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Museo, patrimonio, apropiación digital:  
pasión + cambio de hábito +
nueva inteligencia

Fernando Almarza Rísquez 

 

Museo

El lineamiento general que justifica la existencia de las instituciones que trabajan con patrimonios culturales y naturales, radica en poner en valor y a disposición de todos las colecciones que albergan, conservan y estudian, comunicando sus informaciones y potenciando la apropiación de sus valores, significaciones y relaciones simbólicas.

Patrimonio

En las instituciones museísticas y patrimoniales de actualizadas premisas, el patrimonio cultural y naturaltangible o intangible, incluso los patrimonios intangibles naturales, están siendo promocionados como nunca antes, en su puesta en valor y disposición pública. Se están posibilitando adicionales dinámicas para su circulación y recepción social, que  los inserta en nuevas y transformadoras relaciones simbólicas, de uso y de apropiación, que van evolucionando como procesos sociales e históricos.

Apropiación

Hoy se amplían los recursos de circulación de los patrimonios, en la que permanecen legítimas la delectación estética, la identidad y la pertenencia que signan su producción y consumo cultural. Sus consecuencias son evidentes, manifestándose en

  • el uso de los recursos digitales de última generación (especialmente los teléfonos inteligentes) y de las potencias de la web 2.0, que posibilitan el canal para ese ejercicio, y
  • la gestación y cambio de hábitos de comunicación y recepción de las informaciones, del conocimiento patrimonial y de su disfrute y apropiación.

En esta dinámica los patrimonios no pierden sus sentidos y valores originales, pero se generan transformaciones y alternativas incluyentes; a su vez incluye los componentes integrados de

  • una emocionalidad (pasión) y
  • un ejercicio de nueva inteligencia.

Pasión

Es necesario aclarar que la Pasión que referimos, y el uso potenciado de recursos digitales y potencias web 2.0 en el re-ejercicio de esa nueva inteligencia, no tienen que ser excluyentes entre sí. Aun cuando así parezca estar planteado por el autor al que referiremos a continuación, nos encargaremos de presentarlo de una manera incluyente.

El pasado agosto, el historiador inglés David Fleming, director de los Museos Nacionales de Liverpool, impartió una conferencia en Argentina, titulada "Las ideas detrás de los museos". El inglés planteó la carencia de pasión en los museos como el principal error que se comete hoy. Con base en postulados vigentes que sustentan a las instituciones museísticas, destacó la influencia que sobre la gente pueden tener los museos. Pero, ante lo que podemos interpretar como una visión excluyente que separa la emocionalidad (la pasión) y la tecnología, Fleming afirmó:

[…] "la magia de un museo es atraer a los adultos y a los niños con las mismas herramientas, lo que no significa que debamos llenarlos de computadoras o cubrir las paredes con textos que nadie va a leer".

"La palabra interactividad me interesa muy poco, no me dice nada —agregó, ante otra consulta—. Lo que estoy buscando es pasión y emoción". En ese sentido, […] sostuvo que "no es cierto que por tener más tecnologías los museos van a ser más visitados" y volvió a uno de sus argumentos centrales: "No son necesarios grandes presupuestos para atraer al público sino ser sensatos y creativos. La pasión no cuesta".

Es evidente que en la mirada e interpretación muy respetable de Fleming, el elemento Pasión está reñido con el uso de la tecnología en el marco de la actividad museística. Es esa separación entre Pasión y tecnología lo que hoy se puede integrar en la dinámica de circulación de los patrimonios.

Tecnología digital y web 2.0

Frente a los patrimonios museados, hoy se produce una instantaneidad entre la experimentación y vivencia (de la pasión, de la estética, del sentido e identidad, de los valores simbólicos) y su comunicación, circulación y apropiación. La interactividad entre la fuente de información y, entre los públicos que comparten tal experiencia, le es consustancial y discurre por el canal digital de última generación, y especialmente el de las potencias de la web 2.0.

Esa interactividad actual es la potenciación del intercambio de opiniones, en el caso de la actividad museal expositiva, entre:

  • el museo (curaduría y educación) y el público, bidireccionalmente, y
  • los públicos entre sí, multidireccionalmente.

