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“Estrategias para coleccionar: Las colecciones digitalizadas”, según François Mairesse.

Las colecciones de museos hoy. ¿Qué, por qué, para qué y cómo coleccionan? ¿Objetos o costumbres? ¿Curadores o etnógrafos? (PARTE II)

Continuando con esta II entrega de nuestra serie sobre el coleccionismo en los museos, referiremos las reflexiones que hace el museólogo belga François Mairesse. Reflexiones como estas son ejercicios útiles para el pensamiento museológico y la práctica museística de nuestras latitudes latinoamericanas, desde donde podemos evolucionarlas para beneficio común.

En cuanto a estos asuntos, Mairesse plantea un enfoque que comienza siendo controversial, provocador y arriesgado: estrategias para el coleccionismo en los museos, con la sustitución relativa del objeto físico por su archivo de imagen y documentación digitalizados.

Esa es la opinión de este autor, quien propone que las colecciones de objetos materiales de los museos sean sustituidas (casi del todo) por sus imágenes digitalizadas (o por lo que él llama “colecciones digitalizadas / sin materia”)!

Sin embargo, si bien nosotros estamos claros con ese asunto, al final Mairesse parece retractarse un poco: él reconoce la naturaleza propia de las colecciones museísticas en tanto que tenedoras, primeramente, de objetos físicos, materiales; esto no niega la existencia dentro de ellas de otros objetos inmateriales o intangibles, que es lo que conocemos como cuentos, testimonios, memorias, historias, relatos, valores… (el aspecto incluso etnográfico, que profundizaremos en nuestra III entrega de esta serie).

Entonces, primero establezcamos la clara diferenciación entre la manera en que se expresa Mairesse y el criterio que manejamos acá. Lo que Mairesse denomina “sin materia [digital]” es la imagen digitalizada del objeto físico; lo que nosotros denominamos con ese mismo término es el objeto intangible, explicado en el párrafo anterior. Nosotros estamos bien claros en estos matices del idioma.

Notamos muy puntualmente que en referencia a esto de las imágenes digitalizadas, éstas no se circunscriben a la reproducción bidimensional de un objeto, recreada en un monitor de computadora. Los adelantos de esta tecnología ofrecen adicionales alternativas, mucho más complejas, como el holograma (o imagen “casi” tridimensional, densa, del objeto), que incluso permite algunos niveles de interacción casi sensorial.

Hay obras de arte actual creadas ex profeso para su reproducción virtual (al final referimos puntualmente al Adobe Museum of Digital Media); esa es su naturaleza artística o creativa. No tiene que ser necesariamente el caso de las obras de arte de base material que coleccionan los museos, física o digitalmente, aunque eso es tema de una interesante discusión en otros artículos.

Más allá de este comentario puntual, los planteamientos de Mairesse merecen ser considerados, y estimulan la reflexión en nuestras latitudes latinoamericanas. En todo caso, lo que plantea este autor es importante para el enriquecimiento de las bases criteriales y teóricas de nuestro hacer museístico; Mairesse es un autor destacado e imprescindible para la museología actual, y alto miembro del ICOM.

Antes de desmenuzar un poco el artículo de Mairesse, conviene que reafirmemos: los museos siempre almacenarán colecciones de objetos, tanto materiales como inmateriales (y/o digitalizados). Los objetos materiales siempre requerirán de su cuidado físico; para ello las ciencias de la conservación-restauración en el museo están muy bien desarrolladas, técnica y criterialmente. De modo que los museos siempre serán los custodios y cuidadores de estos objetos.

Lo anterior implica, adicionalmente, que los objetos materiales (especialmente de arte-artesanía) mantienen un carácter de originalidad (un “aura”, de la que comentaremos líneas más abajo). En ese sentido, el museo colecciona, preserva, estudia y expone-transmite conocimientos sobre estos objetos y sus originalidades, pero también sobre otras dimensiones de la creación humana.

En su trabajo titulado Collection strategies Now! (2010), Mairesse apunta que comúnmente a los museos se les suele ver simplemente como instancias tenedoras y de resguardo de colecciones. Pero hoy la realidad de esa creencia ha comenzado a cambiar.

Dice el autor que “el campo del museo ha cambiado, y las colecciones museísticas han evolucionado drásticamente, especialmente por su relación entre las colecciones, sus profesionales y el público.” (Mairesse: 2010, 1) [traducción del inglés mía, FAR, también para las sucesivas citas textuales].

¿Conservar el original?

