La renovación del Museo del Oro Precolombino del Banco Central (ubicado bajo la Plaza de la Cultura) muestra el esplendor de un 40% más de objetos de nuestras culturas precolombinas en comparación con la exhibición anterior, seleccionados de una colección con un total de 3.567 piezas en oro, cerámica, piedra, vidrio y abalorios.

La grata realidad para los visitantes, además, será reconfirmar que esas piezas son producto de los pueblos autóctonos conquistados hace poco más de cinco siglos, cuyos descendientes directos están vivos y forman parte de nuestra Costa Rica pluriétnica y multicultural del siglo XXI.

 

En un recorrido con una duración de una hora y media, las nuevas salas con un diseño espacial confortable, temperado y una iluminación idónea y cálida permiten apreciar plenamente la museografía de la exposición, adaptada a las tendencias contemporáneas en la materia.

“Hemos querido tomar lo mejor de todos los mundos: la dimensión antropológica, iconográfica, simbólica, y estética, de mobiliario e iluminación ajustados a la contemporaneidad”, explicó Vicky Vargas, directora de los Museos del Banco Central, institución fundada en 1950 con el objetivo de administrar sus colecciones de arqueología, numismática (billetes y monedas) y artes visuales.

En el 2002 se había realizado la última remodelación del espacio, que 16 años después le correspondió al museógrafo y diseñador gráfico de la entidad, Andrés Salas, con la participación de la firma internacional Gensler, con sede en Costa Rica, a cargo del diseño arquitectónico y espacial.

El recuento de las investigaciones de la curadora de arqueología del Museo, Priscilla Molina, así como de otros especialistas extramuros, han permitido incluir información actualizada sobre la colección que promueve una lectura integral de los objetos y propone una guión que conecta pasado y presente.

De acuerdo con Vargas, para mostrar esa conexión se establecieron nueve ejes temáticos: la migración, la minería y la producción metalúrgica, la cosmovisión ancestral y actual de los indígenas, su relación humana con la naturaleza, su visión de género y el impacto histórico de la colonia y la conquista.

“Por ejemplo, la dimensión simbólica, con el hombre detrás de los objetos, la mítica, cosmogónica y ritual; la mayoría de la gente no sabe que los artefactos precolombinos desplegados en el museo tienen descendientes”, se lamentó Vargas.

Según su apreciación, muchos costarricenses creen que los pueblos indígenas fueron extintos. “No tenemos idea de la urdimbre que hay debajo de ese mapa político, dónde están instalados y presentes los descendientes de los pueblos indígenas precolombinos, que en la actualidad representan un 2,4% de la población nacional con una gran diversidad cultural”, continuó.

Del mismo modo se desconoce que los pueblos boruca, bribri y cabécar de la región del Sur del país (Buenos Aires, Talamanca y la Península de Osa) desarrollaron la metalurgia y la orfebrería, a partir de la aleación del oro y el cobre extraídos de los márgenes de los ríos.

 

Más oro

La colección arqueológica del Banco Central suma 3.567 objetos distribuidos en 1.586 de oro, 1.922 de cerámica, 46 de piedra y 13 de vidrio y abalorios. De la totalidad de artefactos se exhiben 808, es decir, una cuarta parte, y de ellos 680 son de oro.

Aunque los 1.100 metros cuadrados de espacio museográfico no son suficientes para albergar la colección completa, la renovación destaca la belleza, suntuosidad y cosmogonía de las piezas exhibidas.

Basado en tres premisas, el nuevo guión del Museo del Oro va conduciendo al visitante por dos salas.

Al respecto, la arqueóloga del Museo, Priscilla Molina, mencionó en primera instancia los contenidos actualizados a partir de las investigaciones en la materia realizadas en las últimas décadas.

En segundo lugar, Molina indicó una perspectiva educativa, curatorial y museográfica que establece conexiones entre el pasado y el presente.

La tercer premisa, por su parte, es la posibilidad de ver el objeto más allá del objeto en sí. “No queremos que la gente salga tratando de recordar de qué periodo era y región, sino que haya una sensación de vivencia, de relación”, aclaró.

Con el propósito de abrir ese universo precolombino al público, el recorrido inicia con una estación dedicada al poblamiento de América, que responde a preguntas sobre cómo surgieron esas sociedades.

En esta sección destaca una punta lítica (piedra), la pieza más antigua de la colección que data del 5000 al 7000 a. de C.