Esos intercambios discurren en el caudal de información disponible hoy, facilitado en su flujo por los dispositivos digitales multimedia que van desde teléfonos inteligentes y pantallas Touch hasta  códigos Quick Response, audioguías y diversas Apps, dispositivos de realidad aumentada. También, las posibilidades de intercambio en complejos sitios web que mantienen muchos museos, incluyendo diálogos con curadores (Ask a curator), y transmisiones streaming en canales de TV disponibles (Youtube, etc.) que los museos dedican a las exposiciones, más las diversas redes sociales (Twitter, Facebook, etc.) que abren adicionales canales de información e intercambio.

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Esto adicionalmente genera consecuencias en la actual acción museística y en la teoría museológica. Esa interactividad es de naturaleza tanto comunicacional como educativa, cultural y museológico-museográfica, e implica un cambio de hábito en el modo en que circula y es reapropiado el patrimonio, sus valores y significaciones. Y esa nueva dinámica puede llevar una implícita emocionalidad, una Pasión, integrada en un nuevo ejercicio comunicacional.

“En esta época interactiva, de tanta pantalla touch, la consigna de ir al museo en una actitud de contemplación de obras estáticas se presenta como una antigüedad” [, pues…] “la institución tiene que adaptarse a los nuevos códigos comunicacionales”, afirma María Lightowler, museóloga del Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires (MACBA), en el reportaje “Cambio de hábito” del pasado 8 de septiembre. Lightowler plantea que, dados los cambios tecnológicos, asistir a un museo no se justifica en la sola contemplación, pues la experiencia se multiplica con la participación. Y con la Pasión también, podemos decir.

Pero, es necesario un sentido de proporción que prevenga cualquier intento de sustituir la importancia de los contenidos por un encandilamiento tecnológico. En el mismo reportaje se recoge la opinión autorizada de otros profesionales de la museística, que se han ocupado del uso de recursos digitales en el museo. Con sensatez opinan:

“El principal riesgo es considerar la tecnología como un fin y no como un medio. Los museos deben usar la tecnología cuando se adapte a los fines que persiguen y cuando realmente les sea útil para transmitir su mensaje. Es habitual pensar que un riesgo de la tecnología es que puede reducir el número de visitantes del museo, pero todo lo contrario, complementa sin sustituir en ningún momento y facilita que un mayor número de personas se interesen por el museo y acudan a él”, opina [la museóloga española Soledad] Gómez Vilchez. “Creo que el mayor riesgo es que las tecnologías se hagan demasiado presentes y le quiten relevancia a aquello que el museo exhibe”, agrega Rodrigo Alonso.

Cambio de hábito

Hemos relacionado componentes que se pueden integrar sin conflictos: la emocionalidad (Pasión), la comunicación, y la tecnología digital interactiva propia de la web 2.0. No obstante, hay otro componente: el cambio de hábito en cuanto al consumo y apropiación de los patrimonios. Pero este cambio de hábito no se apoya únicamente en los dispositivos digitales referidos y en la (hiper) comunicabilidad de hoy, sino en los diferentes abordajes “para pensar la muestra desde otro lugar” [, pues…] “hay que generar situaciones de encuentro”, según dice más adelante la museóloga Lightowler en el citado reportaje.

Existen hoy otras dimensiones de hábito e interacción dentro del museo y los patrimonios, como la socialización y la emoción mismas, es decir, la Pasión a la que antes referíamos, aunada a la dinámica que lleva a una forma alternativa, adicional, en el hábito de apropiarnos los patrimonios. Los componentes referidos no son estrictamente tecnológicos, pues en el cambio de hábito del que hablamos confluyen adicionales formas de estímulo para la interacción con los patrimonios. Entre ellas, algunos museos despliegan acciones que van desde

  • diversas maneras de interpelar al público,
  • extensión del horario del museo (como las genéricas “Noches de museos”), y
  • estímulos para la mayor y más lúdica participación del público, que incluyen un más abierto rol didáctico por parte de los educadores y el personal de las salas, hasta
  • la atención al “social engagement” por parte de los museos que, como el MoMA, incorporan los dispositivos digitales como fuentes de información al público.

Nueva inteligencia

Esta se expresa, fundamental más no únicamente, en el uso multidireccional de recursos digitales y estímulos para la mayor participación, como los ya mencionados. Es un asunto que integra nuevos paradigmas educativos, neurocientíficos y procederes museísticos de avanzada.

