La PFA rescató en Buenos Aires documentos peruanos del siglo XIX del mercado ilegal

En el marco de un procedimiento impulsado por el Ministerio de Seguridad Nacional contra el tráfico ilícito de bienes culturales, efectivos de la Dirección General de Cooperación Internacional de la Policía Federal Argentina (PFA) recuperaron una serie de manuscritos históricos originales pertenecientes a los pueblos peruanos de Huacho y Pativilca, fechados en el siglo XIX, los cuales fueron analizados mediante un innovador sistema de peritaje remoto realizado por especialistas de la República del Perú y de la Argentina.

La causa se inició en 2024, a partir de una alerta emitida por el Ministerio de Cultura del Perú, que advertía que esos archivos habrían sido adquiridos de manera ilícita y podrían encontrarse en territorio argentino.

Durante 2025, personal del Departamento Protección del Patrimonio Cultural, dependiente de INTERPOL-Argentina, desarrolló distintas tareas de campo que permitieron identificar a un sospechoso con antecedentes vinculados a la comercialización de piezas históricas, quien tendría relación con el material buscado.

A partir de seguimientos y tareas de inteligencia, los efectivos detectaron un local comercial ubicado en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, frecuentado por el implicado, donde presumiblemente se encontrarían las piezas.

Con las pruebas reunidas, el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal N° 4, a cargo del Dr. Ariel Oscar Lijo, Secretaría del Dr. Diego F. Arce, ordenó el allanamiento del inmueble. Como resultado del procedimiento, los federales incautaron 19 documentos históricos pertenecientes a los pueblos de Huacho y Pativilca.

Una vez recuperado el material y retirado del circuito ilegal, en febrero del corriente año se realizó la primera pericia técnica internacional bajo modalidad remota sincrónica entre Buenos Aires (Argentina) y Lima (Perú).

El análisis técnico en tiempo real fue supervisado por especialistas argentinos de la Dirección de Recuperaciones (DRE) y por expertos del Archivo General de la Nación del Perú (URDPD), contando además con la presencia del consejero de la Embajada del Perú en la Argentina.

Durante el examen, los profesionales certificaron la autenticidad y originalidad del material histórico mediante el análisis de filigranas, sellos de agua, estampillas y firmas, determinando que los documentos fueron emitidos entre 1866 y 1868 por organismos públicos pertenecientes al patrimonio documental del Estado peruano.

De esta manera, se corroboró que dichas piezas habrían salido del país andino de forma ilegítima, ya que su comercialización se encuentra expresamente prohibida por la normativa vigente.

Las diligencias fueron coordinadas desde la sede del Departamento Protección del Patrimonio Cultural de la Dirección General de Cooperación Internacional de la PFA, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde actualmente las piezas permanecen bajo resguardo judicial.

Los elementos incautados quedaron a disposición del magistrado interviniente en el marco de la causa por “Venta de documentos históricos”.

La tecnología con la que la UNAM descubre ciudades enterradas sin excavar en México

Como si cambiara el látigo por un radar y el sombrero por un casco de campo bajo 45 grados de temperatura, un arqueómetra de la UNAM se parece menos a Indiana Jones y más a un médico frente a una tomografía. No salta sobre trampas imposibles: mira bajo el suelo sin alterarlo, traduce datos numéricos invisibles en historias humanas y decide, con precisión científica, dónde excavar y dónde no tocar.

Es el trabajo Luis Alberto Barba Pingarrón, responsable del Laboratorio de Prospección Arqueológica del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, un espacio pionero en México que desde 1983 “ve” lo que está enterrado antes de excavar.

Un laboratorio que hace “imagenología” del pasado

El laboratorio funciona como una sala de imagenología arqueológica. Así como la medicina utiliza radiografías, tomografías o resonancias para tomar decisiones informadas sobre una cirugía, la prospección arqueológica emplea herramientas de la física y la química para visualizar el subsuelo sin destruirlo.

Primero, imágenes aéreas y satelitales permiten una aproximación general. Después, tecnologías como el registro topográfico y el LIDAR documentan la superficie. Finalmente, entran en acción tres técnicas geofísicas clave:

  • Magnetometría, para detectar materiales con propiedades magnéticas, como piedras volcánicas.
  • Técnicas eléctricas, que revelan obstáculos en el terreno al paso de la corriente.
  • Radar de penetración terrestre (GPR), que no solo identifica lo que hay debajo, sino también determina la profundidad.

Cuando se requiere mayor detalle, el personal toma muestras del suelo para analizar residuos químicos capaces de revelar actividades humanas antiguas: hornos de cal, talleres de cerámica y metalurgia o espacios de preparación de alimentos que dejan huellas químicas que sobreviven siglos.

En más de cuatro décadas de trabajo, el laboratorio ha estudiado más de 250 sitios arqueológicos en México y una docena más en Europa, Asia, Medio Oriente y Sudamérica.

