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En junio de 1982 el abogado José Luis Castañeda del Valle se presentó en la Biblioteca Nacional de Francia (BNF) y solicitó ver una serie de códices mayas. Ante la reticencia de la responsable de la sección, expuso que era mexicano, que estaba en su derecho, y ofreció su credencial de elector. Una vez frente a los códices tomó el Tonalámatl Aubin, lo guardó debajo de su saco y se lo llevó consigo hasta su residencia en Cancún.

El caso fue mencionado por el doctor en derecho Lee Keun-Gwan, de la Universidad Nacional de Seúl, Corea, durante el Seminario. La globalización de la protección del legado cultural. La Convención de la UNESCO de 1970. Los nuevos desafíos, a propósito de la figura técnico-jurídica de “préstamo vitalicio” a revisarse cada tres años, que hubo que establecerse para que el conflicto de nueve años entre México y Francia pudiera tener una resolución.

Pierre Charasse, ministro consejero de la embajada de Francia en México en 1991 y también embajador en Pakistán, Uruguay y Perú, y exdiplomático en Guatemala, fue localizado por Proceso para conocer los intríngulis del suceso.

“Yo fui el responsable de entregar en las manos de Roberto García Moll, en ese entonces director del Instituto Nacional de Antropología e Historia, el códice. Estaba a cargo del asunto porque el embajador Alain Rouquier se encontraba fuera en esos momentos.

“Debo decirle que la solución fue técnica, más que jurídica, había que llegar a un acuerdo porque el asunto era una piedra en la cooperación internacional de los dos países. Incluso había una prohibición para que los mexicanos entraran a la Biblioteca Nacional de Francia.

sustrajo         El mexicano que sustrajo y recupero el códice “Tonalámatl Aubin” en París.    

                                               El mexicano que sustrajo y recupero el códice “Tonalámatl Aubin” en París.

“Se tuvo que resolver el problema de forma diplomática, más que jurídica. Si bien el códice representa a la cultura de México, había sido adquirido legalmente por su anterior dueño y había pasado por todo un acuerdo para que pudiera ser aceptado en la Biblioteca Nacional de Francia como una donación de la viuda de su último coleccionista.”

En la versión de la responsable de los códices en Francia, Castañeda del Valle se había hecho pasar por un investigador profesional del tema, había visitado varias veces el lugar y se había granjeado la confianza del personal de la biblioteca. En cierto momento decidió sustraer el manuscrito –fundamental en la adivinación sacerdotal–, lo escondió y con tranquilidad entregó las cajas que se le habían permitido ver, una de ellas vacía, recogió su credencial y huyó al extranjero. Era un viernes en la tarde. La responsable se dio cuenta días después del ultraje, y se notificó a la Interpol.

Según Charasse, Castañeda del Valle “intentó vender el códice en Nueva York, pero como la Interpol había emitido una denuncia no pudo hacerlo. De vuelta en Cancún esa corporación lo encontró en agosto de ese mismo año, Castañeda entregó el libro sagrado a la Procuraduría Federal de Justicia y se dispuso que quedaría resguardado en la bóveda de seguridad del Museo Nacional de Antropología e Historia”.

El escándalo mediático alcanzó proporciones ilimitadas: mientras que en Francia y Europa se denunciaba “el robo al patrimonio histórico y cultural de Francia”, en México se señaló a Castañeda del Valle como una suerte de héroe que había emprendido la cruzada de “rescatar” los bienes del país para “devolverlos al pueblo”, sin tomar en cuenta cuál había sido el periplo del códice para salir de México, permanecer escondido y viajar de mano en mano hasta llegar a Francia.

La polémica tuvo consecuencias funestas: el destacado historiador francés Emmanuel Le Roy Ladurie, director de la BNF a mediados de los ochenta, exigía la devolución del códice.

En la respuesta que se observó en México se estableció que el códice era “parte de los monumentos históricos de México y por lo tanto debería permanecer en el país y no regresar a Francia”. En el acuerdo final de 1991 se asentó que el códice seguiría siendo propiedad de Francia, pero en calidad de préstamo a México, renovándose cada tres años, a condición de que el documento se preservara óptimamente e investigadores tuvieran acceso a él. Para Charasse la respuesta que surgió fue resultado de la voluntad de ambas partes “de encontrar con la mejor voluntad una solución, es decir una propuesta pragmática. Además, se trataba de no establecer un precedente que abriera la puerta al robo de bienes culturales con el supuesto objetivo de ‘recuperar’ ciertos objetos”.

Castañeda del Valle estuvo detenido dos días y la procuraduría determinó que no había causa en su contra. Contento, el abogado le envió una carta al entonces presidente Carlos Salinas de Gortari cuando se solucionó el problema, y se vanaglorió de lo que había hecho.

Para el doctor Lee Keun-Gwan, de Corea, participante también en el seminario mencionado, que se efectuó en el Instituto de Investigaciones Jurídicas los días 22 y 23 de marzo, el arreglo mexicano es clave para resolver el caso de un Buda “extraído” de Japón por un grupo de coreanos del sur. Los encargados de la “extracción” lo hicieron perforando el techo de un templo, con tecnología de punta. Al regresar a Corea lo devolvieron directamente y fueron recibidos como héroes.

 

Tomado de: http://cienciaparatodos.org/antropologia-e-historia/el-mexicano-que-sustrajo-y-recupero-el-codice-tonalamatl-aubin-en-paris/