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La Fundación Desierto de Atacama, con apoyo de la Comunidad Indígena Aymara de Quillagua y el Consejo Autónomo Ayllus Sin Frontera, instaló este año un campamento de investigación y monitoreo del bien patrimonial.

“No hay control y no hay trabajo previo. Es un ejemplo clarísimo de como funcionamos como país en torno a estos temas”, dijo el arqueólogo Gonzalo Pimentel  ante los impactos que causó en la zona el paso del rally “Desafíos del Desierto” en mayo pasado.

¿Qué son los geoglifos? En ellos se observan singulares técnicas de arte rupestre que consisten en el uso de la superficie terrestre como soporte para la construcción de imágenes visuales. En el sur de Perú y norte de Chile se concentra el mayor número de geoglifos a nivel mundial.

La Fundación Desierto de Atacama “se propone crear un Parque Arqueológico en la zona de geoglifos de Chug-Chug, que sirva para proteger el área de manera efectiva, preservando la autenticidad y la integridad, siguiendo las directrices para la conservación y la puesta en valor de bienes patrimoniales de Valor Universal Excepcional (UNESCO 2008)”.

Según la investigación del grupo, las principales amenazas a la conservación de los geoglifos de Chug-Chug se asocian al turismo desinformado, los rallys motorizados y los proyectos mineros cercanos.

Gonzalo Pimentel, Director Ejecutivo de la Fundación y Doctor en Antropología (UCN-UTA), destacó en entrevista con Radio Universidad de Chile que buscan un sistema de gestión participativo donde las comunidades sean actores protagónicos de la protección de su patrimonio cultural.

¿Cuándo comenzaron su trabajo en la zona?

En el caso de Chug-Chug estamos haciendo investigaciones desde 2008 a nivel arqueológico considerando trabajos de prospección, excavaciones y registros de los propios geoglifos.

A través del Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (Fondecyt) seguimos las investigaciones en la misma área,  pero hicimos un pequeño cambio en enero porque construimos un campamento de investigación. En él, se incorporó  ahora a las comunidades interesadas de Calama (indígenas) y Quillagua. Es un giro porque ellos están cuidando el lugar, nosotros les  traspasamos la información científica, pero ellos tienen sus propios contenidos históricos que difunden a los visitantes.

MAPA REGIONAL CON LA DISTRIBUCIÓN DE LOS GEOGLIFOS Y SU RELACIÓN CON LOS SISTEMAS DE SENDEROS PREHISPÁNICOS. SE DESTACA EN VERDE EL SECTOR DE CHUG-CHUG CONTEMPLADO PARA EL PARQUE ARQUEOLÓGICO  

¿Cómo se ha desarrollado la relación con las comunidades?

Llevamos muchos años trabajando en la zona y ha sido un proceso de retroalimentación. Nos han pedido ayuda e hicimos gestos pequeños porque, a veces, no sabíamos cómo cooperar ante sus necesidades considerando que son diversas. Entonces nos pedían más cosas y finalmente generamos una Fundación específicamente para ellos. Empezamos a trabajar con profesionales jóvenes que tienen más empatía ante estos temas. Desde hace un par de años que trabajamos juntos.

Para seguir avanzando ¿es necesario  apelar a la institucionalidad o actuar de manera independiente?

Dependiendo de la comunidad porque hay procesos muy distintos. Algunos todavía veían viable el proceso a través de la institucionalidad y otros ya lo han vivido y no confían.

Con las dos comunidades que trabajamos en Chug Chug están los dos ejemplos. Quillagua todavía trabaja con la idea de poder integrarse con el Estado, pero éste a veces no los considera como quieren. En cambio, el caso del grupo Consejo Autónomo Ayllus  Sin Frontera va directo a sus necesidades y su relación con el patrimonio arqueológico relacionado con los geoglifos en este lugar de la Región de Antofagasta. Ellos tienes sus propias ideas y cooperaciones.

¿Cuáles son los riesgos que se presentan en la actualidad?

Estamos en un área fuertemente minera y extractiva. Por lo tanto, todas las medidas están priorizadas hacia esa área. Todo lo demás es anexo y se pone algo antagónico considerando el desarrollo versus el patrimonio. Nosotros hemos insistido que no es necesario mirar este escenario como algo  opuesto por eso se debe complementar y que todos esos recursos que genera la minería puedan aportarse al desarrollo del patrimonio que responde a su lugar e historia.

También estamos en una fase donde se buscan generar cambios estructurales ante esta figura de concebir el desierto como un lugar de extracción y por lo tanto, destrucción. Esto, sin considerar otras cosas maravillosas. Porque cuando se nos vayan los recursos mineros, y se van a ir porque son ciclos económicos, me pregunto: ¿qué nos queda?.