En el artículo “El cambio hacia una nueva inteligencia digital y los museos”, Laia Coma y Joan Santacana, en su blog catalán Didáctica del Patrimoni Cultural, reflexionan sobre el uso de los recursos digitales en museos y este ejercicio de inteligencia. Ésta, implica también una pasión y un cambio de hábito frente al patrimonio, y “no sólo es una nueva forma de pensar… es una nueva inteligencia”.

Ante la pregunta por los beneficios del uso de lo digital en el ámbito patrimonial y museístico, Coma y Santacana destacan el cambio que en la forma de pensar se produce por una nueva dinámica de la inteligencia, o sea, en “la máquina que genera este pensamiento”. Parten de la premisa de que el éxito de la educación se expresa por los cambios que ésta genera en las formas de pensar y en la estructura misma de la mente. Si bien el medio cambia el mensaje (hacen referencia a MacLuhan) y la estructura de la mente, la revolución digital y la irrupción de estas pequeñas máquinas móviles que nos acompañan en nuestro nomadismo están produciendo cambios profundos en la inteligencia de los nativos digitales”, plantean.

Señalamos la importancia de ir abordando desde esta conceptualización una perspectiva que enfoque el ámbito patrimonial y museístico, en el marco de lo que venimos tratando. Explican estos autores que la educación tradicional se expresaba en sistemas estructuradores de la mente según sistemas conceptuales cerrados, totalizantes. Vale copiarla in extenso:

Por el contrario, el mundo digital plantea inevitablemente formulas fragmentadas del conocimiento que nada tienen que ver con las estructuras completas y cerradas del ayer. Ya no es posible plantear currículos cerrados  en los cuales todo el mundo acceda a los mismos datos. Si la inteligencia del ayer se basaba en un reposado proceso mental de interrelacionar parámetros mediante búsquedas laboriosas de datos e información, la nueva inteligencia digital apuesta por la inmediatez, las conexiones instantáneas, y la renuncia a una erudición que se manifiesta estéril ante la velocidad con la que se realizan los procesos de aprendizaje.

Estos cambios profundos en las formas de buscar información, en las relaciones sociales, en la satisfacción de las necesidades, en el desarrollo de las propias capacidades, en el aprecio de lo bueno y lo malo, lo bello y lo feo, y sobre todo en el pensamiento abstracto y en la regeneración de emociones se concreta en una nueva inteligencia que poco o nada tiene que haber con la del ayer. Somos distintos porque nace en nosotros una inteligencia distinta, una forma nueva de ver y de interpretar el mundo. Esta nueva inteligencia se manifiesta especialmente en los llamados “nativos digitales” pero no es exclusiva de ellos, ya que penetra prácticamente en todos los grupos de edad, y condiciona incluso los medios de información.

Acostumbrados a mensajes rápidos e inmediatos, a expresar emociones con emoticonos, […] ¿cómo no va a afectar todo esto a la educación? ¿Cómo no transformará esta nueva inteligencia una superestructura tan débil como la de la cultura museística? [negritas nuestras].

Coma y Santacana definen el concepto de nueva inteligencia como asistemático, cuyo principio no es la acumulación de información, sino la inmediatez en la obtención de la misma, aunque de modo fragmentado pues su dinámica es la de red “multinuclear” y sin orden preestablecido, en lugar de la estructura jerarquizada. Afirman que

si la inteligencia derivada de la galaxia Gutenberg requería una estructura prefijada y ordenada que se traducía en los índices de los libros, con conceptos ordenados, jerarquizados y sistematizados  ¿quién es hoy capaz de hacer lo mismo con la web? ¿Quién es capaz de buscar un orden jerárquico en la misma? Si ello no es posible, las mentes y las inteligencias de este futuro inmediato, adaptadas a esta no estructura, se le parecen. Ante esta falta de estructura no es posible ya hablar de inteligencia, sino que cada vez es más necesario hablar de inteligencias múltiples, que a su vez se fraccionan ad infinitum.

El resultado obvio de lo que hemos denominado inteligencias fragmentarias, es que en un mundo globalizado en el que cabria esperar que todo el mundo se comportar igual, vistiera igual, comiera igual, y pensara igual, probablemente habrá más variedad que ayer; ello quizá es así porque cada individuo configura su sistema mental en función de una elección de elementos dispersos en una red infinita y cambiante de conceptos. Por lo tanto, construimos nuestra inteligencia a medida que vivimos sin disponer de modelos prefijados. […]. Por todo ello, en un mundo aparentemente global,  surgen unas nuevas inteligencias cuyo motor es precisamente la Red.

