zonas arqueológicas señaladas, Palenque, Chichén Itzá y Calakmul se encuentran en la Lista del Patrimonio Mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Durante su intervención en el ciclo de mesas de análisis: “Políticas públicas y cultura”, organizado por la Dirección de Estudios Históricos (DEH) y la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC), señaló que dentro de esa misma zona de influencia se tienen registrados 3,024 sitios arqueológicos, así como 15 áreas naturales protegidas que se insertan en la esfera de influencia.

 

En el encuentro en el que también participaron autoridades de Fondo Nacional de Fomento al Turismo y expertos del Instituto Politécnico Nacional y de la Universidad Nacional Autónoma de México, refirió que, aunque se cuenta con poligonales de protección de las zonas arqueológicas, “no quiere decir que no haya patrimonio fuera de ellas”.

El funcionario comentó que desde la primera reunión con el equipo del Proyecto Tren Maya, celebrada el 2 de octubre de 2018, se dejó claro que el INAH tiene amplia experiencia en el acompañamiento de estas grandes obras de infraestructura.

En ese sentido, comentó que se ha solicitado contar con estudios especializados que detectan con precisión la existencia de monumentos arqueológicos bajo gruesas capas de vegetación, al menos en el desarrollo de la primera etapa del proyecto que va de Palenque a Escárcega, donde se ubican Palenque, Pomoná y Moral-Reforma y más 480 sitios arqueológicos registrados.

Destacó que entre las prioridades del instituto está la protección al patrimonio cultural, el mejoramiento de la infraestructura y las condiciones de las zonas arqueológicas y la eventual apertura de algunos sitios, como podría ser Ichkabal, en Quintana Roo.

Sánchez Nava advirtió que, ante el incremento exponencial de visitantes en la zona, también se requieren estudios de capacidad de carga; del mejoramiento de señalamientos, áreas de servicios y centros de visitantes; equipamiento y mobiliario, taquillas, etcétera.

A su vez, Javier Velázquez Moctezuma, quien por parte del Fonatur encabeza la vinculación entre el equipo que coordina el Proyecto Tren Maya con la comunidad científica y académica del país, indicó que habrá 15 estaciones en el recorrido de 1,554 kilómetros, de ellos 500 kilómetros son de selva.

Además, explicó, parte del trazo incluye una vía férrea ya existente que va de la ciudad de Palenque, en Chiapas, a la capital yucateca, Mérida.

Destacó que el equipo que encabeza el titular del Fonatur, Rogelio Jiménez Pons, responsable del proyecto del tren, está consciente de la biodiversidad y la riqueza cultural de la región, donde también detectaron una problemática que abarca la presencia de asentamientos irregulares en áreas naturales protegidas y en las últimas décadas, un modo de vida más “occidental” en las comunidades.

En ese sentido, Velázquez Moctezuma señaló que entre los objetivos está impulsar el desarrollo económico de la región, particularmente de las comunidades marginales; conservar y rehabilitar las áreas naturales protegidas de la península de Yucatán.

Así como fomentar la inclusión social y la creación de empleos; fortalecer y diversificar la industria turística de México; promover y preservar las expresiones culturales locales; contribuir al ordenamiento territorial de la región; y proteger y preservar al patrimonio cultural.

 

Tomado de: https://www.forbes.com.mx/inah-advierte-impacto-del-tren-maya-en-el-patrimonio-cultural/

El misterio de las momias de los reyes incas

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Cuando morían, los gobernantes incas eran momificados y tratados como dioses vivientes. Tras la conquista, sufrieron numerosas vicisitudes hasta desaparecer de la historia.

 

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El Inti Raymi

Cada solsticio de invierno tiene lugar en Cuzco una ceremonia en honor del dios sol Inti, una festividad que ya tenía lugar en el antiguo Imperio inca. Una de las escenas recreadas es la procesión en la que se traslada a los Incas difuntos para que participen con sus sucesores de la celebración.

 

Considerado por sus súbditos como Hijo del Sol, y, por lo tanto, divino, cuando un soberano inca moría, su cuerpo debía ser cuidadosamente momificado y conservado para la eternidad. Conocemos el cuidado y la reverencia que se prestaba a estas momias reales gracias a varios cronistas que, tras la conquista, dejaron detalladas descripciones sobre ellas y los rituales que las rodeaban. Es la única información que poseemos, ya que, desafortunadamente, las momias de los reyes incas fallecidos nunca han sido localizadas.