En 2014, el equipo mexicano trabajó en uno de los edificios más emblemáticos del mundo: Santa Sofía, en Estambul, Turquía. En colaboración con la Universidad de Calabria y con apoyo del Ministerio de Relaciones Exteriores de Italia, realizaron un diagnóstico integral del edificio. Mientras otros especialistas reconstruían digitalmente la estructura y analizaban materiales arquitectónicos, el equipo de la UNAM estudió lo que se encontraba bajo el piso de la nave central.

El radar permitió detectar restos de una estructura anterior enterrada bajo la catedral —hoy mezquita—, cuya historia se remonta al siglo III o IV y que atravesó múltiples transformaciones religiosas y políticas desde su origen en el Imperio Romano de Oriente.

“Fue un privilegio poder estudiar el subsuelo de un edificio tan impresionante”, recuerda Barba Pingarrón. Los resultados derivaron en una propuesta metodológica para el diagnóstico de edificios históricos en pie y en la publicación de un libro especializado.

Ciudades bíblicas, tsunamis y asentamientos árabes

Antes de que la región se volviera escenario de conflictos, el laboratorio trabajó en Magdala, a orillas del lago de Galilea, en Israel, donde con técnicas geofísicas identificaron restos de una ciudad mencionada en relatos bíblicos. Excavaciones posteriores confirmaron habitaciones, baños rituales, mercados y sinagogas.

En Penco, al sur de Chile, el radar permitió localizar vestigios de una ciudad sepultada por un tsunami en el siglo XVIII y reconstruida años después. En Chiclana de la Frontera, Cádiz, España, identificaron bajo campos de trigo los restos de un antiguo asentamiento árabe con murallas, casas y hornos.

El calor olmeca y el aprendizaje de los datos

En México, el equipo ha trabajado en sitios emblemáticos del área olmeca, como La Venta, San Lorenzo Tenochtitlan y Cerro de las Mesas, bajo temperaturas que alcanzan los 45 grados y humedades extremas.

En el Zapotal, Veracruz, jornadas que comenzaban a las 5:30 de la mañana fueron necesarias para evitar golpes de calor. Ahí, mediante magnetometría, detectaron prismas basálticos acomodados de tal forma que formaban cámaras funerarias. Sin embargo, el propio investigador reconoce que en sus primeras etapas no siempre era posible interpretar correctamente las señales.

“La experiencia te enseña a leer los datos”, explica. Décadas después, aquellas anomalías magnéticas incomprensibles se han vuelto patrones reconocibles.

Una historia pionera

El laboratorio comenzó formalmente en 1983, cuando apenas contaba con un magnetómetro y algunas pruebas químicas. Ese mismo año llegó la primera computadora y se construyó un laboratorio móvil para trasladar los equipos al campo.

Con el tiempo se integraron al laboratorio especialistas como Agustín Ortiz, en el área química, y Jorge Blancas, en geofísica, así consolidaron un equipo interdisciplinario que ha colocado a la UNAM en el mapa internacional de la prospección arqueológica.

No han faltado obstáculos: aduanas que confunden equipos científicos con armas, cables extraviados en expediciones internacionales, garrapatas en potreros de Veracruz o temperaturas extremas en Tabasco o Yucatán. Pero el saldo, dice Barba Pingarrón, ha sido muy positivo.

El futuro bajo tierra

Tras más de 49 años de trayectoria, el investigador reconoce que el reto ahora es doble: renovar el equipamiento —costoso y generalmente importado— y formar nuevas generaciones.

Quienes deseen integrarse pueden hacerlo desde la arqueología, especializándose en técnicas geofísicas y químicas, o desde áreas como geofísica, geología, ingeniería o química, con interés en el pasado.

Porque si bien la imagen romántica del arqueólogo sigue ligada a la aventura cinematográfica como Indiana Jones, la verdadera exploración hoy ocurre en pantallas llenas de datos, gráficos y mapas de restos enterrados invisibles al ojo humano.

Y aunque Luis Alberto Barba Pingarrón admite que no es bueno con el látigo, su laboratorio demuestra que, en el siglo XXI, la arqueología convive con la arqueometría y las ciencias en un diálogo permanente.

Valle de Gigantes fue declarado como primer geositio de La Paz y Latinoamérica

El espacio se encuentra entre los límites de los macrodistritos Sur y Hampaturi. El espacio natural que se caracteriza por formaciones geológicas únicas y su riqueza ambiental.

El Concejal Javier Escalier consiguió la aprobación de la Ley Municipal Autonómica que declara al Valle de Gigantes como el primer geositio del municipio y establece la creación oficial de la Ruta Geológica – Geoturística del sector, una iniciativa impulsada desde la Comisión de Desarrollo Humano y Culturas.

 Escalier destacó que la aprobación de esta norma representa un paso importante para la protección del patrimonio natural y paisajístico de la ciudad, además de consolidar un nuevo destino turístico para La Paz.

“Con esta ley estamos protegiendo uno de los paisajes más impresionantes que tiene nuestro municipio. El Valle de Gigantes no solo tiene un enorme valor geológico, sino también cultural y turístico, y hoy damos un paso fundamental para su preservación”, afirmó la autoridad edil.