 

Mairesse considera que la tecnología utilizada en los museos para el resguardo y archivos de sus colecciones es obsoleta. Esto tendría más implicaciones de lo que nos imaginamos, especialmente en sus consecuencias “coleccionísticas” como tales, y en el rol mismo de las curadurías, registros e informaciones administradas y puestas a disposición del público. Afirma el autor que

dado que la tecnología heredada del siglo XVIII se basaba en el estudio material de las colecciones, el modo en que los museos operan ahora se ve desafiado, particularmente por las nuevas tecnologías y arquitecturas. Para algunos, la emergencia de nuevas tecnologías de información y comunicación marca un radical punto de giro en el modo en que leemos imágenes […]. La creación de nuevos lieux de mémoire (reinos de memoria), para usar la expresión acuñada por Pierre Nora y reforzada por Peter van Mensch (2005), gira en un movimiento hacia una más o menos material, y una más o menos auténtica colección científica [y podemos agregar, de artes]. Es clara la influencia de la televisión y los nuevos medios sobre las generaciones más jóvenes. Mientras que el número de visitantes del museo está obviamente relacionado con su potencial para adaptarse a esos nuevos modos de lectura, tenemos que admitir su verdadera “raison d’etre” [razón de ser].  En tanto que lugares para la preservación de colecciones y conducción de investigaciones [, los museos] están siendo desafiados por esta revolución digital. Podríamos ir más lejos y preguntarnos si la presencia física de las colecciones en los museos no obstaculizaría el sistemático análisis científico: algunas veces, las bases de datos digitales parecen más beneficiosas que el estudio clásico de objetos, tal como el análisis computarizado produce mejores resultados estadísticos (…).

Dice Mairesse que como la sociedad y la economía global postulan un mayor consumo, igualmente el ideal del museo está basado en la acumulación y crecimiento ilimitado de sus colecciones. Es entonces cuando propone el planteamiento de hacer “decrecer” las colecciones museísticas, del mismo modo en que ciertas propuestas económicas actuales hablan de la necesidad del decrecimiento del consumo y del calentamiento global. Entonces, propone un desarrollo sustentable en nuestros hábitos de consumo, un cambio en el principio de acumulación (de colecciones) del museo.

¿Es suficiente tener solo información?

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Google Earth Model of Machu Picchu / Modelo 3D de Machu Picchu

 

Mairesse refiere que ha habido un creciente desarrollo de las técnicas de conservación de las colecciones, aunado a la emergencia de nuevas categorías de profesionales del museo a partir de los años 80, especialmente de registradores. Igualmente, dice, ha habido un paralelo incremento de los costos relativos al almacenamiento, filtros de aire, controles de humedad, iluminación, exposición y prevención, aun en los casos en que las colecciones se mantienen constantes en su tamaño. Y a ello se aúna la dificultad creciente para la consecución de fondos.

Ante estas consideraciones, y otras que versan sobre la discusión acerca de a quién pertenecen las colecciones y patrimonios (casos como los mármoles griegos, o el busto de Nefertiti, o los objetos culturales de indígenas norteamericanos, que por razones de espacio acá a ninguno incluimos), Mairesse propone considerar las colecciones inmateriales (es decir, colecciones de imágenes digitalizadas de los objetos materiales). Escribe Mairesse:

¿Por qué todos los objetos deben ser preservados cuando pueden ser perfectamente bien documentados? ¿La documentación digital puede solucionar los problemas creados por las colecciones museísticas? Las nuevas tecnologías para el desarrollo de las bases de datos de museos y la creación de ciber-museos ha permitido notables progresos (Hemsley, Cappellini and Stanke 2005; Kalay, Kvan and Affleck 2008; Parry 2010). La práctica de la documentación, obviamente, es mucho más antigua, lo que se refiere a los sustitutos y documentación. Hay un completo continuum de posibilidades entre el trabajo original y su indirecta descripción por medio de la escritura: moldeado, copia, fotos, etc. (Mairesse; 2010, 59). [negritas mías, FAR]

Mairesse agrega algo tal vez polémico al asunto, aunque reconoce que la sola presencia de los objetos materiales de una colección permite diferentes percepciones,

referidas más a los sentidos que al entendimiento. A través de su propia presencia y su aura (Benjamin, 1939) [refiere a Walter Benjamin, quien en los años 40 propuso en su libro La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica que la obra de arte viene acompañada de un “aura”, que se pierde cuando ésta es reproducida por medios técnicos], la “cosa real”, aun difiere de manera bastante obvia a partir de la copia digital. Sin embargo, la diferencia entre esos dos mundos se está reduciendo, como lo atestiguan los filmes en 3D y otros métodos holográficos, por ejemplo. ¿Unos pocos años después acaso no será posible capturar digitalmente un objeto al extremo de hacer ver que sus términos materiales devengan superfluos? [negritas mías, FAR].

El belga reconoce que la tecnología no es una solución en sí misma, aunque comenta que son muchos los museos que han recurrido a ella dentro de una estrategia de conservación de sus colecciones a largo plazo, basándose en el análisis de las fortalezas y debilidades de sus colecciones.

En todo caso, Mairesse comenta razonablemente que es ideal, ante esta salida posible de la sustitución digitalizada de algunos ítems de colecciones, mantener el balance entre los deseos de coleccionar, el desarrollo de las tecnologías de cuidado de las colecciones, los costos y los espacios físicos de almacenamiento.