No sabemos con seguridad qué técnicas se utilizaban para lograr la momificación de los gobernantes, aunque tenemos alguna referencia al respecto como la de el jesuita Blas Valera: “Cuando el rey moría le quitaban los intestinos y embalsamaban su cuerpo con el bálsamo traído de Tolú”.

Actualmente, los investigadores creen que las momias se preparaban con bálsamo de Tolú (una resina que recibe este nombre por la región peruana de donde procede), mentol, sal, tanino, diversos alcaloides, saponinas y resinas.

Y aunque las momias no se han conservado, sí sabemos por algunas descripciones qué aspecto tenían. El padre José de Acosta, que tuvo la oportunidad de ver el cuerpo del Inca Pachacuti hacia 1590, lo describe así: “El cuerpo se encuentra tan bien conservado, y con una cierta resina, que parecía vivo. Los ojos se hicieron de pan de oro tan bien colocado que no había necesidad de los naturales […]. Tenia el cabello gris y nada de eso había desaparecido, como si hubiera muerto ese mismo día, aunque en realidad su muerte se había producido más de sesenta y ochenta años antes”.

Al parecer, cuando un rey fallecía, su cuerpo era depositado en cuclillas en un asiento, con las rodillas flexionadas bajo la barbilla, pedacitos de oro en la boca, puños y pecho y era vestido con magníficos ropajes. Al cabo de un mes, tras las ceremonias funerarias preceptivas –que incluían sacrificios humanos: las esposas y concubinas principales del monarca y algún niño o joven de la nobleza local–, el cuerpo se situaba en su lugar de reposo final, normalmente el palacio en el que había vivido, al cuidado de unos servidores.

 

Cada rey tenía su propio mayordomo, que se ocupaba de su alimentación; además unas mujeres cuidaban de que los insectos no se posasen sobre el difunto y pudiesen estropear la momia, y se ocupaban también de vestirlo, lavarlo y darle de beber (los incas pensaban que era necesario vestir y proveer de comida y bebida a las momias de sus ancestros para preservar el orden cósmico y poder así garantizar abundantes cosechas y la fertilidad del ganado).

 

Procesión de momias incas

Estas momias estaban ocultas a la vista de todos, excepto en ocasiones especiales, que eran sacadas en procesión y llevadas al Coricancha o templo del Sol, en Cuzco, la capital, donde se las disponía en un pequeño trono. Los Incas difuntos también visitaban a otros gobernantes muertos y participaban en banquetes públicos donde “bebían” y brindaban con sus descendientes. También concedían audiencias a sus sucesores, que les consultaban sobre cualquier aspecto del gobierno del Tahuantinsuyu, e incluso podían actuar como embajadores del Inca reinante, y eran enviados para negociar tratados o cualquier otro tipo de gestión política y militar a cualquier rincón del Imperio.

El día que se fraguó el fin del Imperio inca

Momia real en procesión

El cronista Felipe Guamán Poma de Ayala realizó una serie de grabados en los que mostraba muchas de las tradiciones del pueblo inca. En éste se muestra el traslado en andas de la momia de un gobernante inca, ataviado con sus mejores galas. 1583-1615.

¿Dónde están las momias de los Incas?

Con la llegada de los españoles, algunos criados fieles se llevaron las momias de sus monarcas a algún lugar seguro para que no pudiesen ser profanadas, y allí siguieron siendo veneradas en secreto. En 1558, Juan Polo de Ondegardo fue nombrado corregidor de Cuzco y entre sus objetivos estaba localizar las momias de los reyes incas. Tuvo éxito en su búsqueda, ya que descubrió las momias de varios gobernantes y sus coyas (reinas).

El corregidor las reunió todas en su casa y allí las pudo ver el cronista Garcilaso de la Vega, que narra así el encuentro: “En la habitación encontré cinco cuerpos de los gobernantes incas, tres varones y dos hembras. Los cuerpos estaban perfectamente conservados […]. Estaban vestidos como lo habían sido en vida. Fueron enterrados en una posición sentada, sus manos cruzadas a través de su pecho, la izquierda sobre la derecha, y sus ojos bajos, como si buscaran en el suelo […]. Los cuerpos pesaban tan poco que cualquier indio podría llevarlos en sus brazos en la espalda de casa en casa”.