El Valle de Gigantes se encuentra ubicado entre los límites del Distrito Urbano Nº 18 del macrodistrito Sur y el Distrito Rural Nº 22 de Hampaturi, dentro del área de las Serranías de Aruntaya, un espacio natural que se caracteriza por sus formaciones geológicas únicas y su riqueza ambiental.

Escalier explicó que la normativa permitirá impulsar políticas de protección, promoción y conservación del sector, evitando el avasallamiento y el loteamiento que amenazan a este importante espacio natural.

“Esta ley permitirá preservar el área, impulsar el geoturismo y generar oportunidades de desarrollo para las comunidades cercanas. Queremos que el Valle de Gigantes sea reconocido como un patrimonio de todos los paceños”, señaló.

La norma también establece que el ejecutivo municipal deberá implementar acciones de promoción turística, adecuación de senderos, señalización y generación de alianzas con instituciones públicas y privadas para fortalecer la Ruta Geológica – Geoturística.

Asimismo, la ley prevé la asignación de recursos económicos para la implementación del proyecto y la presentación de informes periódicos al Concejo Municipal sobre las acciones desarrolladas para su cumplimiento.

Finalmente, el Concejal Escalier resaltó que la declaratoria de geositio permitirá posicionar al Valle de Gigantes como un referente turístico y científico, con la proyección de incorporarlo en el registro de la Red Latinoamericana de Geoparques vinculada a la UNESCO.

“Estamos sentando las bases para que La Paz cuente con el primer geositio de Bolivia, un espacio que combine conservación, educación y turismo sostenible para beneficio de toda la ciudad”, concluyó.

Campaña en las calles de Santiago de Chile invita a combatir el tráfico ilícito de bienes culturales

La iniciativa busca sensibilizar a la ciudadanía a través de espacios públicos e invita a conocer el Museo Virtual de Objetos Culturales Robados de la UNESCO, que exhibe piezas patrimoniales robadas y desaparecidas de distintas partes del mundo, así como relatos y testimonios de comunidades locales afectadas por su pérdida.

La UNESCO lanzó en Santiago de Chile la campaña “Protejamos nuestro patrimonio común”, una iniciativa desarrollada junto a la empresa de publicidad urbana JCDecaux y el Servicio Nacional del Patrimonio Cultural de Chile, con el objetivo de sensibilizar a la ciudadanía sobre la urgencia de combatir el tráfico ilícito de bienes culturales y fortalecer la conciencia pública sobre la importancia de proteger el patrimonio cultural.

La campaña se despliega en distintos puntos de la vía pública de Santiago, donde piezas informativas instaladas en paraderos y soportes urbanos buscan acercar este mensaje a miles de personas que circulan diariamente por la ciudad. A través de estas intervenciones, la iniciativa busca recordar que el tráfico ilícito de bienes culturales es una problemática global que afecta la memoria, la identidad y la historia de los pueblos.

“Cada objeto patrimonial cuenta una historia y forma parte de la memoria colectiva de las sociedades. Cuando un bien cultural es saqueado o traficado, no solo se pierde una pieza material, también se pierde parte de la historia y de la identidad de una comunidad. Por eso es fundamental fortalecer la conciencia pública sobre la importancia de proteger nuestro patrimonio cultural”, señaló Esther Kuisch Laroche. directora de la Oficina regional de la UNESCO En Santiago.

La iniciativa se enmarca en la Convención de 1970 de la UNESCO sobre las Medidas que Deben Adoptarse para Prohibir e Impedir la Importación, la Exportación y la Transferencia de Propiedad Ilícitas de Bienes Culturales, el principal instrumento internacional que establece el marco jurídico para prevenir y combatir el comercio ilegal de bienes culturales. Este tratado ratificado por 149 países promueve la cooperación internacional, el fortalecimiento de las legislaciones nacionales, la restitución de objetos patrimoniales y la sensibilización de la ciudadanía como elementos clave para enfrentar este fenómeno. Chile forma parte de esta Convención desde 2014.

Diversos robos de bienes culturales notificados por el Estado de Chile a la UNESCO en los últimos años evidencian la vulnerabilidad del patrimonio y la necesidad de fortalecer la sensibilización ciudadana frente al tráfico ilícito. Entre los casos recientes destaca el robo, en enero de 2026, de cinco objetos litúrgicos de plata del siglo XVIII —entre ellos candelabros y un relicario— sustraídos de la Catedral Metropolitana de Santiago, piezas de alto valor histórico y religioso elaboradas por artesanos jesuitas y locales. A ello se suman otros casos notificados previamente, como el robo en junio de 2022 de más de 80 objetos de oro precolombinos del Museo Andino en Buin; la sustracción en 2017 de 14 contenedores con cajas de fósiles de ballena; y el robo en 2016 de una espada del Museo Histórico Nacional en Santiago. Estos episodios ilustran cómo el tráfico ilícito puede afectar museos, sitios religiosos y colecciones científicas, poniendo en riesgo la memoria colectiva y subrayando la importancia de que la ciudadanía reconozca el valor del patrimonio cultural y contribuya activamente a su protección.