Asimismo, la estación incluye un video sobre las principales migraciones que han ocurrido en nuestro territorio desde la época precolombina hasta la actualidad.

Molina señala que uno de los propósitos del nuevo guión es confirmar que los seres humanos estamos en constante movimiento que promovió el desarrollo del comercio.

En la siguiente estación se introduce el tema de la metalurgia y su aparición autóctona en el continente, y se explican las técnicas de manufactura, dónde se ubican los yacimientos y los sitios arqueológicos.

Se complementa la exhibición de piezas alusivas al tema con espacios educativos, con videos que muestran las técnicas precolombinas en comparación con las actuales, así como objetos que pueden ser tocados.

Un tema abordado como novedad museográfica es el significado de los objetos y sus representaciones animalísticas, cuya interpretación depende de la región de dónde provienen, el grupo cultural y el periodo al que pertenecen, aún cuando hay “significados fundacionales relacionados con las ranas y los sapos, los lagartos, las aves y los seres humanos”, detalló Molina.

En esta sección, el visitante puede apreciar una pieza de oro que representa al único sapo de la colección, relacionado con una especie que cuando se aparea cambia a color dorado.

 

Simbolismo

Otro apartado del guion muestra la materialidad y evolución hacia su manifestación mitológica, como es el caso de la casa cónica y su simbología. “Hablamos de los simbolismos de la casa, que evolucionan a una mitología más compleja en donde la construcción de la casa cósmica es la metáfora de la construcción del universo”.

Este simbolismo fundacional de los cabécares y bribis está vinculado con la historia del dios Sibú que quiso crear el estrato de los seres humanos y llamó a ocho animales con ciertas cualidades (entre ellos el felino, el águila y el cusuco) para que le ayudaran.

La representación del mito devino en la casa cósmica con sus respectivos estratos del mundo e inframundo, “un vivo ejemplo de que un objeto tiene una cosmovisión muy fuerte que lo convierte en algo más que su misma materialidad”, expuso Molina.

Para ilustrar de manera virtual esta narración cosmogónica, el guion presenta una estación en donde, a partir de una investigación cuya fuente de información fue el Awá bribri, Justo Torres, se recrea cada estrato para provocar una experiencia sensorial a los visitantes.

En la sección de los especialistas de las culturas precolombinas como los ceramistas, orfebres y cantores, el nuevo guión muestra las maneras de utilizar los objetos de oro y la forma en que animales específicos estaban asociados a ellos. Tal es el caso del chamán cuyo icono principal podía ser el águila arpía, el felino y el lagarto.

El guión finaliza con una estación dedicada al rol de la mujer en las sociedades precolombinas, representadas en objetos elaborados en cerámica, ya que la arcilla estaba asociada a la oscuridad, la fertilidad y lo orgánico.

Además de estilizaciones de mariposas en oro que en la mitología de varios pueblos indígenas están relacionadas con las mujeres, Molina destaca que en la colección solo hay una piecita en oro que la representa, ya que en general los objetos en el metal precioso son de figuras masculinas vinculadas a la cualidad lumínica del material.

Para cerrar la visita al Museo del Oro Precolombino, una sección da cuenta de cómo se desarrolló la metalurgia después del violento contacto con la civilización europea.

A manera de epílogo, el guión proyecta un video con testimonios de los actuales pobladores de cada unos de los territorios indígenas de Costa Rica.

Molina apuntó que en el audiovisual ellos cuentan qué es ser indígena, qué significa la tierra, la naturaleza, qué conforma su cultura, cuáles son sus problemáticas sociales, legales, culturales y políticas.

“Culminar con la idea de que esas comunidades que desarrollaron los objetos son comunidades vivas, dinámicas, en razón de la promulgación de la ley de una Costa Rica multicultural y pluriétnica”.


Qué: Museo del Oro Precolombino (San José, Costa Rica)

Dónde: Entre Av. 0 y 2, calle 5; bajo la Plaza de la Cultura.

Abierto todos los días de 9:15 a.m. a 5 p.m.

Tarifas regulares: costarricenses: ₡2.000, estudiantes: ₡500, domingos 2×1; miércoles gratis; extranjeros: $13; estudiantes: $11

Tarifa gratuita: niños menores de 12 años, estudiantes con uniforme o carné, miembros de comunidades indígenas y ciudadanos de oro.

 

Por: 

Tomado de: https://semanariouniversidad.com/cultura/cuando-todo-lo-que-brilla-si-es-oro/