Tras esta visita, los cuerpos fueron enviados a Lima, y el virrey Andrés Hurtado de Mendoza mandó conservarlos en el recinto del Hospital Real de San Andrés, donde el jesuita José de Acosta pudo verlas y describirlas. A partir de ese momento existen muy pocas menciones sobre estos cuerpos; la última data de 1638. Siglos después, en 1937, José de la Riva-Agüero dirigió una investigación para saber si, efectivamente, las momias seguían en el hospital o qué había sido de ellas. Se descubrieron varias criptas, pero en ninguna de ellas había momias.

En 2001, otra expedición arqueológica intentó dar con el paradero de las esquivas momias. Empleando un radar de penetración terrestre hallaron una cripta subterránea abovedada bajo el hospital y un pozo con basura de época colonial. En 2005 se excavó en estos lugares, pero no se halló ni rastro de momias. ¿Estuvieron enterradas aquí las momias reales incas? ¿Fueron trasladadas en algún momento a otra ubicación? ¿Continúan ocultas en algún rincón del hospital? Por ahora estas preguntas permanecen sin respuesta y el destino de las momias de los grandes gobernantes incas continúa siendo un enigma.

Para saber más

– Momias. José Miguel Parra. Crítica, Barcelona, 2010.

– El enigma de las momias. David E. Sentinella. Nowtilus, Madrid, 2007.

 

Por: Carmen Mayans

Tomado de: https://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/misterio-momias-reyes-incas_13468/1

 

 

Momias incas embalsamadas

Hace cinco siglos estas momias fueron hábilmente embalsamadas y envueltas en fardos para facilitar su conservación y su transporte.

Los saqueadores modernos las despojaron de sus envolturas en busca de joyas y oro.

La paradisíaca isla en la que los delfines le ganaron al plástico

delfin-plastico.pngLos delfines de Utila ya pueden bailar libremente en sus aguas color turquesa, sin el temor de que una marea de plástico acabe en sus estómagos.

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Los delfines de Utila ya pueden bailar libremente en sus aguas color turquesa, sin el temor de que una marea de plástico acabe en sus estómagos. Más de 5.000.000 de botellas plásticas que ingresan cada año a la paradisíaca isla, localizada en el caribeño departamento de Islas de la Bahía, en Honduras, ya no irán a parar al océano.

Eso significa que los cetáceos, cuya danza atrae a 2.300.000 turistas que llegan cada año a Utila, estarán a salvo de esta dañina invasión, que es la materia prima con la cual las autoridades comenzaron a asfaltar sus calles.

De esta mezcla de botellas y cemento surgió la innovadora solución que encontró el municipio para frenar la contaminación ambiental que amenaza no solo al impresionante santuario de delfines, sino a todas las especies marinas que tienen como hábitat el segundo arrecife más grande del mundo.

El alcalde de Utila, Troy Bodden, explicó: “Por año ingresan unas 5.000.000 botellas de plástico a la isla, además de las que traen las corrientes a las playas, así que tomamos la decisión de deshacernos de este plástico, triturándolo y utilizándolo en la mezcla de concreto para asfaltar nuestras calles”.

Conocida por sus arrecifes de coral, sus numerosas zonas de buceo y su impresionante vida nocturna, Utila fue elegida por la ONU en 2017 como la mejor isla del Caribe para bucear.

Tomando como base una idea que se desarrolló por primera vez en la India, en Utila se puso en práctica el denominado concepto de “calles de plástico”, que es más sostenible, duradero y barato que el convencional. Esa experiencia y un video de calles de Canadá hechas a base de ese material, que le mostró un turista, inspiraron al alcalde Bodden.

Una fórmula certificada

Según Bodden, la fórmula está compuesta por un 28% de plástico triturado, como materia prima de construcción, lo que supone un ahorro en cemento.

El proyecto piloto, plasmado en la primera calle de 180 metros, ubicada en el centro de la isla y que se bautizó como Holland (Holanda), costó 2.000.000 de lempiras (unos 48.000 dólares). Y luego continuó con la calle Lozano, que mide 390 metros de longitud.