A modo de una previa conclusión, Mairesse afirma que “dado que la documentación digital aparece algunas veces como una brillante solución de espacio y ahorro de dinero, existe la tentación de desarrollar una colección de ilimitadas perspectivas. Exactamente de la misma manera en que el escenario de espacio ilimitado en el museo tuvo preeminencia”. Y más adelante agrega que “sin embargo, no hay duda de que el museo, así como el mundo, no son de ilimitado crecimiento”. (Mairesse: 2010, 62-63). 

Un filón del interés y provecho de disponer de las colecciones digitalizadas (aunque no por ello necesariamente sustituyentes de las originales físicas) se encuentra en las redes digitales de museos, y en el uso de la web para disponer en ellas al menos parte de las colecciones museísticas.

Incluso, las potencias de la web 2.0 están permitiendo más posibilidades de intercambio, participación colaborativa e interacción entre estas instituciones y los públicos. Y se podría decir que esto ha sido posible gracias a la tenencia de los patrimonios museísticos en forma digital en la web, lo que no ha significado necesariamente, repetimos, la sustitución total de los originales físicos por estos equivalentes digitales, o “inmateriales”; como los denomina Mairesse.

 

Un punto muy importante que destaca Mairesse es el hecho de que la web 2.0, interactiva, inclusiva y participativa, ha generado repercusiones en el manejo de las colecciones de museos. Las experiencias desarrolladas a partir de la nueva museología en Francia así lo demuestran, junto con sus repercusiones actuales en las comunidades aborígenes de América del norte, Australia y Nueva Zelanda, entre otros sitios, quienes cada vez más se hacen partícipes del manejo y circulación de sus patrimonios heredados y museados.

Mairesse asoma una conclusión ante estos planteamientos, dejando ver que la tenencia de las colecciones en formatos digitales, y dispuestos en la web, es de enorme utilidad y pertinencia, especialmente ante las actuales crecientes participaciones de los públicos a la hora de compartir y disfrutar sus herencias culturales y patrimonios museados.

La tecnología digital, entonces, lejos de ser algo que des-humanice la carga cultural de los objetos creados por el hombre, y si es inteligentemente utilizada y dispuesta, puede convertirse en un elemento que refuerce en nuevos términos esa misma humanidad, y los sentimientos y vivencias compartidas. El patrimonio cultural museado y digitalizado, entonces, devendría en elemento cohesionador.

Referencia bibliográfica:

Mairesse, François. (2010). “Collection strategies Now! en Encouraging Collections Mobility - A Way Forward for Museums in Europe. Edited by Susanna Pettersson, Monika Hagedorn-Saupe, Teijamari Jyrkkiö, Astrid Weij.  


conversemos_azul.pngHe afirmado que algunas veces partimos de reflexiones y experiencias de latitudes europeas, pero sabemos que podemos encontrarnos con situaciones de esa naturaleza en nuestra especificidad latinoamericana; tendremos oportunidad de reflexionar y actuar en nuestras tierras, valorando toda experiencia por ajena que fuere.

Peculiarmente, Mairesse comienza sus líneas de estrategias para el coleccionismo, considerando la sustitución relativa del objeto físico por su archivo de imagen y documentación digitalizada. Sonando muy radical en principio, al final reconoce que esta propuesta no necesariamente tiene que implicar la sustitución total del objeto material museado. Sin embargo, más que radical es su afirmación de que “¿no son a veces las colecciones en sí mismas algo superfluo?”. Provocador, cuando menos.

Hagamos un trasvase hacia nuestras realidades museísticas latinoamericanas. Es indudablemente sensata la propuesta de Mairesse en cuanto al cambio en el principio de acumulación (de colecciones) del museo. Pero, ¿entonces, nuestros museos tendrán que fijarse un límite en su crecimiento físico y en el de sus colecciones?

¿No es acaso el principio de crecimiento y acumulación ilimitada el motor que rige prácticamente a la totalidad de los museos latinoamericanos? Es un interesante y estimulante ejercicio para construir entre todos acá la reflexión sobre esta afirmación.

Vemos que Mairesse no logra despojarse de un cierto encandilamiento tecnológico, pues casi al final de su artículo referido se empeña en afirmar: “¿Unos pocos años después acaso no será posible capturar digitalmente un objeto al extremo de hacer ver que sus términos materiales devengan superfluos?”. Este ideal pareciera querer llevar al mundo de los museos a su mera existencia virtual.

¿Desaparecerían, entonces, los espacios físicos museísticos, con sus arquitecturas clásicas y nuevas (mismas que Mairesse destaca), y sus colecciones de objetos preciados, de ciencias y de artes? ¿Es el futuro de los museos convertirse en algo como el Adobe Museum of Digital Media?

 

*Fernando Almarza Rísquez
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