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Las colecciones de museos hoy. ¿Quépor quépara qué y cómo coleccionan? 
¿Objetos o costumbres? ¿Curadores o etnógrafos?

Actualmente se producen grandes mutaciones sociales, especialmente en las prácticas culturales respecto a los museos, y en buena medida en las pautas de sus colecciones permanentes,  lineamientos y novedosos alcances de apreciación.

Nos ocupa en esta Conversación participativaqué es lo que ¿podrían? coleccionar los museos hoy, por qué y cómo (no únicamente los de arte), en cuanto a si sólo seguirán coleccionando y documentando objetos materiales o si, adicionalmente, pueden hacerlo con intangibles, sean éstos testimonios orales, valores, costumbres, tradiciones, identidades culturales, sucesos trascendentes y hasta las emocionalidades que despiertan. Las discusiones que al respecto pueden suscitarse nos resultan de gran interés.

Tomaremos referencias y ejemplos, entre ellos una reflexión del museólogo holandés Peter van Mensch sobre un hecho penoso ocurrido en su país, y la consiguiente discusión sobre la musealización o no de ciertos objetos materiales involucrados en ello.

Conversemos puntualmente sobre el caso referido por Peter van Mensch.

En un artículo de 2010, el museólogo describe brevemente “cómo el debate público surgió a partir de la iniciativa de documentar dos eventos y preservarlos en su muy cargada emocionalidad: una pistola y un auto chocado”. (van Mensch: 2010, 3) [traducción del inglés mía, FAR, al igual que en las sucesivas citas textuales].

Sucedió en 2009, durante el Koninginnedag o Día de la Reina.

Durante la celebración, en la ciudad holandesa de Appeldoorm, un hombre estrelló su vehículo contra la multitud, al intentar un ataque al bus que llevaba a la Familia Real, sin éxito, aunque matando a siete transeúntes. El conductor murió en el estrellamiento. El suceso dejó en shock al país.

Escribe van Mensch que surgió una gran necesidad de documentar el hecho, para expresar la emoción colectiva. La locación del suceso fue convertida en santuario y lugar memorial, con creciente acumulación de ofrendas y flores que expresaban la indignación y la pena del pueblo holandés. Entre las ofrendas se incluían cigarros, ositos teddy, cartas, fotografías y hasta botellas de vino. Comenta van Mensch que algunos de estos objetos están siendo preservados en instituciones de investigación y archivos en Amsterdam. Como “evidencias” materiales del penoso hecho, decimos nosotros.

Un antecedente fue que, dado que en 2002 se produjo en Holanda el asesinato del líder político, Pim Fortuyn, siendo el primer suceso de este tipo luego de la Segunda Guerra Mundial, la casa de éste fue adquirida con intención de convertirla en museo.

El Museo Histórico de Rotterdam rechazó involucrarse en el proyecto, prefiriendo conservar solo algunos objetos de Fortuyn que, por sus características, estuviesen acordes con el perfil de sus colecciones.

Dado que hubo de venderse la casa y mobiliario del fallecido, la municipalidad de la ciudad adquirió varios de sus objetos, lo que dio lugar a un conflicto entre ésta y el referido museo. Esto tuvo consecuencias, que posteriormente aparecieron sobre la discusión en torno al rol de los museos en la documentación de hechos contemporáneos.

El conflicto –y sus consecuencias museológicas- surgió en parte cuando el referido museo fue impulsado a un debate nacional sobre la pertinencia de preservar (coleccionar) y documentar al objeto clave en el asesinato: la pistola utilizada. Sin embargo, comenta van Mensch, el debate comenzó realmente cuando el museo de la ciudad de Appeldoorn adquirió el auto chocado, cuyo conductor había intentado asesinar a la Familia Real en 2009, creándose una intensa polémica que involucró a los directivos del museo, a periodistas y políticos.

¿Los coleccionarías?
Pistola con la que mataron a Pim Fortuyn Auto chocado, cuyo conductor había intentado asesinar a la Familia Real en 2009 en Holanda

Vemos en esto consecuencias propias de la reflexión museológica. Y von Mensch es claro: algunos políticos no entendieron el rol de las colecciones de los museos como parte esencial de la misión de estos. Las críticas a esta adquisición, recogidas en encuestas públicas en línea, versaron sobre la inconveniencia de coleccionar un objeto de tanta carga emocional para la gente. Otras autoridades no quisieron considerar al objeto como algo “histórico” en vista de lo reciente del hecho en el que se involucró. Sin embargo, por no tratarse el vehículo en cuestión de una obra de arte como tal, su adquisición fue considerada como la de un objeto histórico.

