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Los depósitos de las colecciones: otra sala de exposición en el museo.

Una gran potencialidad para los museos de Latinoamérica.


La
s colecciones no mostradas vendrán a ser en el futuro un principal aspecto de las políticas y el posicionamiento de los museos.

Dr Suzanne Keene
Museum Studies
University College of London

El actual movimiento hacia una mayor visibilidad y acceso público a las colecciones tiene un gran potencial. Los diseños pioneros de recientes décadas llevarían a un mayor entendimiento de los almacenamientos visibles dentro de la actividad profesional de la museística y, en última instancia, a una mejor apreciación pública de la significación de nuestros museos y el rico patrimonio que ellos representan.

John D. Hilberry
Arquitecto museístico estadounidense

 "Definitivamente esta acción ha evolucionado insoslayablemente, materializándose en diversas estrategias. Surge de la creciente conciencia activa de mantener las colecciones museísticas y patrimonios de la manera más visible y accesible, físicamente y/o de manera virtual, digitalizando las colecciones y subiéndolas al website de la institución. El eslogan sería: que no haya –en lo posible- colecciones y patrimonios guardados e invisibles."


Desde unas indispensables primeras propuestas hasta hoy, se cuenta al menos una decena de estas prácticas que han hecho de las áreas de depósito, bóveda o bodega de algunos museos de diverso perfil y tipología, un sitio visitable. Y sus beneficios son evidentes. Hagamos algunas referencias de ello, a continuación y al final de estas líneas.

Desde hace unos diez años, en grupo e individualmente he investigado este tema, publicando varios artículos: “¿Para qué sirven las colecciones de los museos si están en depósitos inaccesibles al público?”, con Artiles, Cantón y Herrera; “Lo que 'ocultan' los museos en sus sótanos y cómo hacerlo visible. Actualidad de una propuesta”Estrategias para coleccionar: Las colecciones digitalizadas, según François Mairesse; y ¿Reformulando la Colección permanente del museo? Las colecciones de museos hoy.

Personalmente y desde hace 20 años he planteado que dentro de lo posible los depósitos deberían ser unas “bóvedas-muestrario”. No siendo necesariamente una idea propia o exclusiva, sí es la manifestación compartida de un sentido común de quienes con mentalidad abierta y al día buscamos adicionales beneficios y utilidades para el museo, sus públicos y entornos sociales. Y también para la actualizada concepción que se desarrolle sobre la proyección museística, con grandes consecuencias sobre los ejercicios de la museología y la museografía mismas. Al fin y al cabo, las colecciones y patrimonios museísticos son –bien entendidamente- de todos, y no hay que andar con clichés pseudo-emancipadores y vacíos sobre “empoderamientos” y “reapropiaciones” de lo que ya es propio, sobre todo en sus significaciones, estéticas, potencias educativas, recreativas, de investigación, disfrute y valores trascendentes, más que en su mera aunque indispensable materialidad.

En esta prolongada investigación he dado con la materialización de esta beneficiosa idea desde diversas estrategias, pero todas (las que he conocido) han ocurrido en Europa (Inglaterra) y Norteamérica (EEUU y Canadá). Antes de hacer una apretada relación de tales estrategias cristalizadas, puntualizamos que para tal cosa son necesarios algunos elementos, dimensiones o circunstancias favorables. Se puede entender que en territorios latinoamericanos la museística no siempre ha contado con los mayores recursos presupuestarios y de mentalidad museológica actualizada, y por ende no siempre las infraestructuras son las mejores o las más amplias, cuando no que fueron construidas según los patrones arquitectónicos, estilísticos y estéticos franceses del siglo XIX, salvo las construcciones más recientes de países como Argentina, Brasil o Colombia, por adelantar algunos, a riesgo de dejar otros fuera.

Aprovechando las dimensiones favorables referidas, ha habido un importante repunte de la actividad y formación museística en Latinoamérica. Sin embargo, en cuanto algunos aspectos teóricos y alcances propios de la museología (no referidos acá) y en la ampliación de estrategias museográficas como la que nos ocupa (visibilidad y accesibilidad total de las colecciones y patrimonios), no he encontrado referencias prácticas o reflexivas en nuestro territorio, salvo las propias citadas al comienzo de estas líneas.

