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Martes, 08 Junio 2021 12:21

El olvido que sepulta una mansión patrimonial

La casona posee la máxima protección del plan de conservación para los inmuebles de El Prado por sus características arquitectónicas.

Los sepelios de reconocidas figuras de Barranquilla también llevan inmortalizado el nombre de la funeraria Jardines del Recuerdo de la calle 53. La mansión, declarada bien de interés cultural y construida hace más de un siglo, significa una de las obras más importantes de la ciudad por poseer características de la arquitectura renacentista y por su criterio en la arquitectura neoclásica. 

Esta propiedad que data de 1920 se convirtió en el elemento residencial más representativo del sector por ser la primera vivienda y el primer lote adjudicado en venta en El Prado. Fue diseñada por el arquitecto Molina Malleu junto al español Alfredo Badenes y construida por Luis Gutiérrez De La Hoz. Su primer propietario fue el ciudadano de origen alemán Paul Grosser, un industrial radicado en Barranquilla. Más tarde pasó a manos del venezolano Tirso Schemell, propietario hasta 1939, fecha que fue vendida a Alberto Marulanda.

Fue hasta 1976 que dejó de ser residencial para convertirse en la casa funeraria más reconocida de la ciudad. Ilustres personajes como el cantante Rafael Orozco, dirigentes políticos y líderes empresariales fueron velados en esta mansión adquirida finalmente por Consultores Funerarios de Barranquilla Ltda.

El escenario de “famosas y recordadas velaciones” hoy es un inmueble sumergido en la desidia por cuenta del abandono del propietario y de las deudas por impuesto que la llevaron a un embargo, a una posterior subasta por parte del Distrito de Barranquilla y un acuerdo de pago.

 

Tomado de El Heraldo Colombia