Museo Virtual UNESCO de Objetos Culturales Robados

Como complemento a esta campaña, la UNESCO invita a la ciudadanía a conocer el Museo Virtual UNESCO de Objetos Culturales Robados, una plataforma digital que reúne piezas culturales que han sido saqueadas, robadas o traficadas ilegalmente en distintos lugares del mundo. Este museo virtual permite dimensionar el impacto del tráfico ilícito y recordar que detrás de cada objeto perdido existe una historia y una comunidad que ve afectado su patrimonio cultural.

Con esta iniciativa, la UNESCO hace un llamado a la ciudadanía a informarse, denunciar y rechazar cualquier práctica vinculada al tráfico ilícito de bienes culturales, reafirmando que la protección del patrimonio cultural es una responsabilidad colectiva y un compromiso con las generaciones presentes y futuras.

Gobierno de México toma posesión de predio expropiado en la Zona de Monumentos Arqueológicos de Toniná

Ubicado en Ocosingo, Chiapas, el lugar es relevante en la historia de la cultura maya

La presidenta de MéxicoClaudia Sheinbaum Pardo, firmó un decreto que autoriza la expropiación de más de 9 hectáreas en la Zona de Monumentos Arqueológicos de Toniná, Chiapas, para transferirlas al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

La medida busca garantizar el resguardo, conservación y estudio de uno de los principales sitios mayas del país.

Toniná se localiza en el municipio de Ocosingo, en el estado de Chiapas. El sitio destaca por su arquitectura monumental y su relevancia en la historia de la civilización maya.

Según información del Instituto Nacional de Antropología e Historia, el nombre Toniná tiene origen en la lengua tzeltal y significa “La casa de piedra” o “Lugar donde se levantan esculturas en piedra en honor del tiempo”. Durante la época prehispánica, la ciudad era conocida como Po o Popo, nombres que aparecen en inscripciones jeroglíficas halladas en el sitio.

Toniná tuvo enfrentamientos con otras ciudades mayas como Palenque, Calakmul y Copán

El desarrollo de Toniná comenzó al menos en el siglo I d.C., con su apogeo entre los siglos VII y IX. La ciudad alcanzó notoriedad como capital de un reino maya y se consolidó como potencia militar.

Toniná mantuvo constantes enfrentamientos con otras ciudades mayas, incluyendo Palenque, Calakmul y Copán. El sitio destaca por su acrópolis construida sobre siete plataformas superpuestas, cuya estructura piramidal supera los 75 metros de altura.

De acuerdo con registros oficiales del INAH, Toniná fue gobernada por tres dinastías reales. La primera dinastía, que data de los años 500 a 687 d.C., vinculó a sus líderes con el inframundo, mientras que la segunda, entre 688 y 840 d.C., estuvo bajo la influencia de Palenque, que logró dominar la ciudad en ciertos periodos. Toniná logró capturar y someter a gobernantes rivales, como Kan Joy Chitam II de Palenque, lo que consolidó su posición en la región.

El gobierno mexicano declaró Toniná como zona de monumentos arqueológicos el 17 de febrero de 1994

El sitio también experimentó cambios en su población y cultura hacia el año 840 d.C., cuando se identificó la presencia de grupos mayas con influencia tolteca. Estas transformaciones se reflejaron en la arquitectura y los rituales practicados en la ciudad. La ocupación de Toniná disminuyó después del siglo X, aunque el lugar continuó habitado de forma intermitente hasta la llegada de los españoles.

El gobierno mexicano declaró Toniná como zona de monumentos arqueológicos el 17 de febrero de 1994, en cumplimiento de la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos. En diciembre de 2025, el Ejecutivo recuperó más de 9 hectáreas para asegurar el acceso público y la preservación del sitio.

Según el decreto firmado por Sheinbaum, el INAH implementará un programa integral para la protección, investigación y manejo del sitio. Las nuevas disposiciones buscan no solo conservar el patrimonio arqueológico, sino también garantizar la realización de ceremonias y rituales de las comunidades originarias de la región.

Una señal de Propiedad Federal en la Zona Arqueológica de Toniná, en Chiapas (INAH)

“Esta acción asegura el patrimonio arqueológico y respalda el manejo técnico especializado del sitio”, declaró Claudia Curiel de Icaza, titular de la Secretaría de Cultura. El gobernador de ChiapasEduardo Ramírez Aguilar, respaldó la medida y calificó a Toniná como “un símbolo de la identidad y la memoria de los ancestros chiapanecos”.

Toniná es considerada una referencia fundamental para el estudio de las civilizaciones originarias del sureste mexicano. Su acrópolis, la más alta de México, representa la cosmovisión maya al integrar elementos sagrados en sus distintas plataformas. La reciente expropiación refuerza el compromiso gubernamental con la protección y difusión de este patrimonio histórico.

Cuánto cuesta entrar a la zona arqueológica de Toniná

El costo de ingreso a la zona arqueológica de Toniná para 2026 es de 86 pesos mexicanos para visitantes nacionales y 156 pesos mexicanos para turistas extranjeros. Estas tarifas corresponden a los nuevos precios anunciados para museos y zonas arqueológicas administradas por el INAH.