En la pavimentación se utilizaron unas 150.000 botellas de gaseosas, convertidas en unos 4000 kilos de plástico triturado que antes pasaron por un proceso de mezcla con cemento y arena en un laboratorio de la ciudad de San Pedro Sula, al norte de Honduras, para comprobar su resistencia al peso y al clima.

Bodden explicó que la fórmula está certificada y tiene la misma consistencia del asfalto regular. “Estamos estudiando la durabilidad del mismo para implementarla en otros proyectos como adoquines”, dijo.

Además, sumó otros proyectos a la lucha contra la contaminación: una ordenanza municipal que prohíbe utilizar bolsas y sorbetes de plástico; y jornadas de limpieza masiva de playas y arrecifes, en las que participan la población y los centros de buceo de la isla.

“Esto es tan sólo una muestra de la creatividad que tenemos los hondureños. Ahora el plástico que se genera en la isla es triturado y se utiliza en el pavimento y funciona muy bien, no se raja ni se daña. Con esas iniciativas conservamos los recursos naturales y el futuro de nuestra isla”, manifestó el biólogo Fernando Argüello.

La materia prima se recoge de las playas y del centro de reciclaje, se tritura para formar bolas y se lleva a la obra en enormes bolsas negras.

El plástico no es difícil de conseguir: lamentablemente, a la isla llegan enormes cantidades de desechos de 13 municipios, que son transportados por el río Motagua, que nace en Guatemala y desemboca en el Atlántico.

Estos desperdicios flotantes, que fueron captados por el lente de la fotógrafa británica Caroline Power en 2017, fueron el último empujón que llevó al alcalde Bodden y a su equipo a iniciar el proyecto de reciclaje.

Con 11 kilómetros de longitud y unos 6.500 habitantes, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), la isla no tiene tantas carreteras para asfaltar, pero sí puede ahorrar dinero reutilizando todo el plástico posible o transformándolo en bloques de hormigón, que pueden convertirse en producto de exportación.

“Utila es una isla increíble, yo soy hondureño y la primera vez que la vi, fue amor a primera vista. Eso que están haciendo sus pobladores para evitar que las botellas de plástico ensucien sus aguas turquesas y acaben con su fauna es algo digno de aplaudir”, dijo Eduardo Elvir, un fotógrafo que hacía turismo en la ciudad.

Para él, se trata de una opción viable, porque debido al turismo y al clima de la zona hay bastantes desechos. “Los lugareños encontraron una manera creativa para deshacerse de ellos”, concluyó.

La isla no tiene tantas calles para asfaltar, pero la meta de las autoridades es aprovechar el material reciclable para hacer bloques de hormigón

La isla no tiene tantas calles para asfaltar, pero la meta de las autoridades es aprovechar el material reciclable para hacer bloques de hormigón Crédito: Marvin Salgado

Las botellas, que son la materia prima para elaborar el concreto, se trituran para formar bolas y se lleva a la obra en enormes bolsas negras

Las botellas, que son la materia prima para elaborar el concreto, se trituran para formar bolas y se lleva a la obra en enormes bolsas negras Crédito: Marvin Salgado

Los atardeceres, que marca el inicio de la vida nocturna, son un impresionante espectáculo que nadie quiere perderse

Los atardeceres, que marca el inicio de la vida nocturna, son un impresionante espectáculo que nadie quiere perderse Crédito: Marvin Salgado

Esta es la calle Holland, la primera que se construyó con la mezcla de concreto y botellas de plástico molidas

Esta es la calle Holland, la primera que se construyó con la mezcla de concreto y botellas de plástico molidas Crédito: Marvin Salgado

Al menos 2,3 millones de turistas llegan cada año a Utila

Al menos 2,3 millones de turistas llegan cada año a Utila Crédito: Marvin Salgado

 

Por: Glenda Estrada (La autora es periodista de El Heraldo (Honduras). Este artículo se publica como parte de Earth Beats, una iniciativa internacional y colaborativa que reúne a 18 medios de comunicación de todo el mundo para centrarse en soluciones a los desechos y la contaminación.)

Tomado de: https://www.lanacion.com.ar/comunidad/la-paradisiaca-isla-delfines-le-ganaron-al-nid2239336