Patriminio natural en peligro: Lobo-Marte: el megaproyecto minero que amenaza uno de los ecosistemas altoandinos más frágiles de Chile

En la alta cordillera de la Región de Atacama, donde nacen ríos, se almacenan reservas estratégicas de agua y sobreviven algunas de las especies más amenazadas del país, avanza la evaluación ambiental del Proyecto Minero Lobo-Marte. Impulsado por Kinross, este megaproyecto de extracción de oro pretende instalarse en un territorio de enorme fragilidad ecológica, donde cualquier alteración puede tener consecuencias que perduren durante generaciones.

Por Johanna Hurtado R.
Red Ambiental Coquimbo

Aunque gran parte del debate público se ha concentrado en la inversión y los beneficios económicos asociados al proyecto, mucho menos se ha hablado del extraordinario patrimonio natural que podría verse afectado. La zona de influencia de Lobo-Marte está conformada por glaciares, ambientes periglaciales, vegas, bofedales, quebradas de alta montaña y una compleja red de acuíferos subterráneos que sostienen la vida en uno de los ecosistemas más sensibles de Chile.

Estos ecosistemas cumplen funciones esenciales. Los glaciares almacenan agua dulce; las vegas y bofedales regulan naturalmente el ciclo hidrológico; y los acuíferos alimentan manantiales y humedales que permiten la supervivencia de especies adaptadas a condiciones extremas. En un escenario marcado por la crisis climática y la disminución de las precipitaciones, estos sistemas naturales representan una verdadera reserva estratégica para el futuro del país.

Sin embargo, el desarrollo de un proyecto de minería a gran escala en este ambiente plantea interrogantes que aún no cuentan con respuestas concluyentes. Las excavaciones, tronaduras, caminos, depósitos de estériles, extracción de agua y demás obras propias de una faena minera podrían modificar el delicado equilibrio hidrogeológico que conecta glaciares, aguas subterráneas y humedales altoandinos. La ciencia ha demostrado que estos sistemas funcionan de manera integrada, por lo que una alteración localizada puede producir efectos a kilómetros de distancia y manifestarse incluso años después.

La preocupación aumenta cuando se analiza la biodiversidad presente en el área. El territorio donde pretende emplazarse Lobo-Marte constituye hábitat de especies de alto valor para la conservación, muchas de ellas clasificadas en categorías de amenaza.

Entre ellas destaca la chinchilla andina (Chinchilla chinchilla), una de las especies de mamíferos más amenazadas de Sudamérica, catalogada En Peligro. Los antecedentes técnicos elaborados durante el proceso de evaluación ambiental registran su presencia en el área del proyecto, confirmando que este territorio forma parte de su hábitat natural. La pérdida o fragmentación de estos ambientes representa una amenaza directa para la recuperación de una especie cuya distribución actual es extremadamente reducida.

Junto a ella habita el gato andino (Leopardus jacobita), considerado uno de los felinos más amenazados del planeta. Este esquivo depredador depende de extensos ecosistemas altoandinos bien conservados y de la disponibilidad de presas como la propia Chinchilla chinchilla. Su presencia constituye un indicador de la integridad ecológica de la cordillera y evidencia la importancia biológica del territorio donde se proyecta la iniciativa minera.

Los humedales altoandinos también sostienen poblaciones de las tres especies de flamencos presentes en Chile: el flamenco andino (Phoenicoparrus andinus), el flamenco de James o parina chica (Phoenicoparrus jamesi) y el flamenco chileno (Phoenicopterus chilensis). Estas aves dependen de lagunas, salares, vegas y bofedales para alimentarse, descansar y reproducirse. La Corporación Nacional Forestal (CONAF) participa desde hace décadas en el Censo Internacional Simultáneo de Flamencos Altoandinos, reconociendo que la conservación de estos humedales resulta indispensable para mantener sus poblaciones.

A estas especies se suman vicuñas, guanacos, cóndores, rapaces altoandinas, reptiles, anfibios e innumerables organismos que dependen del equilibrio ecológico de las cabeceras de cuenca. La desaparición o degradación de vegas y bofedales no solo afecta a la fauna silvestre; también compromete procesos ecológicos fundamentales relacionados con la regulación hídrica, la captura de carbono y la resiliencia frente al cambio climático.

Uno de los aspectos que mayor preocupación genera es la posible afectación de las aguas subterráneas. Los acuíferos de montaña constituyen sistemas invisibles, pero esenciales para el funcionamiento de los humedales altoandinos. Cuando disminuye la recarga o cambia la dinámica de estos acuíferos, las primeras señales suelen aparecer en vegas y bofedales que comienzan a secarse lentamente. Estos procesos pueden tardar años en manifestarse y, en muchos casos, resultan irreversibles.

Por ello, diversos especialistas sostienen que la evaluación ambiental de proyectos emplazados en alta montaña debe considerar la conectividad hidrogeológica entre glaciares, ambiente periglacial, acuíferos y humedales, incorporando monitoreo permanente, tecnología de última generación y modelos hidrogeológicos capaces de anticipar impactos acumulativos y sinérgicos.

La discusión sobre Lobo-Marte también plantea un desafío institucional. Chile ratificó el Acuerdo de Escazú, que reconoce el derecho de las personas a acceder a información ambiental de calidad, participar de manera efectiva en la toma de decisiones y contar con mecanismos adecuados de acceso a la justicia ambiental. Estos principios cobran especial relevancia cuando se evalúan proyectos con potencial de afectar ecosistemas estratégicos y especies amenazadas.

Las observaciones ciudadanas (abierta en www.sea.gob.cl, hasta el 23 de julio 2026) actualmente en elaboración buscan precisamente aportar antecedentes técnicos para que la autoridad ambiental adopte una decisión basada en la mejor evidencia científica disponible. No basta con verificar el cumplimiento formal de la normativa. La pregunta de fondo es si un ecosistema de estas características puede soportar una intervención minera de gran escala sin comprometer procesos ecológicos esenciales para la conservación de la biodiversidad y la seguridad hídrica.

Lobo-Marte no es únicamente un proyecto minero. Representa una decisión sobre el futuro de las montañas chilenas y sobre el valor que la sociedad está dispuesta a otorgar a sus glaciares, acuíferos, humedales y especies amenazadas.

En tiempos de crisis climática, proteger las cabeceras de cuenca ya no constituye solo una obligación ambiental: es una necesidad estratégica para garantizar agua, biodiversidad y bienestar a las generaciones presentes y futuras.

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