La zona arqueológica de Toniná abre todos los días de la semana, de 8:00 a 17:00 horas. El último acceso permitido es a las 16:00 horas.

Cómo llegar a Toniná desde CDMX

CDMX a Tuxtla Gutiérrez o San Cristóbal de las Casas

  • Avión: El método más rápido es tomar un vuelo desde CDMX a Tuxtla Gutiérrez. Varias aerolíneas ofrecen vuelos diarios.
  • Autobús: También puedes viajar en autobús directo desde la Terminal de Autobuses de Pasajeros de Oriente (TAPO) hasta Tuxtla Gutiérrez o San Cristóbal de las Casas, aunque el viaje dura entre 12 y 14 horas.

De Tuxtla Gutiérrez o San Cristóbal de las Casas a Ocosingo

  • Autobús o colectivo: Desde Tuxtla Gutiérrez o San Cristóbal de las Casas, se toma un autobús o un colectivo hacia Ocosingo, el pueblo más cercano a Toniná. El trayecto desde San Cristóbal dura aproximadamente 2 horas y desde Tuxtla, alrededor de 5 a 6 horas.

De Ocosingo a Toniná

  • Taxi o colectivo local: Una vez en Ocosingo, e puede contratar un taxi o tomar un colectivo desde el mercado local hacia la zona arqueológica de Toniná, ubicada a unos 13 a 15 kilómetros del centro. El viaje toma entre 20 y 30 minutos y la tarifa de taxi ronda los 100 a 200 pesos mexicanos.

Las seis ofrendas que iluminan el legado de Moctezuma Ilhuicamina, México

Los investigadores del Proyecto Templo Mayor rescatan seis cajas de piedra con decenas de estatuas de piedra verde, vestigios de las conquistas del rey azteca

El Templo Mayor de Tenochtitlan, en el corazón de la actual Ciudad de México, sigue dando sorpresas al mundo contemporáneo, ajeno a algoritmos y pantallas, a su tiempo, sin prisas. Esta semana, el director del proyecto arqueológico que trabaja en su rescate y conservación, Leonardo López Luján, presentaba junto a su equipo los últimos hallazgos de las excavaciones, un conjunto de seis ofrendas con decenas de estatuas de piedra verde, consagradas a la gloria de uno de los grandes reyes mexica, el tlatoani guerrero Moctezuma Ilhuicamina, protagonista de la expansión imperial azteca en la segunda mitad del siglo XV.

Núcleo ceremonial del pueblo mexica, que dominó buena parte de lo que hoy es el centro y el sur de México, entre principios de los siglos XIV y XVI, el Templo Mayor no ha dejado de alegrar a la arqueología mundial desde su redescubrimiento, hace ahora 48 años. Caído en desgracia durante la conquista –sus piedras usadas para construir la catedral metropolitana– los restos de la pirámide emergieron siglos después, en medio de una ciudad que aceleraba hacia la modernidad. Mientras los carros se apoderaban de calles y avenidas, los arqueólogos tomaban sus herramientas de dentista para arrancarle a la tierra vestigios del pasado.

Arqueólogos y expertos de la Secretaría de Cultura, descubren una ofrenda de consagración de la época de Moctezuma Ilhuicamina, en el Templo Mayor.INAH

Sede de dos templos dedicados a las deidades principales de los aztecas, Tlaloc y Huitzilopochtli, la gran pirámide, que llegó a medir alrededor de 40 metros, y el resto de edificios rescatados, han permitido a los investigadores vislumbrar el funcionamiento de la realeza mexica, sus ritos y preocupaciones. Las nuevas ofrendas, descubiertas en los últimos tres años, iluminan el legado del primer Moctezuma –el otro, Xocoyotzin, sería el que conocería a Hernán Cortés, medio siglo después. Halladas en los cuatro costados del viejo templo, bajo enormes cabezas de serpiente hechas de basalto, las ofrendas consagraron la expansión del mismo templo, que los aztecas ampliaban añadiendo capas de tezontle, estuco y otras piedras.

“Motecuhzoma I fue nieto de Acamapichtli, fundador de la dinastía real de Tenochtitlan, y también sobrino de Itzcóatl, soberano que independizó a los mexicas del imperio tepaneca y que creó la última de las triples alianzas con Texcoco y Tlacopan, también conocida como imperio mexica”, explica López Luján, en entrevista con EL PAÍS. “A Motecuhzoma I le tocó organizar el estado mexica y emprender las primeras guerras de conquista más allá de las montañas que rodean la cuenca de México. Llevó por primera vez las fronteras del imperio hasta las costas del Golfo de México. Igualmente, agrandó los dominios hacia el sur, a buena parte de los actuales estados de Guerrero y Oaxaca”, añade el arqueólogo.