Por lo tanto, la barrera entre la escuela y la vida se está diluyendo y ello incide en una forma de inteligencia que no solo es más ágil, que si no es más adaptable. Y este concepto de adaptabilidad es otro de los factores que lleva implícito esta nueva inteligencia; al no basarse en esquemas de conocimiento prefijados es una inteligencia muy ágil y adaptable, de otra forma, no sobreviviría en un mundo de cambios tan rápidos. [negritas nuestras].

Según la explicación, la inteligencia del ayer debía adaptarse a un cuerpo estructurado de saberes; el cerebro amoldado a ella era la expresión y regla de un comportamiento “inteligente”. Pero tras lo peculiar de los flujos de información en el ámbito digital, esa estructura se convierte en una dinámica vertiginosa no estructurada, no previsible y de rápida obsolescencia. La nueva inteligencia es “postdigital”, no expresa el hacer puntual de una cosa cierta y definida, garante de una “zona de confort” auto-satisfecha en lo que presume saber definitivamente, sino en todo lo contrario: es una constantemente vibrante y rápida recombinación de simultaneidades de saber, conectables en diversas perspectivas. La nueva inteligencia es en realidad una no siempre previsible y definible de antemano multiplicidad de inteligencias. La dinámica y flujo de las informaciones, textos e imágenes de lo digital son la mejor expresión de esta nueva inteligencia, y requieren a su vez de ella para ser asimilados y procesados.

Copiamos a continuación el cuadro que presentan Coma y Santacana respecto a lo que caracteriza a esta nueva inteligencia en comparación con su acepción “del ayer”. Resulta muy esclarecedor y estimulante visualizar estas características en el ámbito de la circulación, consumo y apropiación de los patrimonios, en los términos que planteamos en estas líneas.

Inteligencia del ayer (en el museo)

Inteligencia digital (en el museo hoy)

Pautas y esquemas de aprendizaje cerrados y programados.

Sistemas conceptuales completos.

Se nutre de un conjunto de datos concretos, fijos y sellados que circulan por los currículos académicos y los libros.

Procesamiento de la información e interrelación de ideas de  forma laboriosa, lenta, con limitadas conexiones.

Se mueve en un contexto real.

Se basa en la acumulación y asimilación  de una información dosificada y controlada.

Se basa en una pirámide jerarquizada de conocimientos estructurados, ordenados y prefijados.

Se define por una única inteligencia.

Se construye sobre modelos preestablecidos en el tiempo.

Cuenta métodos y medios de aprendizaje procedentes de la escuela (el mundo académico), a menudo distintos de la vida.

Preestablecida, anquilosada,  rígida.

Reacción lenta ante los cambios.

Centrada y programada para desarrollar bien una única tarea.

Ante el cambio reacciona con incertidumbre y desasosiego.

Nuevas pautas de aprendizaje por descubrir, construir, abierta, flexible.

Fórmulas fragmentadas del conocimiento.

Se nutre de datos diversificados, crecientes, que circulan por la red digital (las autopistas de la información).

Procesamiento de la información e interrelación de ideas de forma rápida, inmediata, con innumerables conexiones instantáneas.

Se mueve en el contexto real y en el ciberespacio.

Se basa en la selección y construcción de una nueva información accesible y dispersa.

Se basa en una red multinuclear, ajerárquica y poco estructurada, sin orden aparente  y cambiante.

Se define por presentar inteligencias múltiples.

Se construye a medida que vivimos experiencias.

Cuenta con los nuevos métodos y medios (los digitales y nómadas) propios de la vida y también de la escuela.

Adaptable, ágil  y flexible.

Reacción inmediata y rápida ante los cambios.

Abierta y receptora de múltiples tareas de forma simultánea.

Ante el cambio reacciona rápido, de inmediato y sin temor.

Esta dinámica es la que se está desarrollando en el ámbito de las instituciones patrimoniales y museísticas de actualidad y avanzada; este es el modo de circular, consumir y reapropiarse los patrimonios. En ello se expresan los componentes con los que titulamos estas líneas: la pasión, el cambio de hábito en la apropiación patrimonial, y la nueva inteligencia misma.