Una de las dimensiones referidas versa sobre el espacio físico del museo, sujeta además a la disposición presupuestaria, y de mentalidad. Por lo general las sedes museísticas latinoamericanas construidas en el siglo XIX (o en el siglo XX, con criterios decimonónicos) fueron diseñadas para servir a los patrones de “exposición inmóvil”, para visitantes pasivos. Sus áreas destinadas a depósitos son reducidas y vedadas, con disposición organizada pero apretujada de las colecciones allí guardadas, en los que el espacio libre se reduce a estrechos pasillos entre estanterías repletas, en los que cualquier codazo tiene consecuencias fatales.

También puede entenderse que la posibilidad de espacios mayores puede activar una estrategia de depósitos como salas visitables, e implica una “museografía” en términos un tanto diferentes de los utilizados en las salas, y comprensibles mecanismos más intensos de Seguridad, Vigilancia y Conservación. Pero también mayores potencialidades de aprovechamiento para Educadores, estudiantes e Investigadores-Curadores. En este aspecto, los funcionarios referidos, más los Registradores, tienen un importante rol, y se espera de ellos un aporte creativo y novedoso, igualmente beneficioso para los públicos, y para las estrategias, servicios y proyecciones del museo. La gestión y disponibilidad de espacios mayores implica un reto perfectamente posible de superar para los profesionales del museo que sean creativos y actualizados, dentro de condiciones objetivamente favorables.

Pero lo que no se puede entender es que, aun en casos donde esta estrategia es posible, haya grandes resistencias a tal novedad (remanente de la atrasada y egoísta mentalidad museística que guarda celosamente y casi en secreto las colecciones como si fueran botines de guerra). Se entiende que esta estrategia implica riesgos, pero los profesionales del museo están allí con sus capacidades para minimizarlos. De modo que se puede pensar –no sin un cierto y ajeno sabor amargo- que a la par de las eventuales carencias de recursos espaciales y presupuestarios, se dan las carencias de recursos de mentalidad. Y ni hablar de la carencia –o al menos indisponibilidad- de recursos actualizados sobre teoría museológica y tendencias museográficas.

En una breve relación, comentamos la cristalización de algunas de estas estrategias y experiencias actuales, sin olvidar las que ya están tratadas en los artículos de mi autoría referidos al comienzo de estas líneas.  Son informaciones originales en inglés, por lo que reseñaremos en español solamente su esencia básica.

 

 

 

En Inglaterra, una estrategia interesante comienza, llamada Hidden Treasures (Tesoros escondidos). Involucra instituciones museísticas y patrimoniales del Reino Unido, incluyendo Collections Links, en campaña conjunta que busca animar al público para ir tras los bastidores de museos y archivos, descubriendo las gemas ocultas en sus colecciones, enterándose sobre su conservación. En esta campaña, desarrollada entre el 4 y el 11 de junio, convergen más de 50 instituciones que abrirán sus depósitos por primera vez al público, numerosos conferencistas y expertos guías. Cito a Nick Poole, Presidente del Collections Trust“Las colecciones cuentan la historia de nuestra nación, y qué mejor manera de pasar la semana del Jubileo de Diamantes [de la Reina Isabel II, en junio de 2012] que descubriendo tesoros ocultos de museos y archivos del Reino Unido.” 

En Estados Unidos, la estrategia de disponer y abrir los espacios de depósitos para las colecciones museísticas, como salas visitables en una particular visión y disposición museográfica, es tomada tan en serio que ya en 2002 el arquitecto John D. Hilberry publicó un artículo en la revista Museum News, reproducido en el website de la American Association of Museums, titulado “Behind the Scenes: Strategies for Visible Storage”(“Detrás de las escenas: estrategias para el almacenamiento a la vista”).

En este extenso trabajo, Hilberry comienza afirmando: “Recientemente, numerosos museos han experimentado con el almacenamiento visible en un intento de hacer un mayor porcentaje de sus colecciones más accesible al público. […]. ¿Puede un tour por la colección en depósitos ser excitante, convincente y educacional como visita a un bien diseñado espacio de exposición? Creo que sí puede. Recuerdo, pienso, que cada museo es único, y los objetos [de sus colecciones] pueden variar ampliamente. Algunos objetos pueden ser mostrados con efectividad en estanterías abiertas, mientras otros deben ser mantenidos alejados de la iluminación permanente. Ninguna solución puede ser aplicada como formula para un exitoso almacenamiento visible”.