El hallazgo consiste en un cofre de piedra con 15 esculturas antropomorfas y numerosas cuentas de piedra verde, caracoles, conchas y corales marinos.INAH

En esas campañas por el sur, del lado de Guerrero, los mexica hallaron las estatuas que han aparecido en este grupo de ofrendas, las últimas de las más de 200 rescatadas desde el inicio de los trabajos arqueológicos, en 1978. De las seis, las últimas dos han aparecido en los últimos meses. Las estatuas de las ofrendas son de estilo Mezcala, en referencia al nombre del señorío que funcionó en el norte de Guerrero, Morelos y el Estado de México, hasta el siglo IX. “Estos señoríos del norte de Guerrero eran ricos en minerales (ocre, alumbre) y textiles de algodón, exclusivos de la nobleza, por eso los codiciaba Motecuhzoma y por eso los conquistó”, sigue López Luján.

Hallan nuevo esqueleto de hace más de 8.000 años en cenotes del Caribe mexicano

Un nuevo esqueleto prehistórico ha sido localizado en el intrincado sistema de kilómetros de cuevas, ríos subterráneos o cenotes que recorren el subsuelo de la costa del Caribe mexicano y se inundaron hacia el final de la última glaciación, hace 8.000 años, anunció el arqueólogo subacuático Octavio del Río, que trabaja en colaboración con el Instituto Nacional de Arqueología e Historia (INAH) de México.

El milenario fósil se une a otros diez ubicados en la misma zona en las últimas tres décadas, todos entre los destinos turísticos de Tulum y Playa del Carmen, y entre los que se encuentran algunos de los restos humanos considerados de los más antiguos de América, con más de 13.000 años.

Del Río explicó esta semana a The Associated Press que la osamenta fue localizada por exploradores submarinistas en el interior de una cueva inundada situada a ocho metros de profundidad y tras recorrer 200 metros por la cavidad. Los arqueólogos la recuperaron a finales de 2025.

Ahora está bajo análisis, pero “por la distancia en la que está y la profundidad… no pudo haber llegado ahí en otro momento más que cuando esta cueva estaba seca, hace, al menos, unos 8000 años”, aseguró. En la actualidad, solo buceadores expertos y con equipo especializado pueden acceder y trabajar en esos lugares.

La forma en la que se encontró el esqueleto fosilizado, en una zona estrecha a un lado de una cámara interior y sobre una duna de sedimentos, “sugiere que se trata de un depósito funerario en el cual el cuerpo fue colocado deliberadamente, posiblemente asociado a una práctica ritual”, agregó Del Río.

Una pieza más del rompecabezas prehistórico

Del Río recordó que ver el fósil número 11 “acelera el corazón de todo investigador sobre todo después de ya casi tres décadas de estar investigando”, aunque quizás nada comparable con el grito que dio en 2002 con el primer hallazgo.

“Debajo del agua también se puede gritar”, explicó sonriente. “Salieron burbujas por todos lados”.

Tanto entonces como ahora la imaginación empezó a correr. “Te proyectas a ese momento (de la prehistoria), empiezas a dibujar la cueva… empiezas a pensar cómo es que llegó ahí (esa persona), cómo es que caminó, cómo es que está depositada, en qué posición y tratar de interpretar el contexto”.

Para Luis Alberto Martos, director de estudios arqueológicos del INAH y también arqueólogo subacuático, el más reciente hallazgo ayudará a comprender cómo estas poblaciones llegaron hasta la península de Yucatán, que era una planicie con acantilados y no selva y playa como ahora, “cómo interactuaron con el medio o utilizaron las cuevas para distintas funciones”.

Además de los fósiles humanos, a lo largo de estos años se han encontrado en los cenotes restos prehistóricos de perezosos gigantes, pumas, un tigre de diente de sable y osos, entre otros animales.

Datos de ADN de restos humanos previos afianzan cada vez más la idea de que algunos pobladores llegaron desde Asia por lo que hoy es el Estrecho de Bering y luego descendiendo por la costa pacífica norteamericana, aunque también se apunta a que pudo haber otra ruta desde Sudamérica.

“Se está armando un poco más amplio este rompecabezas de lo que fue la prehistoria en Yucatán”, afirmó Martos.

Hacia la designación de área protegida

Los cientos de kilómetros de ríos subterráneos quedaron duramente deteriorados en años recientes con la construcción del polémico Tren Maya, uno de los megaproyectos estrella del expresidente Andrés Manuel López Obrador (2018-2024), daños ambientales que la presente administración ha reconocido e intenta paliar ahora.

Del Río, que fue uno de los grandes críticos del proyecto ferroviario turístico, aseguró que ahora las autoridades mexicanas tienen otra disposición y trabajan para designar toda esa zona de cenotes y ríos submarinos como área nacional protegida.

La Secretaría de Medio Ambiente confirmó en un breve mensaje a la AP que el objetivo es lograr esta declaración en 2026.

Movimientos ecologistas llevan años intentando preservar los cenotes, ecosistemas muy vulnerables que se han visto afectados por la urbanización, la deforestación y el sobrecalentamiento de la plancha calcárea y el agua del subsuelo.

Más allá de su importancia natural, Martos explicó que el INAH ha presentado toda una argumentación para que también se declare esta zona patrimonio cultural protegido porque los cenotes son lugares simbólicos, no sólo “ventanas arqueológicas” hacia la prehistoria, sino “ventanas históricas” a un pasado más reciente: restos de los rituales y sacrificios de los tiempos prehispánicos o incluso fusiles y un cañón de las guerras del siglo XIX.