Explica van Mensch que en vista de que no se estableció ninguna distinción entre lo que es una colección, y una exposición, el museo nunca intentó exponer al carro chocado al menos en un futuro próximo. Ante esta falta de claridad, van Mensch escribe:

La confusión entre coleccionar (preservar) y exponer puede explicar la diferencia. En sus comentarios en línea mucha gente escribió que estaba a favor de preservar el auto chocado, pero en contra de exponerlo ahora o en el futuro cercano.

Entre aquellos a favor de preservar, la mayoría mencionó la importancia de documentar este importante evento. Quienes se opusieron fueron acusados de hipocresía. Después de todo, muchos objetos incluso más siniestros y controversiales están siendo preservados y expuestos como ítems de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto. Podía esperarse que aquellos contrarios a la preservación y/o exposición del carro chocado fueran mucho más emocionales que aquellos que estaban a favor. Fueron frecuentes palabras como “insania”, “desagrado” y “absurdo”. La iniciativa del museo fue condenada. Muchos solicitaron la renuncia del director o la eliminación de los fondos públicos del museo.

Luego, van Mensch agrega que varios encuestados comentaron que la preservación del carro chocado convertiría al asesino en héroe. No muchos días después, el director del Rijksmuseum declaró estar interesado en la pistola utilizada para matar a Fortuyn, para ser expuesta pronto, lo que la haría ser considerada como parte del patrimonio nacional. Estas declaraciones obtuvieron gran cobertura, generando un nuevo debate más intenso aun, con un componente adicional, y es que el referido museo había sido convertido, en 2006, en museo de arte y museo de historia nacional.

La discusión sobre la preservación de esta pistola llevó a considerar una relegitimación del Museo Nacional de Historia, en un debate que aun no acaba.

En este artículo, van Mensch concluye que estas discusiones muestran el otro lado de la cara del paradigma de la participación pública. De hecho, dice que en la discusión tanto el museo de Appeldoorn como el Rijksmuseum fueron considerados como ejemplos de proceder “anti social”, y que “las iniciativas para adquirir estos controversiales objetos fueron referidas como algo ‘contra todas las normas y valores’ [,] y los objetos fueron descritos como representaciones de la ‘carencia de ética y moralidad’ entre los perpetradores”. (van Mensch: 2010, 5).

El autor cierra sus líneas considerando que, por encima de la crítica populista concerniente a la elite cultural, está la carencia de entendimiento del público acerca del trabajo de los museos“Es importante –dice van Mensch- que los museos estén preparados para su compromiso en un diálogo abierto con todos los grupos de la sociedad, no solamente en cuanto a contenidos, sino también en cuando a métodos”. (van Mensch: 2010, 5).


conversemos_azul.pngResultan muy pertinentes los comentarios de van Mensch sobre las dimensiones de reflexión que entran en juego ante hechos como los narrados. Asomábamos al comienzo interrogantes que van Mensch en su artículo toma y pone en evidencia. Así, vemos que ante la cuestión sobre qué es lo que ¿podrían? coleccionar los museos hoy (no únicamente los de arte), vemos con este ejemplo –seguramente no el único con pertinencia- que casi cualquier objeto material o emocional pudiera ser considerado “coleccionable”, en la medida que está cargado de significaciones de alguna manera valiosas para una comunidad o nación.

Igualmente se pone en evidencia la cuestión en torno al rol de los museos en la documentación de hechos contemporáneos. Es van Mensch quien señala el desconocimiento público de este rol, dejando clara la importancia de la voz popular o de la comunidad en esto. Creemos que el museo debería considerar y… ¿tomar distancia?... de la opinión no autorizada, venga de quien venga, incluyendo la de los políticos.

Y si a esto se suma el hecho de que, como escribe van Mensch, no se estableció ninguna distinción entre lo que es una colección, y una exposición, agregando la carencia de entendimiento del público acerca del trabajo de los museos, entonces la reflexión museológica tiene ante sí una amplia veta por analizar y discutir. Es cuando se deben poner las cartas sobre la mesa, allende cualquier retórica vacía y compulsivamente inclusiva. Esto ocurre en un país de amplia cultura; conviene Conversar sobre estas vetas y preocupaciones en nuestras realidades latinoamericanas. ¡Conversemos sobre…! Están todos invitados.

 

*Fernando Almarza Rísquez
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