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El reciente anuncio de obras del Museo de la Libertad y Democracia, anunciada y promovida por la sociedad civil en el sector de Amador, bajo una inversión de trece millones, y otras declaraciones en torno a espacios de memoria motivan esta reflexión. La recién sugerencia de la Alcaldía en crear un museo de la ciudad es interesante, pero se transforma en una ‘ñamería’ al proponer que sea el edificio de los Archivos Nacionales sede de éste. Recordar u olvidar la anécdota de Belisario Porras cuando veía quemar los documentos oficiales en la playita de Santo Domingo es un detalle, detalle que motivó su creación; parece que en la Alcaldía de Panamá habita en el olvido.

Algunos jóvenes dirían que esto ‘ni es’ y quienes tienen que estar en la tarea de promover, crear, mantener museos, conservar archivos, restaurar catedrales no están ‘ni allí’, cuando desde hace más de un año —bajo la nueva era de la administración Varelista— no aportan nada de valor al tema. No hay posición pública contundente sobre el tema por parte del INAC y varias cosas andan por allí al garete, para no decir, bajo la sombra de la ilegalidad.

Existe sin duda un hambre de esta sociedad de tener museos y recintos que cuenten historias y reúnan memoria. Las iniciativas públicas y de la sociedad civil argumentan lo dicho. Hasta la finada Xenobia Cerrud de Cerrud, a quien conocí con toda su magia octogenaria, tenía su museo de antigüedades y todas las especies en Paritilla de Las Tablas. Bajo esta amplitud de ideas y ganas de museos, no veo problemas en que la sociedad civil, amparada bajo la luz o la sombra de la democracia y libertad, no pueda tener el suyo. ¿Recordar la ciudad agitando pañuelos blancos y tocando pailas es la memoria que sustenta su creación? ¿O es la imagen ensangrentada del Sr. Billy Ford es lo que lo motiva? ¿O son los planos o diseños arquitectónicos la motivación de otros? ¿Son estas las prioridades del colectivo social? Al menos, y bajo el perdón de otros, no estoy de acuerdo con que hagan mío ese concepto de libertad y democracia.

Miremos por otro lado bajo el mismo resplandor de una sociedad democrática y libre que, bajo las instituciones oficiales, promueve la destrucción sistemática de la historia, bien sea demoliendo estructuras, cerrando museos o regalando el patrimonio subacuático de la Nación. La otra modalidad —apoyada por la sociedad civil independiente— es la destrucción del patrimonio nacional creando falsos históricos bajo el argumento de restauración. Este es el caso de la Catedral Basílica Menor Santa María la Antigua que denunciamos en otra entrega. Hoy existe un ‘comité de iglesia’ que reemplaza al INAC a la DNPH y a la misma CONAMOH (con sus nueve miembros representando la sociedad civil y la academia), quien presenta ante el presidente los nuevos pliegos de contratación para el próximo entuerto patrimonial. ¿Institucionalidad? ¿Democracia? —la verdad que no considero que no lo es. Yo creo que tenemos que revisar en lo profundo de nuestra sociedad y en la responsabilidad de la aplicación del ordenamiento jurídico que la sostiene y la pertinencia de que la sociedad civil se arrogue atribuciones que irrumpen en lo ilegal: esto es responsabilidad, libertad y democracia.

‘¡Qué bonito!’ hubieran exclamado los presidentes que vinieron a la Cumbre de Las Américas en Panamá al ver un gran museo con los tesoros arqueológicos panameños exhibidos; ver, por el ejemplo, el oro de El Caño (que nadie ha visto, a excepción de la Fundación Getty y el Metropolitan de Nueva York) brillar en sus máximas luces. La posibilidad de mostrar los tesoros del Galeón San José, cuyo pecio fue repartido bajo la total ilegalidad por el Ministerio de Economía y Finanzas y el INAC —con una empresa privada— utilizando como fundamento jurídico decretos ejecutivos de los años setenta declarados —ya en el 2009— como inconstitucionales por la Corte Suprema de Justicia. La acción regaló los tesoros y formalizó la huaquería submarina —pasando por alto la Constitución, la Institucionalidad y la Ley que norma el asunto. El acto desconoce las convenciones internacionales firmadas por Panamá para la protección del patrimonio subacuático.

En todo este contexto yo no tengo razones para celebrar libertad y democracia. No creo estar celebrando la libertad y la democracia en medio de este entuerto social en que seguimos inmersos. No hay libertad y no hay democracia en una institucionalidad violentada, opacada y oscurecida. No hay libertad sin institucionalidad, sin memoria histórica y sin identidad. Queda como colofón afirmar que ese museo es el de otro Panamá, no me pertenece. Ese museo no es aquel al que yo reconozco como el mío. ¿Es el tuyo?

Tomado de: http://laestrella.com.pa/opinion/columnistas/museos-democracia-libertades-panama/23857807