Y los buzos exploradores apasionados con estas cavernas inundadas siguen encontrando fósiles, afirman los investigadores, aunque los arqueólogos todavía no han podido empezar a recuperarlos.

Gobierno exige suspender subasta con piezas del patrimonio mexicano

La secretaria mexicana de Cultura, Claudia Curiel, exigió la suspensión de la subasta presencial “Les Empires de Lumière”, programada para hoy en Francia, tras identificarse 40 piezas arqueológicas propiedad del país latinoamericano.

En una carta dirigida a la Casa Millon, la titular apeló “a la ética y respeto por el patrimonio cultural” e hizo “un llamado a detener el ofrecimiento y venta de dichas piezas, en consideración de que representan un legado invaluable de las culturas ancestrales y de la historia nacional”.

Se trata, subrayó en nombre del Gobierno de México, de “vestigios que integran el patrimonio histórico y cultural de nuestro país y que constituyen la memoria de los pueblos originarios”.

De acuerdo con la misiva, el Instituto Nacional de Antropología e Historia realizó un dictamen en materia de arqueología a partir del catálogo de la subasta y determinó que 40 de los objetos anunciados constituyen bienes arqueológicos e históricos que forman parte del patrimonio cultural del país.

Esos bienes “son propiedad de la nación, inalienables e imprescriptibles, y su exportación está prohibida desde 1827, por lo que su presencia fuera del territorio nacional deriva de una extracción ilícita”, señaló.

Informó sobre el inicio de los procedimientos jurisdiccionales ante las autoridades pertinentes con relación a la venta en cuestión, con el interés de que las piezas sean repatriadas a este territorio por los canales diplomáticos y legales oficiales.

Curiel expresó su “rotunda desaprobación y rechazo a la venta de piezas que forman parte del patrimonio cultural” de este país.

“México reafirma su compromiso con la protección del patrimonio cultural y la lucha contra el tráfico ilícito de bienes culturales, en cumplimiento de la legislación nacional y de los tratados internacionales en la materia”, recalca la misiva.

En ese sentido, exhorta a la casa de subastas con sede en París a “reflexionar sobre los códigos éticos y morales que deben regir la comercialización de bienes culturales expoliados, práctica que contribuye al despojo cultural y atenta contra la memoria de los pueblos”.

Unas espirales talladas en piedra están obligando a repensar quiénes fueron los primeros pobladores del oriente venezolano

En lo alto de una colina del estado Monagas, un conjunto de petroglifos con motivos en espiral podría tener hasta 8.000 años de antigüedad. El hallazgo no solo amplía el mapa del arte rupestre en Venezuela, sino que reabre el debate sobre cuándo y cómo se asentaron los primeros grupos humanos en esta región de Sudamérica.

© National Land Institute of Venezuela.

Hay lugares que parecen silenciosos hasta que alguien se detiene a mirarlos con más atención. En las montañas del noreste de Venezuela, una roca cubierta de espirales grabadas llevaba miles de años expuesta al viento y la lluvia, integrada al paisaje como una pieza más del entorno. Nadie sospechaba que esas marcas podían convertirse en una de las pistas más sugerentes sobre los primeros pobladores de la región. Ahora, ese panel de piedra vuelve a poner a Monagas en el centro de una conversación que atraviesa a toda la arqueología sudamericana.

Un hallazgo en altura que cambia la mirada sobre el territorio

El sitio se encuentra en Quebrada Seca, una zona elevada del municipio de Cedeño. Desde allí, el paisaje se abre en colinas, cursos de agua y corredores naturales que, hace milenios, habrían sido rutas de tránsito para grupos humanos en movimiento. La localización no parece casual: muchos petroglifos de América del Sur se concentran en puntos con buena visibilidad del entorno, cerca de recursos hídricos o en pasos naturales entre valles.

Los grabados recién documentados presentan motivos circulares y espirales, tallados con una técnica de picado y abrasión coherente con herramientas líticas precerámicas. Las estimaciones preliminares sitúan su antigüedad en un rango amplio, entre 4.000 y 8.000 años, lo que los colocaría entre las manifestaciones simbólicas más antiguas conocidas del oriente venezolano.

La espiral como símbolo: cuando la piedra habla sin palabras

Las espirales son uno de esos motivos que aparecen una y otra vez en el arte rupestre del mundo. No sabemos con certeza qué significaban para quienes las tallaron, pero su recurrencia sugiere que no eran simples adornos. En muchas culturas prehistóricas, estos motivos se asocian a ideas de ciclo, tránsito, agua, vida o territorialidad. En contextos sin escritura, la roca funcionaba como una memoria colectiva: marcar un punto del paisaje era una forma de fijar un significado en el espacio.

Que estos grabados aparezcan en un enclave elevado refuerza la hipótesis de que el lugar tenía un valor más allá de lo utilitario. Podía ser un punto de referencia para desplazamientos, un espacio ritual o un sitio donde se concentraban prácticas simbólicas compartidas por un grupo.