¿Cuál es el valor que se debe rescatar?

La presencia del desierto no es solo por el tema mineral sino por otras materias importantes. En términos ambientales, es el más árido del mundo y no es casualidad respecto del patrimonio porque tiene un nivel de conservación mundial. Por ejemplo, tenemos evidencias de miles de años como los geoglifos que responden a un tipo de manifestación singular y no se conocen casi en el mundo. Están ahí y han durado miles de años, pero son muy frágiles. Tú las pisas y los haces desaparecer o les pasas una moto o camioneta y hasta ahí llegó ese registro que duró miles de años.

Tenemos esta doble condición porque el desierto lo cuida y guarda esto por su propia naturaleza, pero nuestra modernidad y desarrollo se olvida de que existe. No solo tiene un valor patrimonial sino que también científico. Tenemos los senderos, las antiguas rutas que quedaban grabadas en la superficie y eso no se encuentra en ninguna parte del mundo. Y las tenemos acá. Además, las primeras poblaciones que ingresan a la zona y rastros de agricultura. Tienen un valor también histórico y turístico que pudiese ser económico para  las propias comunidades.

Varios desafíos, pero muchas ideas

Mirador Interpretativo Provisional  

En 2013, el Consejo de Defensa del Estado respondió a la solicitud enviada por el ex senador Carlos Cantero, quien pidió investigar los daños a los geoglifos de Chug-Chug en el valle de Quillagua. El organismo confirmó una investigación ante el posible impacto en esta zona de la comuna de Calama por el actuar de la mina Ministro Hales de Codelco. ¿Tienen antecedentes del avance de esta investigación?

Efectivamente eso fue por un proyecto de un estudio de impacto ambiental ante una minera de la región que instala una torre eléctrica y la ponen al lado de un geoglifo. Entonces sale la denuncia de Cantero y eso entró en el Consejo de Defensa del Estado. Nosotros que conocemos el área y el fenómeno no sabemos que pasó exactamente. Entiendo que esta denuncia solicitaría algún tipo de medida de compensación, pero la verdad lo desconocemos. Estas dudas son parte de la realidad cotidiana.

La Fundación informa que “siendo toda el área propiedad fiscal, se ha trabajado de manera colaborativa con el Ministerio de Bienes Nacionales ante una futura nominación como Bien Nacional Protegido, y con el Consejo de Monumentos Nacionales, a fin de reforzar las figuras de protección para esta zona patrimonial. ¿De qué se trata el nuevo proyecto de diseño?

Estamos tratando de lograr salvaguardar y proteger bien el área. Dar el valor arqueológico y patrimonial que tiene para las comunidades. Hay un diseño arquitectónico que busca cumplir con esto para contar con visitantes, tener un centro de interpretación y  que los guías sean locales. Además, se transmita no solo la información de los arqueólogos sino que también la que ellos tienen del lugar y de su historia.

¿Cuáles son las perspectivas de la iniciativa?

Veo  harta luz en el camino porque hay procesos que están saliendo de abajo y desde las propias comunidades. A veces cuando se esperan las soluciones desde arriba con el Estado, se pierde o queda en nada. En este marco,  debería ser el proceso contrario considerando  que el Estado se haga parte también pero con este impulso local.

Hemos presentado nuestro proyecto  a todos para que se sumen más actores. Esto,  no es una trinchera de tensiones ni conflicto y se busca un trabajo en conjunto para que se valoren estos temas. Eso es lo ideal. Estamos en el norte de Chile, lugar que genera grandes riquezas pero resulta que no solo tenemos las peores ciudades sino que también el patrimonio está abandonado. Museos que no responden a las mínimas condiciones por lo que hay un contraste tan alto que al ojo de cualquiera, eso no debería ser.

Tomado de: http://radio.uchile.cl/2015/07/30/geoglifos-de-chug-chug-han-durado-miles-de-anos-pero-son-muy-fragiles/


Momias Chinchorro: Las más antiguas del mundo 

momias-chug.jpgHace algunos días, vivimos la chilenidad en su máximo esplendor. Banderas que teñían de blanco, azul y rojo cada uno de los pasajes de nuestro Chile, se convertían en la tonalidad perfecta para la celebración anual de la Primera Junta de Gobierno. Fue en ese mismo escenario, en el que las raíces emanaron con mayor fuerza que nunca, que la periodista Vivian Lavín conversó con el profesor y antropólogo, Bernardo Arriaza, sobre uno de los pueblos más cautivantes y sorprendentes de nuestro país. Uno que existió cerca del año 5.000 AC y que vivió en lo que son hoy los puertos del Ilo y Antofagasta: la cultura chinchorro.

