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Algunos casos locales seducen con su peculiar destello. Tal vez, el de las pinturas apócrifas descubiertas en el Museo Nacional de Bellas Artes, en 2003. O el inesperado hallazgo de cuadros robados en un departamento contiguo a la famosa galería Zurbarán, por no ahondar en el procesamiento del empresario Matías Garfunkel por supuesto contrabando de obras de arte que aterrizaron, sin mucha escala, en la mítica casa de subastas neoyorquina Christie’s.

Pero estas noticias desvían la mirada del tema que realmente preocupa a las autoridades argentinas en materia de tráfico de bienes culturales. Porque en estas latitudes lo que más se busca son piezas arqueológicas y paleontológicas, patas esenciales del patrimonio de la región. En menor medida -pero nunca faltan- están las desapariciones de libros en bibliotecas, y de obras de arte sacadas de iglesias. Todo vale.

Desde la dirección nacional de Bienes y Sitios Culturales de la Secretaría de Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura de la Nación, Claudia Cabouli señala que “las estadísticas que tiene la Policía Federal-Interpol demuestran que la mayor sustracción de piezas se da en domicilios particulares, no en museos, donde se avanzó muchísimo en la mejora de los sistemas de seguridad, y en el registro y documentación de sus colecciones. Caso muy distinto es el de los bienes paleontológicos y arqueológicos, que es la mayor preocupación. Los otros bienes también están expuestos, pero éstos se ubican extramuros, y en países tan extensos, con tantos kilómetros de frontera como el nuestro, todo es más difícil de controlar”.

Más allá de las novedades recientes de bienes repatriados a países como Bolivia, Perú, Ecuador y México, Cabouli señala que “Argentina no tiene un conflicto puntual en materia de restitución sino más bien reclamos de bienes que han salido ilegalmente de todas partes del país. Hay que aclarar que en los últimos diez años se intensificaron los controles, no sólo en las fronteras nacionales sino también en las provinciales. Hubo un cambio sustancial en el tratamiento del tema y se está focalizando en la capacitación del personal de seguridad. El tráfico ilícito de bienes culturales se fue incorporando a la agenda de Gobierno; por eso tiene más trascendencia y visibilidad”.

Prueba de esto es que provincias como San Juan, Santiago del Estero, Salta, Jujuy, Catamarca, Córdoba, Mendoza y Santa Cruz crearon comités específicos centrados en este tráfico ilegal. Para Cabouli “el primer control de los bienes tiene que venir del territorio provincial”.

Contrabando, el arte de ir y venir

En cuanto a las cifras, “hoy en Argentina tenemos 4.000 piezas con pedido de secuestro”, detalla el comisario inspector Marcelo El Haibe, jefe del departamento de Protección del Patrimonio Cultural de Interpol-Policía Federal Argentina. Enfatiza la importancia de denunciar y sistematizar la búsqueda: “En un año podés encontrar más de lo que estabas buscando. Por ejemplo, roban 100 cuadros, pero recuperás 3.000 piezas arqueológicas que habían desaparecido muchos años atrás. Lo principal es tener una base de datos, como hace Interpol Argentina, donde se detallan los pedidos de secuestro de las piezas registradas. Esto permite que cualquier ciudadano chequee no tener en su haber ninguna pieza robada. La segunda cuestión es darle al caso publicidad internacional, porque los bienes robados generalmente no se comercializan en el mismo país sino en otros”.

Así es como fue posible concretar varios hallazgos interesantes. “Un caso de recuperación exitoso que se difundió bastante fueron las cuatro toneladas de fósiles argentinos en 2006, en Estados Unidos. Mayormente eran huevos de dinosaurio, que pesaban entre 3 y 5 kilos y se vendían a 5.000 dólares cada uno. Los habían extraído del territorio nacional y pudimos saber las fechas de exportación porque estaban envueltos en hojas del diario Clarín”, cuenta El Haibe.

Este relato abona la concepción de que “los países centrales son los que adquieren los bienes culturales de los periféricos”, según la opinión del comisario de Interpol, que además aclara: “El tema de la arqueología es difícil. En especial se hace complicado detallar el momento de la extracción del país de origen porque las piezas son casi siempre sacadas de yacimientos. Y al no poder determinar la fecha de sustracción, el argumento de algunos países de Europa en cuanto a los bienes sacados históricamente de América Latina es que ‘fue hace tanto tiempo que no tiene sentido investigarlo’”.

“Otro caso importante fue la devolución de 3.000 piezas arqueológicas que habían sido desenterradas de territorio peruano. Las tenía acá, en Argentina, un vendedor traficante que las vendía a turistas extranjeros. Facturaba sus ventas con el ítem artesanía”, recuerda El Haibe, e insiste: “No se puede saber la dimensión del contrabando y las falsificaciones. Sólo podés suponer de acuerdo a lo que vas encontrando. Si recuperás cierta cantidad, podés estimar que eso representa el diez por ciento de lo que está dando vueltas ilegalmente”.

 

Por: Irene Hartmann

Tomado de: https://www.clarin.com/suplementos/zona/contrabando-arte-ir-venir_0_H1HMa3Fil.html