Un rompecabezas más amplio: Monagas y la red invisible de la prehistoria

El hallazgo no surge en el vacío. Monagas ya contaba con otros conjuntos de petroglifos que, juntos, empiezan a dibujar una red de sitios con coherencia espacial y simbólica. Esta acumulación de evidencias sugiere que el noreste de Venezuela no fue un territorio marginal en la prehistoria sudamericana, sino un espacio con densidad cultural, recorridos definidos y una tradición simbólica propia.

Si la antigüedad máxima propuesta para Quebrada Seca se confirma, la región se integraría de lleno en el debate continental sobre los primeros desarrollos simbólicos tras la llegada de los humanos a Sudamérica. Es una pieza que obliga a replantear cronologías y a matizar la idea de que los grandes focos culturales tempranos se concentraron exclusivamente en los Andes o en áreas amazónicas más conocidas.

Entre la ciencia y la exposición pública: proteger sin borrar

Como suele ocurrir con los hallazgos arqueológicos visibles, aparece una tensión inevitable entre el interés científico y el potencial turístico. Documentar, proteger y estudiar estos petroglifos es una prioridad si se quiere evitar que la exposición al público termine degradando lo que ha sobrevivido miles de años. La experiencia en otros países muestra que el arte rupestre es especialmente vulnerable al vandalismo y a la erosión acelerada por el contacto humano.

Antes de pensar en rutas de visita o señalizaciones, el desafío es técnico: registrar el sitio con herramientas modernas, desde escaneos en 3D hasta levantamientos fotogramétricos, que permitan conservar la información incluso si la superficie de la roca sufre daños en el futuro.

Escuchar a la piedra, con tiempo y cuidado

Los petroglifos de Quebrada Seca no traen nombres propios ni fechas exactas. No cuentan una historia lineal. Lo que hacen es más sutil: insinúan que, en estas montañas hoy tranquilas, hubo comunidades que pensaron el territorio, lo marcaron y le dieron sentido simbólico. Cada espiral es una pregunta tallada en piedra, un gesto que atravesó milenios para llegar hasta nosotros.

Mirar estos grabados es, en cierto modo, aceptar que el paisaje no es solo un fondo natural, sino un archivo de memoria humana. Un archivo incompleto, frágil y silencioso, que solo empieza a hablar cuando la ciencia se detiene a escucharlo.

Guatemala conmemora el Día del Patrimonio Cultural

Cada 26 de febrero se conmemora el Día del Patrimonio Cultural de Guatemala, una fecha dedicada a valorar, promover, proteger y difundir el patrimonio cultural de la nación. Esta conmemoración fue establecida mediante el Acuerdo Gubernativo No. 86-98.

Fue en 1848, cuando, durante una visita oficial a la ciudad maya de Tikal, se decidió dedicar este día a reconocer todas las expresiones materiales e inmateriales que conforman la identidad cultural del país.

El patrimonio cultural se divide en dos tipos: tangible e intangible. Ambos están integrados por elementos arqueológicos, artísticos e históricos en sus distintas manifestaciones, que reflejan la herencia de nuestros antepasados y permiten comprender, desde diversos ámbitos, el legado de Guatemala.

Patrimonio Cultural Tangible

El Patrimonio Cultural Tangible comprende los bienes físicos, muebles e inmuebles, que poseen un valor histórico, artístico, científico o arqueológico. Incluye monumentos, edificaciones, obras de arte y objetos arqueológicos.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) define los bienes culturales tangibles como “inestimables e irremplazables”, ya que representan un testimonio histórico y simbólico para los habitantes de una comunidad.

Entre los ejemplos más emblemáticos destacan el Parque Nacional Tikal, La Antigua Guatemala, el Parque Arqueológico Quiriguá, el Parque Arqueológico Nacional Tak’alik Ab’aj y la Silla de Atanasio Tzul, entre otros.

Patrimonio Cultural Intangible

Por su parte, el Patrimonio Cultural Intangible se refiere a las tradiciones, costumbres, conocimientos y expresiones que forman parte viva de las comunidades, como la tradición oral, musical, medicinal, culinaria, artesanal, religiosa, de danza y teatro.

Según la UNESCO, se trata de los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas que las comunidades, los grupos y, en algunos casos, los individuos reconocen como parte integral de su patrimonio cultural.

Entre los ejemplos más conocidos se encuentran la Técnica para la Elaboración del Pinol, el Rezado de la Inmaculada Concepción en el Templo de San Francisco, la Caravana del Zorro, el Rabinal Achí, la Romería a Esquipulas y la Semana Santa, entre otros.

Ley para la Protección del Patrimonio Cultural de la Nación

En esta fecha, el Ministerio de Cultura y Deportes reafirma su compromiso con la protección y salvaguarda del patrimonio cultural, tal como lo establece la Ley para la Protección del Patrimonio Cultural de la Nación.

Este documento legal tiene como objetivo regular la protección, defensa, investigación, conservación y recuperación de los bienes que integran el Patrimonio Cultural de la Nación, garantizando su preservación para las futuras generaciones.