Estos grupos de recolectores-cazadores, situados en poblaciones cercanas a las desembocaduras de los ríos para así asegurar la obtención de agua, animales y plantas, desarrollaron la preservación de los muertos, labor más comúnmente conocida como “momificación”, adelantándose así a los egipcios en más de dos mil años. Esto, en palabras del mismo profesor de la Universidad de Tarapacá, se caracterizaba por la forma en que trataban el cuerpo del fallecido, el cual era “transformado en íconos muy plásticos y en estatuas multicolores. Fue justamente en ese sentido donde se presentaron las primeras evidencias del arte prehispánico”. La situación tuvo como resultado una temprana especialización de las técnicas empleadas para la momificación artificial. Terminado el trabajo del cuerpo, era posible conservar al difunto.

Para comprender la momificación, “habría que darle una nueva lectura a nuestra vida cotidiana y al significado de la muerte. En algunas culturas, ésta se percibe como un ciclo, como una continuidad, por eso es que los muertos son como una extensión de la vida o gente que llega a vivir en otro momento o dimensión”, explica el científico.  A esto se agrega el hecho de que los muertos de los Chinchorro tienen sus bocas y ojos abiertos, característica que simbolizaría la vida y no la muerte.  Otra de las ideas que se mantiene en cuanto a las momias creadas por este pueblo, señala la empatía por los seres queridos que se habrían perdido, sobre todo bebés que partían a los pocos días de nacer, y que querían conservarse junto a los vivos por tanto tiempo como fuese posible.

El rito y su técnica

Las momias chinchorras eran clasificadas, según su técnica, en tres tipos: negras, rojas y con vendas, siendo las primeras las de mayor complejidad. Para crear las petrificaciones era necesario extraer órganos como el cerebro y los pulmones. “Vaciaban el cuerpo y lo transformaban en una especie de esqueleto con piel”, comenta Arriaza. Las diferentes técnicas empleadas posibilitaban la distinción física entre los fallecidos momificados. Además, la manera en que se moldeaban era particular para cada uno. Se trabajaban los rasgos y cuerpo con arcillas de diversos colores, mismo material con el que se rellenaban los cuerpos de los muertos y, finalmente, se agregaban pelucas. En el caso de los colores, éste dependía de la época en que habían sido creadas las momias. Por ejemplo, las negras pertenecían a las confeccionadas más tempranamente, cercanas al año 5.000 AC, mientras que las rojizas eran del 2.000 AC. “Con las pelucas y los colores, las momias se veían de forma muy visual, muy impactante, y de cierta manera simbolizaban la vida”, agrega el profesor.

La cultura Chinchorro es poco conocida. Por ello que todas las formas de difundirla se valoran. En este sentido, se enmarca el trabajo realizado por la artista y gestora cultural, Sofía Abarca, quien produjo un disco con música inspirada en esta milenaria cultura de la que sólo conservamos sus momias y demasiadas preguntas. Sobre su creación y la relación que ésta mantiene con el pueblo Chinchorro, la artista mencionó que “imaginaba cuál podría ser el sentido de querer conservar estos cuerpos. Imaginaba que la emoción que movía esta acción tenía que estar muy relacionada con la aspiración a la humanidad, que también es un sentimiento que ha permanecido desde nuestros orígenes. No creo que el luto de hace diez mil años atrás haya sido muy distinto al nuestro. Somos seres que nacimos para compartir, por lo tanto, cuando se quiebra este proceso de compartir el vivir y parte un compañero, el dolor es el mismo, y la aspiración a poder conservarlo o a tener una parte de este ser que partió, también debe ser similar al sentimiento desgarrador de pérdida que sentimos nosotros hoy en día”.

Una cultura impresionante que nos dejó a modo de legado su propia existencia. Cultura que hoy nos invita a conocer nuestros orígenes más remotos y que nos invita a poner atención a la diversidad que rodea a la vida misma, porque, como dice el profesor Arriaza, “los Chinchorro nos permiten, frente a la excelente conservación de los cuerpos, reconstruir un poco los modos de vida, el paisaje y las condiciones climáticas en las que habitaban. Este pueblo es bastante interesante para darnos otra mirada y entender la variedad de respuestas culturales que existía en el pasado y sobre todo en nuestra región”.

Tomado de: http://radio.uchile.cl/2012/09/28/momias-chinchorros-las-mas-antiguas-del-planeta/