A continuación Hilberry despliega una serie de consideraciones a tener en cuenta según el tipo de visitante, y define diversas soluciones teniendo en cuenta la naturaleza de las colecciones depositadas, el tipo de mobiliario y estantería, y los pasillos o caminerías entre y hacia éstas. Igualmente sugiere desarrollar estrategias específicas, como la de hacer de tales depósitos visitables un centro de estudio, y desplegar invitaciones sistemáticas a los públicos. Hilberry hace énfasis en el “factor wow”, queriendo destacar toda disposición de objetos que genere estímulo y maravillamiento.

El arquitecto destaca la necesidad de establecer claros planes y proyectos, para el diseño, metas y objetivos que se desprenden de convertir los depósitos en áreas visitables, cosa que sin duda implica inversión, construcción, equipamientos y disponibilidades presupuestarias. Hilberry concluye que “hay muchas razones para creer que el almacenamiento visible será un aspecto prominente ante la presencia pública en los museos modernos.”

A manera de cierre de estas líneas, comento el artículo que hacen las museólogas Rachel Faust y Katie Williams, del blog estadounidense Westmuse, que agrupa museos del oeste de los EEUU. El artículo “Maximizing Collections Access” (“Maximizando el acceso a las colecciones”) del 22 de mayo de 2012, comienza con la estimulante interrogación al lector acerca de qué hace su museo para lograr que sus colecciones sean más accesibles; parten de la conciencia de que cualquier museo apenas alcanza a exponer públicamente en sus salas entre el 3 y 5% de sus colecciones, quedando el resto guardado en depósitos e invisible. Ante el hecho de colecciones museísticas en perpetuo crecimiento, se preguntan las autoras cómo pueden los museos hacer más accesibles esos invaluables recursos. Este blog contiene otros artículos en este mismo sentido, y dedicará los meses de mayo y junio de 2012 a la temática de los depósitos visitables.

Dado que las colecciones museísticas responden a variables amplias para su naturaleza y fines, como investigación, educación, memoria e identidad, creatividad y disfrute, las autoras refieren en su artículo al papel de trabajo de la Dra. Suzanne Keene titulado “Collections: Treasure or Trash” (“Colecciones: tesoro o basura”), de donde extraemos uno de los epígrafes al comienzo de estas líneas. Faust y Williams sensatamente se cuestionan: “En vez de ser solo guardianes de colecciones, ¿cómo pueden los museos convertirse en facilitadores de compromiso con ellas? A cambio de almacenamiento estático de las colecciones, ¿cómo pueden los museos activar sus colecciones como un espacio dinámico?”.   
Cito a las autoras, quienes a su vez citan a Keene, cuando ésta afirma preocupadamente que “[muchos] museos se ven a sí mismos primeramente como lugares que exponen, con actividades que involucran colecciones no expuestas como [si fueran solo] opciones extras. Me parece que a través de la acumulación de esos muy grandes recursos los museos han devenido organizaciones diferentes, sin aún darse cuenta de esto y sin llegar a enfrentarse con estrategias adecuadas.”
  En este punto, las autoras tocan un elemento importante y complementario del acceso a las colecciones, como es el de su digitalización. Refieren que en los pasados 15 años han sido muchos los museos que han emprendido acciones de gran escala digitalizando sus colecciones y subiéndolas a los sitios web, haciéndolas más accesibles internacionalmente (a modo de catálogos virtuales, tema sobre el que he publicado en dos oportunidades). Las autoras refieren casos de museos con depósitos visitables que funcionan como centros de investigación, a requerimiento de educadores y profesores. 

La estrategia de digitalización de las colecciones, y su puesta en acceso libre e internacional en los websites de los museos, es parte de la estrategia general de abrir la visita a los depósitos de colecciones museísticas y patrimoniales. Se destacan dos estrategias con iniciativas específicas: los depósitos visitables y la digitalización. Ambas ponen a disposición de los públicos dos posibilidades de acceder y compartir la totalidad de las colecciones, presencial o virtualmente, y ambas despliegan grandes beneficios.

Estas estrategias generales y específicas son posibles, con las dimensiones mínimas favorables ya referidas. Pero la principal dimensión favorable es la mentalidad, la disposición gubernamental y de funcionarios de los museos con potestad de decisión, y la voluntad de actualización criterial. Esta es una estrategia general al parecer inexistente en la museística latinoamericana (quisiera equivocarme). Su presencia y desarrollo son bienvenidos, pues son una potencia de estímulo y beneficio inmensa para todos.

Fernando Almarza Rísquez